Es sábado por la noche y desde la esquina del Palacio Tecleño se escucha la invitación de un perifonista para visitar la iglesia El Carmen. La exhortación no implica ser parte de una prédica o tomar parte de una oración, sino que apela a la curiosidad de quienes pululamos por las calles para realizar un recorrido por el templo y que nos sumemos al acto de fe de reunir fondos para rehabilitarlo. Y es que desde abril de 2013 al paisaje del Paseo El Carmen se incorporó un set de andamios frente a la iglesia El Carmen. Ahora, seis meses después, la fachada luce limpia, madera y pintura nueva. Por dentro las tareas de recuperación son aún incipientes y salta a la vista una pizarra que recoge las memorias en puño y letra de sus antiguos moradores en recuadros de papel, entre las que destaca el de una mujer a la que hace 21 años entrar a esta iglesia le salvó la vida: 'Recuerdo que en 1992 el padre no me casó porque tenía 16 años y me dijo aún no sabe lo que hace. Y hoy estoy contenta de no haberme casado porque tengo algo diferente. Gracias a la Virgen del Carmen'.
Este templo, por el que después del terremoto de enero de 2001 ni sus propietarios, ni la alcaldía, ni la institución encargada de velar por el patrimonio se atrevían a acuerpar un proyecto que lo resucitara, ha empezado a cambiar su apariencia, y del desahucio inicial ahora cuenta, al menos, con cimientos renovados y una torre intervenida desde la cual se puede ver de frente la Cordillera del Bálsamo repoblada de árboles 12 años después del deslave producido por el sismo. En su entorno conviven, de día, un centro tumultuoso circundado por el bullicio del mercado y el tráfico que atraviesa la ciudad y, de noche, un ambiente de fiesta.
Pasando el atrio de la iglesia -donde se ha improvisado una pupusería en la que resuenan música, plática y la risa de los comensales- el ambiente es lúgubre y melancólico. Dentro hay una mesa de información y donaciones que atiende Dora Amanda Chávez, sonriente y uniformada con su casco de ingeniera, quien después de presentarnos se dispone a explicar los avances en la obra. La lista es larga, el presupuesto limitado y el progreso escaso. Las estimaciones son que se requiere, a precios actuales, 1.1 millón de dólares para completar el rescate. Y, hasta hoy, lo recaudado -en dinero y en especies- alcanza los 80,000 dólares. En términos de superficie trabajada, de los 3,100 metros cuadrados de construcción de la iglesia apenas se han recuperado 600, y los elementos más dañados, que son las paredes, forman parte de las tareas que aún aparecen solo en papel.
El entusiasmo es tal que a pesar de lo utópico que suenan los planes, el rostro y las palabras de Dora Amanda Chávez hablan de optimismo: 'Para nosotros es un sueño poder recibir misa en esta iglesia donde crecimos. Primero Dios lo vamos a lograr'.
El santuario fue el lugar de encuentro espiritual más grande de Santa Tecla, con una capacidad para 2,000 personas. A El Carmen acudía a confesión monseñor Óscar Arnulfo Romero, el templo también fue testigo de la llegada del grupo de jesuitas que décadas más tarde sería asesinado por el ejército salvadoreño. De ser un reservorio de la historia eclesial pasó a ser una infraestructura desahuciada y dramatizada con un par de reflectores en cada extremo, una fachada bonita frente a la cual posar en el corredor cultural conocido como Paseo El Carmen. Por dentro, la postal no deja de ser sobrecogedora: paredes a medio colapsar, un confesionario detenido en una pared desmoronada, muestras de la madera derruida que ha sido reemplazada y, frente al altar mayor vacío, una suerte de altar improvisado con la imagen de la Virgen del Carmen que parece auspiciar la buenaventura de la obra. El inmueble, sin duda, está aún lejos de volver a verse engalanado por los acabados que lo convirtieron en parte del imaginario de la ciudad, pero esta cara es la mejor que ha logrado mostrar en la última década.
El fervor del patronato del Carmen, que también decidió renovarse, les ha valido donaciones de todo tipo: madera, cemento, pintura y dinero en efectivo. Con esos 80,000 dólares recuperaron la torre oriente de la fachada. Un 7.2 % de lo que se requiere. Y esos números tan difíciles, tan imposibles, ponen en contra del proyecto de recuperación completa al mismo párroco. Salvador Carranza tiene 73 años de haber llegado ahí, y aunque es quien al final de cada misa recuerda que esperan los donativos en las alcancías y reparte tarjetas de agradecimiento ante el gesto de solidaridad, dice no estar del todo de acuerdo con la cantidad de dinero que se va a invertir en el rescate del edificio. 'Sería una aberración gastar todo ese dinero cuando hay tanta gente que tiene otras necesidades', dice el religioso jesuita.
