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Exembajador en Washington pide perdón por haber negado la masacre de El Mozote

Ernesto Rivas Gallont dice que a inicios de 1982 sospechaba que había ocurrido la matanza de civiles en diciembre de 1981 a manos del ejército, pero que optó por seguir las instrucciones que le dio la junta de gobierno: negar todo. "Fue una falta grave", admite ahora. El Salvador pasó negando la matanza durante 11 años y en 2012 la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo halló culpable de violar los derechos a la vida y a la justicia.

Daniel Valencia Caravantes

 
 

Captura de pantalla del blog
 
Captura de pantalla del blog "Conversaciones con Neto Rivas". El ex embajador reconoce que cometió un error al aceptar instrucciones para ocultar la masacre de El Mozote.

Ernesto Rivas Gallont, exembajador de El Salvador ante Estados Unidos durante la mayor parte de la Guerra Civil, rompió este viernes 31 de octubre el silencio de casi 33 años después de cometida la masacre de El Mozote en la que el ejército asesinó a un millar de personas desarmadas, y revela que a inicios de 1982 negó en Washington, D.C. que las fuerzas del gobierno hubiesen perpetrado la matanza porque, a sabiendas de que la versión oficial podía ser contraria a la realidad, simplemente decidió obedecer las instrucciones de la junta de gobierno presidida por José Napoleón Duarte.

"LA MASACRE DE EL MOZOTE. PIDO PERDÓN; NO DEBÍ OBEDECER INSTRUCCIONES", tituló el ex funcionario un post que hizo público este viernes 31 de octubre en su blog "Conversaciones con Neto Rivas".

En enero de 1982, un mes después de la matanza, Rivas Gallont negó a periodistas de The Washington Post y The New York Times que entre el 9 y el 13 de diciembre de 1981, militares salvadoreños hubiesen arrasado ocho poblados de los municipios de Meanguera y Arambala, en el departamento de Morazán, 100 kilómetros al nororiente de San Salvador. En ese operativo fueron asesinados alrededor de mil civiles desarmados, la mitad de ellos menores de edad.

"Recientemente, enemigos anónimos gratuitos, me ha venido atacando porque, siendo embajador en Washington, cuando ocurrió la masacre de El Mozote, yo la negué públicamente, siguiendo instrucciones del gobierno que representaba", escribe Rivas Gallont. El exdiplomático agrega que él sospechaba que sí había ocurrido algo en aquellos terrenos remotos de El Salvador, pero no da detalles. "Sospechando que la historia real era distinta a la negativa (sic), debí haberme sublevado y denunciado la realidad. No lo hice y hoy pido perdón por ello", agrega.

En aquel diciembre, soldados de dos destacamentos militares del ejército salvadoreño y una brigada antiinsurgente, comandada por el ya fallecido teniente coronel Domingo Monterrosa, ejecutaron un operativo de "tierra arrasada" que, en las páginas oficiales de la historia de El Salvador, fue algo inexistente durante una década.

A ese operativo hoy se le conoce como "la masacre de El Mozote", porque fue en un caserío con ese nombre donde se ha encontrado la mayor cantidad de víctimas: alrededor de 500 osamentas desenterradas 10 años después de los asesinatos. Debido a la impunidad en que se encuentran esos crímenes, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ya condenó a El Salvador en 2012 por bloquear el acceso a la justicia. La Corte encontró a El Salvador culpable de violar el derecho a la vida, a la integridad personal y a la propiedad privada. Asimismo, de haber negado a las víctimas y a los parientes de estas el derecho a la justicia. En esa ocasión también le ordenó investigar e identificar a los responsables, procurar que se les procese juridicialmente y resarcir a las víctimas o sobrevivientes.

Esa sentencia se produjo en sesión de la Corte Interamericana en su sede San José, Costa Rica, justo cuando se cumplían 31 años de la matanza: el 10 de diciembre de 2012.

