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Gobierno reubica en cárceles a 1,827 pandilleros en un día

Un total de 1,827 pandilleros del Barrio 18-Revolucionarios y de la Mara Salvatrucha fueron reubicados de penal, en lo que puede considerarse un nuevo golpe de autoridad del gobierno contra las pandillas. El Estado no realizaba un movimiento similar desde el año 2006.

 
 

Sistema de control de internos en el Centro Penitenciario Izalco, del que este 21 de abril de 2015 el gobierno sacó a 1,177 pandilleros del Barrio 18-Revolucionarios que ocupaban el Sector 2, en el que ahora se han instalado integrantes de la Mara Salvatrucha. Foto Roberto Valencia.
 
Sistema de control de internos en el Centro Penitenciario Izalco, del que este 21 de abril de 2015 el gobierno sacó a 1,177 pandilleros del Barrio 18-Revolucionarios que ocupaban el Sector 2, en el que ahora se han instalado integrantes de la Mara Salvatrucha. Foto Roberto Valencia.

La Dirección General de Centros Penales (DGCP) ejecutó este martes 21 de abril la mayor reubicación simultánea de privados de libertad desde los Acuerdos de Paz. Más de 1,800 internos –pandilleros activos todos ellos– fueron trasladados entre los centros penales de Izalco, San Francisco Gotera y Quezaltepeque, en medio de un aparatoso cordón de seguridad.

Los movimientos afectan de manera directa a dos de las tres pandillas con mayor presencia en el país: la Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18-Revolucionarios, según confirmó en horas de la noche el director general de Centros Penales, Rodil Hernández, en el programa Debate con Nacho.

Hasta esta semana, el Centro Penitenciario Izalco albergaba a pandilleros activos del Barrio 18 y de La Mirada Locos: en el Sector 1 estaba la facción Sureños; en el Sector 2, los Revolucionarios; y hacinados en las áreas de cuarentena de ambos sectores, miradas, otra pandilla sureña de escasa implantación en El Salvador, con canchas en San Miguel y en Santa Ana.

De madrugada, un total de 1,177 pandilleros del Sector 2 abordaron en calzoneta medio centenar de autobuses. La caravana partió rumbo al oriente del país, pero cuatro unidades se quedaron en la cárcel de Quezaltepeque (que el Estado asignó a los dieciocheros en octubre de 2006), donde ingresaron a 188 internos. Los restantes 989 viajaron hasta San Francisco Gotera, que pasa a ser el segundo penal en el que solo hay presencia de Revolucionarios.

Para poder ingresar en Gotera, la DGCP tuvo que vaciar primero y de manera coordinada la cárcel, en la que desde hace varios años solo había presencia de la Mara Salvatrucha. En esta cárcel, la DGCP aisló en 2011 a buena parte de los "coordinadores" que la pandilla había nombrado en el penal de Ciudad Barrios, el principal centro de mando con más de 2,500 emeeses activos. Hace cuatro años, en una coyuntura muy similar a la actual –con 8 policías y 11 militares asesinados por pandilleros–, las autoridades intentaron desbaratar la coordinación de mando entre Ciudad Barrios y la libre, luego de acusar a la MS-13 de ordenar aquellos atentados.

Hace una semana, cuatro líderes de la MS-13 recluidos en Gotera fueron trasladados hacia Zacatecoluca, junto a otros 14 de Ciudad Barrios y otros 4 de Chalatenango. Este martes 21, otros 650 mareros abordaron una docena de buses que los llevaron hasta el Sector 2 de Izalco. Fuentes muy cercanas al sistema penitenciario confirmaron a El Faro que el Sector 2 alberga ahora a los emeeses movilizados y también a los miradas que estaban en las áreas de cuarentena. Pero ambos grupos están completamente aislados del Sector 1, en el que se encuentran los integrantes del Barrio 18-Sureños. 

“Esta medida es parte del proceso de clasificación de privados de libertad que tiene como objetivo ubicar a los reos de mayor peligrosidad en centros penales con un mayor régimen de seguridad”, dice el comunicado hecho público por la DGCP.

Las cárceles de Izalco y Gotera, sin embargo, tienen dentro del sistema penitenciario salvadoreño la misma jerarquía: ambos están consideradas centros de seguridad intermedia, un peldaño por debajo del Centro Penitenciario de Seguridad Zacatecoluca.

La sorpresiva reubicación supone un golpe de mano del gobierno en el pulso que desde inicios de enero mantiene contra las pandillas, con la idea de debilitarlas. Alrededor de los centros penales que controlan, los internos establecen mecanismos (desde escondites en los que encaletar teléfonos hasta sistemas para que colaboradores catapulten desde afuera todo tipo de ilícitos en las horas de patio) que un traslado rompe por completo.

Una medida de este tipo es muy poco habitual. El último movimiento que cambió por completo los inquilinos de dos cárceles enteras se consumó en octubre de 2006, cuando hubo una permuta entre los penales de Chalatenango y Quezaltepeque, reasignados a la Mara Salvatrucha y al Barrio 18 respectivamente.

Rodil Hernández dijo en Debate con Nacho que en los próximos días, semanas o meses podría haber movimientos similares, que afecten a otras estructuras criminales que delinquen desde las cárceles.

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