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Los cambios que no llegaron

El presidente Sánchez Cerén cumple este miércoles 1 de junio dos años de gobierno. Y su partido, el FMLN, siete. El partido que ofreció corregir el rumbo en que el partido Arena llevaba al país, que prometió sanear las finanzas estatales, transparentar la administración pública, hacer un país seguro y aumentar significativamente la inversión en educación, ha hecho lo mismo que Arena y, en algunos casos, los indicadores incluso muestran un retroceso.

 
 

El FMLN llegó a la Presidencia de la República en 2009 con la promesa de corregir los problemas fundamentales heredados de los 20 años de gobierno del partido Arena, y en aquel año en que la economía del país se contraería ofreció "justicia social", "seguridad para vivir", "mejor educación", “superar el lento crecimiento de la economía”, “sanear las finanzas públicas” y “poner punto final a la impunidad”. Este miércoles 1 de junio Salvador Sánchez Cerén llega a su segundo año como presidente de El Salvador y su partido cumple siete años en el gobierno, y lo que muestran los principales indicadores sobre el estado de salud de la nación es que la pobreza aumentó en el último año del que hay datos disponibles, que el presupuesto en Educación no solo ha ido lejos del aumento prometido sino que en 2016 registró un recorte, que el endeudamiento público sí ha crecido un 50 % en siete años, que durante las administraciones efemelenistas la economía ha crecido al paso más lento registrado en los últimos 16 años, y que los salvadoreños nunca tuvieron mejores probabilidades de morir asesinados que durante el año recién pasado.

La promesa más esencial de campaña con que llegó el FMLN a la presidencia en 2009 se resumía en su eslogan: "Nace la esperanza, viene el cambio". En 2014, cuando el vicepresidente ganó la elección y se convirtió en presidente, lo hizo con el mensaje central de que en el siguiente quinquenio lo que verían los salvadoreños sería "la profundización de los cambios". Pronto se profundizó la violencia y en 2015 El Salvador se convirtió en el país más violento del mundo, con una tasa de 103 homicidios por cada 100 mil habitantes.

En los últimos siete años (desde el 1 de junio de 2009 hasta el 29 de mayo de 2016) fueron asesinadas 29 mil 270 personas, casi tantas personas como los 30 mil habitantes que tenía el municipio de Juayúa cuando se hizo el último censo de poblaciòn, en 2007. O casi tantas como las 34 mil que pueden llenar el Estadio Cuscatlán para partidos de fechas FIFA.

En el lenguaje de los números, estos siete años no dibujan un país diferente al que dejó Arena y en varios de los campos vitales incluso hay retroceso, pero en el ámbito cualitativo tampoco ha aparecido la diferencia que ya en 2004 el veterano dirigente efemelenista Schafik Hándal valoraba tanto para darle sentido a la existencia de los partidos de izquierda: el que fuera secretario general del FMLN advertía que si no se establece una identidad clara de agenda, la gente no tiene razones para llevar al poder a organizaciones de izquierda. Y aquí entran a evaluación las principales banderas morales que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional enarbolaba cuando pedía apoyo para sacar a Arena de la presidencia: acabar con la corrupción, lograr la independencia de poderes, despartidizar las instituciones del Estado, terminar con la evasión y la elusión fiscal, acabar con la impunidad... ¿Pero qué ha sucedido? En lucha contra la impunidad, por ejemplo, el segundo gobierno del FMLN no solo ha llegado a pronunciarse en contra de la extradición a España de los militares acusados por el asesinato de los sacerdotes jesuitas en 1989, sino que también rechaza la posibilidad de que la Sala de lo Constitucional anule la Ley de Amnistía de 1993, que hasta ahora había sido considerada por los efemelenistas -al menos en público- un adefesio jurídico que obstaculiza el acceso a la justicia.

La administración de Sánchez Cerén proclama como logros un aumento en las exportaciones y la consolidación de programas sociales como los paquetes escolares. Pero ya en 2015 el recién electo alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, admitía en una entrevista en televisión que si se veía fríamente lo sucedido en los primeros seis años de gobierno efemelenista, se podía concluir que no se había producido ningún cambio estructural.