El perdón de Rivas se produce casi tres años después de que, en enero de 2012, el presidente Mauricio Funes diera el paso inédito de que un gobernante salvadoreño, en nombre del Estado, reconociera la responsabilidad en graves violaciones a derechos humanos durante la guerra civil y, también en nombre del Estado, pidiera perdón por haber faltado a la obligación estatal de procurar justicia.

En marzo de 1981, Rivas Gallont fue enviado como embajador salvadoreño a la capital estadounidense, a petición del presidente de la Junta de Gobierno, José Napoleón Duarte. Esa junta, la tercera desde el golpe de Estado del 15 de octubre de 1979, estaba compuesta por el coronel Jaime Abdul Gutiérrez y por los civiles Duarte, José Antonio Morales Ehrlich y Ramón Ávalos Navarrete. Condujeron el país desde diciembre de 1980, cuando había renunciado el coronel Adolfo Majano, hasta el 2 de junio de 1982, cuando asumió como presidente de transición el abogado Álvaro Magaña Borja. A este le correspondió organizar elecciones presidenciales en 1984, cuando Duarte obtuvo el triunfo para gobernar hasta 1989.

El primer lustro de la guerra, entre 1980 y 1985 fue el periodo en el que se registraron la mayor cantidad de masacres y violaciones a los derechos humanos desde la Fuerza Armada, según constató la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas. 

En diciembre de 1981, cuando ocurrió la masacre de El Mozote, Rivas Gallont ya estaba en Washington, D.C., pero la primera denuncia de la masacre a nivel internacional no ocurriría sino hasta el 27 de enero de 1982, cuando dos periodistas de The Washington Post y The New York Times hicieron público el testimonio de la única sobreviviente en el caserío El Mozote, Rufina Amaya. 

En los artículos de los periódicos estadounidenses, publicados de manera simúltanea, aparece esta cita textual dada por el embajador Rivas Gallont: “Rechazo enfáticamente la afirmación de que el ejército salvadoreño haya matado mujeres y niños. Este tipo de actuación no está de acuerdo con la filosofía de las instituciones armadas”.

Antes de que el Times y el Post informaran al mundo de las masacres, a El Salvador solo la clandestina Radio Venceremos, voz de la guerrilla, la había contado. En el país centroamericano, en la segunda mitad de diciembre del 81, los periódicos de El Salvador solo reportaron lo que informaba el ejército salvadoreño.

La Prensa Gráfica, 10 de diciembre de 1981: "(…) Felicidad. Miles de campesinos acuden a saludar a las tropas que están llegando a las zonas que durante varios meses han sido amenazados por los grupos extremistas", decía el pie de una fotografía en que se veía uniformados y campesinos.

La Prensa Gráfica, 19 de diciembre de 1981: "(…) La Fuerza Armada ha considerado como exitosa la Operación Rescate, tanto en el aspecto militar como en el social, ya que miles de campesinos que huyeron del terror que habían implantado los extremistas están regresando paulatinamente a sus terrenos o casas, para rehacer su vida", decía una nota.

Diario Latino, 30 de diciembre de 1981: "(…) Afirman que los grupos terroristas han dejado de funcionar con la frecuencia con que lo venían haciendo desde hace algunos días, debido a que se la ha causado una considerable cantidad de bajas entre sus militantes."

En Estados Unidos, luego de las publicaciones, a los dos periodistas de las notas los acusaron de inventar las historias con el interés de favorecer a la guerrilla salvadoreña. En ciernes estaba la aprobación en el Congreso estadounidense de un incremento de la ayuda militar a El Salvador.

A pesar de que Washington en público también negaba las masacres, el gobierno estadounidense tenía indicios claros de que había ocurrido una matanza de campesinos desarmados. A inicios de 1982 varios cables diplomáticos entre San Salvador y Washington ya sugerían algo diferente a la historia oficial. Esos cables, ahora desclasificados, muestran cómo la información que el entonces embajador de Estados Unidos, Deane Hinton, transmitía a Washington, fue en escalada progresiva. “No se puede probar ni descartar la violencia contra civiles. La guerrilla no hizo nada para desalojar la zona. Civiles murieron durante la Operación Rescate pero no hay evidencias de que fueran masacrados por el ejército de El Salvador. El número de civiles muertos no se acerca ni por asomo al número descrito por otros reportes internacionales”, decía en un primer cable, en enero de 1982. Ya hablaba de un "número de civiles muertos".

