Publicidad
“Yo era el icono del país de la sonrisa”
0000013013
-ldquo-yo-era-el-icono-del-pais-de-la-sonrisa-rdquo-
https://elfaro.net/es/1047/platica/0000013013--ldquo-yo-era-el-icono-del-pais-de-la-sonrisa-rdquo-
text-0000013013_-ldquo-yo-era-el-icono-del-pais-de-la-sonrisa-rdquo-
Plática
platica

Plática
https://elfaro.net/es/platica

platica
/es/platica

“Yo era el icono del país de la sonrisa”

Hace 38 años fue la imagen de la belleza salvadoreña. De ojos verdes y de 1.70 metros de estatura, fue la candidata anfitriona del concurso Miss Universo. Ahora como diputada por el partido Arena recuerda con alegría aquellos días, y aunque dice disfrutar su labor de legisladora, a veces le dan ganas de salir corriendo de algunas de esas sesiones plenarias prolíficas en eternas y estériles discusiones.

Patricia Carías y Gabriel Labrador / Fotos: Fred Ramos

 
 

A casi cuatro décadas de haber sido una de las 12 semifinalistas de Miss Universo, Carmen Elena Figueroa está lejos de haber llevado una vida de reina de belleza. A pesar de que cuando fue llamada al grupo de semifinalistas se le vio bajar las escaleras con una gran sonrisa, asegura que ese libro se cerró para ella cuando se apagaron las luces de los reflectores y terminó la fantasía del concurso. Entonces supo que no quería dedicarse a ese tipo de actividades por el resto de su vida y prefirió retomar sus estudios universitarios y formar una familia. La disciplina y la autosuficiencia que aprendió de su padre, un coronel, no solo la impulsaron a continuar con sus estudios superiores sino también a montar su propia empresa de seguros –Serisa, Coaseguros.

Su participación en política partidaria llegó en 2000, pero solo fue hasta 2006 cuando aceptó una responsabilidad pública: bajo el brazo del expresidente Antonio Saca se convirtió en candidata a diputada. “Decían que yo incentivaba a las mujeres a que participaran en cargos públicos pero yo no quería”, cuenta. A partir de ese año, fue diputada, de 2006 a 2009 suplente y desde 2009 hasta ahora propietaria por el departamento de San Salvador. Es decir, pasó la prueba del filtro del voto por rostro que se implementó en marzo de 2012.

Ahora que tiene 58 años de edad, está convencida de que la experiencia que obtuvo de su participación en el concurso fue parte de su formación no solo personal sino profesional, porque ve esa experiencia como un trabajo. Uno que por muy agotador que pudo haber sido no se compara con su experiencia en la Asamblea Legislativa. Para Figueroa su reto es ser diputada en una Asamblea difícil para trabajar: no se respetan los horarios de reuniones, ni las decisiones que toma la junta directiva y en donde abundan los debates estériles.

Carmen Elena Figueroa. Foto Fred Ramos
 
Carmen Elena Figueroa. Foto Fred Ramos

 

En primera persona

Soy una persona totalmente inquieta a la que le encanta estudiar, trabajar y hacer cosas nuevas. Me gusta trabajar con objetivos a corto, mediano y largo plazo y siempre trato de esforzarme por llegar a ellos. Me encantan las cosas diferentes y nuevas. Me considero honesta, integra y leal, creo que esos son los principales principios bajo los que vivo mi vida. Siempre trato de ser muy respetuosa con las opiniones de los demás y trato de enfrascarme en que mis opiniones son las únicas valederas y ciertas, siempre trato de entender por qué las cosas son de una manera determinada. Hay gente que dice que soy testaruda y yo creo que si me convencen de algo diferente puedo cambiar de opinión. Soy muy positiva, me encanta viajar, bailar e ir al mar, que es para mí el mar es donde tengo mi espacio propio. Creo en la familia y me gusta fomentar esos valores en mis hijos. Disfruto mucho a mi esposo, a mis hijos, a mi madre. También me encanta mi trabajo. Creo que uno debe tener un equilibro entre la vida familiar, el trabajo y en sus aportes a la comunidad.

