Publicidad

“Mientras haya 800 mil que les voten, Arena y el FMLN están felices”

La población, según las encuestas, ya no cree en los dos grandes partidos en El Salvador, pero el politólogo Álvaro Artiga advierte que mientras Arena y el FMLN mantengan controlado el voto duro en cada elección, muy poco harán para cambiar sus maneras de gobernar y hacer política. Si en las elecciones de 2018 y las presidenciales de 2019 la participación electoral es a la baja, entonces surgiría un escenario que en el largo plazo provocaría una renovación en esos partidos o la aparición de nuevos actores que aprovechen ese desencanto, plantea Artiga.

 
 

A inicios de junio, el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) reveló una encuesta que habla muy mal del sistema de partidos políticos salvadoreño, pero en particular de los dos grandes antogonistas de la vida política del país. La encuesta del IUDOP registró que dos tercios de la población no quiere que siga gobernando el FMLN, pero tampoco quieren que regrese Arena al poder. El resultado refleja que la mayoría de la población salvadoreña está cansada de la forma de gobernar de los principales partidos políticos porque consideran que Arena y el FMLN ya no tienen nada que ofrecerle al país. 

Con las elecciones municipales y legislativas de 2018 a la vuelta de la esquina, y con una precampaña presidencial para 2019 que ya ha arrancado, de manera más visible en el partido Arena, nadie como Álvaro Artiga para explicar qué significan los resultados de esa encuesta, que obligaron al secretario del FMLN, Medardo González, a emitir un memorandum a sus bases en el que calificó como 'pura propaganda política' a los resultados de esa medición. Artiga, director del doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y de la Universidad Don Bosco, es un reconocido politólogo que ha escrito libros y artículos académicos sobre el sistema de partidos políticos salvadoreños entre los que destacan La política y los sistemas de partidos en Centroamérica (2000), Elitismo competitivo (2003) y Gobernabilidad y Democracia en El Salvador (2008). Ha trabajado como consultor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y ha sido docente de la maestría en Ciencias Políticas. Es, en resumen, uno de los intelectuales que más tiempo ha dedicado a entender el sistema político salvadoreño.

Artiga es tajante al sentenciar que ni en Nayib Bukele ni los otros partidos que ahora cuentan con representación legislativa y en concejos municipales -Gana, PDC y PCN- está la opción alternativa al desencanto generado por Arena y el FMLN; y advierte que si no surge una tercera vía -que no sea más de lo mismo-, o si no sucede una renovación de los dos partidos políticos, un alto porcentaje de la población no va a tener una opción a la hora de acudir a las urnas para las elecciones de alcaldes y diputados de 2018 ni para las elecciones presidenciales de 2019. Sin embargo, Artiga dice que hace falta ver cómo se desempeña el electorado en las próximas elecciones para ver si la fotografía del momento en las encuestas se corresponde con la realidad. Si los dos grandes partidos bajan su nivel de votación, dice, entonces estarán las condiciones dadas para el surgimiento de una tercera fuerza política, pero que eso no es algo que vaya a ocurrir en el corto plazo. 

Por ahora, Arena y el FMLN no dirigen sus mensajes a la población que está desencantada con la forma de gobernar de los últimos 27 años y esto se debe -según Artiga- a que los partidos perciben que les basta dirigirse a su militancia - a su "voto duro"- ya que con esos votos alcanzan el apoyo necesario para repartirse el control de las instituciones y el poder del Estado. Artiga sentencia, casi en tono pesimista, que mientras esas bases no se erosionen, a niveles que signifiquen un problema para los partidos políticos mayoritarios, no habrá cambios ni en Arena ni en el FMLN.

Álvaro Artiga, director del doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y de la Universidad Don Bosco. Foto: Fred Ramos
 
Álvaro Artiga, director del doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y de la Universidad Don Bosco. Foto: Fred Ramos

La Encuesta del IUDOP refleja que 2 de cada 3 salvadoreños no quiere ni que Arena vuelva al gobierno ni que el FMLN gobierne un periodo más. ¿Es un hito el nivel de descrédito que han alcanzado los partidos políticos?
La combinación que la gente no quiere que continúe el FMLN pero tampoco quiere que regrese Arena creo que es una combinación nueva. Digamos que el descrédito y la falta de confianza que la gente manifiesta hacia los partidos políticos eso sí es más común con lo que ocurre en América Latina y en otros contextos. Hay distanciamiento de la población hacia los partidos políticos. La combinación no queremos que el FMLN gobierne, pero que no se traduce en una victoria de Arena, es algo interesante, pero una cosa es lo que dice la gente y la otra es el resultado electoral. Si lo que refleja la encuesta se traduce en la votación, estaríamos en una encrucijada porque la gente que piensa así no tendría por quién votar. 

