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Isabel Dada: “Yo hubiera querido ser una gitana… pero con dinero”

La actriz Isabel Dada falleció este 14 de junio, a los 76 años, a consecuencia de un cáncer. Además de actriz, Isabel Dada fue poeta y madre, y en esta plática realizada en abril de 2007, habló con El Faro de su vida y su trayectoria, de cómo se gastó la mayor parte de su herencia en hacer teatro, sus proyectos frustrados en el país y de cómo, siendo madre soltera, dejó atrás la oportunidad de hacer carrera en México porque extrañaba su “terruño” y porque no supo “torear” el ambiente.

Rosarlin Hernández y Edith Portillo

 
 

Considerada la primera gran actriz salvadoreña, Isabel Dada actuó en teatro y tuvo incursiones en el cine. Su primer papel protagónico fue en Los peces fuera del agua (1970), del cineasta David Calderón, considerado como el largometraje clásico del cine salvadoreño. En el año 2008, la Presidencia de la República reconoció la trayectoria de la actriz con el Premio Nacional de Cultura. 

Para cuando se realizó esta entrevista, en abril de 2007, Isabel Dada se acercaba a los 60 años, y hacía tres que la Asamblea Legislativa la había declarado como “hija meritísima” de El Salvador. Llegó a la entrevista cuidadosa de su imagen, por aquello de que se le “se escape algún admirador”, dijo. Por eso también advirtió al fotoperiodista, desde el inicio, que sólo se le podían tomar fotos de frente.

Como buena conversadora que era, Isabel Dada inició la plática con la grabadora aún apagada. Y abrió con lo que más le apasionaba: el teatro. "Yo creo uno nace con el arte. Alguien dijo la otra vez que es un divino virus, y es cierto. A veces hay gente que quiere hacer arte, yo quisiera ser pintora, pero con las manos soy inútil. ¿Entonces qué hago para perfeccionar? A través del estudio, el oficio, pero con eso se nace", dijo.

Fotos de archivo de El Faro. Abril de 2007

Fotos de archivo de El Faro. Abril de 2007

¿Y a usted quién le contagió el virus?

Mirá, tengo un tío, el hermano mayor de mi padre, él se llama Jorge M. Dada, él se fue a México y fue director, productor, guionista, y hasta la música de las películas hacía, pero por parte de mi abuelo, él era alemán, dicen que mi abuelo tenía una hermana en Alemania, que era la tía Frida, yo jamás la conocí, que la ilusión de ella toda su vida fue ser actriz. Pero nunca la dejó la familia, entonces yo creo que por los dos lados.

Un tío, otro hermano de mi padre, el negocio de él era traer las películas que producía mi tío y después más películas mexicanas, además de las de mi tío, y presentarlas en El Salvador. También fue de las primeras empresas que vendieron música y, más adelante, fue uno de los directivos de la Comumbia Pictures. Entonces yo por los dos lados tuve la oportunidad, cuando ya era mujer, de entrar al mundo del espectáculo, ya hubiera sido por el lado de la Columbia Pictures o en México. Pero siempre he sido muy del terruño, para mí mis hijos, mis hermanos, mi familia, mis amigas, el calorcito de mi gente es lo que me ha dado vida y lo que me inspira en las cosas. Probé, probé en México y empecé unas actuaciones en “El hombre de la Mancha” como sustituta de la Dulcinea, el actor era el hijo de la María Félix, pero me volví, yo no sé cómo es que no me demandaron.

¿Cuántos años tenía para entonces?

32 años.

¿Y cómo se fue para México?
Es que este hombre traía obras mexicanas aquí, Fernando Junco, entonces yo ni lenta ni perezosa dije “voy a invitarle a él y a la señora a cenar”. Total que nos hicimos amigos y un buen día yo me fui a pasear a México, fui a ver “El hombre de la Mancha”, me encontré con la esposa y él y me dijeron “tú sos la sustituta para la actriz”. Me quedé deslumbrada, y hablé “miren, miren, ayúdenme con mis amigos porque yo voy a estar tres-cuatro meses mientras los mando a traer, y aquí voy a vivir porque voy a ser una actriz en México”, tenía a mis tres hijos, y por ahí iba, mis papeles estaban en ANDA (Asociación Nacional de Actores), había hecho una función ya sin permiso de la ANDA. Una de las actrices me fue a chillar, pero todo iba en camino. Cuando en eso me habló un día mi hijo, que tenía 12 años, (imitando voz de niño), “¿Y cuándo nos vamos a ir nosotros para México, mamita?”. Al día siguiente cogí el avión y dije “no”. Nuestro ambiente es muy intelectual en El Salvador, yo me quejo de que no tiene bases sólidas, de que no es comercial, pero ese ambiente con el que yo me topé en México no me gustó para criar a mis hijos.