Viendo su hoja de vida concluimos que usted fue privilegiada porque comenzó a trabajar a los 27 años…
No, no… déjenme, les cuento. Yo prácticamente trabajo desde que salí del colegio. Es más, ahora soy retirada y sigo trabajando. Yo en 1971 me gradué del colegio, en el 72 comencé a trabajar como recepcionista. Así comencé, en una empresa que creo que ya no existe, pero mi trabajo más formal llegó en 1975 cuando participé en el concurso. Y yo sé que eso es realmente lo que ustedes quieren oír, ja, ja, ja…

¿La identifican mucho con el concurso?
Fíjese que sí, a mi me sorprende porque esa fue una etapa de mi vida de hace un montón de años, que me encantó porque lo disfruté y aprendí muchísimo en ese momento, pero a este punto yo ya cerré ese libro. Pero cuando ando en campaña, la gente me identifica muchos con eso y yo me digo: ¿Cómo es posible, si han pasado 38 años? Es increíble, pero hasta me preguntan si soy hermana de la Miss El Salvador. Yo creo que a mí me favoreció mucho y por lo que ahora me recuerdas en porque el concurso fue en El Salvador.

Exacto. Usted jugó de local.
Sí. Y también que en esa época el Ministro de Turismo era Roberto Poma, que fue uno de los que tomaron las riendas de ese concurso y me terminaron contratando para promover a El Salvador a nivel internacional. Recuerdo que contrataron una agencia de promoción en Estados Unidos -New Line Advertising- y a mí me tocó viajar mucho. Ese año el período más largo que pasé en el país fueron los 15 días del concurso, porque desde Nueva York se hacían las entrevistas de prensa, radio y televisión para promover al país y el concurso de Miss Universo. De ahí salió lo de "El país de la sonrisa". Yo era el ícono del país de la sonrisa.

A ver, usted dice que la contrataron. Eso me sorprende porque siempre tuve la idea de que en estos concursos se elige a las ganadoras por quienes son las más bonitas e integrales.
No, espéreme. Lo que pasó fue que por primera vez hubo en el país un concurso para señorita El Salvador y se seleccionó a una representante de cada departamento del país. Yo representé a San Salvador. A esa elección vinieron algunos representantes de Miss Universo y varios integrantes de ellos y del Instituto Salvadoreño de Turismo fueron jurados, incluso asistió la que en ese momento era Miss Universo, Amparo Muñoz, de España. Posterior a eso, cuando ya era Miss El Salvador, el Instituto me pidió que les colaborara porque en esa época tenían como meta promover a El Salvador a nivel internacional. Entonces, aprovechando toda la inversión que tuvo el país en esa época fue que me tocó a mí hacer todas estas giras y ahí fue que me contrataron para promover el país a nivel internacional.

¿Pero no era esa la responsabilidad que iba a tener la que ganara el concurso interno? Es decir, si hubiera ganado Miss Chalatenango, ¿entonces ella habría ido?
Sí, probablemente. Esa era parte de la responsabilidad. Por eso fue que se hizo un concurso más formado, más pensado. Porque antes de ese concurso solo te decían usted va, y usted iba pues.

Hasta en eso había dedazo, ja, ja, ja…
Sí, ja, ja, ja…

¿En su caso usted da fe de que no fue dedazo?
¡No! Yo le puedo enseñar fotos.

