Publicidad

"Gay me parece un término muy civilizado para esta sociedad"

Hijo de emigrantes, a los 13 años tuvo que convertirse en madre y padre para cuatro niños que necesitaban cuidado. Esa responsabilidad, dice, le causó más dolor, aflicciones y llanto que el saberse portador del VIH al inicio de la década pasada. Esta plática fue publicada por primera vez en febrero de 2009, cuando Hugo Salinas, el exalcalde de Intipucá, recien empezaba a asimilar qué era aquello de ser el primer funcionario abiertamente homosexual en un pueblo de El Salvador. Con motivo de las celebración de la Marcha del orgullo LGBTI de este 25 de junio, El Faro rescata esta entrevista, una de las más celebradas por la Redacción y nuestros los lectores en aquella época.

 
 

De responsable de sus hermanos pasó a estudiante de agronomía y luego le apostó a los estudios latinoamericanos -y a una nueva vida- en México, donde descubrió su sexualidad y su libertad. Tras su paso por México, Hugo Salinas saltó desde hacia Estados Unidos, en donde se convirtió en un activista de la lucha contra el sida que colaboraba con la embajada de El Salvador en Washington. Allá, un día, se le ocurrió que quería ser alcalde del pueblo que lo vio nacer. Intentó competir en 2006 pero dice que en Arena le negaron la candidatura porque supuestamente estaba sobrecalificado. Igual, se subió al carro del PCN y perdió. En el FMLN también lo rechazaron, según él por sus preferencias sexuales. Tres años después buscó la revancha, en el mismo vehículo que en 2006, y consiguió su meta.

¿Qué se siente, hoy sí, ser alcalde electo?

Es lo que quería y es lo que estoy experimentando ahora. Yo veía que los alcaldes anteriores u otras personalidades de alto rango siempre son personas para préstamos, para dinero, para comida, para ayuda, y no soy la excepción. Hoy solo abro la puerta cuando veo que ya está la gente ahí pidiendo dinero prestado, pidiendo alcohol o pidiendo comida.

¿En la puerta de su casa?

Sí, cuando quiero descansar dejo la puerta cerrada, pero igual siempre tocan la puerta, a lo mejor suponen. Yo me prometí que iba a atender a todo el mundo, pero ya tengo el valor para decir “no” y para decir cuándo puedo y cuándo no puedo. 

O sea que para la campaña no tenía el valor.

¡No!

Ja, ja, ja, ja...

Y cuando tome posesión voy a usar los medios locales, especialmente de la televisión por cable, para expresar abiertamente que dinero no voy a dar, no voy a prestar porque decía mi abuela: “es que vos sos muy culo flojo”. Culo flojo en el sentido de muy buena gente. Entonces sí soy buena gente, pero voy a cambiar esa mentalidad: voy a seguir siendo buena gente, pero con ciertos cambios que vayan en beneficio personal, de mi economía, de mi estilo de gobernar. Con ayuda directa o indirectamente a la persona, pero no necesariamente con dinero. Que se sienta que realmente estoy trabajando para la comunidad y no para unos de manera personal.

O sea que si en campaña yo hubiera llegado y le digo “présteme 700 pesos”, usted me hubiera dicho que sí.

Tal vez la mitad le hubiera dado.

Ja, ja, ja.

Lo máximo que he prestado es 400 dólares y lo mínimo un dólar, con intermedios de 150, de 50.

¿Y cuántos préstamos?

Tengo como 15.

¿Todos bien anotados?

Todos bien anotados en el libro, y con la advertencia de que si no me pagaban ya no iban a tener crédito y la amistad. Hasta la fecha nadie, absolutamente nadie, me ha pagado.

Casi se convirtió en usurero en la campaña, pues.

Ah, sí.

Ja, ja, ja.

Como al tercer día (después de las elecciones) vine a darme cuenta de que yo era el alcalde de Intipucá y que eso era lo que quería, que a eso había venido desde Estados Unidos, y me sentí raro. Quise levantarme inmediatamente y actuar como alcalde, pero me di cuenta de que faltan como tres meses y medio. Desde entonces no he dejado de trabajar. Ahorita vengo a reunirme con Adesgolfo, ya me reuní con Asigolfo, con delegaciones de padres de familia de la escuela. De manera personal estoy tratando de hacer cambios de conducta en los niños y niñas, estoy trabajando con kindergarten, con ellos personalmente. Me he reunido con directivas de caseríos de Intipucá, me he estado reuniendo todas las semanas con el concejo municipal; estoy recibiendo cantidad de correos electrónicos, los estoy contestando uno a uno. En Estados Unidos ha sido tanta la emoción, a pesar de que vinieron como unas 25 personas a votar.

¿Solo 25?

Sí, porque ellos tienen planes de venir en marzo, del 1 al 10, que son las fiestas patronales. Al ser las elecciones (municipales) el 15 (de marzo), hubiera tenido mucha más cantidad de votos. Pero ha sido tanta la alegría allá que ya tenemos UPEC (Unidos por el Cambio) - Intipucá. Así se llama el nuevo comité de jóvenes, nacidos allá.

¿Por cuál cambio usted? ¿Cuál de los dos?

El cambio de hecho, ja, ja, ja, ja.

Ja, ja, ja, ja.

El cambio de la derecha, el cambio que Intipucá necesitaba, no el cambio que el país urge. Digo, no el cambio del PCN.

Urge Remberto, ja, ja, ja.