A inicios del presente siglo, cuando el gobierno del presidente Francisco Flores rebasó la cota del 40% de endeudamiento con respecto del PIB, el FMLN, desde sus escaños legislativos, subrayaba que ese era el camino equivocado y siempre que había ocasión de aprobar nueva deuda, se guardaba sus votos. Los efemelenistas sostenían que ir por encima del 40% del PIB era peligroso y ponía a El Salvador en el camino de una potencial insolvencia fiscal. Ya en 2009, cuando Mauricio Funes accedió a la Presidencia, recibió un país con una deuda que superaba los 10 mil millones de dólares y con una crisis económica mundial que produjo una contracción en la economía salvadoreña. Al final del año la deuda representó más del 50% del PIB. ¿Y cómo fueron las cosas una vez llegó al poder el partido de izquierdas? El gráfico siguiente refleja que la práctica de financiarse con créditos internacionales sigue vigorosa en las administraciones efemelenistas a tal punto que la proyección para este año es que el monto se acerque a los 16 mil millones de dólares: 

 

 


El FMLN que se parece a Arena

Schafik Hándal planteó en su discurso en el Foro de Sao Paulo celebrado en julio de 2004 la importancia de “la identidad de la izquierda”. Hándal era de quienes advertían sobre los peligros mortales de hacer del partido FMLN una maquinaria electorera con cuadros con pobre o nula formación política y que cayera en la tentación de acercarse al centro solo por la obsesión de ganar una elección presidencial. En aquel foro de hace 12 años, decía esto: “Quienes en los períodos electorales trataron o tratan de parecerse a la "contraparte" de derecha, entonces se enfrentan a la conclusión de la gente muy sencilla que pregunta: "¿por qué voy a votar por éste que quiere desplazarse hacia el centro y parecerse a la contraparte, cuando los que tienen experiencia en el control del gobierno son estos otros?"

En aquellos días el partido estaba convulsionado por un enfrentamiento interno en el que una poderosa corriente reformista, dirigida por el ahora vicepresidente Óscar Ortiz, proponía cambios que al sector más conservador le parecían un maquillaje derechizador.

Hándal se opuso a que el partido adoptara a un foráneo -Mauricio Funes- como candidato presidencial para 2004. Su razón era que Funes solo quería utilizar "como escalera" al FMLN para acceder a la presidencia, donde lo que cabía esperar era un gobierno que no reflejara la identidad del partido. Pero Hándal murió en enero de 2006 y Funes fue candidato en 2009 y ganó. Hándal murió con la idea de que parecerse a la derecha constituye la pérdida de identidad de un partido de izquierda. “El mimetismo político o ideológico de la izquierda como táctica electoral ha dado muy malos resultados. Esto es como una ley”, decía Hándal.  

Funes y el FMLN ganaron el 15 de marzo 2009 con promesas grandes: despartizar las instituciones del Estado, promover una Fiscalía fuerte, tener un respeto irrestricto a la Constitución... "Vamos a construir un nuevo El Salvador", ofrecieron. Uno mejor que el que Arena había construido en 20 años.

Por eso el programa de gobierno durante la campaña se tituló "Cambio en El Salvador para vivir mejor", que incluía 10 grandes promesas, entre las que destacaba una: “Superar el lento crecimiento de la economía, acelerando y diversificando la generación de la riqueza país, de las empresas y de las familias.” Cinco años más tarde, el programa "El Salvador Adelante", de Salvador Sánchez Cerén, prometió lo mismo.

En lo que va del presente siglo, la gran anomalía fue la crisis económica mundial de 2008, que en El Salvador se evidenció más hasta 2009, cuando El Salvador registró un producto interno bruto mucho menor al de 2008. Desde el gobierno de Francisco Flores (1999-2004), la economía salvadoreña se postró y pronto se colocó a la zaga en Latinoamérica. El Salvador tiene más de un decenio de ser el país que menos crece en Centroamérica, pero el FMLN no fue un revulsivo para cambiar la tendencia. Al contrario, el país creció un poco más en promedio durante los años de Arena que durante los años de administración efemelenista. Si se deja por fuera 2009 -año compartido por el último gobierno arenero y el primero del FMLN- resulta que la economía creció en promedio 2.56% anual entre el año 2000 y el 2008. Y es cierto que -también si se deja por fuera 2009- sí hubo un cambio con la llegada del partido de izquierdas al poder, pero fue para empeorar: entre 2010 y 2015 el crecimiento anual promedio fue de 1.98%.

 

 

 

El martes 24 de mayo, el presidente y su gabinete económico celebraron la cifra de crecimiento de 2015. “En dos años de gestión el gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén ha dado un impulso a la economía a través de las políticas públicas que ha permitido consolidar el crecimiento en un 2.5%, alcanzado en 2015, el  mayor porcentaje registrado en los últimos siete años.”

Ese mismo año, Nicaragua creció 4.9% y Guatemala 4.1%. Les siguió Costa Rica, con 3.7%, y luego Honduras, 3.6%. El Salvador fue el último de la clase. 