En las que se ve que sí era usted la más bonita ja, ja, ja.
Pues tanto así... no sé, ja, ja, ja. Pero tuve suerte de que me escogieran a mí. Y a partir de que gané me tocó viajar mucho porque participé en varias elecciones como Miss Canadá, Miss Estados Unidos, Miss Panamá. Me entrevistaron mucho en Estados Unidos y también me tocó ir a Europa y Asia. Pasé más de un año viajando. Pero cuando acabó ese año yo decidí que quería seguir la universidad, estaba en mi segundo año y dije: si sigo en esto, obviamente, mi carrera se termina. Y es que para una mujer es muy difícil todo eso porque yo me tardé muchos años para terminar mi carrera. Primero por lo del concurso, luego porque me casé y tuve mi primer hijo, entonces dejé la universidad. Después tuve mi segundo hijo y volví a dejarla.

 

Fotografía oficial de Miss El Salvador, Carmen Elena Figueroa, en Miss Universo 1975. Foto cortesía de Carmen Elena Figueroa.
 
Fotografía oficial de Miss El Salvador, Carmen Elena Figueroa, en Miss Universo 1975. Foto cortesía de Carmen Elena Figueroa.

Usted dice que desde pequeña le gustó trabajar y estudiar. Y yo me imagino que usted tenía una idea de cómo quería que fuera su vida, pero, ¿en qué momento decidió tomar otro rumbo y dedicarse al concurso y al modelaje?
Es que cuando a mí me lo plantearon, sobre qué iba a ser el concurso y qué iba a representar, yo recién me había graduado del colegio. Tenía 20 años, porque yo me fui a estudiar a Italia y cuando regresé me tocó repetir un año del colegio porque no me aceptaron las equivalencias.

Solo una cosa antes, ¿cómo fue que llegó a Italia tan joven?
Es que yo me fui a vivir a Roma, Italia, cuando tenía 12 años, porque mi papá era militar y lo mandaron como agregado militar. Yo regresé cuando cumplí 15 y ya aquí me tocó repetir mi último año de bachillerato. Después de eso, me fui a Estados Unidos y me volví a graduar en high school. Cuando regresé fue que entré en eso del concurso.

¿Cómo se llamaba su papá?
Él se llamaba Carlos Humberto Figueroa.

Su papá era militar. ¿No le chocó a él la idea de que usted participara en un concurso de belleza, donde entre otras cosas usted debía modelar en traje de baño?
¡A mi papá lo tuvieron que rogar! Roberto Poma y Graciela de Holdman conocían a mi papá e hicieron la labor de convencimiento. Se lo orientaron así como se lo estoy contando y creo que por eso accedió. Sin embargo, sí hubo algunos problemas en cuanto a detalles como la publicidad. Por ejemplo: Yo tuve que decir que me iba a regir bajo las normas de Turismo y no bajo los estándares de los organizadores del concurso acá. Pero sí bajo la línea de Miss Universo.

¿A ver, cómo funciona eso?
Es que vaya, si usted gana, usted firma un contrato con Miss Universo y usted sabe a lo que se atiene. En cambio, acá era diferente por los organizadores, había un dueño de la franquicia de Miss Universo en el país. Yo acepté participar porque para mí representaba un trabajo, pero yo nunca logré llegar a un acuerdo firmado de contrato con la persona que era el representante de Miss Universo en El Salvador. Entonces si ahora ustedes se remontan a la época de los diarios donde salía toda la publicidad, siempre decía Carmen Elena Figueroa, pero el título de Miss El Salvador casi nunca lo usé porque no firmé ese contrato, sino solo el de Miss Universo a nivel internacional. Entonces llegó un momento en el que para cuestiones de publicidad yo no podía usar el título de Miss El Salvador, pero obviamente la prensa siempre me ponía señorita El Salvador.

¿Cuál era la diferencia de regirse bajo el contrato de Miss Universo y el contrato de Miss El Salvador?
Por ejemplo, las pautas comerciales, los ingresos económicos, la ropa que yo quería usar sin que me lo impusieran o lo que no quería usar. Yo no estaba de acuerdo porque sentía que estaba regalando mi trabajo en cuanto a los ingresos. Fue ahí donde tuvimos problemas y nunca llegamos a un acuerdo.