Ja, ja, ja. Me refiero al cambio que el municipio estaba esperando en cuanto a la silla edilicia, pero el cambio del país me imagino que sigue siendo Funes.

No lo vaya a excomulgar el PCN por decir eso.

No. Soy bien independiente en lo que quiero, vengo con un estilo de política diferente, donde no me voy a dejar manipular por lo que digan mis superiores. Voy a actuar y a hacer lo que yo diga bajo una bandera política, pero no quiero el estilo de política salvadoreña en la que debo rezar lo que los patrones digan.

¿Y eso ya lo sabe Elizardo González Lovo?

Ya lo sabe. Él sabe que soy un poco rebelde.

Ja, ja, ja.

Sabe que soy rebelde y que no me voy a dejar mangonear. No conozco a mi candidato presidencial, es más, ese fin de semana que lo proclamaron yo estaba alojado en el Sheraton Presidente. Cuando salí a desayunar a Los Cebollines un domingo vi una gran ola azul y pregunté qué era, y me dijeron que la proclamación del señor Chévez.

¿No lo habían invitado, pues?

No me habían invitado, tampoco me esperé a conocerlo. Tenía hambre e iba para Los Cebollines, pero por eso es que me di cuenta de que había un candidato por el PCN. Además se habla de alianzas allá arriba, pero yo todavía no. Soy independiente de hacer lo que quiero.

¿Y qué pensó cuando le dijeron quién era Tomás Chévez?

Traté de averiguar quién era, no de inscribirme en su iglesia.

Ja, ja, ja, ja.

Ja, ja, pero traté de ver quién era. Y luego el vicepresidente también traté.

¿No lo convencieron?

No es que no me convencieron, sino que no los conocía. Y a veces en política o tienes a alguien conocido o a alguien desconocido, ahí hay que jugárselas.

¿Pero hoy sí ya los conoce?

Ah, sí, porque él fue a Chirilagua y el candidato por esa alcaldía, Juan Pineda, me invitó. Por esa razón lo conocí, le di la mano y hasta ahí. Él iba para Santa Rosa de Lima. Pero yo voy a hacer lo que yo quiera. Vengo de un país donde la democracia no está regida por lo que digan los patrones, la democracia está regida por lo que cada quien expresa y opina. Ese es el tipo de democracia. No tengo por qué estar obedeciendo cosas con las que no estoy de acuerdo. Como salvadoreño puedo hacer lo que quiera, como partidario podría respetar o no respetarlas, porque si no me convencen, ¿por qué voy a hacerlas?

¿Y está contento de haberse desquitado de Arena, que según usted le había dado la espalda en la elección pasada?

Estoy contento y un poco apenado, triste, porque es penoso saber que la gente llora por una pérdida. Yo no lloré ni nunca fui al hospital, como quisieron dar a conocer cuando perdí en 2006. pero esta vez hubo gente que sí lloró, se puso mala. Incluso no me quise despegar del centro de votación. Porque la caravana salió sin mí. Cuando iban 10 urnas escrutadas, yo ya llevaba ocho ganadas. Con márgenes altos, en comparación al nivel que votó. Entonces resulta que los familiares...

(“Don Hugo” o el “alcalde” -términos que dice que no le gustan porque lo hacen sentir viejo o demasiado importante- ordena un sándwich vegetariano porque desayunó tarde, y una limonada que más tarde sazonaría con un poco de sal). 

¿Qué pasó con la caravana?

Hubo cerca de 25 coches que no esperaron el triunfo oficial. Yo me quedé allí (en el centro de votación) y cuando la caravana decidió pasar por la casa del señor alcalde -que tenía que pasar porque es la calle principal de Intipucá- a uno de los hijos, bueno, al hijo le agarraron los nervios y pensó que yo iba en el carro y lo atacó. Se subió al carro, agarró los cricos, los pandeó; rayó la pintura del carro y tuvieron que despegarlo de allí. Hay fotografías, hay pruebas, porque allí iba uno de los fotógrafos que yo había pagado, para el evento.

¿Eso fue el 18?

El mismo domingo de la elección y no dejaron que pasara la caravana por allí; y de hecho, no pasó. Y la caravana siguió, visitó como dos o tres caseríos y fue un éxito. Al día siguiente la gente quería fiesta, les hicimos fiesta y me ha salido el mejor “speech” de mi vida.

Ja, ja, ja, ja

Y sin prepararlo, no preparé nada. No tomo, ni de lo que ustedes van a tomar ahorita.

(Nada de alcohol. Mauro, Edith y Daniel, por tradición, piden un jugo de tomate preparado para abrir el apetito).

Entonces me salió súper bien. Yo creo que al día siguiente se iban mi tío y mi hermano.

A lo de Obama

Sí, a lo de Obama. Y me salió muy bonito, bastante bonito.

¿Qué dijo?

Fíjese que no me acuerdo, pero me salió bien bonito

Ja, ja, ja, ja

¿Y sabe por qué? Porque yo hacía pausa. Yo sentí que la gente quería aplaudir a medida que, yo creo que fue el primer speech político y de político. Porque no soy muy bueno para eso.

¿Y entonces qué decía en la campaña?