¿Cómo era ese ambiente?

Es que el teatro comercial primero se hace con pocos recursos, con pocos ensayos, digo el comercial, porque hay también grupos intelectuales buenísimos, pero se hacen apoyos, digamos, muletas. Por ejemplo, si voy a llorar (actuando como llorando), simplemente hago asíiiii. Porque no da tiempo el teatro comercial, las palabras lo dicen, teatro comercial. Y, segundo, se salía muy noche, tipo 2 ó 1 de la mañana y parrandeaban.

Isabel Dada no era parrandera, pues.

Bueno, sí, a mí me encanta salir con todos mis amigos, que vamos mucho a cenas, a esto a lo otro, pero allá cuando ya iban las drogas de por medio, y que la fulana era amante de la otra fulana, y fulano era amante del otro fulano, a mí me agarró un vértigo, un vértigo continuo, era un mareo que pasé un mes así, como cuando uno ha tomado licor y uno dice “bueno, ¿por qué ando mareada?”. Y me di cuenta de que no podía torear el ambiente, a menos que me metiera en él. Y yo he sido en muchos campos muy conservadora y el ambiente nuestro me ha cuidado, mis amigos me han querido. El mismo Roby (Salomón) , cuando hemos ido de viaje a Cádiz, “me cuidan a Isabel”, decía (imita al director de teatro), “cuidado alguien me le ofrece una cosa rara por ahí”.

Ja, ja, ja.

Porque el ambiente lo va envolviendo a uno, entonces yo decía “bueno, ¿y esta muchacha no va a ir con nosotros?”, y me decían “no, es que ella ahora va a salir con su amante, porque ella tiene amante hombre y amante mujer”. O iba a una fiesta y estaban inhalando cocaína, en una palabra salvadoreña: un desvergue. Ja, ja, ja. Pero no es todo, sino que donde me había tocado a mí “no”, dije.

¿Se sintió sola estando allá?

Sí (silencio largo), pero con muchas ilusiones de que era lo que había soñado en mi vida. Después, cuando mi tío que te digo que era de la Columbia Pictures me llevó a unas reuniones, a una fiesta en Panamá, donde iban a estar directores, entonces me hablaron de películas y estaban hablando de que se iba a empezar a trabajar ya con mucho desnudo y con mucha violencia. Las películas hasta los años 50 habían sido muy románticas, en los años 60 todavía, pero iba a empezar mucho más un poco de violencia, iban a usar armas, el sexo… cómo decirlo, más vivo. Y me asusté, dije “ay Dios mío”… pero yo creía que podía torear los ambientes, porque se puede, con inteligencia, apartarse lo que te conviene y meterte en lo que no te conviene. Si lo que me preocupaba es que tenía tres hijos: mi hija tenía 14 años, el otro 12 y el otro 11. Y entonces mis hijos no iban a poder torear el ambiente y estaban en una edad bien delicada, es ahí donde yo volteo a ver hacia atrás y digo “no, no me arrepiento”.

¿Y estando allá se hizo muy amiga del hijo de María Félix?

No, él era un muchacho que llegaba a su camerino, era un divo, del camerino al escenario lo acompañaba su secretario deteniéndole una capa que él se ponía, esa capa tan preciosa solo para irse del camerino al escenario. Había que llegar y rendirle casi una pleitesía. Me decía la esposa de Fernando Junco “llevale un obsequio”. Yo una vez compré un Quijote de bronce para mí. “Regaláselo, hacele un regalo, dale un abrazo”.

¿Y se lo tuvo que dar?

No, es que mirá, se ponía en un puesto de divo. Él no platica mucho a menos que tú te hagas… no servil, sino que lo sepás atender. Entonces yo le digo “mirá, no, yo no le voy a regalar mi Quijote, Eva”. ¿Por qué voy a llegar yo todos los días que cómo está, que si quiere un café, que qué tal durmió, que en qué le puedo servir? No. Entonces él me conversaba que “tú eres de El Salvador”, pero después que miró la forma en que lo trataba me decía “mira, salvadoreña”, así que comprendí cuál era el ambiente que había, y qué hacía con mis hijos. Y soy además madre sola.