El Carmen había sido desahuciado en 2001 por un informe presentado por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), jesuita, después del terremoto de 7.7 grados Richter del 13 de enero de ese año. Sin embargo, un informe reciente planteó que sí es posible la recuperación, pero aunque los tecleños parecen apreciar mucho el templo, el costo pecuniario de los trabajos y las condiciones legales del edificio son dos variables en contra. Han pasado 20 años desde que se emitieron la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador y su reglamento, y a la fecha el templo aún no figura dentro del inventario de bienes patrimoniales culturales.
Esta omisión le pudo haber costado a Santa Tecla en el transcurso de estos 12 años la pérdida de la primera iglesia que se empezó a construir en la ciudad después de su fundación, y que por más de un siglo se ha convertido en su icono por el valor tangible que aporta a la concepción de ser tecleño, y por su valor histórico, cultural y arquitectónico. Durante años la excusa que justificaba el abandono por parte de los responsables era la falta de liquidez para invertir en restaurar un inmueble que solo ofrecía incertidumbres: nadie daba certeza de que, con el paso de los años, la inversión fuera sostenible. Las partes, además, estaban divididas en cuanto al siguiente paso en el destino de la iglesia.
En enero de 2001, la comunidad de la iglesia regida por los jesuitas había empezado a maquillar el templo para celebrar el centenario de su construcción. Los preparativos eran modestos y consistían, básicamente, en repintar el santuario. El día 13, casi a las 12 del mediodía, tiembla con intensidad. La montaña al frente del templo, un kilómetro al sur, se desploma y causa unos 500 muertos. En la iglesia, 45 segundos después del inicio del sismo, cuando el oleaje del suelo ha terminado, el templo sigue en pie pero está tan golpeado que con él mueren -en ese momento- las esperanzas de celebrar el siglo de vida.
15 días después, el Departamento de Mecánica Estructural de la UCA, encabezado por Jon Cortina y la estructuralista Alba Alfaro, concluía que la única forma de actuar implicaba un procedimiento eutanásico para la iglesia y, sin explayarse en porqués y explicaciones que minimizaran la pena, recomendaba: '1. Demoler la estructura existente. 2. Recuperar los materiales decorativos que se encuentren en buen estado para utilizarlos en la nueva edificación y que ayuden a reproducir la arquitectura actual del templo'.
Ese año, en el que la municipalidad tenía que atender las necesidades urgentes de una urbe impactada con la destrucción de centenares de casas y otros inmuebles como el mismo edificio de la alcaldía, más la pérdida de medio millar de vidas de sus habitantes, recuperar El Carmen no era una prioridad.
Cinco años más tarde, el edificio no había sido demolido y, en cambio, la Dirección de Patrimonio Cultural encabezada por Héctor Sermeño decidió actuar y en 2006, con fondos de la estadounidense Fundación Getty, empezó a ejecutar obras de mitigación para evitar que el agua se filtrara por medio de goteras. El convenio, sin embargo, no rindió frutos. Así lo recuerda el párroco Salvador Carranza, quien ante el desinterés percibido por la institución le pidió al cooperante internacional, seis meses después, que retirara el apoyo. Ante los señalamientos de Carranza, Sermeño respondió en 2008 a La Prensa Gráfica insinuando que los jesuitas estaban destruyendo el templo: 'Puede que la estén botando de noche. Piedra por piedra, y adobe por adobe. ¿Quién me asegura a mí que no han permitido el ingreso para hacerlo?"
Con la llegada en marzo de 2010 de Héctor Samour a la Secretaría de Cultura, los jesuitas vieron una nueva oportunidad para decidir el destino del templo. En septiembre de 2011, Eva Hernández, de la unidad de inspecciones y licencias, y Ramón Rivas, entonces Director de Patrimonio Cultural, explicaron a El Faro que en mayo de ese año se había empezado a trabajar en la parte conceptual del proyecto, para el cual se habían apoyado en la UCA. El plan consistía en una inspección en la que participaron Hernández y Gustavo Milán, actual cabeza de esta dirección, acompañados de Vilma Meléndez y Fernando Mónico, para quienes el proyecto era su tesis de graduación.
Rivas declaró que la intención de los sacerdotes era botar el templo, siguiendo las recomendaciones del informe que habían recibido en 2001, pero que se les expuso que, a pesar del daño de la infraestructura, esta tenía que conservarse debido al valor patrimonial que tiene. A finales de 2011 nuevas recomendaciones habían sido entregadas a los jesuitas. Esta vez fueron menos fatalistas y muy prudentes, y para asegurarse de que desistieran de la idea de que había que demoler, se realizó un sondeo entre los vecinos, quienes ante las circunstancias preferían que por lo menos se salvara la fachada. Los arquitectos proponían la unión de la alcaldía, los jesuitas y la comunidad para echar a andar la intervención de la iglesia, y ponían en consideración usos alternativos para el inmueble, como montar un museo o habilitarlo como una sala de conciertos. La declaratoria de bien cultural, sin embargo, tampoco llegó, y eso impedía la facilitación de acceso a recursos económicos de parte de la institución. Samour dejó la Secultura el 8 de febrero de 2012 para irse al Ministerio de Educación, y 19 días después Rivas anunciaba su renuncia. Milán asumió como nuevo director, pero los planes no trascendieron.