Hablaba de cómo lo estamos haciendo aquí, pero lo hacía como pausado. Me había fijado en cómo Mauricio Funes lo hace. Hay movimiento de manos (mueve las manos), hay expresiones faciales (hace muecas). Esa vez me paré ante el público. También te emociona el público por un triunfo que no sólo es mío, era un triunfo de Intipucá. Porque sí reconozco que se arrebató el anterior gane. Hubo táctica, por ejemplo, negociar presidenciales con...

¿Qué pasó hace tres años?

Varias urnas salieron con más de 400 papeletas en total. Era ilógico, no matchaban (sic.).

No encajaban.

No encajaban. Entonces, trajeron gente de otro lado. Sí hay gente de otro lado. Es que es un fraude, mira, todavía el código electoral fue diseñado, si querés, para ser violado. Bueno, ¿qué no se viola en El Salvador? Entonces, legalmente, inscribirse con anticipación, es legal. Hoy, esta vez, nos pusimos cuidanderos en las entradas o salidas de Intipucá, pusimos cámaras, pagamos gente. Fuimos al cantón, de donde él es originario, a repartir hojas volantes, para advertirle a la gente de que si reside allí y no comprueban que viven en Intipucá, de acuerdo con el artículo 2-93, algo así, no podían votar. Todo eso lo hicimos, y mandamos gente y nos preparamos. Y me ayudó que también el Frente se preparó también. Porque ellos, aunque la vez pasada tuvieron 100 y pico de votos, esta vez lograron, con la “ola Funes”, 500 votos, 493 votos. Entonces, la “ola Funes” ayudó. Que conste que el concejal, digo, el candidato del Frente era concejal mío.

¿Y qué pasó?

En eso vino Funes y vio el gran movimiento. Incluso Intipucá, a nivel departamental, después de Pasaquina, fue el segundo municipio que se agrupó como movimiento ciudadano “Amigos de Mauricio Funes”. Y, como tengo muchos amigos allí, incluso me buscaron para ayudarlos en la logística.

¿Usted es amigo de Mauricio Funes?

Por decirlo así, yo le di la bienvenida. Estuve en la mesa de honor con él, siendo ya proclamado candidato.

¿Por qué no buscaron coalición?

Porque al principio, es bien chistoso lo que te voy a decir y no me preocupa si lo escriben o no: Vine en febrero.

¿De 2008?

Sí, de 2008. Entonces, después de las fiestas patronales busqué una alianza con el Frente y no quisieron. Ellos son muy, bueno, por lo menos la línea en Itipucá es muy ortodoxa y son muy respetuosos de las leyes y de los estatutos del partido y me dijeron de que no.

(Hugo se aproxima a Daniel para explicarle lo que sucedió, lo que le argumentaron)

Permitime, te voy a tocar. Ellos me dijeron: “¿Qué vamos a hacer con un candidato que de aquí para abajo es hombre (con su mano derecha toca el hombro izquierdo de Daniel y la baja hasta la cintura) y de aquí para abajo es mujer”. ¡Por favor!

¿Así le dijeron?

Sí. Yo no niego que soy abiertamente gay. No tengo problemas con eso. Soy abiertamente VIH positivo, tampoco tengo problemas con eso.Y si ahora he ganado la simpatía, es porque tengo una credibilidad intachable en Intipucá. Claro, todos tenemos cola que nos pisen, pero para este espectro político yo no tenía nada. Y si hubo errores, bueno, todo el mundo vive, crece o evoluciona a través de errores. Yo no vengo de una familia santa, tampoco. Entonces, ¿cómo puedes dialogar con una gente que piensa así, sobre la sexualidad de cualquier persona de esa manera? ¡Es ridículo! Pero el mundo da vueltas y no se vayan a sorprender. Miren a Wil Salgado, ¿qué le importa a Wil que vaya con el color que vaya?

¿Se va a cambiar de camisa?

Podría ser.

Lo vamos a ver en un anuncio de Funes un día de estos.

No tendría nada de malo. 

¿Y en el PCN nunca tuvo problemas como los del Frente?

No. En Arena sí.

¿Qué fue lo que pasó en Arena?

Me mandaron a investigar. Tengo un amigo, ex compañero y miembro del Club de Leones, que le mandaron a hablar, él en esa época iba corriendo como candidato de La Unión por Arena.

¿Estamos hablando de...?

2006. Y yo corría como precandidato. En esa campaña se inventaron esa pendejada de “oportunidades para todos”. Entonces, corrimos cuatro precandidatos (por Intipucá) y era obvio que iban a dejar siempre al mismo candidato. De hecho, a nivel nacional, no cambiaron a nadie. Esa vez con lo que se zafaron “técnicamente”, o de una manera según ellos “profesionalmente”, fue que yo era una persona súperevaluada para tomar un cargo de la alcaldía. Me pareció una manera tonta, absurda, de decirle no a alguien.

Que estaba sobrecalificado

Sí. El Tomás López fue el de eso. Mi preferencia sexual siempre la afronté con responsabilidad.

¿Pero no lo andaba gritando a los cuatro vientos?

No, pero tampoco la negaba. Tampoco andaba allí de apipianado, como los gays en el closet. No tenía ese problema. Yo cuando me doy cuenta y lo analizo, lo acepto, lo afronto y lo vivo. Y lo disfruto. ¿Por qué tiene que importarme lo que digan los demás, cuando mi vida la manejo yo, no la maneja la sociedad?

¿Y durante la campaña, no decían los demás partidos a la población: “Miren, es gay. No voten por él”?

Gay me parece un término muy civilizado para esta sociedad. Decían otra palabra. Gay, para este país es...