¿Qué nos dice este dato de la encuesta sobre el sistema de partidos políticos?
Esto está ocurriendo porque 20 años de gobierno de Arena dejaron huella en el electorado. Produjo el cambio. Era gente que no quería que Arena siguiera gobernando y que junto con el voto duro del FMLN lograron en 2009 un resultado diferente al de los 20 años anteriores. El segundo gobierno del FMLN supone un compás de espera para ver si iban a ocurrir los cambios. Hubo una comprensión de que los cambios no se iban a dar de la noche a la mañana y que no iba a ser rápido que podía enrumbarse el país en otra dirección. A la luz de los resultados y de la campaña de Arena contra el FMLN, hay un sector que no es de Arena ni del FMLN. No podemos calcular cuántos militantes de Arena y del FMLN les siguen siendo fieles como para decir que esto significa el colapso del sistema, porque los partidos se quedaron solos entendiendo los partidos como las dirigencias. Lo que expresa el resultado es que 2 de cada 3 de la personas están cansadas de estos dos partidos y del entrampamiento al que tienen sometido al país por sus intereses partidistas.

¿Una conclusión es que dos tercios de la población están cansado de la forma de gobernar de Arena y del FMLN?
Sí. Podría ser una conclusión.

En el país se habla mucho del problema de la polarización, de cómo afecta al desarrollo del país. Sin embargo, hay autores que manifiestan que la existencia de dos partidos -como en Estados Unidos- permite que hayan mecanismos para saber a quién adjudicar la culpa de procesos que no se están llevando de forma adecuada. También plantean que si se promueve otro sistema de “no partidarios” esa responsabilidad se diluye, porque ya no hay una adjudicación de la responsabilidad en un instituto político.
Solo una corrección: El Salvador no tiene un sistema bipartidista. Estrictamente acá no hay. El bipartidismo se define porque se presenta una situación en la que un partido controla el ejecutivo y el otro controla el legislativo o el que controla el ejecutivo también controla el legislativo. Acá en El Salvador nunca ha ocurrido. Ningún partido tiene mayoría legislativa. Por eso hay otros partidos, sin los cuales ni Arena ni el FMLN no tienen mayoría. Segundo, el tema de la polarización. Como dos partidos son los más grandes una estrategia que ellos tienen es generar polarización de las opiniones para ganar más adeptos. No es que la población esté polarizada en dos.

¿Usted ve la polarización como una estrategia para ganar adeptos?
Sí. Por ejemplo, vienen las elecciones y esto va a generar una campaña más tensa que obligue en estas circunstancias de que ni quieren a uno ni quieren a otro, pero hay que ir a votar. La gente termina atrapada en que debe decidirse por uno de los dos o no va a votar. A Arena y al FMLN les sirve como una estrategia para quitarle votos a los otros partidos que hacen que no haya bipartidismo. Es más una estrategia política que una polarización que esté en la sociedad. En la sociedad, pueden haber diversas opiniones, pero no tenemos una medición para decir que la sociedad está dividida en dos grandes grupos.

¿La polarización como estrategia para quitarle votos al resto de partidos?
Esto está asociado con la identidad que se creó en el conflicto. Ahí se formó la identidad anticomunista de Arena y la identidad antioligárquica y antimperialista del FMLN. En positivo, el FMLN la lucha por el socialismo y en el caso de Arena la defensa del capitalismo. Son sus identidades. En la medida que con el socialismo, con la caída del bloque soviético eso se desdibujó y las transformaciones en China y Vietnam, en todo el bloque socialista hasta en Cuba. No cala el Socialismo del Siglo XXI. ¿Qué le queda al FMLN para mantener y reproducir la identidad que le dio origen? Ese discurso antioligárquico o de la lucha de clases. ¿Y a Arena qué le queda para mantener su identidad?