Me imagino que de ahí venía un poco el temor de su papá.
Pues sí, él vino y estableció cuáles iban a ser las bases del contrato, porque además yo tenía 20 años. En ese entonces yo creía que era una mujer hecha y derecha, ja, ja, ja... pero ahora que veo a los jóvenes de 20 digo: Uy, ¿y de dónde?

¿Entonces su papá cercó su decisión de participar, puso las condiciones?
Sí, aunque él ni siquiera vivía en El Salvador sino que estaba en Costa Rica. O sea que la parte que mis padres podían controlar era mínima.

Imagino a su papá, militar, como una persona estricta.
Súper estricto. Mi padre siempre fue muy estricto en toda su educación para nosotros. Yo siempre le decía que la casa no era escuela militar, pero él nos exigía desde lo más elemental como los hábitos de arreglar la cama, de limpiar el cuarto o los zapatos, de dejar el uniforme listo desde el día anterior. Yo no lo entendía en ese momento porque yo decía que parecía la muchacha, pero él siempre nos decía que debíamos ser disciplinadas y autosuficientes. Ese fue realmente uno de los mejores legados que él nos dejó. Nos decía que quería que fuésemos personas que no tuvieran que depender de nadie para defenderse en la vida.

¿Usted es religiosa?
Sí, pero no practico la religión, no soy fanática. Le mentiría si le digo que voy a misa todos los domingos. Yo creo en la religión católica pero principalmente creo que uno debe tener una vida basada en principios y estos en general son comunes en muchas religiones. Yo no siento que tengo que ir a misa para sentirme cerca de Dios o que tengo que estar en la iglesia para orar, pero esa es una percepción personal.

¿Y a usted quién la descubrió? Es decir, ¿quién le dijo que podía participar en el concurso de Miss El Salvador?
Mire, yo conocía a varios de los miembros de la junta directiva de Turismo, pero por relaciones sociales, y ellos fueron los que me buscaron.

¿Y eso cómo funciona? Yo entiendo que van eligiendo señoritas en varios concursos internos, primero en los pueblos o por municipios, luego de departamento...
Pues mire, así es como debería ser, pero realmente en ese momento no fue así. Acuérdese que como les decía, antes de ese concurso solo le decían a uno que iba a ir y ya. No había concursos en los pueblos ni cantones ni local ni nada. Entonces en ese momento a mí me buscaron directamente por San Salvador, el departamento y yo acepté participar.

¿Y usted realmente sentía que representaba a la mujer salvadoreña, al menos físicamente? Le pregunto esto porque sus ojos son grandes y verdes, tiene la piel clara, cabello claro (aunque se lo oscurece con tinte) y alta.
Pues fíjese que si usted ve a su alrededor yo no soy… tal vez en aquella época sobresalí por ser alta, mido 1.70 metros, pero ahora hay miles de jovencitas altas, delgadas, estilizadas y con ojos claros. En esa época, tal vez, sobrepasaba el promedio de altura pero yo siempre fui salvadoreña. Y pues mis rasgos vienen de mi abuelo, entiendo que su familia de muchos años atrás venía de Francia.

Usted fue semifinalista en Miss Universo, una de las escasas salvadoreñas que han logrado eso. ¿Qué cree que incidió en esa decisión?
Pues mire, no fue por el jurado de ese momento, porque la única local que había era Maribel Arrieta, que quedó fue segundo lugar por El Salvador en este mismo concurso creo que en 1955. Pero tuve varias ventajas. Por ejemplo, el hecho de ser la anfitriona, solo eso me permitió tener más exposición. Estuve permanentemente atendiendo a los invitados, en los medios y en todos lados. Eso le da a uno ventaja porque tiene más oportunidad de darse a conocer.