A ver, y una vez se decidió, habiendo dejado atrás la oportunidad de ser actriz en un país donde el teatro sí tiene bases sólidas, ¿con qué perspectivas llegó de vuelta a El Salvador?

Es que, es más, ya habíamos estrenado “El Zoológico de Cristal”, de Tennessee Williams, en Guatemala, ya habíamos hecho las 10 presentaciones o 20 en el Teatro Nacional, trabajando con ActoTeatro bajo la dirección de Salomón, y teníamos una función y Salomón “¿y la función?”. Y yo (haciendo voz a punto de llorar) “es que no ves que me han contratado en México, y además estamos en guerra, era el año 80, si yo hago esto me traigo a mis hijos, me hago rica y además me salvo de la guerra, ¿Y cómo no vas a entender que te deje plantado por una función?”.

Ja, ja, ja, ja, ja, ja.

Entonces sí había perspectivas, pero Roby entendió. Al venir aquí casi todos mis compañeros, a los meses, se estaban yendo para afuera. La vida da muchos cambios, estaban viviendo fuera, en el extranjero, la guerra duró 12 años, casi nadie quedó aquí. Lo que hice en ese tiempo fue hacer recitales de poesía, monólogos en galerías de pintura. De repente murió mi padre, me deprimí, se me arruinó mi tiroides porque me deprimí, me engordé. Pasé cinco años esperando que pasara la guerra, en el 92 se firman los Acuerdos de Paz, inmediatamente le hablé a Salomón y le dije “Roberto, montemos Bodas de Sangre”, y me dice “mejor trabajemos con Sol del Río en un proyecto que se llama Tierra de Cenizas y Esperanza”. Y yo inmediatamente que dije vienen los Soles de regreso, otra vez entramos.

¿Y cuándo no vive del teatro, cuando no hay la oportunidad sobre las tablas, qué hace?

Es que a mí mi padre me dejó para comer porque yo no podría haber hecho teatro y vivir del teatro, y ninguno de mis compañeros, al menos que estén dando clase… vaya, Roby está como director en Suiza y aquí dirigiendo todo lo del teatro Poma. Dinora (Cañénguez) trabaja como directora del elenco en la UCA, Ana Ruth (Aragón) trabaja como directora de un grupo teatral y no sé si todavía en la Escuela Americana, pero que alguien me diga que vive del teatro es mentira. Yo he gastado con el teatro, puse mi academia, y en aquellos tiempos hacíamos teatro en los parques, se daban clase, pero yo tenía egresos, egresos, egresos. Aquí no hay subsidios, esas alianzas que hace el Estado con la empresa privada. Para que algo sea sostenido y con bases, que valga la pena, pero la prueba es que no tenemos un teatro nacional, entonces el teatro Poma, por ejemplo, funciona, pero no siempre. Cuando yo estaba chiquita había tres teatros y yo veía que la gente mayor iba al teatro, al Variedades, El Apolo, yo veía que la gente se iba a pie al teatro hasta con unas sus pieles, con el gran calor, ja, ja, ja, pero la gente con sus pieles. Si tú me preguntas si el teatro ha evolucionado, yo digo que al contrario, que ha involucionado.

¿Pero es por falta de un público que lo consuma o por qué?

Yo no he visto un teatro donde vaya poquita gente, la gente donde hay teatro va encantada. Lo que pasa, vaya, cuando yo tenía 10 años habían traído a Don Edmundo Barbero a dirigir bellas artes, después, en los años 60, Salomón y el maestro Béneke formaron el bachillerato en artes. Ha habido épocas de interés acerca de la cultura y las artes, pero como el interés no ha sido sostenido. Pero antes en los colegios se daba clase de canto, clases de teatro, llegaba don Edmundo a montar obras con los alumnos. Aquí no hay educación artística, se borró, se borró.

¿Falta de interés de los gobiernos entonces?