En el fondo los dos partidos son muy similares.
Si vemos a nivel de políticas públicas, el FMLN no se diferencia significativamente de lo que hacía el último gobierno de Arena. Las políticas sociales que lleva a cabo el FMLN son asistencialistas. No hay nada transformador del estatus quo. Si a nivel de políticas son iguales: el FMLN endeudando al país como lo hacía Arena, atacando a la Sala de lo Constitucional llamándolos golpistas como bien lo pudo hacer Arena cuando decía que el FMLN era el desestabilizador. ¿Qué les queda? Recurrir a ese discurso para reforzar la identidad en los militantes. Mientras hayan 800 mil personas que les voten entre militancia y voto duro, esos partidos están felices, porque los otros llegan a 300 mil o 400 mil o menos. No les representan una competencia a la hora de la disputa del poder. Por eso no tienen la necesidad de regenerar o de modificar su discurso. Si a nivel de políticas son muy similares, lo único que les va a diferenciar es lo que dicen. Por eso en las campañas deben polarizarse para mostrar más las diferencias. 

Álvaro Artiga, director del doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y de la Universidad Don Bosco. Foto: Fred Ramos
 
Álvaro Artiga, director del doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y de la Universidad Don Bosco. Foto: Fred Ramos

¿Qué alternativas hay para que los partidos recuperen la confianza de la gente?
El que dos tercios de la población piensen que ni Arena ni el FMLN deben seguir abre un espacio para que surjan alternativas partidistas o no, dependiendo de la sociedad de la que hablamos, de sus conflictos, de los liderazgos sociales que puedan existir. Puede ocurrir que ese descontento con los grandes partidos se organice en una tercera fuerza que puede ser social y política. Esa creo que puede ser una alternativa. Si queremos avanzar y los dos partidos son una retranca para resolver problemas del país, se requiere otro actor. Existe la otra alternativa: un liderazgo social capaz de aglutinar en torno así ese descontento. Son las salidas llamadas de los outsiders. En el país, no hay ahorita indicios de que esa posibilidad sea viable.

¿Por el hecho de que las marcas de los partidos aún son fuertes?
Sí. El país ha gozado desde 1994 de un sistema de partidos políticos bastante estructurado. Con todas los problemas por los que han pasado, con todas las dificultades que pasó el FMLN en sus primeros procesos electorales que se le iba un contingente de diputados una vez pasaban los resultados... Con todo y eso, el FMLN se fortaleció y se consolidó. Arena, su contraparte, también. Ahorita lo que hay es un agotamiento o un estancamiento de la acumulación de fuerza que podían tener los dos partidos. Hay que esperar las elecciones para ver si descienden en su votación. Las encuestas dicen que la gente está descontenta, pero falta ver si se traduce en disminución de votos para hablar de que habrá una transformación. Podemos pensar que están las condiciones para que surja una tercera fuerza o un liderazgo tipo social.

¿Quién debe celebrar por este hartazgo de 2 de cada 3 personas de la población salvadoreña? Lo digo pensando en las otras opciones que existen. ¿Guillermo Gallegos y su partido Gana ha consolidado al grupo de disidentes de Arena como tercera fuerza? ¿O Nayib Bukele que trata de venderse como un outsider?
Gana es el tercer partido, pero bastante distante de los otros dos. Nada nos indica que él pueda beneficiarse. Las mismas encuestas indican que la preferencia por Gana, PCN y PDC están por debajo del 3%. No se ve que ese descontento vaya a uno de estos partidos. El caso de Bukele, ojo, no es un outsider. El outsider es alguien que no está en un partido político, alguien que viene de fuera y lo utiliza en la campaña. Mauricio Funes parecía más eso. Lo que pasa es que Funes no negoció el surgimiento de una nueva fuerza política sino que negoció con el partido que lo llevó al poder. Fue una mezcla: alguien que viene de fuera, un periodista que tenía prestigio se unió a un partido. En este momento no vemos a alguien que podamos decir que va a arrastrar todo ese descontento, porque no lo hay.