El economista Carlos Acevedo, quien fuera presidente del Banco Central del Reserva del primer gobierno del FMLN, dijo hace algunos años que el bajo crecimiento de El Salvador puede tener efectos catastróficos que obliguen a desdolarizar la economía. “¿Qué es lo que evitaría llegar a la desdolarización?” Que la economía salvadoreña empezara a crecer a tasas más altas, de por lo menos 3% o 4% por año, y que los déficit fiscales se redujeran a menos del 2% del PIB”, explicó en 2014 Acevedo. Hasta ahora, ni lo uno ni lo otro: el déficit fiscal de 2015 fue del 3.3%.

La última vez que el país creció más de 4 % fue en 1997. Pero el gabinete económico, en el acto para dar resultados del segundo año de gestión de Salvador Sánchez Cerén, cree que el crecimiento de 2.5 % del año pasado da para celebrar. “El Salvador está saliendo del umbral de bajo crecimiento económico”.

Según un informe de la Unidad de Análisis y Seguimiento del Presupuesto de la Asamblea Legislativa, existe una proyección de que a partir de este año el país crecerá 3 puntos y esta cifra se mantendra estable hasta 2024. La oficina legislativa agrega que ese crecimiento será posible gracias a dinero inyectado -regalado- por Estados Unidos para ejecutar el programa Fomilenio II y a préstamos de la Zona del Corredor Mesoamericano y de la Franja de la Costa del Pacífico Salvadoreño. Esto supondrá un 0.8 de esos 3 puntos.

 

 

 

Según un estudio publicado por el actual presidente del Banco Central de Reserva en su blog personal, al ritmo de crecimiento actual, los habitantes salvadoreños alcanzarían un ingreso promedio per cápita de nivel de país desarrollado a la vuelta de más de un siglo: en el año 2144. Es decir, dentro de 128 años. Es decir, cuando hayan pasado el gobierno de Sánchez Cerén y 25 gobiernos más.

Retroceso en Educación

En agosto de 2013, mientras pedía el voto, Salvador Sánchez Cerén dijo a un grupo de simpatizantes que en su gobierno la inversión en educación sería muy superior a la de años anteriores y hasta llegó a deslizar que conocía la fórmula para hacer llegar el presupuesto de Educación a los 6 puntos del PIB.

Aquel adelanto de información se tradujo en una de las promesas fundamentales del programa de gobierno "El Salvador adelante": "Incrementar la inversión en Educación hasta alcanzar progresivamente el 6% del PIB". Hace exactamente dos años, cuando tomó posesión de la presidencia, ratificó la oferta de hacer llegar el presupuesto de Educación al 6% del PIB al final de su quinquenio. Es decir, en 2019. Sánchez Cerén asumió con un presupuesto del 3.5% del PIB. A finales de 2014, el ministro de Educación, Carlos Canjura, dijo en una entrevista con El Faro que cada año, a partir del presupuesto de la nación de 2015, Educación tendría un incremento de 0.5% del PIB para alcanzar la meta al final del quinquenio.

En ese escalonamiento, 2015 debería tener ya una asignación del 4 % del PIB y 2016 del 4.5%. Sin embargo, 2015 se quedó en apenas 3.54%. Y en 2016 el gobierno tomó el sentido contrario al de su promesa: no solo no aumentó el presupuesto de Educación en función del PIB, sino que lo recortó al 3.47%.

La promesa de Sánchez Cerén tenía como fondo una conclusión de hace 16 años. El Foro Mundial para la Educación que organizó la Unesco en Dakar en el año 2000 concluyó que las naciones debían invertir un mínimo de un 6 % del PIB en el área educativa para garantizar educación para todos. En 2004, la Unesco advirtió que los países iberoamericanos estaban lejos de aquella meta, pues solo destinaban en promedio un 4.7% del PIB a ese rubro. Y si la región estaba muy por debajo del objetivo, El Salvador estaba muy por debajo del promedio iberoamericano, con apenas un 2.98%. 12 años después, El Salvador sigue muy por debajo del promedio regional de aquella época.  

Hace ya años que países de la región están superando en esta área a El Salvador: Bolivia, Jamaica, Belice y Honduras han estado apartando en para educación fondos equivalentes a entre un 5.9% y un 7% del PIB. 

 


Es cuestión de lectura

Rolando Mata, diputado del FMLN que está en la Comisión de Hacienda de la Asamblea Legislativa, relativiza la distancia entre lo ofrecido y lo hecho. Dice que todo depende de quién analice la situación y que una cosa es lo que dice el partido en campaña y otra es el plan que diseña el gobierno. 