De un interés verdadero. Que el país es pobre, sí, pero Costa Rica no es un país rico, y Costa Rica no te digo que tiene los teatros de Broadway, pero tiene salas particulares de teatro. Desde hace muchos años tiene dos facultades, ¡facultades! de arte en Heredia y San José. Los primeros profesores llegaron de Europa y cuando se hace aquel bachillerato en artes Salomón trajo a una pareja de España y con él y otros salvadoreños me acuerdo que dirigían el bachillerato en artes. Entonces si no hay un verdadero interés gubernamental, ¿qué hacemos? Para mí, que somos pobres, lo vuelvo a repetir, sí, pero yo veo un gran desbalance en el desarrollo de ciertas áreas en el país y en el desarrollo de otras áreas. ¿Dónde ves el desbalance? Como que fueran los parientes ricos y los parientes pobres, ja, ja, ja. Que la familia dice “que ahí viene fulano, ay no, qué será, que quiere dinero quizás”, ja, ja, ja. Entonces la educación, la salud, el arte y la cultura son los parientes pobres. Los parientes ricos ya sabemos cuáles son, pero en ese tema ya no me meto más profundo, je, je, je. Pero bueno, para mí en el arte y la cultura se conoce la verdadera indentidad y el verdadero progreso de un pueblo. ¿Que tenemos que ser competitivos en esta globalización? Pero para ser competitivos tenés que tener educación y cultura, tenés que ser creativo y para eso tener educación más avanzada, si no lo que vamos a ser es la mano de obra de otros creativos. No hay interés y yo ya no me siento en una edad de ir de almacén en almacén y decir “miren, por favor, me da telas para tal cosa, nos regalan madera”.

Pero ahora sí está preparando una obra con Rebeca (Dávila), su sobrina, ¿no?

Es que Roby me dijo que a final de año quería montar una obra, y que entonces buscáramos una obra en la que trabajen tres actrices que quiere que estemos juntas. Rebeca, y bajo la dirección de Fernando Umaña tenemos un proyecto, pero estamos en pre producción, por eso no quiero todavía hablar mucho de eso, todavía es una producción. Yo tengo un monólogo que yo he escrito, que necesito ya solo el dinero para montarlo, empezando por un escenario giratorio que me lo hacen barato, pero yo no quiero desembolsar cinco mil dólares. Yo creo que ya estuvo suficiente, ¡si yo no soy el Ministerio! Me gustaría, imaginate, hacer “Madre Coraje”, pero no que Alemania está en llamas, sino que el mundo entero, y por la guerra, por la deshumanización, o sea, una Madre Coraje más universal, pero se necesitan fondos. Hablamos del proyecto con Rebeca y Fernando, ¡pero fondos!. Y qué triste es que aquí no hay nada más para hacer, cuando yo estoy con mis amigos qué se hace, tomar tragos y ver televisión, ir al mar y seguir tomando tragos. Entonces, ¿qué podemos hacer los artistas? Yo no me pienso quedar sin hacer teatro, me he quedado así, pero he reaccionado, porque con el teatro nacés, eso es una necesidad.

Y si no hubiera tenido la oportunidad para sostenerse económicamente haciendo teatro, ¿cuál hubiera sido su opción?

Eso me lo advirtió mi papá, que tenía una empresa. Yo estudié secretariado ejecutivo y parte de administración de empresas. Me gradué en Estados Unidos. Mi papá me decía “no vas a comer del teatro, me aflige, porque lo que yo te dé se te va a acabar”. En mi monólogo yo siempre hablo con un duende y el duende me dice (imitando la voz que tendrá el duende) “estudiá Derecho, andate a la empresa de tu papá”, y yo “no, yo voy a vender mis propiedades y voy a ser actriz”, y él me dice “vas a comer lodo”, bueno… en realidad dice aquella gran palabrota, je, je, je. Es como mi conciencia.

El monólogo es sobre su vida…

Sí, pero tiene cuatro personajes: la empresaria, que debí de haber sido para tener de qué comer; la mamá, el ama de casa, que tiene que pensar en la educación de sus hijos, vive sola; la gitana, una gitana loca que va por el mundo bebiendo vino y cantando sin rumbo; y la actriz. Y al final ninguna de las cuatro lunas tuvo el éxito, el brillo de la nota más alta en la escala musical ni tampoco la gloria de la marcha triunfal. Entonces yo le digo “permítame despertarme” y ahí es cuando ella se desciende sobre los cuatro pasos de la vida, porque la gitana esa es la que yo hubiera querido ser. Recorrer el mundo sin destino, fijate qué sabroso, ¡pero con dinero! Ja, ja, ja.

¿A usted ya le ha tocado interpretar a un personaje que la haya fastidiado, que le haya costado porque no le simpatizara, con el que no se pudiera sentir identificada?