Esa falta de liderazgos que pueda unificar a la gente descontenta -que no quiere ni a Arena ni al FMLN- plantea una situación en la que el voto duro, la militancia de Arena y del FMLN, en ellos se ha depositado la capacidad de decidir una elección. ¿Con qué instrumentos cuentan los 'descontentos' para construir una tercera opción?
Esta situación nos hace pensar que esta elección pueda haber más abstención. Es decir que la participación el próximo año pueda andar tal vez en el 45%. Eso andaría abajo de la participación de 2015 o pueda incluso llegar al 40%. Puede haber menos participación en elección de diputados, otra cosa habrá que esperar para la elección presidencial... Ese 40% de la población va a decidir cómo se va a integrar la Asamblea Legislativa. Digamos: si la gente está descontenta con estos dos partidos no es no yendo a votar como se le va a resolver el problema, porque quienes siguen a estos dos partidos son los que van a votar. Si cada partido (Arena y FMLN) tuviera 800 mil electores, ellos van a decidir repartición de diputados. Si se quiere evitar eso, habrá que tomarse el trabajo desde la sociedad descontenta de ir realizando trabajo organizativo en los territorios de ese descontento para que al cabo de unos años, no en 2018, entonces sí haya una alternativa con base territorial que le dispute a estos dos partidos y se convierta realmente en una alternativa. Mientras, hablamos de espejismos.

Recientemente, la UCA criticaba la falta de coherencia de Arena. Por ejemplo, Arena critica que haya gastos reservados en los gobiernos del FMLN, pero en los gobiernos de Arena -desde Calderón Sol hasta Saca- gastaron más de 322 millones de forma discrecional y sin control de las instituciones que debían vigilar cómo se usaba el dinero. ¿Qué han hecho los partidos políticos -Arena y el FMLN- para que a pesar de que han cometido estas fallas la gente siga votando por ellos?
Hay raíces históricas. El conflicto armado creó dos identidades que se expresan políticamente en Arena y en FMLN. En Arena es la identidad de todos los sectores anticomunistas, defensores a ultranza del capitalismo, de la libre empresa. En el FMLN hay toda esa identidad social que buscaba una transformación social, que se identificaba con el cambio. Tenemos procesos de construcción de identidades políticas fuertes que incluso se reproducen generacionalmente. Los hijos de los líderes de estos partidos reproducen el discurso y el comportamiento de los padres. Con eso está garantizado la continuidad de ese choque de esas dos identidades aunque el contexto haya cambiado. Estamos en las segunda década del siglo XXI y estos dos partidos siguen teniendo discursos... y no solo discursos... los liderazgos de ambos partidos siguen siendo los de la década de 1980. La gente sigue estos liderazgos, porque tienen esta visión. Por eso lo pongo a nivel de identidad, porque es psicológico. Ha calado. Es como que echó raíces en la psicología de los militantes de ambos partidos, pero si vemos la estadística de la participación electoral, esta viene descendiendo. 

¿Puede esperarse menor participación del electorado?
Pueda pensarse que independiente de la Encuesta del IUDOP, que en 2018 baje la participación. Lo que pasa es que es un movimiento lento, pero si contrastamos la elección del presidente Saca (2004) -que es la que registró 67% de participación- con la de la última elección de diputados (2015), aunque es otro tipo de elección, fueron a votar el 45%. Si la participación disminuye, lentamente se va erosionando el apoyo a ambos partidos. Probablemente porque hay gente que se va del país, gente que se muere y las nuevas generaciones que no se criaron en subculturas partidistas, se desvinculan de esos partidos y del sistema. Eso no se ve que sea problemático, porque sucede poco a poco hasta que de plano sea un problema para los partidos y que llegue un momento brusco.

¿Considera que en este momento no es un problema para los partidos?
Al menos es lo que los partidos creen. No podría decir qué va a pasar en 2018. La tendencia es a la baja. Como no hay esa posibilidad de una tercera fuerza política que les compita... Para los partidos es como… sí... Va a votar menos gente, pero con esa gente basta para repartirnos todo, a pues esto está bien.