Luego, en febrero, ya hablaba de una masacre. “La población estimada de El Mozote durante la masacre era de unos 300 habitantes. Batallón Atlacatl condujo la operación rescate del 6 de diciembre al 17 de 1981. La guerrilla conocía la existencia de la operación desde el 15 de noviembre. Los civiles que estuvieron presentes durante la operación y las batallas con la guerrilla podrían haber resultado muertos”.

Ahora que se acercan los 33 años de la matanza, Rivas Gallont no solo manifiesta su arrepentimiento sobre su conducta como representante del gobierno, sino que se atreve a decir que negar esos crímenes fue parte de "una rutina" en las administraciones salvadoreñas. En su publicación cita un artículo de El Faro, en el que se narra que a más de 30 años de la masacre, el ejército salvadoreño sigue homenajeando al que es considerado como el líder del operativo que masacró a casi mil campesinos. "Esta no fue la única atrocidad cometida por el ejército salvadoreño que fuera negada oficialmente. Esa era una rutina que prevaleció, pasando desde el asesinato de las cuatro religiosas estadounidenses en 1980, hasta la masacre de los sacerdotes jesuitas, su doméstica y una hija de ella en 1989", escribe Rivas Gallont. 

El reconocimiento y la petición de perdón de Rivas Gallont se da, además, en un contexto en el que la Corte Suprema de Justicia está por definir si la Ley de Amnistía, aprobada en 1993, es constitucional; y justo en el momento en el que la Fiscalía General de la República ha anunciado la reapertura de la causa de El Mozote, archivada en 1994 por un juez de San Francisco Gotera, que se amparó en la Ley de Amnistía para archivar el caso.

El exfuncionario reflexiona sobre un punto en que chocan aquellos que demandan que se investigue las atrocidades durante la guerra y aquellos que prefieren que los crímenes ocurridos durante la guerra queden en la impunidad en que los dejó la amnistía de 1993. "Las heridas de la guerra son difíciles de sanar", comenta.

Los detractores de que se busque a los responsables de los crímenes de graves violaciones a derechos humanos alegan que en favor de la pacificación del país la amnistía perdonó a los culpables. Quienes favorecen que se investigue alegan que tienen derecho a conocer la verdad no necesariamente para demandar que se encarcele a los culpables, sino para saber a quienes tendrían que perdonar. Y Rivas Gallont parece haber entendido ese mensaje. "Pedir perdón ayuda, aunque en una menor dimensión, a borrar recuerdos que su memoria solo exacerba pasiones políticas. Por esa razón, pido perdón por lo que reconozco fue una grave falta", dice Rivas Gallont. 

A las 5:30 a.m., en Twitter, Rivas Gallont publicó el mismo mensaje que en su blog: "La masacre de El Mozote. Pido perdón, no debí obedecer instrucciones." Sin embargo, le añadió una frase en latín: "Carpe diem". "Aprovecha el momento".

En las redes sociales hubo quienes señalaron lo que les pareció un gesto demasiado tardío de parte del exembajador. "A la Iglesia le tomó más de 1,300 años pedir perdón por la Inquisición. ¿33 años le parece mucho?", replicó a uno de sus críticos en Twitter.

 

Fe de errata.
En una primera edición de esta nota se decía que Ernesto Rivas Gallont fue embajador de El Salvador ante Estados Unidos "en los primeros años de la guerra civil". En realidad, lo fue durante la mayor parte del conflicto: entre 1981 y 1989.

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Daniel Valencia Caravantes / Fotos: Bernat Camps

 

Bernat Camps, Daniel Valencia Caravantes y Marcela Zamora

 

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