En la época del concurso el estándar de belleza que se tenía era un poco distinto al de hoy, es decir, ahora son mucho más rigurosos con las medidas, la altura y ese tipo de cuestiones. Entiendo que había mujeres bonitas, pero no tan trabajadas como hoy, ¿o me equivoco?
Sí, es que antes creo que ni siquiera le permitían a uno que tuviera cirugías plásticas. En esa época se buscaba más la belleza natural, pero no era como hoy. Era menos elaborado o por lo menos las que participaban no éramos tan elaboradas como hoy, por ejemplo, Miss Venezuela, que tiene toda una preparación y hasta trasformación.

¿Y usted está de acuerdo con ese tipo de cosas?
No, porque el estereotipo de la mujer no debe ser así. Yo creo que la mujer debe ser natural, porque la mujer tiene un tipo de belleza en cada una de sus etapas de la vida. Siempre pensé que algunas de esas cosas eran exageradas.

¿Qué piensa de esos mitos de las misses en cuanto a un pobre nivel intelectual?
¿Que son chickenbrain? Ja, ja, ja. Mire, yo creo que en todas las profesiones hay de todo. Hay abogados buenos y malos, doctores buenos y malos. Yo no creo en esos mitos. Al menos yo siempre traté de estar ganando conocimiento, pero habrá personas que su única meta al participar de esos concursos es dedicarse al modelaje, otras van con la mira de hacer telenovelas o de ser artistas de cine. Pero también hay otras que son profesionales exitosas o grandes políticas.

Le preguntaba porque a veces uno ve cosas sorprendentes en internet, como eso de que Confucio inventó la confusión ja, ja, ja…
Ja, ja, ja. O solo dicen que quieren la paz del mundo. Lo que pasa es que una persona que se involucra en este tipo de actividades está más expuesta a equivocarse. Yo le voy a ser franca, de repente, hay cosas que le preguntan a uno, cosas que uno asume que sabe y de repente se da cuenta de que no. Muchas veces es solo que los nervios traicionan ja, ja, ja. Pero si algo le puedo decir es que con todo y todo yo disfruté mucho esa etapa de mi vida y me dio mucha lástima ver que todo ese esfuerzo que habíamos hecho con el concurso y el hecho de vender el país como el "El país de la eterna sonrisa" se derrumbó cuando llegó la guerra.

En esa época ya se habían comenzado a poner candentes las cosas. ¿Cómo les afectó a ustedes esta situación interna?
Yo recuerdo que una vez cuando estábamos ensayando en el Gimnasio Nacional por lo del concurso nos tuvieron que evacuar porque hubo una amenaza de bomba. Estábamos en ensayo y en un momento determinado nos pusieron a todas una cantidad de seguridad pero al final no sucedió nada. Posteriormente, las cosas se fueron complicando y con los años asesinaron a don Roberto Poma y al canciller Mauricio Borgonovo. Era una época bastante convulsionada. Por eso fue tan importante la imagen que proyectábamos nosotros del país a nivel mundial. Nosotros hablábamos de un El Salvador con gente amable, trabajadora y emprendedora.

¿Y usted nunca creyó que ese nombre de "El país de la sonrisa" no calzaba a perfección con lo que realmente estaba sucediendo aquí?
Bueno, había problemas sociales y violencia. Quizá no como los problemas de este momento, que tienen factores diferentes, pero sí había muchos problemas. Aunque en esa época apenas comenzaba todo el conflicto, no estaba tan convulsionada la situación. En ese año, todavía creo que podíamos hablar de "El país de la sonrisa" y aún así hubo mucha oposición al concurso, porque las mujeres como las del Frente, que son bien feministas, a este tipo de concurso los veían como una explotación de la mujer. Claro, yo en ese momento no lo visualicé así. No me refiero al FMLN como tal, que no existía en ese momento, pero sí a los movimientos que se daban en ese entonces. Y aún hoy muchas siguen pensando así. En lo personal yo creo mucho en la igualdad de derechos, pero también creo que uno no debe beneficiarse desmejorando al otro. A mí me encanta que me abran la puerta pero también me gusta servirle a mi marido. Y le voy a ser franca, cuando yo llegué a la Asamblea ni siquiera sabía qué era la teoría de género y eso creo que fue porque nunca sentí eso, es decir, desde que empecé a trabajar nunca me discriminaron ni nada por el estilo.