Quería preguntarle por estos partidos que pasaron a ser parias del sistema. El PCN que gobernó mucho tiempo, pero salió de la presidencia y perdió su poder. Luego el PDC que le pasó lo mismo se convierte en un partido a punto de morir en todas las elecciones. Eso no sucedió con Arena, que pierde una elección presidencial, y tras esta derrota electoral se consolida en elecciones legislativas y obtiene el mayor número de diputados. ¿A qué atribuye que a Arena no le pasó lo mismo que a otros partidos que salieron del poder?
Pero ahí debe hacerse un corte de forma diferente. La historia política partidista en nuestro país está vinculada o muestra la presencia y emergencia de pares de partidos. Podemos ir hasta la década de 1950 del siglo pasado. En esa década existía un binomio PRUD - PAR. El PRUD era el partido de gobierno de los militares y el PAR era el principal partido opositor. Cuando hay un cambio a través de un golpe de estado en 1960, aparece el PAR -PCN- PDC y desaparece el PRUD. El PCN y PDC son de la misma época, solo se llevan un año de diferencia. El PCN se mantiene durante 20 años - de 1960 al 1979- y el principal opositor es el PDC hasta que el golpe de estado del 15 de octubre y viene el conflicto armado. En ese conflicto surge el nuevo par que tenemos: Arena surge como partido en septiembre 1981 y el FMLN en octubre de 1980 como guerrilla. Los contrarios. Pasa el periodo de gobiernos de Arena y se produce el relevo.

¿En el corto plazo puede surgir un nuevo partido?
Con el proceso que llevamos… si vemos ese pasado en algún tiempo podría no sólo surgir un solo partido, sino que podrían surgir dos partidos como en España, que frente al PP y al PSOE nace Ciudadanos y Podemos en la misma época, en una situación de crisis. Podría pasar que el par del periodo anterior es sustituido aunque no implica que desaparezcan como el PCN y el PDC que ahí están. No desaparecieron cuando llega Arena y el FMLN, pero el par que determina el juego político es el que es destituido. O podría ocurrir, porque hay varios escenarios, que se produce un relevo al interior de los dos partidos y los dos se logran renovar. Para mí hay que verlo en pares de partidos.

Me llama la atención los dos escenarios. El de una crisis que haga surgir nuevas fuerzas políticas o un nuevo binomio que reemplace al que ya existe o el segundo escenario que los dos partidos se renueven. ¿Por qué estos dos partidos hasta la fecha no han visto la necesidad de renovarse y qué tiene que suceder para que los dos partidos vean esta necesidad?
Algunos cambios intentan ocurrir en Arena porque perdieron las elecciones. El FMLN necesita perder el control del ejecutivo para que produzca internamente un conflicto, pero eso puede tardar, porque si retorna Arena, todavía tendría que perder otra vez para que entre en la conciencia de las dirigencias de que a parte de que pasa el tiempo, se avejentan y mueren las dirigencias de los partidos. Si al final hasta por un proceso demográfico van a tener que cambiar las dirigencias de la década del ochenta. El problema es que el proceso puede ser demasiado lento. Hay gente descontenta adentro de Arena que no va a hacer alianzas con gente descontenta que rechaza a la derecha, pero que no quiere al FMLN. Por eso pienso que la posibilidad de una renovación interna a partir de una crisis en los dos partidos o la sustitución de ese binomio por dos nuevas expresiones políticas.

¿Qué otros escenarios puede haber?
La posibilidad no de un outsider, pero por ejemplo supongamos el alcalde de San Salvador que es el único que tiene acumulado algún tipo de liderazgo, pero que no tiene un aparato político que no sea el FMLN. Supongamos que hay un problema entre el partido y el alcalde. Si él decidiera montarse sobre otra estructura, ese escenario puede ser conflictivo para ambos partidos. Podría aglutinar pero ser momentáneo, pero en dos o tres años de gobierno como no logra llenar todos los puestos y no tiene toda la estructura que supone un partido grande comienzan a salir todos estos problemas de los que hablábamos al principio. ¿Quién financía? ¿Quién los controla? Y por esa vía ya sí entrar en crisis todo el sistema de partidos políticos. El resultado ya no sabemos cuándo sería, pero sería la sustitución de o de los liderazgos del FMLN y de Arena o la sustitución de ambos partidos.

El único precedente que se me ocurre es cuando Saca acaba su gobierno. A pesar de todos los señalamientos de corrupción, él acaba con altos niveles de aprobación, pero a la hora de competir de nuevo por la presidencia ese nivel de aprobación hacia su imagen no se traduce en suficientes votos para una tercera fuerza política.
Porque no tiene organización territorial. Si bien es cierto va en el movimiento UNIDAD, no tenía lo que sí tiene Arena y el FMLN. Es lo que no tiene el alcalde de San Salvador tampoco.