Dos informes y 10 años después, el destino de la iglesia seguía en el limbo. En un arranque de desesperación, la comunidad empezó a hacer sus propios esfuerzos en febrero de 2012 y a fuerza de pupusas comenzaron a reunir el capital semilla para dar marcha al plan de rescate. Ahora, 19 meses más tarde, lo que inició como obras de mitigación para evitar que la edificación siguiera dañándose se ha convertido en un proyecto de cinco fases. El giro en el rumbo de la intervención pasó de la resignación al optimismo luego de que el estructurista Daniel Rivera desestimara los estudios que se habían hecho previamente y determinara que se puede intervenir el santuario y conservar el 70 % de la originalidad.
Hasta febrero 2012, los esfuerzos de la parroquia habían estado concentrados en levantar una infraestructura que les permitiera reanudar los servicios y actividades que solían ofrecer a la comunidad. Así, poco a poco se construyó la galera que ahora es sede de las misas, la residencia de los jesuitas y dos salones para dictar catequesis. 'Si no hubiera nacido El Paseo El Carmen hasta ahí nos hubiéramos quedado', dice Carranza, para quien, a pesar de todo lo que ha significado el santuario para la Compañía de Jesús, no es un anhelo volver a habilitar el templo en los términos propuestos por el patronato, porque sería un gasto excesivo.
Esta edificación de estilo neogótico y sostenida por una estructura de madera y lámina está ligada dentro de la tradición católica a sus mártires. Recibió a la Compañía de Jesús el 27 de octubre de 1914 -hace 99 años- y fue la iglesia donde el actual párroco y sus compañeros asesinados en la UCA en 1989 (salvo Joaquín López y López), rindieron sus primeros votos para convertirse en sacerdotes. El Carmen fue también el templo al que monseñor Romero acudía cada vez que necesitaba encontrar paz espiritual.
Para la comunidad la revitalización de ese icono es, sin embargo, ineludible. Ya en 2011 los aspirantes a arquitecto habían realizado un sondeo entre los vecinos del inmueble, quienes rechazaban la demolición. Son ahora esos mismo quienes, aprovechando los recorridos de los fines de semana en el Paseo El Carmen, se han apropiado de una pizarra para dejar constancia del significado que ha tenido esta iglesia en momentos específicos de su vida. Como la mujer que hoy, a sus 37 años, cree que en El Carmen se salvó de cometer el error de casarse a sus 16 años.
Las instituciones también han empezado a reaccionar y a comprometerse con el proyecto. La Alcaldía de Santa Tecla suscribió en septiembre de 2012 una carta de entendimiento con la parroquia y los jesuitas. La celebración de este acuerdo permitió al patronato sumar 10 mil dólares al capital semilla y ahorrarse el pago de impuestos por montar la pupusería. En diciembre de 2011 Ortiz dijo a El Faro que su interés era recuperar la fachada que engalana el paseo. A la fecha, los propósitos de la alcaldía con esta inversión son los mismos: 'Asegurar la conservación de las torres, que es lo único recuperable en términos patrimoniales', explica Delia Jovel, jefa del Distrito Cultural.
La Secultura ha empezado también a intentar enmendar su omisión como entidad garante de la protección del patrimonio, y a inicios de septiembre Milán declaró a El Faro que se ha empezado a preparar la declaratoria de bien cultural con medidas de protección para El Carmen. Para que la propuesta se legalice, la sección jurídica de la Presidencia de la República debe dar el visto bueno y hacérsela llegar al presidente para que este la sancione y mande publicarla en el Diario Oficial. Mauricio Funes es el presidente que aún tiene pendiente dar su aprobación a un anteproyecto de Ley de Cultura, después de que la Secultura echara al tacho de la basura la propuesta que trabajó un consultor colombiano de la mano de la Secretaría. Y Funes es quien en 2012 ordenó a los funcionarios guardar silencio sobre la destrucción del mural de Fernando Llort en la fachada de la catedral metropolitana, atentado cuya responsabilidad asumió el arzobispo José Luis Escobar Alas.
A pesar de la incertidumbre que circunda el proyecto, ya que depende de las donaciones y de otras actividades de recaudación, para el patronato contar con el apoyo de estas dos instituciones es un avance. La alcaldía renovó con ellos este septiembre la carta de entendimiento que principalmente sirve para mantener libre de impuestos la pupusería que hasta ahora ha sido su única fuente constante de ingresos. Esta vez, sin embargo, no hay apoyo económico de por medio. Así, pues, la comunidad de El Carmen seguirá buscando, a fuerza de bingos y pupusas, el milagro que les ayude a completar los 1.1 millones de dólares que permita a los tecleños seguir construyendo recuerdos al interior del templo. Al ritmo actual de recaudación -un poco más de 4,000 dólares mensuales-, los 1.1 millones los estarían completando en el año 2034.
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