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Carta a un homofóbico, a una homofóbica

 
 

Vivo en un país machista. Vivo en un país homofóbico. Estoy generalizando, por supuesto, porque hay una minoría que no es ni machista, ni homofóbica, pero la democracia mal entendida como números y porcentajes me permite generalizar a conveniencia de la gente machista y homofóbica, que siempre generaliza según su dios le da a entender. También vivo en un país pobre. También vivo en un país sin buena educación. También vivo en un país en el que se ve bien que nos gobiernen legisladores con un libro de creencias en la mano y no con la Constitución, con la ley, con la razón. Vivo en un país asesino y excluyente. Vivo en un país en el que se considera más sagrado el derecho al chiste machista y homofóbico que los derechos humanos. Vivo en un país de matones, de matonas. Vivo en un país homofóbico.

A este país en que vivo le escribo esta carta. Le escribo a este país que rechazará esta carta porque no se considera homofóbico, porque se ofende cuando le dicen homofóbico y responde que es un país de gente creyente en dios y con valores cristianos. Ustedes son homofóbicos, su iglesia es homofóbica, su dios quizá no pero ¿cuándo una iglesia ha sido imagen de su dios? ¿O acaso cuando asesinan es su dios el que asesina? ¿Acaso cuando discriminan es su dios el que discrimina? ¿Acaso cuando separan hijos de sus padres es su dios el que los separa? ¿Acaso cuando empobrecen y marginan a quien no cree que es pecado amar a alguien de su propio sexo es su dios el que empobrece y margina? ¿Cuando quemaban seres humanos en la hoguera era su dios el que los quemaba?

Si usted, homofóbico, homofóbica, cree que no lo es, es un asesino, una asesina. Quizá, ojalá, nunca mate a nadie con sus manos, pero su homofobia mata todos los días en algún lugar del mundo, en varios a la vez. Porque la homofobia es odio y usted va por ahí con su odio vestido de plegarias y repartiendo bendiciones, siempre dispuesto a condenar y censurar cualquier forma de amor que no sea la suya. Usted va por ahí rogando a su dios que le libre de pecado y que su mundo quede libre de otros pecadores, de esos hombres que aman a otros hombres, de esas mujeres que aman a otras mujeres. Usted quiere matarlos, matarlas, pero dice que lo que quiere es que se conviertan, que se corrijan, que acepten a su dios, que sean como usted, tan heterosexual. Porque usted convive de mejor ánimo con maltratadores, con maltratadoras, con gente promiscua, con violadores, con violadoras, con otros asesinos que, gracias a dios, son heterosexuales.

No es cosa de tolerancia o respeto a sus creencias. No. Esto es cosa de asesinos, de asesinas, que no quieren ver en sus espejos la capucha del verdugo que la homofobia les calza. Es cosa de justicia, porque usted con su homofobia justifica todos los días el asesinato.

Hoy le escribo a usted, homofóbico, homofóbica, porque en Orlando, Florida, Estados Unidos, hace pocos días usted asesinó a 49 seres humanos con un arma de guerra, porque usted está todos los días en guerra contra los gay, las lesbianas, los y las bisexuales y transgénero, y todos los días, en algún lugar del mundo, en varios a la vez, un soldado de su homofobia hala el gatillo, clava el puñal, reza para que los gay, lesbianas, bisexuales y transgénero dejen de existir. Le escribo porque usted, homofóbico, homofóbica, ha matado en El Salvador a cientos de personas y hace que miles más vivan en el sufrimiento. Sí, usted, no su dios ni su libro sagrado, usted que es la mayoría en un país machista, homofóbico, pobre, mal educado, corrupto, creyente.

Y no quiero que me perdone por decirle esto, porque usted, si es homofóbico, si es homofóbica, es un asesino, es una asesina.

 

*Élmer Menjívar es periodista y escritor salvadoreño. 

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Roberto Valencia en Crónicas Guanacas | Los Blogs de El Faro

 
 

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