¿Eso plantea que el apoyo que todavía tiene Arena y FMLN pesa demasiado y que ese apoyo hacia ambos partidos no se ha debilitado lo suficiente para que surja una nueva fuerza política?
Pongámoslo de otra manera, porque no hay otra fuerza política es porque Arena y FMLN se mantienen fuertes. No es que como estos dos son fuertes no surge una nueva fuerza política. Pareciera porque uno tiene esa visión, pero poco a poco se está minando ese apoyo. El que les retira su apoyo no les va a volver a apoyar. Lo que pasa es que es un proceso lento como una enfermedad que poco a poco se va comiendo el cuerpo. Cuando venga a manifestarse, va a ser imposible de detener. Sea por el puro paso del tiempo o por una cuestión que pueda ocurrir… que los partidos se desmoronen. Lo importante para el país es la constitución de la fuerza que sustituya a estos dos o una fuerza que les haga competencia. Para no llegar a una situación de crisis de los partidos políticos, porque eso sí es el peor escenario del país. Ha sido la fortaleza del sistema de partidos políticos salvadoreños que lo diferencia de la situaciones caóticas de Guatemala y de Honduras. En Guatemala, partido que gana elección presidencial desaparece después. En Honduras, los partidos tradicionales entraron en crisis con el golpe de estado a Mel Zelaya y surge esta otra fuerza que no ha logrado sustituir a estos dos partidos, pero cada vez ahí está...

¿En qué sentido usted se refiere a que es positivo que se haya consolidado estas dos fuerzas?
Es lo que ha evitado que haya crisis política en este país, como en esos países. En Guatemala, salir a la calle y quitar a un presidente. Trataron de arreglarlo aproximando la crisis al calendario electoral. Pero ahorita quieren hacerle un juicio al presidente electo Jimmy Morales.

¿Por qué esta crisis política no puede ser vista como algo positivo porque hace que nazca algo nuevo? En el caso de Guatemala, el fortalecimiento de la ciudadanía, del Ministerio Público y del aparato de investigación que lo asesora.
Claro, pero no sabemos qué tan consolidado esté eso. Lo que hay es otra historia. Es el apoyo externo y la agenda de los Estados Unidos de lucha contra la corrupción. Ahí hay otra cosa. Lo podemos ver también en Venezuela. Parte de la crisis política es porque no hay un sistema de partidos políticos, porque los partidos cuando son fuertes tienen el control de la movilización social. Es lo que vemos en El Salvador. La gente no se manifiesta en las calles. A menos que uno de los dos partidos sea el que movilice. La sociedad está desmovilizada a pesar de todas esas noticias de corrupción y lo que sea. No pasa nada porque los dos partidos tienen controlada su militancia. Si esa fortaleza se debilita, aparece todo ese problema: ¿quiénes son los que llegan? ¿quiénes les financian? Corrupción. Puede envalentonarse alguien en la Fuerza Armada que diga esto es un desorden y vamos a poner orden con un golpe de estado. La historia política de América Latina está llena de estas cosas. En Ecuador -por ejemplo antes de Correa- por la falta de un sistema de partidos políticos caían presidentes a cada rato y en Bolivia también. Los surgimientos de los gobiernos de Ecuador, Bolivia y Venezuela son una reacción a lo que había antes, pero no tienen un sistema de partidos que le dé estabilidad, y ese sería un problema de El Salvador si llegamos a ese punto. 

¿A qué costo tenemos esta estabilidad en el sistema de partidos políticos? Vemos que cada día conocemos un nuevo caso de corrupción en el que se ve involucrado un nuevo funcionario público y eso no se refleja en las calles. 322 millones de dólares usados de forma discrecional durante los gobiernos de Arena y no pasa nada.
Ese es un problema en la ciudadanía. Tiene que ver con el control que tienen los partidos. Con tantos millones que se han ido, cualquiera diría acá debe haber una movilización para que las elecciones de 2018 se produjera un cambio en la clase política. Pero nada… Tenemos que estudiar aquí por qué tenemos ese nivel de apatía y de desinterés. Eso sí es algo que debemos estudiar. 