¿Pero sí utilizaron ellos un arma para...?

Sí. Y nunca me preocupó, porque en Intipucá nadie podía decir, o por lo menos asegurarlo. Si lo saben, es porque yo lo acepto y lo digo, pero no porque lo hayan comprobado.

Mire, pero y hace tres años, entonces, ¿cómo se dio cuenta de que por eso había sido que le dieron la espalda en Arena?

Porque también preguntaron si yo era portador del virus del sida.

¿Cómo sabe?

Mi amigo me lo contó. Esos términos todavía no encajan en el vocabulario del salvadoreño.

¿Pero a usted se lo dijeron?

Sí.

¿O solamente fue...?

Sobreevaluado. No, ellos me lo dijeron. Yo traía pruebas, traía videos, traía artículos periodísticos, traía obras, traía credenciales, traía de todo para ganar la candidatura. Pero no fue así.

¿No se quejó?

No, no me quejé. Allí me andan lamiendo el culo ahora. Es verdad.

¿Lo han buscado?

Me acabo de reunir, en el festival de playa, con el alcalde electo de San Alejo, que vive en Estados Unidos. Ganó, le ganó a Andrés Gómez, un pilar bien fuerte del PCN. Me reuní con alcaldes electos de Arena, me reuní con altas personalidades de Arena y, en son de cherada, me están pidiendo que trabaje con ellos.

¿Para la presidencial?

Para la presidencial.

¿Y usted qué les dijo?

No sé si será bueno ponerlo con esas palabras.

“No, sin mis maestros no”, les dijo. Ja, ja, ja

No, tampoco. No he llegado a esos extremos. “No”, les dije, “para que me paguen ustedes tiene que lamerme el culo, como yo les anduve lamiendo el culo a ustedes”.

¿Así les dijo?

Sí, así les dije. Somos cheros. Ahí estaba el diputado por La Unión Abilio Bonilla. Incluso me pusieron una gorra de Arena y todo mundo tomándome fotos con ellos y todos encamisetados con Arena. Eso a mí no me preocupa. “Que se las vamos a mandar a Elizardo”. Dámelas a mí, yo se las doy a él, les digo. Yo no tengo problemas. Somos amigos de antes de muchos de los candidatos que ahora ya son electos. Hemos sido amigos, ¿y por qué tengo que andarme separando por colores políticos? No tengo problema.

¿Usted siempre fue militante de Arena?

Mira, con 20 años en Estados Unidos, ¿qué es lo que te llega a Estados Unidos? Te llega el presidente, te llega el vicepresidente, te llegan los diputados, te llega la viceministra, te llega no sé quién. Todo de Arena. Entonces, te absorbe. Allí te ilusionas con Arena.

¿Y a usted cómo lo ilusionaron?

No, no me ilusionaron. Fue una decisión mía que me duró cuatro días y cuatro noches pensándome para alcalde. Toda la vida estuve en el servicio comunitario, desde que fui boy scout, a los 13 años. En México fui de voluntario en la Unicef. Ahí en Estados Unidos fui el fundador de varias organizaciones. No es que Arena me haya seducido, sino que era la imagen que se veía de un partido político en el exterior. Aparte del grupo que se había exiliado por cuestiones políticas. ¿Me entiendes? Pero mi caso no era ese. Y aparte tenía entrada abierta a la embajada y al consulado como voluntario en varias actividades y varias organizaciones.  

Y desde ahí era bien crítico por el trabajo que hacían por los inmigrantes.

Sí, era bien crítico. Porque una vez me insultaron creyendo que era un empleado. Era injusto. Venía Carlos Quintanilla Schmidt entrando al consulado y yo estaba afuera dando las indicaciones. Les dije: “A él reclámele, él es el vicepresidente”.

Le puso el dedo.

Sí, le puse el dedo. Desde entonces somos muy buenos amigos con él y con su esposa, porque él sabía del trabajo y fue a inaugurar varias obras. A visitarnos, pues. Hemos mantenido esa comunicación. Él prometió ir el día de la toma de posesión. Y resulta que siempre me ha gustado decir lo que pienso, tenga o no tenga consecuencia.  

¿Y por qué se le ocurrió querer ser acalde?

¡Llevaba una vida bien bonita en Estados Unidos! Bien bonita: recepciones, exposiciones de arte, viajes a Europa... una actividad gay bien bonita. Cruceros... bien chiva, pues, de trabajo, de comunidad. Pero siempre que venía no me gustaba la suciedad del pueblo, no me gustaba el desarrollo urbanístico que se daba y no me gustaba. ese machismo que todavía existe. Y creía que, con toda mi experiencia, podía hacer un intercambio. Y eso fue lo que me movió a irme a Intipucá y estar visitando Estados Unidos cada tres meses. Voy el 5 de febrero a mis chequeos médicos y a recoger mi medicina. Y así voy a estar cada tres meses.  

Usted dice que no es de una familia santa. ¿Su familia no es una familia conservadora?

¡No! Lo dije porque, ¿qué familia santa hay en este pueblo? Resulta que en la campaña anterior me atacaron porque mi papá era secretario de una institución financiera que se fue a la quiebra. Entonces, eso me lo achacaban. Pero yo no puedo ser responsable por los errores de mi papá o de mi mamá. Soy responsable de los errores que yo cometa.  

¿Cuántos años tiene, Hugo?

¿Los reales o los de batalla? 