—¿Cómo explica usted que, tras siete años en el poder, El Salvador todavía no haya logrado crecer hasta el 3 %?

—¿Y adónde ha visto que íbamos a crecer hasta un 3%?

—En los planes de gobierno de su partido así se planteó.

—Ahhh... en los planes de gobierno del FMLN, pero el plan oficial es el del gobierno. En el presupuesto general aprobado se hablaba del 2.5%.

—¿Nos explica cómo se produce ese cambio de una estimación del 3% en el plan de gobierno del partido y una del 2.5% en el plan de gobierno que hace el gobierno del mismo partido?

—Una cosa es que el partido... el partido es el partido político. Ahora el partido está en el gobierno. Lo otro es ya el funcionario que ya con las cuentas oficiales ya puede precisar mejor. Esa es la explicación que le daría. Es como que usted me diga: "¿Y por qué las cifras de Fusades no pegan con las cifras de ustedes?" Obvio. Hay criterios diferentes. Es posible que haya información diferente.

—¿O sea que cuando hacen los planes de gobierno no la hacen con criterios o información oficial?

—Cómo no, pero si la información no es suficiente, es normal que haya una diferencia. Es como ustedes hacen: no voy a decir manipulan, pero sí (la información) la enfocan con un criterio diferente. Esa es la explicación que le daría.

La transparencia que no llegó

Aparte de los indicadores de macroeconomía o de Educación, los dos años de Sánchez Cerén y los siete del FMLN se pueden evaluar a la luz de lo que los efemelenistas criticaban a los gobiernos de Arena cuando eran oposición.

Pocos días después de asumir la presidencia, Mauricio Funes elaboró un plan para unificar la contratación de servicios de publicidad en el Órgano Ejecutivo, de tal manera que, sin necesidad de licitación, todo se canalizara hacia la agencia publicitaria de origen brasileño que había conducido la campaña electoral de Funes. La Presidencia hizo durante casi la primera mitad del quinquenio 2009-2014 que los ministerios, autónomas y oficinas adscritas a la Presidencia contrataran de forma directa los servicios de la empresa Polistepeque S.A. de C.V., cuyo propietario es el publicista Joao Santana.

La información sobre montos de campañas y el detalle de cuánto se gastó y a quién se contrató para recibir servicios de publicidad durante el gobierno de Funes es un misterio porque la información fue clasificada como reservada. 

El mismo año que llegó al poder, en 2009, nació un grupo parlamentario que ahora es uno de los principales socios políticos del FMLN: Gana. El diputado Guillermo Gallegos, uno de los principales dirigentes de Gana, próximo presidente de la Asamblea Legislativa, contó al consejero político de la embajada de Los Estados Unidos en El Salvador que Gana veía al presidente casi como un padre adoptivo a raíz de las conversaciones que tuvieron después del quiebre de Arena y cinco meses después de que Funes entró al cargo. "Gallegos dijo que el presidente Funes les ha expresado en privado su apoyo a los 12 diputados de Gana. Gallegos dijo que a Funes lo único que le faltó fue "adoptarlos" pero que no quería alinearse públicamente con ellos", mencionó Robert Blau.

Durante su primer año, uno de los financistas de la campáña de Funes empezó a ganar contratos con El Estado. El Faro reveló en 2010 que la empresa de Miguel Menéndez había ganado en el primer año de gobierno de Funes 2.5 millones en contratos con instituciones del Ejecutivo. La Subsecretaría de Transparencia, ante petición de este periódico, determinó que de 15 contratos en servicios de seguridad ganados por la empresa de Miguel Menéndez, 10 surgieron de mecanismos transparentes, pero otros cinco, por un monto de 1.5 millones de dólares, le generaban dudas. 

El 31 de julio de 2009, cuando estaba cumpliendo dos meses en la presidencia, Funes publicó un campo pagado en La Prensa Gráfica. "Las puertas de mi gobierno que llevan a la información estarán siempre abiertas de par en par", ofreció. "No habrá más secretos. Porque los secretos son una forma indirecta de la censura, que repudiamos".

El gobierno de Sánchez Cerén ha blindado la información relativa a gastos de publicidad de la Presidencia y la que concierne a los viajes al exterior del expresidente Funes, alegando razones de seguridad. 

