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Así se vive un posible asesinato en Islandia, una sociedad no habituada a la violencia

Islandia se teme lo peor en un caso que tiene en vilo a este país poco acostumbrado a los crímenes: la desaparición de una joven que incluso llevó a la policía a perseguir por los mares a un pesquero groenlandés. Islandia tiene 330,000 habitantes y promedia dos asesinatos al año; la capital de El Salvador, San Salvador, tiene 250,000 y registró 431 homicidios en 2016.

Haukur Holm (AFP) / El Faro

 
 

La Policía Metropolitana de Reikiavik, la capital de Islandia, ha difundido esta fotografía de la joven Birna Brjansdottir, desaparecida desde el 14 de enero, un hecho de violencia que por inusual ha impactado en la opinión pública de esta país nórdico. Foto AFP.
 
La Policía Metropolitana de Reikiavik, la capital de Islandia, ha difundido esta fotografía de la joven Birna Brjansdottir, desaparecida desde el 14 de enero, un hecho de violencia que por inusual ha impactado en la opinión pública de esta país nórdico. Foto AFP.

Reikiavik, ISLANDIA. En esta apacible isla del Atlántico Norte llamada Islandia, escenario de las sagas (leyendas medievales plagadas de asesinatos y castigos bárbaros), la policía patrulla sin armas y hay muy pocos homicidios. “Es realmente un país seguro, sin guerra ni nada de eso, con una tasa de criminalidad muy baja”, dice Tomas Kjartansson, de 26 años, vendedor en una tienda de ropa para hombres.

La desaparición de Birna Brjansdottir, de 20 años, tiene en ascuas al país. En Reikiavik, la capital, el miércoles 18 de enero tuvo lugar una marcha por el último trayecto por el que se cree que pasó la joven; los medios de comunicación no hablan de otra cosa.

La joven pelirroja desapareció a las 5 de la madrugada del sábado tras una velada como cualquier otra, bebiendo y divirtiéndose en los bares de la capital. Vestía pantalón negro, suéter con capucha y botas Dr. Martens. Las cámaras de vigilancia la graban de madrugada, tambaleante por las calles nevadas del centro de la ciudad, comprando un kebab...

Luego se pierde su rastro. Esa mañana no acude al comercio de ropa en el que trabaja.

El calzado aparece en el puerto de Hafnarfjordur, al sur de Reikiavik, cerca del muelle en el que está atracado un pesquero groenlandés, el ‘Polar Nanoq’. Su teléfono también se encontró en la zona, donde alguien lo apagó.

Las cámaras confirman la presencia en torno a las 6:30, cerca del barco, de un coche rojo, un Kia Rio, idéntico al vehículo visto en las inmediaciones del lugar de Reikiavik donde Birna fue vista por última vez entre las brumas aurorales.

El ‘Polar Nanoq’ zarpó el día de la desaparición. Le obligaron a dar media vuelta, escoltado por guardacostas. Atracó en Reikiavik el miércoles por la noche. Miembros de la unidad de élite de la policía islandesa, la Viking Squad, interrogaron a la tripulación.

Tres marinos están detenidos, como “sospechosos de poseer información sobre la desaparición de Birna”, y comparecerán ante el juez, informó la policía en Twitter. La policía peinó el barco, pero fuentes policiales citadas por la prensa islandesa dudan de que la joven haya subido a bordo.

Un homicidios cada seis meses

Si se confirma que fue un crimen, el caso Birna Brjánsdóttir pasará a los anales de la policía islandesa. En este país de 330,000 habitantes la criminalidad es tan poco frecuente que la primera vez que la policía disparó a un hombre fue en diciembre de 2013.

Desde 2001 se registraron 1.8 homicidios por año de promedio, según las estadísticas policiales. Y normalmente son obra de desequilibrados o de personas bajo los efectos del alcohol. La tasa es inferior a 1 homicidio por cada 100,000 habitantes. Como referencia, la tasa de homicidios en El Salvador en 2016 ha sido de 81 asesinatos por cada 100,000 habitantes.

“Siempre hemos sido una sociedad homogénea, preocupada porque haya igualdad”, analiza el sociólogo Helgi Gunnlaugsson. “Somos una familia, nos necesitamos los unos a los otros para sobrevivir en esta isla”, explica.

Paradójicamente, uno de los autores de novelas policiales más vendidas del mundo, Arnaldur Indridason, es islandés. ¿Pura imaginación? Quizá no tanto, afirma su traductor al francés, Éric Boury.

“Se tiene la sensación de que aquí no se puede morir” de muerte violenta, “y eso que saben que la naturaleza es peligrosa, que un volcán puede devastarlo todo”, recuerda. Y además, añade Éric Boury: “Esta sociedad que parece tranquila no lo es tanto. Hay problemas de droga y de alcohol, graves problemas de alcohol”.

© Agence France-Presse


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