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Pekín no deja de mirar la luna

Diez años después de haber enviado al espacio a su primer astronauta, China continúa su ambicioso programa espacial, que le otorga prestigio militar y económico, mientras su rival estadounidense, la NASA, está paralizada a causa de la crisis presupuestaria. Dicen que sus ambiciones culminarán el día en que un chino pise la superficie de la luna.

Felicia Sonmez (AFP) / El Faro

 
 

Pekín, CHINA. El 15 de octubre de 2003, el astronauta Yang Liwei dio vuelta a la Tierra 14 veces en órbita a bordo del Shenzhou 5 en 21 horas, abriendo el camino de China hacia el cosmos. Más de 40 años después del histórico vuelo del soviético Yuri Gagarin, esa hazaña convertió a China en el tercer país, después de la URSS y Estados Unidos, capaz de realizar un vuelo espacial habitado.

Desde entonces, el país ha enviado a 10 astronautas ‒ocho hombres y dos mujeres‒ al espacio durante cinco misiones, así como un módulo espacial colocado en órbita, Tiangong-1.

El régimen, que financia este programa supervisado por el eEjército invirtiendo miles de millones de dólares, considera que se trata de una señal importante del nuevo estatuto internacional del país, de su dominio tecnológico, y también de la capacidad del Partido Comunista para modificar el destino de una nación otrora agobiada por la pobreza.

Sus ambiciones culminarán el día en que un chino pise la superficie de la luna, precedido hacia fines de este año por el alunizaje de un vehículo automatizado de exploración.

Una cuarta instalación de lanzamiento será inaugurada dentro de dos años, y hacia 2023 terminará la construcción de una estación espacial que será colocada en órbita alrededor de la Tierra, Tiangong-3.

En la misma época, la estación espacial internacional, desarrollada por Estados Unidos, Europa, Rusia, Japón y Canadá, será abandonada después de unos 20 años de servicios.

Modificación de los centros del poder

Esta coincidencia simbólica podría reflejar también el desplazamiento de los centros de poder en la superficie de la tierra durante la próxima década. El rápido desarrollo del programa espacial chino contrasta profundamente con el de Estados Unidos, que lanzó su último cohete espacial en 2011 y cuyos proyectos de futuro son vagos por ahora.

La semana pasada, los organizadores de una conferencia de la NASA anunciaron que el personal ya no tenía acceso a sus mensajes electrónicos debido a la crisis presupuestaria.

Gran parte de la tecnología utilizada en la exploración espacial tiene repercusiones militares, según los expertos. Pero China también obtuvo otros beneficios, menos visibles. “En Asia, China es considerada como el líder regional en materia espacial, lo que le da un verdadero prestigio militar y económico”, afirmó Joan Johnson-Freese, encargada de cuestiones de seguridad en el Colegio de Guerra de la Marina de Newport, y especialista en las actividades espaciales chinas.

“En el resto del mundo, la ventaja económica para China es no ser considerada como capaz de producir únicamente ropa barata”, agregó.

China todavía está lejos de las conquistas de Estados Unidos y la ex Unión Soviética ‒aunque aprendió de los dos‒ y le faltan años para el lanzamiento de su estación espacial.

Mientras tanto, Yang Liwei, general y subdirector de la Agencia China encargada de los programas habitados, recibe actualmente solicitudes de países en vías de desarrollo que quieren colocar astronautas en órbita. “Nos gustaría entrenar a astronautas de otros países y organizaciones que tienen esa demanda y nos encantaría realizar misiones para astronautas extranjeros”, declaró en septiembre durante un seminario en Pekín organizado por la ONU y China sobre la tecnología espacial.

Pakistán ya indicó que quiere figurar entre los primeros.

El programa espacial chino, previsto a lo largo de los próximos 30 años, se basa en “una voluntad política que no tiene que responder a un electorado para perdurar, algo que, evidentemente, es mucho más difícil para las democracias”, destacó Johnson-Freese.

© Agence France-Presse

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Tony Gamal-Gabriel (AFP) / El Faro

Jung Ha-Won (AFP) / El Faro

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