Bueno, para mí todos son un reto, pero el que más me ha costado es la Bernarda Alba. Para mí, en las primeras presentaciones no lo di. Ya después empezaba a encontrarle, pero es una mujer amargada, dura, mala, pero para hacer todo eso tienes que haber frustrado otros sentimientos, porque nadie nace mala, dura, amargada. Entonces ¿qué vivió esta mujer para poder ser esta mujer que es? Además ya había encontrado la represión familiar, pero Lorca escribió en esa obra represión familiar, represión religiosa y represión política. Entonces cuando yo empezaba a encontrar esos personajes, todo ese mundo tan maravilloso, dicen “hasta aquí llega la Bernarda Alba”. “¿Querés una foto”? Ni una foto tengo de ninguna obra. Son pasiones cortadas. Imaginate una pareja de recién casados o de amantes haciendo el amor, y en el momento más bello “corte, hasta aquí llegaron”. Te tragás toda aquella creación, y te puede hacer daño. Ese es el personaje que me dio más reto.

Isabel Dada, segunda de derecha a izquierda,  junto a sus amigas Teresa Huezo, Elizabeth Gúzman , Ana Ruth Aragon , Dinora Cañenguez, Merci Flores. Foto cortesía: Ana Ruth Aragon. 

Isabel Dada, segunda de derecha a izquierda,  junto a sus amigas Teresa Huezo, Elizabeth Gúzman , Ana Ruth Aragon , Dinora Cañenguez, Merci Flores. Foto cortesía: Ana Ruth Aragon. 

¿Y cómo lo trabajó?

Para sentirme yo frustrada me quedé sola en la casa, porque la empleada se iba y no busqué otra. Y la soledad total no me gusta, a mí me gusta mis ratos sola, pero poder por ratos conversar, y tampoco me gusta andar barriendo, trapeando o haciéndome mi comida, y lo hice y entonces me daba colerita.

Ja, ja, ja. ¿Ajá?

Sí, me daba colerita, me daba tristeza, me ayudó bastante, empecé a encontrar muchas cosas. Y me decían “pero necesitás una empleada”, andaba siempre corriendo, no había cenado, “¿y por qué no cenaste?”, es que no me he cocinado, pasemos comprando una latita de verduras, y “ya me tenés harta con tu latita de verduras, conseguí una empleada” y yo “después de la Bernarda”. Me alteraba, ¡mi cenita!, por lo menos que me la dejaran para calentar, ja, ja, ja. no que a veces haciendo mi pedacito de pescado a las 11-12 de la noche. Es más, llegué a no encender luces más que una. Esta es la casa de la Bernarda decía yo. Después, en el “Zoológico de Cristal” me remonto 25 años atrás, yo tenía 39 años y me dice Roby “pero es que Amanda Wingfield es amargada”. La obra es de una mujer abandonada por su esposo, el hijo era alcohólico; Naara, la esposa de Roby, que era mi hija, hacía un papel de una paralítica increíblemente bello, tan bello que hay gente que llegó a creer pero si yo le vi el aparato en la pierna en el escenario, entrenar hasta en la calle, porque antes salías por el centro a caminar y Naara iba cojeando su pierna, trabajando su pierna. Yo le decía yo no soy amargada, yo no tengo amargura pero si vos te remontas a buscar amargura o situaciones que han sido injustas en la vida contigo, vas a encontrarlo y yo empecé a encontrar amarguras para no usar muletillas.

Te quiero decir que el actor y la actriz viven un mundo especial para poder dar los personajes como deben ser y si el actor no quiere tanta organicidad, lo quiere más liviano pero también necesitas tiempo, es muy difícil salir de una oficina como hacen todos nuestros artistas, o de dar clases o salir ya cansados, o salir de sus estudios a la actuación, hoy en día tenemos nosotros entre los artistas y los actores, hay jóvenes talentosísimos. Fernando Umaña tiene unos alumnos talentosos.

¿Y luego cómo se libera de esos personajes que tanto trabajo le han costado y ya los ha interiorizado?

Por ejemplo, del personaje tenés que ser Isabel-Bernarda, Isabel-La mujer sola, al llegar a mi casa es un trabajo emocional desprenderte porque si no la gente que vive a tu alrededor no te va ni a querer ver. Ese es otro don del actor. Las telenovelas son tan livianas porque son melodramas. Yo he visto filmaciones que después se están carcajeando. Pero el personaje cuando es muy orgánico… Cuentan que Julita Herodier, la esposa de Don Edmundo Barbero, después de las funciones la mujer se quedaba llorando en el camerino. Lo que pasa es que como llega gente a felicitarte te va saliendo poco a poco la adrenalina por eso los actores nos vamos a tomar un café, a platicar, ya llegas a tu casa relajada.

Si querés estar casada, tenés que estar casada con alguien que, como dicen los jovencitos, entienda la onda.

¿Usted cuántas veces estuvo casada?

Dos veces, y con el mismo hombre (poniendo cara de vergüenza).