En el área de transparencia también cabe el intento fallido, en dos ocasiones, por controlar la Corte Suprema de Justicia. Mientras el FMLN fue partido de oposición insistía en la importancia de la independencia de poderes para la democracia republicana. Y una vez que en 2009 ganó la presidencia y logró el control de la Asamblea Legislativa, primero se sumó a un intento de la derecha legislativa de maniatar a la Sala de lo Constitucional. El decreto 743 de junio de 2011 pretendía obligar a que las sentencias de la Sala de lo Constitucional solo fueran posibles con el respaldo de los cinco magistrados. El decreto fue aprobado de forma expedita por el presidente Funes. Posteriormente, en 2012, el FMLN intentó dos veces colocar a en la presidencia de la Sala y de la Corte Suprema a un abogado anuente a sus intereses.

El país más violento del mundo

En la primera quincena de marzo de 2012, 30 líderes pandilleros de la Mara Salvatrucha y del Barrio 18 salieron del régimen de máxima seguridad y fueron trasladados a prisiones de menor seguridad como parte de un pacto entre las pandillas y el gobierno que tenía como objetivo reducir el número de homicidios. Los homicidios bajaron mientras duró el pacto.  

La tregua permitió una caída en los homicidios a menos de la mitad que la que se registraba hasta antes de la tregua. Esto duró hasta 2013 y el arreglo comenzó a deteriorarse cuando el general David Munguía Payés fue relevado del cargo de ministro de Seguridd por el economista Ricardo Perdomo. La ruptura se produjo en 2014, aunque para entonces las pandillas seguían expresando su voluntad de volver a la mesa a negociar una reducción de los niveles de violencia. A inicios de 2015, Sánchez Cerén dijo que su administración rechazaba la posibilidad de adoptar la estrategia de la tregua porque esta era ilegal y casi de inmediato se desató la carnicería que terminó con el año más sangriento del siglo, con más de 6 mil 650 homicidios. El Salvador, con una tasa de 103 homicidios por cada 100 mil habitantes (uno por cada mil), quitó a Honduras el título de país más violento del mundo.

Paralela e irónicamente, desde la firma de los acuerdos de paz de 1992, los militares nunca tuvieron tanto protagonismo como con los dos gobiernos del FMLN. Los acuerdos de paz quitaron a los militares las tareas de seguridad pública. Aunque ya el gobierno de Antonio Saca (2004-2009) hizo un uso permanente de los militares en tareas de apoyo a la seguridad pública, ha sido el FMLN el que ha devuelto a las Fuerzas Armadas o a algunos de sus representantes el protagonismo y liderazgo en esa materia. En 2013 un general era el ministro de Seguridad, y otro general era el director de la Policía Nacional Civil. Asimismo, un coronel dirigía el Organismo de Inteligencia del Estado. En esos días, los militares incluso se convirtieron en custodios de los centros penales. Aquel FMLN que en la mesa de negociación de la paz demandaba en 1991 la eliminación de la Fuerza Armada se transformó en un FMLN que la devolvió al campo de la seguridad pública.

  

 

 

Más pobres 

Los datos más recientes que publicó el gobierno decían que en 2014 había más pobres que en 2013. El gobierno de Salvador Sánchez Cerén publicó en octubre de 2014 los resultados de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM, 2014), en donde el principal hallazgo fue que en 2014 la pobreza aumentó 2.3 puntos porcentuales respecto a 2013.

Eso significa que 55 mil 745 hogares que en 2013 eran no pobres entraron a condición de pobreza en 2014. Ese aumento -en un periodo que comprendería al último semestre del expresidente Mauricio Funes y al primer semestre de Salvador Sánchez Cerén- es la confirmación de una tendencia negativa para El Salvador, si se toma en cuenta que ya en 2013, las cifras oficiales del gobierno hablaban que en las últimas dos administraciones (Antonio Saca y Mauricio Funes) la reducción de la pobreza avanzaba a un ritmo de 0.1 % anual.

Otra ironía es que el gobierno insiste en que con la precariedad fiscal vigente es virtualmente imposible afrontar adecuadamente los retos de la inseguridad y financiar los programas sociales. Por eso la administración y miembros relevantes del partido han insistido en la importancia de que los empresarios salvadoreños inviertan en El Salvador. Y han señalado con dedo acusador a los empresarios que en los documentos del despacho jurídico panameño Mossack Fonseca aparecen con empresas offshore en Panamá y en otros paraísos fiscales. "Apátridas", los llamó un exdiputado. Y el expresidente Funes dijo que las empresas offshore eran utilizadas por los ricos para evitar el pago de impuestos en El Salvador. Cuando El Faro reveló que el grupo empresarial efemelenista Alba Petróleos había creado una veintena de empresas offshore en Panamá y otros paraísos fiscales -a los que había trasladado casi 200 millones de dólares-, el secretario general del FMLN, Medardo González, dijo que no era cierto y que esa publicación constituía "una operación política de los periodistas".

 

 
 

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