Ja, ja, ja.  Los reales.

48 años voy a cumplir. 

¿Y a qué edad se fue a Estados Unidos?

A los 30.  

Ah, no fue hace mucho.

No, es que yo estudié aquí en la Escuela Nacional de Agricultura. Después pasé como ocho meses y me moví a México D.F. a estudiar una licenciatura en estudios latinoamericanos. Al terminar regresé a El Salvador y aparezco como VIH positivo, en el examen de la embajada.

¿En qué año?
1990 

Me imagino que fue un golpe duro.

No tan duro porque cuando me hice el examen, no lo creía. Me volví a hacer el examen, igual no volví a creerlo. En esa época tenía un estilo de vida bisexual. Para un amigo mío, ser bisexual significaba tener a la esposa y a una amante mujer. 


Ja, ja, ja, ja.

¡Por Dios, te lo juro! Cuando le conté la historia de cómo me había infectado, él me dijo: “A pues, vos sos como yo. Yo soy bisexual entonces”. Yo pensé: “Puta, este salió del closet”.  

Ja, ja, ja, ja.

¡Capitán del ejército y abogado! Me dice: “Yo tengo mi esposa y una amante por fuera”. Eso era ser bisexual para él. Por eso te digo que el tema gay es muy elevado para esta sociedad. Bueno, ¿en qué estábamos? Como le decía que no creía y que no creía, mandaron el examen para Miami. Entonces me dijeron: “Sí, este examen dice que eres positivo, definitivamente eres positivo”. Tenía un amigo al que le dije y lloraba. Bueno, en esa época no se decía VIH, se decía sida. Y él lloraba, se tiraba al suelo. La primera vez fue así. La segunda, el mismo drama. Y yo no lloraba. La tercera vez le dije: “Hoy sí ya la cagué. Aquí está el virus y esto no miente”. El resultado de Miami tardó en llegar como un mes.

¿Y qué le dijo su amigo?

Mentira ha de ser, nunca llorás, me dijo. Y era verdad, no lloraba. Me fui para la casa, en la noche a pensar por qué no lloré. Me puse triste y todo, pero no lloraba. Y es que en mi vida había mucho más dolor que un resultado de VIH positivo: el dolor de la migración, el dolor de criar a tus hermanos menores, siendo un adolescente. Yo creo que el dolor más grande en mi vida lo he tenido cuando mis hermanos se enfermaban y yo no sabía qué hacer.

¿Y por qué los cuidaba usted?

Porque, bueno, cuando mi mamá se fue, tenía como un año mi hermano menor, el otro tenía dos, el otro como cinco y yo tenía 13.

¿Se fue a Estados Unidos?

Sí. De 13 años empecé a educar, a criar. Entonces, teníamos a mi abuela, pero mi abuela era de las abuelas que los viernes se iba a San Miguel a comprar y después salía, todos los días, a revender y yo me quedaba cuidando la casa. A las 4 de la mañana me despertaba, a las 4:30 estábamos tomando café, a las 5 teníamos que llevarla al punto de los buses, con su maleta; a las 6 teníamos que recogerla en el bus. Ya traía maíz, traía algún su chancho, que le pagaban con especies, verdad. Y yo tuve una adolescencia muy terrible.  

¿Y su papá?

En Estados Unidos.

¿Se fue con su mamá?

Sí. Es que mi papá se fue cuando yo tenía 7 años. Vino, de allí se fue cuando tenía 9. De allí, mi mamá se va cuando yo tengo 11 y mi hermana mayor, en ese caso tenía 13, se va después de la fiesta rosa, 15. Yo quedo con 13.

¿Y usted por qué no se fue antes?

Por mis hermanitos no quería irme. No quería irme, porque decía quién los va a cuidar, porque no confiaba en mi abuela. Era de llevarlos al doctor, de comprarles uniforme, mandarles a comprar la ropa, llevarlos al dentista, bañarlos, llevarlos al kinder, irlos a traer, cocinar para todos ellos. Fue increíble.

¿Por qué no confiaba en su abuela?

No, si es que ella salía a vender. No es que le quedaba tiempo; y el poco tiempo que le quedaba en la tarde, se ponía a coser ropa para ir a vender. Sí nos cuidaba, pero yo sentía la responsabilidad. Recuerdo que cuando se enfermaban, yo me le hincaba a Dios y sentía que en vez de que me salieran lágrimas de los ojos, sentía que me salía sangre del dolor (Salinas se frota la cara con las manos). Le ofrecía mi vida a Dios, con tal de que no fueran a morir, porque sentía que iba a ser mi culpa, que no los había cuidado bien. Entonces, me afectó mucho. A tal grado que, cuando mi hermano menor con 13 años se va -yo estaba terminando la escuela de agronomía, en la ENA y toda la vida viajaba en avioneta de San Salvador a La Unión para llegar a cuidarlos- y lo voy a dejar al aeropuerto, en la tarde yo regreso y dije: “¡Qué mal hermano soy! Yo debería estar triste porque el último de mis hermanos se va”. Mis hermanos, a medida iban cumpliendo 12 ó 13 años, se iban. El último tenía 13.

¿A cuántos despidió?