¿Y por qué con el mismo?

Me casé por lo civil y lo religioso, me divorcié. Y me volví a casar por lo civil y me volví a divorciar, pero en la obrita esa que voy hacer ahí vas a ver por qué me volví a casar. Pero el duende te lo va a decir, yo no.

El duende de indiscreto…

(Haciendo la voz de duende) “El duende dice un montón de cosas que yo no puedo decir”.

¿Y no puede invitar al duende ahorita a la plática?

No porque esto lo vas a publicar.

Un adelantito, vaya …

Sí. Mira yo creo que en mí influyó en un 90% la religión. Yo era muy católica, en ese tiempo que me divorcié la primera vez tenía como cuatro cintas: la del Perpetuo Socorro, Hija de María, la del Niño Dios de Praga. Yo hacía mi teatro porque eso es aparte. Cuando la Iglesia Católica te dice que te podés divorciar, pero si te volvés a casar te excomulga y para mí esa palabra era como que me dijeran “te matamos”. Bromeando, bromeando me decía una persona “casate con un sacerdote y que en la noche te absuelva”, ja, ja, ja. Mi madre era una mujer extremadamente religiosa, porque una cosa es ser espiritual y otra es ser religiosa, religiosa es muy mala, la espiritualidad es grandiosa. Mi madre rezaba de rodillas frente a muchas imágenes y yo un día rezando de rodillas me prendí fuego en el pelo con una candela.

Ja, ja, ja. Y entonces dijo “la religión es mala”.

Ja, ja, ja. Mi mamá tenía unas piernas lindas que yo no le heredé, pero tenía cayos en las rodillas de pasar hincada rezando, yo la imitaba. Yo le decía “mamá voy a la iglesia a rezarle al Niño Dios de Praga”, tenía mis siete años, pero sí podía caminar en la calle. Entonces me fui caminando a la iglesia con mi mantilla, pero llevaba mi novena del Niño Dios de Praga y una candela, prendí la candela y me puse “Niño Dios de Praga, no me vayas a mandar nunca al infierno”. La religión hablaba mucho del infierno, acordate de la santa inquisición. Me acuerdo que en la iglesia había un cuadro enorme de las Almas del Purgatorio, quemándose y yo pasaba por allí y todo el dinero que me daban para la semana lo echaba en la alcancía de las Ánimas del Purgatorio para que no me fuera a quemar tan fuerte. Entonces esa vez estaba frente al Niño Dios de Praga, con mi candela y mi novena que el diablo nunca me vaya a llevar, cuando en eso una sombra negra me envolvió, y dije “el demonio hoy si me llevó”.

Ja, ja, ja, ja.

Pues no, era el párroco de la iglesia que al ver que me había cogido fuego entonces con la sotana me apagó el fuego. Pero bueno, así me criaron. Y cuando me decían que era excomunión me volví a casar. Y otras cosas más (hace la voz de duende) que el duende te las va a contar.

Hablemos entonces de “Los Peces Fuera del Agua”, ¿cómo se involucró en esa película?

Yo había entrado al teatro universitario porque de tres años hacía teatro, de 18 años hice una obra de Waldo Chávez Velasco, pero así ya más profesionalmente y con continuidad entré al teatro universitario buscando a Don Edmundo Barbero, que me dijo cuando yo era niña, que cuando fuera grande y lo quisiera buscar, que lo buscara. Fui al teatro universitario, tenía tres meses de haber llegado y llegaba un señor a ver los ensayos, pero llegaba todos los días, se me quedaba viendo, veía mis movimientos y le llegué a tener miedo. Pero era David Calderón que cuando Irma Elena Fuentes no aceptó el papel de Olivia tuvo que buscar a alguien más, una persona le dijo que yo había llegado al teatro universitario y que tal vez le podía servir para la película.

¿Cuántos años tenía?

27 ó 28 años. Al fin conversé con David y le dije “yo ya le tenía miedo a usted porque me observaba demasiado”, y me explicó que había una película y así fue como empezamos a rodar, que la rodábamos sólo en domingo a las cinco de la mañana. Pasaban por mí hasta que regresábamos a las siete de la noche de Cojutepeque. Es fascinante el mundo del cine, es que es diferente.

¿Y usted con cuál se quedaría?

