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Especial Romero

El candidato de Arena intenta bailar con monseñor Romero

Mientras aún está fresca la decisión del alcalde de San Salvador Norman Quijano de rendir tributo al mayor Roberto d'Aubuisson, el candidato de su mismo partido que pretende sucederlo en el cargo, Edwin Zamora, sorprendió al mismo Quijano al anunciar esta semana que si gana la elección el 1 de marzo, homanejeará la memoria de monseñor Romero, cuyo asesinato se atribuye a d'Aubuisson.

Gabriel Labrador

 
 

Edwin Zamora, candidato de Arena para la alcaldía de San Salvador, anunció que si gana en marzo ordenará que la plaza San Martín, a un costado de la Catedral Metropolitana, sea rebautizada con el nombre del arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 y cuyo crimen, según investigaciones judiciales y testigos, fue ordenado por el fundador de su partido, Arena, Roberto d'Aubuisson. El candidato también dijo que ordenaría la construcción de un monumento a Romero porque “monseñor Romero nos pertenece a todos”.

El anuncio de Zamora, dado a conocer durante su presentación del plan para “revitalizar” el centro capitalino, la noche del miércoles 14 de enero, provocó un sacudón en la primera fila de diputados y candidatos areneros que habían asistido al acto desarrollado en la céntrica plaza Morazán. Entre ellos estaban los militares y actuales candidatos a diputados Juan Orlando Zepeda y Mauricio Vargas, pertenecientes a una generación de militares cuestionados por su participación durante la guerra civil. Zepeda, por ejemplo, tiene un proceso penal abierto en España, donde está acusado por el asesinato de los sacerdotes jesuitas ocurrido en 1989.

Entre el público estaba también el diputado Enrique Valdés, quien justo en el instante en que Zamora hacía el anuncio se quedó inmóvil, con la boca semiabierta, mientras clavaba sus ojos en el rostro del alcalde Norman Quijano, otro invitado a la ceremonia, como en busca de una explicación. Quijano había decidido en noviembre pasado rendir homenaje a d'Aubuisson, al rebautizar la calle a San Antonio Abad como calle "Mayor Roberto d´Aubuisson".

Aunque la norma es que un candidato no señala deficiencias de un predecesor de su mismo partido, Zamora no se reservó comentarios que indirectamente ponen el dedo acusador sobre la gestión de Quijano, quien está por terminar dos períodos consecutivos de tres años en la alcaldía de San Salvador. Dijo en una especie de enumeración que el centro capitalino sigue padeciendo los males crónicos de hace años, como el congestionamiento vial, el caos del comercio informal y el estancamiento económico. Estaba en eso y hablando de sus proyectos cuando, de pronto, mencionó lo del homenaje a Romero. “Vamos también a construir un monumento a monseñor Romero en la plaza San Martín, la que gestionaremos que lleve su nombre. Monseñor, que dentro de muy poco será San Romero, nos pertenece a todos los salvadoreños y su figura no puede estar cautiva de ninguna ideología política. Monseñor fue un pastor que dedicó su vida sin ninguna distinción por su credo, clase o ideología”.

Zamora dice que no consultó con su partido ese plan de renombrar la plaza San Martín ni tampoco el de construir un monumento a Romero. Fue, según detalló el miércoles por la noche, una decisión personal. “Todos sabemos que monseñor está en proceso de beatificación. Ya llegó la hora de que dejemos de usarlo como bandera política y reconozcamos que nos pertenece a todos los salvadoreños”, justificó, al parecer sin percatarse de que ha sido Arena, su partido, el que en los últimos dos meses ha puesto la figura del arzobispo en el centro de un debate sobre si su imagen se está usando políticamente.

Que Zamora haya decidido rendirle tributo al arzobispo apenas un mes después de la decisión de Quijano de rendir tributo al señalado como el asesino de monseñor se suma al zigzagueo que Arena ha traído en los últimos dos años en torno a Quijano y en torno a San Salvador. Quijano y Zamora no son ni amigos ni compañeros cercanos en el partido. Compitieron internamente en el partido por la candidatura presidencial. El alcalde Quijano se adelantó lo más que pudo en la precampaña y se aprovechó de su cargo para promoverse con la connivencia de la dirigencia del partido, mientras un desesperado Zamora confabulaba con otros correligionarios para minar la candidatura del alcalde, aun cuando esta ya se encontraba firme. Después de que Quijano perdió la presidencial en marzo, se lanzó para la reelección y en julio su partido lo ratificó en una actividad que pretendía ser evidencia de una democratización interna para trasladar el poder a las bases. Apenas un mes más tarde, la dirección del partido forzaba a Quijano a renunciar y nombraba a Zamora en su lugar.

Arena se lava las manos

Tras el anuncio de Zamora, los areneros volvieron a pasar de puntillas sobre el tema de la responsabilidad de su fundador en el asesinato de Romero. “No hay ninguna investigación judicial que acuse al mayor Roberto d'Aubuisson del asesinato de monseñor Romero, no existe ninguna”, dijo Jorge Velado, presidente de Arena. A Velado se le olvida que en Fresno, California, hubo un juicio contra el capitán Álvaro Saravia en el que desfilaron pruebas que inculpaban a D'Aubuisson. Aparte de los casos judicializados, la Comisión de la Verdad, por ejemplo, efectuó indagaciones y concluyó que el mayor d'Aubuisson había ordenado la muerte del religioso.

Consultado posteriormente, Norman Quijano no se preocupó por coincidir con su posible sucesor. Para el alcalde, el tributo a Romero de quien pretende sucederlo al frente de la comuna se explica por su inexperiencia política. “Edwin tiene toda la facultad para anunciar esa decisión. Es un político nuevo dentro de nuestro partido, su ingreso no tiene muchos años, y probablemente él no está impregnado de sentimientos adversos que muchos otros pueden abrigar”, señaló el alcalde.

—¿Lo sorprendió ese anuncio de monseñor Romero, alcalde?

— No todos podemos pensar igual. La democracia es disenso, la democracia es diversidad, la democracia es armonía, es muchas cosas.

Zamora y Quijano no estrecharon manos al final del acto a pesar de que estaban todos sentados a la misma mesa. Cuando el candidato regresó a su silla después de pronunciar su discurso solo tuvo gestos de cortesía con su propia esposa y con la pareja de Quijano. Al edil ni lo volvió a ver. La música de una pequeña orquesta ya empezaba a sonar.

Después de dar declaraciones a los medios informativos, Zamora rompió el protocolo para pedir una canción a los músicos, en medio de una improvisada pista de baile, sacó a su esposa a bailar en una especie metáfora de la noche en la que intentó también bailar una tonada que desde los 80 en Arena nadie se había atrevido a danzar.

Edwin Zamora, candidato a la alcaldía de San Salvador por Arena, baila con su esposa el 15 de enero en la plaza Morazán del centro capitalino, durante la presentación de su plataforma para
 
Edwin Zamora, candidato a la alcaldía de San Salvador por Arena, baila con su esposa el 15 de enero en la plaza Morazán del centro capitalino, durante la presentación de su plataforma para "revitalizar el centro".


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