A cuatro. Mi hermana mayor, cinco, y yo, seis. Despedí a cuatro, y de repente “qué mal hermano soy, yo debería estar llorando o triste porque mi hermanito ya se fue”. Pero sentí una libertad, que en ese momento no me la expliqué. Me lo explicó mi siquiatra: estaba libre de responsabilidades. En el momento no lo entendí, lo entendí varios años después, en México, con ayuda sicológica y siquiátrica. Y fue desde entonces cuando empecé siempre a tomar pastillas para dormir, las valium, porque me había hecho adicto desde los 13 años.

¿A las pastillas?

Ajá, para dormir. Porque me preocupaba todo. O sea, tenía ansiedad, me comía las uñas. Hoy estoy bien tranquilo, incluso en la campaña estuve así. Ya controlo más las emociones. Uno a esta edad tiene que aprender a educar sus sentimientos, sus emociones. Es tonta la persona que pasa de los 40 y sigue con problemas emocionales.

¿Y cómo es eso de que viajaba en avioneta?

Había servicio aéreo a oriente. A La Unión, a Gotera.

¿Cuánto costaba en aquel entonces?

125 colones

Gastaba un montón, usted

Sí.

¿Y ese era dinero que les mandaba su mamá?

De Estados Unidos. Porque, además, acuérdense que había mucho paro de buses. Mire, mis compañeros se quedaban allá y yo me iba. ¡Esa vida fue terrible! Agobiante, ansiedades, frustración, temores, insomnio. Por eso es que les digo que hay mucho más dolor que ser VIH positivo. En mi vida hay mucho más dolor, que lo analizo, lo reciclo y lo supero. Por ejemplo, antes de haber asistido al siquiatra allí hubiera estado comiéndome las uñas. Vine 15 minutos antes, era más de la una y ustedes no venían. A los seis años mi mamá me hace una piñata y yo gozaba de una pelota plástica de fútbol. Era una olla vieja, de esas donde cuecen maíz, olla de barro, que se revientan de tanto usarlas. Sólo se rajan, y las forran de papel periódico. Mi mamá puso dulce de atado, canela, puso mangos también, hizo fresco de horchata y compró como pudo un queiquito. Yo soy del 11 de junio, el día estaba precioso, pero en la tarde cayó una tormenta que no cesaba. Nadie vino a la piñata. Deseaba que se terminara esa lluvia, porque pensaba en los regalos.

Ja, ja, ja.

Me molesto, me molestaba, cuando la gente no llegaba a tiempo y era por la ansiedad que viví en esa experiencia. No, tengo frustración por las piñatas,pero tampoco es un “big deal”.

Pero se le escucha como un gran trauma.

No, cuando uno sabe las cosas, lo supera. Creo que superé eso. Me doy cuenta con sicoanalista de por qué me molestaba tanto si alguien no viene puntual. Yo, si estoy tarde o si voy a llegar tarde, me pongo nervioso, porque quiero ser puntual. Y cuando te digo una cosa te la quiero cumplir y te la voy a cumplir, pero eso es parte mía y no puedo manejar los sentimientos de las otras personas. No te pude obligar a ti a que vinieras exactamente a la una. Por un lado, es una falta de respeto que yo no te la voy a apurar, por otro lado me parece que no es profesional, y no estoy tirándole pedradas, pero yo lo veo así...

(En este momento, Hugo hace una pausa para convertirse en espectador de la escena que protagonizan los entrevistadores, que se dan por aludidos:

-Ja, ja, ja, ja... -se carcajea Daniel- ¿Y que vinimos tan tarde? -pregunta.

-No -responde Edith. -Según el reloj de tu carro era la 1 en punto, pero je, je, je...)

Yo no voy a culpar por los errores de los demás. Tienen que analizar por qué llegan tarde. Yo analizo por qué me daba ansiedad. Ahora no, traje la computadora, iba a esperar 15 minutos y me iba a ir, pero no me iba a ir enojado. Para nada. Pero porque descubrí un punto de ansiedad en mi vida que me marcó, pero si no lo descubres... no sé, vas a seguir siendo un mediocre.

¿Intipucá no es un pueblo más abierto que otros?

El hecho de que haya ganado puede indicarte algo: soy abiertamente gay, la gente lo sabe y votó. Aunque ciertas personas decían “no, no queremos un maricón en la alcaldía”, y no soy el primer maricón en una alcaldía, lo que pasa es que los otros han estado enclosados.

¿Y su familia cómo se lo tomó, tanto la homosexualidad como el diagnóstico del VIH?

Yo salía en Univisión allá en Washington, mi papá apagaba el televisor, y cuando creía que pasaba el comercial, lo volvía a prender.

¿Y eso por qué?

Porque salía hablando del VIH, diciendo que era portador. Yo hacía promos comerciales para el día internacional del sida, cada 1 de diciembre. “No es problema mío”, le dije a mi mamá, “si él no se educa”. Mis hermanos, la mayoría tomaron curso en la Cruz Roja y aprendieron. “Si mi papá no se quiere educar, no es problema mío y yo voy a hacer lo que a mí me gusta”. He sido muy independiente y ellos respetaron eso. He sido muy independiente -autodidacta en muchas cosas- y no voy a permitir que los demás -ni mi familia- manejen mi vida. ¡La vida es mi vida y yo la voy a manejar! ¿Cómo voy a permitir que la sociedad me la maneje? ¿A cuenta de qué si la sociedad está llena de peste? Una sociedad podrida en la que vivimos. ¿Por qué la sociedad va a manejar tu vida? Es mi vida, son mis sentimientos, es mi alegría, es mi concepto de felicidad lo que yo quiero disfrutar. ¿Qué me importa a mí la sociedad? ¿Para qué quiero yo que la sociedad maneje mi vida? Es mi vida, con mis defectos, mi evolución, mis virtudes... ¡se va a cagar la sociedad en tu vida si le permites que te maneje la sociedad!

