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Especial Educación

El Ágora

La cultura en los planes de los candidatos: entre poco y nada

La cultura, el eslabón perdido entre los presupuestos gubernamentales, ha logrado colarse en las promesas de los candidatos a la presidencia. Tanto el FMLN como Arena han considerado que la cultura es un tema suficientemente relevante como para dedicarle un apartado específico en sus plataformas, así sea el último en el índice de sus propuestas.

 
 

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Análisis | Las promesas que la cultura de El Salvador necesita | Carlos Cañas Dinarte / Nora Méndez / Claudia Cristiani

Luego de un quinquenio marcado por la inestabilidad en materia de institucionalidad cultural, la comunidad artística parece haber empezado a hacer mella entre los políticos con su incesante demanda por mejores condiciones laborales, de creación y formación, por mencionar algunas. Escarbando los planes de gobierno de los dos candidatos que se disputarán el próximo 9 de marzo la silla presidencial para el quinquenio 2014-2019, nos topamos con algunas similitudes, como en lo relacionado al fortalecimiento de la educación artística en la currícula de primaria a bachillerato y en el nivel superior, la intención de inventariar y proteger el patrimonio cultural, y el apoyo a la creación artística. Esto en resumen, porque hay propuestas más elaboradas y ambiciosas, y otras apenas formuladas.

Pero, ¿son estas propuestas lo que realmente le hace falta al país para satisfacer las demandas de los trabajadores del arte y la cultura? ¿Cumplen estas con las prioridades que el próximo gobierno debería satisfacer en los próximos cinco años? El Faro compartió estas inquietudes con gestores, investigadores y creadores culturales, y pidió que respondieran desde su perspectiva como sujetos (beneficiarios o afectados) de lo que normará su área de trabajo en los próximos cinco años.

A nuestra petición respondieron el investigador histórico-literario Carlos Cañas Dinarte, quien ha fungido como asesor cultural para diversos museos, universidades, asociaciones culturales, medios de comunicación, entidades gubernamentales, municipalidades y empresas de El Salvador; la escritora Nora Méndez, quien fue miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL, el brazo armado del Partido Comunista durante la guerra civil) y ha tenido una de las posturas más críticas frente a las gestiones culturales de los últimos 25 años; y la académica Claudia Cristiani, directora de la Fundación Accesarte, institución que se ha dedicado a generar una serie de análisis de la situación de la expresión artística en El Salvador. A continuación los tres aspectos de la vida cultural salvadoreña que para ellos deben potenciarse en la siguiente administración.

 

Institucionalidad

La primera prioridad que salta a la vista para los tres es el fortalecimiento institucional por medio de la creación de un Ministerio de Cultura, que pasa necesariamente por la inyección de más presupuesto, dotarlo de verdadera autonomía y la integración en sus filas de personas especializadas en cada una de las ramas de la cultura que la institución administra; así como la fusión interinstitucional con otros ministerios, las municipalidades, la empresa privada.

Las propuestas de los planes de gobierno de los candidatos en cuanto a la institucionalidad son más bien dispares.

[El Salvador adelante, FMLN] Crear el Ministerio de Cultura de El Salvador como institución rectora de la política de Estado para el desarrollo artístico y cultural.

[Mi plan país, Arena] Fortalecer las instituciones responsables de la cultura y el arte para impulsar los programas y proyectos artísticos y culturales en todo el país, y velar por la protección del patrimonio cultural y nacional y el patrimonio intangible.

Aunque Méndez no se pone estricta en cuanto a la creación de un ministerio o la continuidad de la Secretaría de Cultura como una dependencia de la Presidencia, sí exige "no continuar viendo a este organismo como el proveedor de actos aledaños a los eventos políticos, o como servidor de intereses de artistas e instituciones afines a la política".

Sobre este punto, Cristiani, aunque califica de acertada la intención de fundar un Ministerio de Cultura, asegura que para que realmente funcione la institución es necesario garantizar "su independencia y la efectividad de su liderazgo en el sector y en la sociedad".

Cañas Dinarte abona que una dinámica intergubernamental será fundamental como elemento de cohesión social. “En la cultura y su ejecución tienen mucho que decir otros ministerios (Educación, Hacienda, Relaciones Exteriores, Obras Públicas, Economía, Ambiente, etcétera), municipios, empresa privada y cooperantes, por lo que la cultura debe asumir su papel crucial como eje transversal del accionar gubernamental salvadoreño y como un elemento de cohesión social, otorgador de identidad salvadoreña (dentro y fuera del país), forjador de ciudadanía, y un espacio de reencuentro social y de formación de espacios laborales para jóvenes, mujeres, artesanos, etcétera”.

