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La decisión entre China y Taiwán explicada

Desde 2009 las autoridades de El Salvador han considerado la idea de trasladar nuestra embajada de Taipéi a Pekín. El conocimiento del contexto geopolítico y de la experiencia de otros países permite un análisis de las posibles repercusiones de esta decisión e indica qué conviene más a los intereses salvadoreños.

Colin Alexander

 
 

La conversación telefónica de Donald Trump con el presidente de Taiwán, Tsai Ing-wen, el 3 de diciembre de 2016, después de otro llamativo uso de Twitter para fines diplomáticos, arrojó nueva luz al debate sobre la política de "una China" y el estatus diplomático de China y Taiwán. El reconocimiento formal continuo de El Salvador de Taiwán en lugar de China está en desacuerdo con la mayoría del resto del mundo. Sin embargo, basado en la investigación que hice para mi libro China and Taiwan in Central America: Engaging Foreign Publics in Diplomacy , mi argumento es que El Salvador debe continuar su alianza con Taiwán y disfrutar de los beneficios que provienen de la membresía de este pequeño club diplomático.

En 2009, durante la administración del presidente Mauricio Funes, El Salvador informó informalmente a China sobre la posibilidad de trasladar su embajada de Taipéi a Pekín, pero el gobierno chino, más preocupado por construir puentes políticos y económicos con Taiwán, no respondió positivamente. Esto ocurrió cuando Taiwán estaba bajo la administración presidencial del Kuomintang (KMT) (2008 - 2016), que tenía amplios lazos ideológicos con El Salvador que datan de la Guerra Fría, cuando tanto Taiwán como El Salvador eran regímenes autoritarios de derecha.

Sin embargo, el regreso del Partido Democrático Progresista (PDP) en 2016 bajo el liderazgo de Tsai Ing-wen probablemente abre un período de creciente tensión con China en el que el PDP hará bien en evitar la competencia absoluta por reconocimiento diplomático que se produjo durante su previo periodo en el poder entre 2000 y 2008. El Salvador debe evitar convertirse en instrumento de negociación en este conflicto.

Lo que es más, todavía no está clara la política exterior del gobierno de Trump. El mandatario estadounidense ha hablado de su admiración por Vladimir Putin de Rusia; de más apoyo a Israel que la administración de Obama; de apoyo a Taiwán; y de una postura más dura con China. Con este fin, la conversación telefónica de Trump con Tsai puede haber sido una mera expresión petulante de los exabruptos del entonces presidente electo, aunque puede haber sido un prólogo de sus intenciones. Independientemente de lo que suceda, tanto El Salvador como Taiwán harían bien en recordar que los principales intereses de Estados Unidos y China no tienen que ver con países pequeños como ellos. Las relaciones entre las superpotencias son principalmente entre sí. Cualquier movimiento diplomático por parte de El Salvador y Taiwán podría ser perjudicial para ellos desde varias perspectivas.

El Salvador tuvo oportunidades de acercarse a China, y recibió importantes incentivos para hacerlo, entre 2000 y 2008, cuando Chen Shui-bian era el presidente del PDP de Taiwán. Durante su incumbencia, China tentó con éxito a varios de los aliados diplomáticos formales más significativos de Taiwán, incluyendo a Chad, Senegal y, lo más importante para El Salvador, Costa Rica en 2007.

Para El Salvador, el nexo entre China y Taiwán sigue siendo un asunto predominantemente partidista. Tradicionalmente, el partido de derecha ARENA ha mantenido fuertes lazos con Taiwán. De hecho, los regímenes autoritarios de El Salvador y Taiwán eran miembros prominentes de la Liga Mundial Anticomunista durante la Guerra Fría y estos vínculos fueron solidificados y alentados por altos oficiales de la CIA como Ray Cline y republicanos de derecha en Estados Unidos incluyendo a Ronald Reagan, Strom Thurmond, Barry Goldwater, y, más interesante para El Salvador, Jesse Helms, quien incluso afirma en su autobiografía que a él se debió el acrónimo ‘ARENA’ que adoptó la Alianza Republicana Nacionalista en 1981.