¿Y a qué edad descubrió su homosexualidad?

¿Su qué?

Su homosexualidad.

¿Su qué?

Su homosexualidad.

¿Su quééé?

¿No está bien dicho así, perdón?

Es que le dije que yo había empezado en un sistema de bisexual.

¡Ah, sí, perdón, tiene razón!

Yo empecé en México, en Guanajuato, con una pareja de gringos, hombre y mujer, y sentí que fue algo que me gustó y seguí practicándolo, y ante mis amigos heterosexuales -siguiendo el concepto de que la sociedad te maneja- tenía relaciones con mujeres, y en mi ambiente gay o bisexual tenía relaciones con hombres y mujeres. No soy el primero en El Salvador...

No, claro.

Digo, “sáquelo, hable abiertamente”, sí, por lo mismo, porque quien lea esto, o aprende, evoluciona, se educa o va a seguir juzgando. Y si no mejora su vida después de leer esto, y sigue con los pensamientos tercermundistas, se sigue jodiendo, va a ser parte de una sociedad podrida, que siga pudriéndose, que siga juzgando sin analizarse antes su propia vida.

¿Y usted mismo no tenía prejuicios antes de que comenzara a experimentar? Viniendo justamente de un país que, como usted describe...

No tenía prejuicios porque lo disfrutaba. ¿Por qué vas a prejuiciarte cuando te gusta? Me hacía muchas preguntas pero porque no sabía por qué, porque no tenía la educación adecuada y no podía entender por qué aquello me gustaba.

Mire, tengo una laguna: ¿qué pasó entre sus estudios en la ENA y su llegada a Estados Unidos?

Mira, el viajar... ¡puta, es que viajar cómo te abre la mente! Una persona que no ha salido de su pueblo es lo peor que puede haber. El viajar, el ser independiente y ser responsable con lo que te pasa es lo que te da la madera para que cada día tú puedas manejar tu vida. Yo siendo artista, viajando, siendo independiente, no tengo por qué ser infeliz, no tengo por qué sentirme frustrado, no tengo por qué andar hablando de los demás. Entonces, si las personas no pueden poner en una licuadora todos estos elementos y los reciclan, van a seguir con una mentalidad mediocre.

Yo quiero tratar de entender, Hugo, cómo se desarrolla ese cambio de persona. Es decir, Hugo hasta ese encuentro con esa pareja que acaba de mencionar era otro, era el Hugo que salió de El Salvador a querer estudiar, y luego tras ese encuentro es otro Hugo que empieza a aceptarse, a conocerse mejor. Ahora, supongo que hay un momento de quiebre, ¿no?Algo que afecta en positivo o en negativo

Hubo meses de reflexión y hubo ayuda sicológica, y hubo aceptación, que es lo mejor, no hubo negación. Por ejemplo cuando me di cuenta que soy VIH positivo como portador hay tres pasos bien importantes: primero la sed de vengarte, si a mí me infectaron, yo voy a infectar; segundo, la muerte, el suicidio, y tercero, la depresión y el encierro. Acepté vivir y decidí, eso me ayudó a aceptar mi personalidad y ser lo que quería ser en la vida con responsabilidad. Si conozco a alguien, primero le doy la oportunidad de que me conozca, después les digo que soy portador del virus del sida. Muchos se han ido, algunos se han quedado y les ha ido muy bien.

Vaya, pero nos contó la parte del virus. ¿Fue lo mismo al descubrir su homosexualidad?

Cuando tú creces en una sociedad como esta y con una abuela que te domina con la mirada, no te dejan estar como eres, creces como quieren que sean. Cuando yo me siento liberado en México, vivo mi propia vida, libero mis sentimientos y me doy cuenta de que soy una persona alegre. Antes era introvertido, ahora soy extravertido pero es mi verdadera personalidad. La acepto, la descubro y me responsabilizo de ella. No me importa lo que diga mi mamá, no me importa lo que digan mi papá, mis hermanas, no me importa lo que diga la sociedad.

¿Enfrentó a su familia?

Me han aceptado. Nunca me enfrenté a ellos, lo supieron, se dieron cuenta y me han respetado. Le tengo mucho respeto a mis hermanos. Sea lo que sea, yo sé que en el fondo mi mamá y mi papá sienten mucho orgullo de lo que soy. Es que todo va en lo que eres como ser humano, no en lo que hagas con tu culo. Yo creo que una madre se puede sentir muy orgullosa de su hija prostituta, hay madres que se sienten orgullosas de sus hijos drogadictos, incluso asesinos. ¿Por qué no se sentirán orgullosas de su hijo gay?

¿Y usted en Estados Unidos profesionalmente a qué se dedicó?

A trabajar en la educación y prevención del virus del sida, porque no quería que más gente se siguiera infectando. Yo tuve un impacto muy fuerte en Washington en educación.

¿Por eso salía en los anuncios?

Toda mi vida la escribí en periódicos locales de allá: cómo viajar con VIH, la mujer y el sida, temas en los que yo me capacitaba y los escribía.

¿O sea que de agronomía finalmente nada?

Nada, nunca.

¿Eran proyectos del Estado?