Además de tener un anteproyecto que permitiría que El Salvador cuente con legislación que regule el quehacer cultural, el FMLN es el único que ha propuesto una figura autónoma para la institución. Arena habla de fortalecerla, mas no especifica si esto conlleva un aumento en el presupuesto, que ha sido por años el más bajo en la partida presupuestaria del Estado. Ha asegurado incluso que mantenerla como una dependencia de la presidencia garantiza el apoyo que recibiría en su gobierno la Secretaría de Cultura. Para el caso de Arena podría interpretarse como un arrepentimiento de lo que hace cinco años proponían. El plan de gobierno de Rodrigo Ávila consideraba al menos "discutir la conveniencia de la creación de un Ministerio de Cultura” que retomara las atribuciones y deberes del extinto Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Concultura).

Elevar la Secultura a un ministerio significaría que el titular de la institución tenga voz y voto en el consejo de ministros, en donde, entre otras cosas, se definen los montos del presupuesto general de la nación que se distribuye a cada cartera de Estado. Esto evitaría que el encargado de llevar las riendas de la cultura en el país tuviera que hacer cabildeo entre sus compañeros funcionarios para lograr unos dólares más para ejecutar sus proyectos, así como dejar de depender de la cooperación internacional.

Financiamiento para proyectos artísticos y culturales

Las ayudas a las que pueda aspirar un trabajador de la cultura son otro punto clave al que debe apostársele en el siguiente gobierno. Para desarrollar un proyecto artístico en El Salvador existen tres vías: el financiamiento estatal, el privado o el propio. La Secultura cuenta con un presupuesto de 16 millones 557 mil 50 dólares, de los cuales el 70 % aproximadamente se va en pago de planilla, y apenas 374 mil dólares son destinados a subsidiar a 15 instituciones culturales.

En este punto, tanto el FMLN como Arena han elaborado una propuesta al respecto, aunque consistan apenas en nociones básicas de lo que significaría la creación de un fondo como este.

[El Salvador adelante] Concentrar recursos financieros, subvenciones y becas para apoyar las iniciativas creativas culturales que nacen desde la ciudadanía.

[Mi plan país] Crear un fondo de garantías para garantizarle al artista la obtención de recursos financieros para la adquisición de herramientas y equipo.

Aunque los tres consultados consideran importante el apoyo económico que la institución que rige la cultura puede aportar a los artistas e intelectuales, cada uno tiene un porqué diferente para la designación de un fondo como este. Para Cristiani la creación de este es fundamental porque "atiende directamente aspectos relacionados a la participación, dotando a las personas con mayor talento y compromiso de recursos económicos que les permite ejercer derechos culturales esenciales y promover el ejercicio de estos derechos en el resto de la población, incluida la participación cultural". 

Para ello, el primer paso, dice Méndez, "es transparentar el tema de la asignación de presupuesto a las diferentes entidades artísticas y desburocratizar el mismo. Por un lado hacerse una revisión de la repartición del pastel financiero entre ONG y fundaciones [...]. También es urgente replantear el hecho de que solo a fundaciones y ONG se les apoye, pues miles de artistas emergentes o no, no trabajamos en equipo o no contamos con el dinero suficiente para montar un negocio formal".

Ante la constante excusa de que sobre la cultura hay otras prioridades para el gobierno y de que el presupuesto de la institución suele ser insuficiente, Cañas Dinarte propone que, para evitar el mecenazgo y la dependencia de la cooperación internacional, el gobierno reoriente su trabajo hacia la cultura para generar ingresos más decisivos hacia este rubro, que "en otras naciones obtiene recursos de impuestos directos e indirectos, fondos privados y la gestación de empresas culturales de amplia proyección tanto dentro como fuera de los territorios".

Formación artística

Formalizar la educación de artistas es el paso ineludible que debe dar el próximo gobierno. "La formación en artes es una vieja deuda desde la guerra", según Méndez, y Cristiani coincide en esto: "El desarrollo cultural en general y la participación en la vida cultural implica que contemos con la posibilidad de profesionalizar al sector en todas sus áreas de actividad, y que aquellos que así lo deseen puedan optar a una vida profesional en estos campos". 