Para el FMLN la relación con China también comenzó durante la Guerra Fría cuando todavía eran una organización guerrillera. El apoyo directo de China al FMLN durante este período fue muy poco más que simbólico. De hecho, China tuvo cuidado de respaldar a los grupos guerrilleros sólo cuando existía la posibilidad de que ganaran la guerra civil o cuando estaba claro que las guerrillas tenían significativo apoyo público. Además, con mejores relaciones entre China y Estados Unidos después de que el gobierno de Carter reconoció diplomáticamente a China en 1978, los chinos tenían poco apetito para financiar o armar movimientos guerrilleros en el área de influencia de Estados Unidos. Por lo tanto, el intento del gobierno de Mauricio Funes de reconocer diplomáticamente a China en 2009 fue motivado predominantemente por el deseo de Funes de consolidar su nuevo poder en El Salvador en lugar de cualquier nostalgia de la Guerra Fría. Dicho esto, sin vínculos formales, el FMLN aún mantiene vínculos comerciales informales con China, encabezados por Manuel Flores, importante miembro del FMLN.

La situación del gobierno de Funes se reprodujo en otros países después de 2008, cuando el gobierno de Taiwán, entonces bajo el control del KMT bajo el presidente Ma Ying-jeou, acordó una "tregua diplomática" con China mientras las relaciones entre ambos mejoraban. Panamá también intentó reconocer a China en 2009; Honduras, prácticamente le quitó el reconocimiento a Taiwán en 2013 sin obtener a cambio el reconocimiento de China; y Gambia dio un paso más allá en noviembre de 2013 cuando le quitó el reconocimiento a Taiwán y tuvo que esperar hasta marzo de 2016 para recibir el reconocimiento diplomático de China después de que la victoria electoral del PDP en Taiwán en enero de ese año parecía haber puesto fin a la tregua diplomática. Este último estudio de caso nos dice que si ahora los aliados formales de Taiwán desean explorar relaciones formales con China la puerta no está totalmente abierta, quizás sólo entreabierta.

Ciertamente, las relaciones diplomáticas formales con China son una opción para el actual gobierno de Sánchez Cerén. Sin embargo, quisiera hacer una advertencia. Taiwán, de muchas maneras, trata a El Salvador como un príncipe, la China no tratará al país con la misma predilección. Taiwán tiene numerosos proyectos de construcción en El Salvador, donde financia la mayoría de los costos asociados, incluyendo la construcción de edificios gubernamentales. Taiwán ha proporcionado en muchas ocasiones fondos para apuntalar la cuenta salarial del Ministerio de Asuntos Exteriores de El Salvador cuando el país ha caído en épocas más difíciles y Taiwán sigue ayudando a entrenar a militares salvadoreños, aunque esto tiene una historia bastante polémica asociada con los escuadrones de la muerte del período de la guerra civil.

Más allá de los beneficios financieros de esta relación, hay otras recompensas asociadas. El reposicionamiento de China hacia la política de "una China" con una actitud moderna de poder inteligente ( smart power), ha significado que El Salvador ha sido capaz de recibir inversiones chinas sin tener que reposicionar su política exterior demasiado hacia el llamado Consenso de Pekín. Basta con ver hacia Costa Rica para observar el número de aros a través de los cuales han tenido que pasar los costarricenses desde su reconocimiento en 2007. En resumen, El Salvador tiene muy poco que ofrecer a China económicamente y cualquier noción de que China no explotaría a su favor una relación diplomática formal estaría en contradicción con las teorías de economía política internacional y las experiencias de otros pequeños estados. Así, continuar reconociendo a Taiwán, y recibiendo una inversión limitada de China, permite a El Salvador un nivel de control más allá de lo que su posición de poder en el contexto mundial debería permitir. En resumen, El Salvador tiene un as de oro cuando se trata de su relación diplomática formal con Taiwán. Por otra parte, El Salvador y Taiwán se han democratizado de forma prácticamente simultánea y ahora tienen elecciones multipartidarias competitivas y (normalmente) pacíficas, y en esta era de neoliberalismo libre de principios, el reconocimiento a Taiwán es una idea que tiene puntos a su favor.

*Dr. Colin Alexander es Associate Professor of Political Communications en Nottingham Trent University, UK. Es el autor de China and Taiwan in Central America: Engaging Foreign Publics in Diplomacy (Londres: Palgrave, 2014).

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Allison Jackson y Juan José Rodríguez (AFP) / El Faro

 

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