Estatales donde me daban libertad de ser y de decir lo que yo quisiera y sí me gustó. Yo tenía una jefa que me daba libertad de hacer lo que yo quisiera desde cómo usar un condón hasta un folleto informativo, un taller sobre poesía, una sesión de arte sobre sida.

¿Con niños o solo adultos?

Adolescentes.

¿En escuelas públicas?

En las escuelas siempre hablé de eso, las generaciones que tienen 30 años recuerdan cuando yo les daba clases de sida.

Imagino que le da rabia cuando se da cuenta que en El Salvador la Iglesia Católica se mete la educación sexual.

¡Qué hipocresía, que sociedad más cerota en la que vivimos!

¿Cómo vende ese cambio de mentalidad? ¿Cómo lo piensa vender en Intipucá?

Con charlas y con un vocabulario adecuado. Los jóvenes llegan bastante a mi casa por condones, traigo cajas de Estados Unidos para repartir.

¿Se ve haciendo activismo por ese tema también aquí en El Salvador, a nivel nacional?

Con jóvenes, sí.

¿Qué tiene pensado?

Por ejemplo, hay proyectos de instituciones no gubernamentales en los que el tema juventud es bien apropiado para ellos. Me estoy informando de eso, para incorporarme.

¿Qué piensa del Conasida?

Yo sólo sé que, hace poco, dejaron perder unos millones porque no se usaron. Y creen que El Salvador es modelo de enseñanza. A mí me admira, si estamos nosotros así de jodidos, cómo estarán los otros.

Ja, ja, ja.

Coincidiendo en la Plaza de la Solidaridad, en la autopista a Comalapa, no te dicen nada. Mucha gente no sabe qué es eso. Me impresionó que, en el programa este, en la obra de teatro llamada “Espacio”, tirada por TCS y Televisa, no se hablara de sida.

¿Pero se imagina usted liderando un movimiento?

Yo podría apoyar un movimiento que ya exista. No pretendo abrir alguno, porque mi prioridad está enfocada en el desarrollo integral de Intipucá. Cuando digo integral y digo Intipucá, allí sí estoy más interesado localmente que nacionalmente.

¿Está consciente de que estos temas, la forma en la que se piensa sobre ellos, no es algo que se cambia de la noche a la mañana?

Lleva tiempo. Pero si tenés voz de convencimiento lo vas a asimilar fácil. Si yo no te convenzo, no lo vas a entender.

Yo estoy tratando de entenderlo a usted en un partido como el PCN.

No creo que yo sea el primer gay, además a ellos no les interesa la preferencia sexual, les interesan los votos.

¿Tiene muy claro el juego al que se metió?

Sí, lo tengo claro. ¿Y tú crees que Arena no es un nido de... no es una pipianera?

No sé, no podría confirmárselo.

Yo oigo lo que se dice también. ¿Cuál sería la diferencia entre ellos y yo? Que yo lo acepto. Algunos de ellos se casan para taparle el ojo al macho. ¿Tú crees que, de todos los militares, no habrá más de una mata de pipianes por allí? Hablo del cuerpo militar, no del cuerpo diplomático. Es que hay en todas las sociedades.

Me llamó mucho la atención la respuesta que dio hace un rato, cuando dijo que esta es una sociedad cerota. Parece que a usted le afecta mucho que acá no haya una mentalidad abierta hacia la homosexualidad.

Yo creo que el problema es cultural. Estamos acostumbrados a una sociedad hipócrita, una sociedad falsa. Y, por ejemplo, sociedades como Estados Unidos son sociedades independientes, muy independientes. Es más, por años no sabés ni quién es tu vecino y aquí no salimos mientras no sale el vecino, ver cómo está vestido y criticarlo. ¡Ya me imagino qué pestes hablarán de ustedes!

Ja, ja, ja.

Es que es verdad. Creo que el problema viene de la conquista, de quienes nos conquistaron.

¿Cómo así? Explique su teoría.

No sé, si a lo mejor nos hubieran conquistado los italianos o los ingleses, no estaríamos en este problema de ser como somos.

Los ingleses no se mezclaban. ¿Hubiera sido mejor que los españones no se hubieran mezclado con los indios?

Ajá.

Ja, ja, ja.

No sé si se hablaría más de educación sexual. Estaba viendo que en octubre del año pasado, en el no sé qué iberoamericano, de esos encuentros en que abordan ideas y nunca se gestan, se dijo que en América Latina se iba a hablar de educación sexual, y no se firmaron unos acuerdos sobre sexualidad y temas con relación a la mujer. No entiendo cómo es que en las escuelas todavía no se habla de educación sexual, cuando hay deserción escolar, embarazos no deseados; no sé por qué la Iglesia se opone a estos temas actuales y contemporáneos.

La plática termina y Hugo Salinas reflexiona sobre la muerte. Asegura que no le da miedo, pero que sí le molesta el final, el final de los portadores del VIH. Cuenta de amigos a los que vio morir en el hospital, entubados, hinchados como globos. También cuenta de amigos que prefirieron morir en casa, y ahí terminaron a la inversa: con la piel pegada a los huesos. Los primeros dos son casos de Estados Unidos. El tercero es el de un amigo al que visitó en el hospital Rosales, en San Salvador, en condiciones deplorables, rodeado de moscas. “Yo no. Yo ya pedí que me hagan cenizas. Que nadie me vea”.

Publicidad
Publicidad

 CERRAR
Publicidad