Con el teatro. Bueno, se necesita también talento porque te pueden filmar parte del final de la película, parte del medio, no vas como en el teatro como en una secuencia, pero allí depende del director que te diga “ahorita ya murieron todos tus familiares”, “ahorita está exiliada en otro país”, “ahorita ya pasaron 20 años. Entre en papel”. Por ratos es más difícil, pero en otros es más fácil porque hay mucha expresión en el teatro con la que si la cámara está muy cerca, se vuelve grotesco. Tenés que hacer de menos dimensión todos tus gestos, la parte más fácil del teatro es que el personaje va en la trayectoria. Por ejemplo, el ama de Doña Rosita la Soltera empieza una mujer de unos 40 años, en la otra obra tiene 55 y en la otra 60 y ya está muy mal de salud, canosa, entonces en ese sentido es más fácil. Es diferente.

Y la radio quizá es la más difícil. Yo tengo un programa que se llama “Homenaje a la vida”, en Radio Clásica, que es poesía de amor. La poesía de amor tiene personajes. Es transmitir solo con el micrófono, no se te ve, porque si yo te voy a transmitir mis sentimientos lo puedo hacer a través de un gesto y la radio no tiene ningún medio más, en tu voz está todo.

Con Doña Rosita usted resultó nominada como actriz de reparto…

Sí, el Helen Hayes. Fui el año siguiente, la nominación fue algo espectacular, ¡vieras qué cosa más linda en el Kennedy Center!. Y te digo: me siento contenta porque muchas actrices en Washington pasan toda su vida trabajando para ser nominadas.

¿Y qué cree que tenía su personaje? ¿Cuál es la conexión especial con los personajes de García Lorca?

El ama es una mujer tierra, quiere decir que estás con los pies en la tierra y viendo lo que sucede a los demás seres humanos, una persona humana. Y en Doña Rosita la Soltera se habla mucho sobre todos los convencionalismos sociales y el ama es la única que no cree en los convencionalismos sociales, y se parecía mucho a ciertas cosas que yo creo y que yo siento.

¿A la gitana?

¡A la gitana! Si te fijás los personajes del ama de García Lorca, él parece que tuvo un ama que él quería mucho porque el ama en la Bernarda es también muy tierra, no tan noble como el ama de Doña Rosita la Soltera, porque ella tiene su pugna con Bernarda, en cambio el ama en Doña Rosita la Soltera es una mujer buena, que ella quiere que todos busquen la felicidad pero sin importarle la sociedad, qué va a decir la gente. El ama en la primera escena es una mujer alegre, que baila y hasta le falta el respeto a los patrones porque se pone a bailar, levanta la falda, después va asentándose en la tragedia, pero a tal grado que cuando le dice la patrona que ya no le puede pagar que mejor se vaya y se le queda viendo y crees que le va a decir “bueno, pues me voy” y le dice esta frase: “Mi señora más señora que nunca”. Y la abraza y se queda sirviéndole hasta el final. Era un papel alegre y humano.

¿Y la ceremonia en el Kennedy Center cómo fue entonces?

Yo pensaba llegar a los premios en un taxi, con una sombrillita yo me pagué el viaje. Con una nominación a ese nivel uno espera otra cosa, porque a la uruguaya el gobierno le ha pagado todos sus gastos y el presidente del BID, que era Don Enrique Iglesias, que era uruguayo, ella se hospedó en la casa de él y la llevaron el limosina. Y le dijo ella que había una salvadoreña también nominada y que se iba a ir en taxi. “No, no, no”, le dijo él, “pasemos por ella”.

Llegó en limosina y todo, pues.

¡Ah, llegué en limosina y con Don Enrique Iglesias presidente del BID! Porque yo iba llena de chifones y lentejuelas, pero estaba lloviendo y decía ¡Ay Dios mío, cómo me voy a ir!. Pero creo que aquí no se habían dado mucha cuenta, porque volvemos a lo mismo: no es prioridad.

¿Y es cierto que a usted la buscaron también para hacer un papel de gemela con Elizabeth Taylor?

Es que en el periódico, en los años 70 en un artículo, a mí me llevó el artículo un guitarrista español que llegó hasta mi casa a entregármelo, y decía que querían producir una película con Liz Taylor y alguien que se pareciera a Liz Taylor, no sé si iba a ser la hermana o es que se iba a morir, yo no sé. Pero necesitaban que fuera actriz, que se pareciera y que hablara inglés. Entonces habían encontrado unas que se parecían, pero que no eran actrices, otras que eran actrices, pero que no hablaban inglés. Entonces me dijo “escribí, escribí”. Le conté la historia a mi entonces esposo y a mi familia y les parecía algo paranoica la idea, y nadie me animó.

¿Y usted si tenía ganas?