Aunque para ambos partidos en contienda ha sido un punto a tomar en cuenta, el planteamiento y la ejecución dista mucho entre propuestas.

[El Salvador Adelante] Impulsar la formación para la creación artística y para el disfrute de las artes en todos los niveles del sistema educativo, especialmente en bachillerato. | Fundar el Instituto Superior de las Artes para impulsar licenciaturas en las distintas disciplinas, y propiciar espacios de intercambio creativo a escala regional, latinoamericana y otras latitudes.

[Mi plan país] Incluir la práctica del arte y de la apreciación artística como parte integral de la currícula educativa. | Mejorar la calidad en la formación de las disciplinas artísticas con el apoyo de las universidades y las instituciones estatales responsables. | Fortalecer el Cenar y la Escuela Nacional de Danza “Morena Celarié” (END) capacitando a los docentes para reforzar sus habilidades y asegurar la calidad de los planes de estudios ofrecidos.

Mientras que el FMLN es el único que propone que se otorguen acreditaciones desde el bachillerato a quienes quieran especializarse en determinada rama del arte -aunque no especifica cuáles serían las elegibles-, Arena propone fortalecer las instituciones ya existentes, aunque tampoco explica si formarse en algunas de ellas signifique obtener un título que acredite a los actores, pintores, escultores, músicos y bailarines que reciben clases en el Cenar o en la END. Fue en 1985 cuando el Centro Nacional de Artes perdió la facultad para acreditar a quienes pasaran por sus aulas, como lo hiciera por 15 años por medio del Bachillerato en Artes. En la reestructuración de su funcionamiento pasó a convertirse en un centro que se dedica exclusivamente a impartir talleres de enseñanza artística.

Conservación del patrimonio

A pesar de las denuncias que se enarbolan en las redes sociales cada vez que un inmueble considerado patrimonio cultural sufre daños o se reduce a escombros, como en los casos del mural de Fernando Llort en Catedral Metropolitana y la iglesia San Esteban, ninguno de los gestores consultados consideró este punto en el top de prioridades para el próximo gobierno. Los partidos, sin embargo, han puesto especial interés en, por lo menos, ordenar la casa.

[El Salvador adelante] No hay un punto específico sobre el tema. Aunque sí menciona “Impulsar y desarrollar decididamente la Ley Nacional de Arte y Cultura”, en la cual se establece un régimen de protección de bienes materiales (muebles o inmuebles) e inmateriales. Tipifica, además, la destrucción intencional del patrimonio cultural, el saqueo de bienes materiales y la prohibición de la comercialización de bienes arqueológicos muebles.

[Plan País] Levantar un inventario de los espacios públicos y su infraestructura cultural, y evaluarlos para diseñar un plan de rehabilitación y restauración, incluyendo teatros nacionales, museos, estructuras arqueológicas y edificios históricos.

A pesar del interés manifiesto, ninguno de los partidos ha hecho algo desde el ejecutivo, el legislativo ni desde las municipalidades por la protección del patrimonio, sobre todo en cuanto a inmuebles se refiere. Si bien en el 2008 la Asamblea Legislativa declaró patrimonio cultural protegido el Centro Histórico de San Salvador, no ha habido acciones que velen por su conservación y contra posibles riesgos u atentados. Los ejemplos más recientes son la destrucción del mural de Fernando Llort en diciembre de 2011 y el incendio de la iglesia San Esteban en enero de 2013.

Tanto la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural como su reglamento otorgan a la Dirección de Patrimonio la responsabilidad de emitir las medidas de protección necesarias para aquellos bienes inmuebles que estén en peligro, que posteriormente serán notificadas al propietario, en ambos casos el arzobispado de San Salvador. Atribuyen, además, una corresponsabilidad con el municipio, que se deberá convertir en garante de la conservación de los bienes culturales de su circunscripción. Aunque ambos documentos no precisan las medidas específicas a implementar, sí establecen la potestad discrecional del funcionario para emitir las recomendaciones según el caso de cada inmueble.

Para el caso catedral, la asamblea se limitó a solicitar por medio de la comisión de Cultura y Educación un informe. El tema no trascendió. No hubo ni se pidió respuestas a los responsables. Y al cabo de casi dos años, la presidencia aceptó que no se habían tomado medidas en aras de preservar la relación con la iglesia católica.


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