¿Usted nunca sintió que la estuvieran utilizando para vender un país bonito, pero que era solo una fachada de una realidad interna que terminaría explotando un par de años después?
Acuérdese que por otro lado, nosotros estábamos tratando de promover inversión en nuestro país. Y esa inversión trae consigo un incremento de empleos, un incremento a la calidad de vida de la población. O sea, los beneficios de hacer eso podrían haber sido buenos porque nos dimos a conocer en todos lados. Yo lo vi como una oportunidad para el país y nunca me sentí utilizada.

 

Carmen Elena Figueroa. Foto Fred Ramos
 
Carmen Elena Figueroa. Foto Fred Ramos

¿Y cuándo decidió incursionar en política?
Bueno, lo que pasó fue que mi papá estuvo en el partido Arena desde su fundación, porque cuando fue agregado militar en Nicaragua, Roberto d´Aubuisson trabajaba en la misma embajada, como su asistente. Mi mamá también fue bastante activa, ella fue una de las que organizó aquella famosa marcha de las cacerolas en 1979, en la que marcharon miles de mujeres hasta la Casa Presidencial (se refiere a la Cruzada Pro Paz y Trabajo, una organización de ultraderecha que, también, hizo una protesta con cacerolas frente a la embajada estadounidense después de que Washington le retirara la visa a D´Aubuisson). Entonces toda mi vida estuve acompañándolos a ellos, pero nunca me involucré porque preferí dedicarme a mi empresa. En el 2000, el partido me llamó a formar parte de la junta departamental de San Salvador, porque estaban moviendo todo para que hubiera más mujeres en la estructura del partido y estuve ahí hasta 2006. Trabajaba en el área de organización con las bases. Desde ahí empecé a presionar para que se incluyeran a más mujeres en política con tal de empoderarlas, pero siempre que me preguntaban a mí si quería participar, yo decía que no. Realmente, era porque yo tenía poco tiempo de haber formado mi empresa, en ese entonces ya era divorciada y por ende mamá soltera. Entonces creía que ya era suficiente con lo que estaba haciendo en la departamental. La cosa fue que en un momento determinado me dijeron: bueno, ¿y en qué estás? Porque decían que yo incentivaba a las mujeres a que participaran en cargos públicos pero yo no quería.

Era mamá soltera. Usted estuvo casada con el abogado Nelson García, ¿verdad?
Sí, tengo dos hijos con él.

¿Y cómo sobrellevó la situación por la que atravesó su exesposo y las acusaciones que se hicieron en su contra?
Mire, a mis hijos les afectó mucho, en el sentido emocional. Fue un impacto negativo en su dignidad. Yo sí creo que fue algo negativo cómo lo manejaron los medios, porque ahí se llevaron de encuentro a toda una familia y no fue la manera más adecuada de llevar la situación. Yo creo que se pudo haber denunciado y eso estaba bien, pero hubo mucho amarillismo de por medio. Yo para ese entonces ya tenía mucho tiempo de estar separada de él, me separé en 1986, pero independientemente de eso, había un lazo, existió una relación y era el padre de mis hijos. Ahora que mis hijos ya son adultos la relación es diferente, pero sí creo que las cosas se pudieron manejar de forma distinta.

Bueno. Y cuando finalmente en 2006 se atrevió a dar el salto, ¿quién fue quien la impulsó a hacerlo?
Pues en esa legislatura del 2006 al 2009 quien me pidió que acompañara a la fracción fue Tony Saca. Y en la siguiente, la de 2009-2012 fue Rodrigo Ávila quien me lo pidió.