Es que lo que he hecho me he animado sola, a mi nadie me ha animado, al contrario. Mi familia lo ve como que está bien, pero tampoco es que “le vamos a producir esta obra o vamos a hacer un auditorio”. Ahorita ya no lo quiero, pero hace 20 años… Es que como no es lucrativo al final me voy a convertir en una carga para mis hermanos.

Pero por ejemplo cuando la nominan o aquí en el país le dan reconocimientos su familia supongo que reconocerá que valen la pena sus sueños…

Algunas frases como ¡Caramba, has triunfado! Porque antes guardaba todas mis nominaciones en una gaveta, pero de repente me puse muy presumida, las enmarqué y las puse en la pared de la entrada de mi casa, en el vestíbulo.

(Llega el fotógrafo e Isabel, que ya nos ha advertido desde antes, le da también a Lester sus recomendaciones, o más bien, su petición: solamente fotos de frente. “Yo sé que es más artístico desde distintos ángulos, yo lo entiendo, pero fíjate que algún admirador se me puede ir al verme los colgantes.)

Bueno, la cosa es que mi hermano, cuando vio esa pared así, me dice ¡Caramba, no me había dado cuenta, qué cosa más maravillosa!. Cuando me dieron en la Asamblea el reconocimiento de “hija meritísima” yo estaba esperando que mi familia organizara una fiesta muy grande, pero la estoy esperando todavía. Y es lo que te digo: yo no culpo ni a mi familia, ni a mis hijos, ni a nadie porque todo mundo te lo ve como una quijotada y estamos en un mundo donde las quijotadas no te van a dar de comer. Si tú me decís que no vas a ganar en el periódico, sino que vas a vender parte de tu casa para poder publicar esta noticia, yo como familia no te lo voy a entender.

Pero te digo, si la vida retrocediera porque yo sí quisiera, soñaba con recorrer el mundo (hace voz de duende) “pero dice mi duende que si vendo todas mis propiedades no voy a correr el mundo, que voy a comer M” y más o menos me está sucediendo, no recorro el mundo y mi vida económica es más limitada. Pero si el tiempo retrocediera lo volvería a hacer porque ese mundo que está dentro de mí, de fantasía, de ilusión… Yo no me acuerdo los años que tengo, yo tengo tres proyectos y fíjate que bello que los directores me digan trabajemos, trabajemos cuando personas que tienen mi edad ya no están en este mundo, ya están en una vida más lenta, en una vida con pocas ilusiones, ya voy viviendo los años hacia abajo.

Cuando Fernando Umaña me dijo que tenía un aparato para hacer mover el escenario giratorio que quiero para mi monólogo, estaba emocionadísima. Siempre estoy en sueños, en creaciones, aún con mi nieta, con mi nieta hacemos cosas creativas, bonitas. He escrito ahora poesías, malitas verdad, malitas. Tengo tres que se las voy a dar el otro viernes que voy a ir a entrevistar a David Escobar Galindo, le voy a decir David lee mis poesías, si se ríe David algunas están muy cursis y sin métrica, sin lo que la poesía exige, así a lo salvaje. La primera la hice en 1957. Si solo he hecho como 70.

¿Usted tiene algún sueño frustrado en el teatro?

Claro que sí. El no poder hacer teatro con continuidad.

Pero, digamos, un proyecto que no haya podido realizar.

Claro que sí, varios, porque la mayoría de veces, excepto la Mujer Sola, que yo la escogí, la han escogido los directores. Por ejemplo, cuando he trabajado con Salomón, él ha buscado el financiamiento o él lo ha puesto, pero últimamente hay obras para mujeres exactamente de la edad que tengo ahora.

Soñé con ser Virginia Wolf y ningún director la quiso hacer, yo le supliqué a Toño Lemus y dice que le dio miedo hacer la Virginia Wolf, era muy difícil y no había un director en ese momento. Ya estaba consiguiendo con la empresa privada por medio de un sobrino los fondos para El Hombre de la Mancha con todo y orquesta y los derechos de autor, musical, pero cómo la íbamos a montar para cuatro días en el Presidente, porque eso es enorme, y todo ese dineral para cuántas funciones, tendría que haber estado un año en cartelera. Sí tengo muchas frustraciones, pero no dejo que me afecten mi vida personal.

Poster promocional de la película Volar,  último proyecto en el que participo Isabel Dada. Cortesía: Brenda Vanegas.  

Poster promocional de la película Volar,  último proyecto en el que participo Isabel Dada. Cortesía: Brenda Vanegas.  

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