¿Y su familia qué pensó de esa decisión?
Mire, mi mami cuando yo me iba a lanzar como diputada me decía: ¿Cómo vas a creer? Le daba un poco de miedo. Pero yo le decía que uno tiene la tendencia a criticar al gobierno y a la misma Asamblea de hacer mal las cosas, pero no se involucra. Entonces a mí me hizo reflexionar mucho eso que me dijeron de que siempre incitaba a que otros participaran que yo no lo hacía. Ahora soy yo quien debe hacer las cosas y quien tiene la responsabilidad. Yo ahorita me puedo quedar tranquila y decir que he tratado de hacer las cosas de la manera que creo que pueden funcionar mejor.

¿Y cómo fue el salto de pasar de su vida profesional a la Asamblea?
¡Uy! Me pasó que venía del mundo de la empresa privada, donde las cosas son totalmente diferentes. Yo estaba acostumbrada a que en mi trabajo, por ejemplo, la decisión que toma la junta directiva difícilmente se cambia, a menos que sucediera algo que realmente lo ameritara. Lo mismo con los horarios, en el sentido de la puntualidad o el hecho de ser productivo en algunas áreas. Todo eso a mí me impresionó, porque mire, si yo digo que voy a tener una reunión a las 2:30 p.m. para mí es a las 2:30 p.m. Y eso que en El Salvador cuando decimos 2:30 p.m. es realmente a las 3 p.m. Yo llegué a la Asamblea como propietaria en la época el señor Ciro Zepeda, y me imagino que usted se debe acordar que en ese tiempo a uno lo convocaban a las 9 a.m. y la reunión comenzaba a las 11 o hasta la 1 p.m. Había veces en las que yo estaba ahí a la 1 p.m. y la plenaria no había comenzado. A mí ese tipo de cosas me indignaban, porque es bien difícil ordenar el horario personal. Y así hay otras cosas que a mí me frustran, y van a decir que no soy buena política, pero es que me frustran las discusiones innecesarias. Yo creo que realmente el trabajo de la comisión es mucho más productivo que el de las plenarias. Esta última a mí me saca de mi estado natural, de mis casillas, y es que creo que si el tema ya se discutió en la comisión, no siento que sea necesario pasar discutiendo dos o tres horas más cuando yo sé que ni yo lo voy a convencer a usted ni usted a mí.

¿Y si la plenaria no fuera televisada, cree que cambiaría la cosa?
Eso le iba a decir. Mire, ahí hay dos temas. Primero, el tema de la transparencia, porque todas las personas tienen derecho a ver los debates, entre comillas, verdad. Pero por otro lado, yo ya he pensado que si las plenarias no fueran televisadas las discusiones serían más cortas, porque las verdaderas discusiones se dan en las comisiones. Entonces cuando yo ya llego a la plenaria, llego con un criterio formado porque todo eso ya lo discutimos. Es más, ¡yo ya sé quién del Frente me va a contestar, si pido la palabra para decir algo del tema!

¿Y quién es el que la marca a usted en las plenarias?
Yo siento que a mí siempre me contesta Jaime Valdez. Pero mire, yo no soy una persona conflictiva y mis temas son sociales. Así que yo busco llegar a consensos, porque además no me gustan los insultos. Entonces a mí nunca me provocan, me ofenden o me agreden. Pero si usted es conflictivo e insulta a los demás, ¿qué puede esperar? Obviamente, le va a venir de regreso.

En esto de la política ha de ser difícil no salir salpicado.
Claro, pero uno puede decir que%


Apoya el periodismo incómodo
Si te parece valioso el trabajo de El Faro, apóyanos para seguir. Únete a nuestra comunidad de lectores y lectoras que con su membresía mensual o anual garantizan nuestra sostenibilidad y hacen posible que nuestro equipo de periodistas llegue adonde otros no llegan y cuente lo que otros no cuentan o tratan de ocultar.

Tú también puedes hacer periodismo incómodo. Cancela cuando quieras.
Te necesitamos para seguir incomodando al poder.
Conoce acá cómo se financia El Faro y quiénes son sus propietarios.

Publicidad
Publicidad

 CERRAR
Publicidad