El politólogo Álvaro Artiga advierte que la únicas dos salidas al descontento de la población con la forma de forma de gobernar de Arena y del FMLN durante los últimos 27 años son que los partidos -en contra de la voluntad de sus dirigentes- se renueven o que nuevos actores políticos aprovechen el escenario de desencanto y logren con trabajo territorial unificar el descontento de quienes no se identifican con estos dos partidos. Foto: Fred Ramos
 
El politólogo Álvaro Artiga advierte que la únicas dos salidas al descontento de la población con la forma de forma de gobernar de Arena y del FMLN durante los últimos 27 años son que los partidos -en contra de la voluntad de sus dirigentes- se renueven o que nuevos actores políticos aprovechen el escenario de desencanto y logren con trabajo territorial unificar el descontento de quienes no se identifican con estos dos partidos. Foto: Fred Ramos


¿Como en el memorando del FMLN?
En ese memorando echan en un mismo saco a la encuesta de la UCA con la CID Gallup… Prácticamente alinean a la UCA con la empresa privada, con Fusades, etc. Eso es estar confundiendo todo. Es aferrarse a que todo aquel que tiene un discurso distinto al nuestro está contra nosotros. Es el último reducto: nosotros contra todos los demás. Y Arena es lo mismo. Arena por ejemplo es el rechazo: que el FMLN es incapaz, son corruptos, etc. Pero Arena no está diciendo nada en término de qué harían si llegaran al poder: ¿cuál sería su propuesta positiva? No. Su discurso es el FMLN es el malo y hay que sacarlo, pero no es “nosotros tenemos que ganar porque tenemos esta propuesta”. Nada. Ninguno de los dos tiene visión de futuro. Por eso ambos partidos ya no tienen nada que ofrecer al país. Eso es lo que se muestra cuando dos tercios de la población dicen “estos dos ya aburren”, pero no hay una alternativa a esos dos. Vuelvo al principio: esta es una oportunidad para construir una nueva fuerza que signifique una amenaza a estos dos partidos y que por esa vía se renueven o la sustitución de estos dos partidos por un nuevo par o porque viene un escenario de crisis del sistema en donde esos pares puedan ser sustituidos por nuevos pares de partidos.

Por último: hace una semanas el Ministerio de Hacienda demandó ante una de las salas de la Corte Suprema de Justicia al Instituto de Acceso a la Información Pública. El objetivo de la demanda es ocultar el financiamiento de los partidos políticos y la oposición, Arena, no se ha pronunciado al respecto. ¿Qué mensaje le envían Arena y el FMLN a la población manteniendo ocultas sus fuentes de financiamiento?
Ese hecho que me plantea muestra la debilidad del sistema de controles y la oposición de los que tienen a su disposición puestos de autoridad a ser controlados. Tenemos no un régimen democrático sino un régimen híbrido, que tiene elementos democráticos para llegar al poder, las elecciones. No hay otro camino sino que solo las elecciones. No hay golpes de estado. No hay fraude hay elecciones. Pero el ejercicio de la autoridad recibida es ejercida de forma autoritaria: sin control. Por eso no funcionan las instituciones de control: la Corte de Cuentas, el Tribunal de Ética, la Fiscalía General de la República y el Tribunal Supremo Electoral incluso. Ha intentado funcionar desde 2010 la Sala de lo Constitucional a través del control constitucional, pero ya el otro año cambia esa sala y yo espero -no en términos de esperanza- sino en términos de lo que vemos, vamos a tener una sala con gente afín a los partidos, es decir, que no va a ejercer control, como lo que ocurre con el nombramiento de los nuevos comisionados del Instituto de Acceso a la Información (IAIP). Como el IAIP ha tenido un papel de facilitador de control a través de la transparencia y el acceso a la información, ahora que tocaba el relevo está intentando controlarse para que no salgan resoluciones que obliguen a funcionarios a dar a conocer información. La sección de Probidad que por mucho tiempo no funcionó y ha comenzado a operar pero esa se puede neutralizar de nuevo y ahogar con tanto caso. Van a renovar al fiscal y es seguro que estos partidos no van a querer que continúe este fiscal. La institucionalidad que está hecha para el control no opera. Eso le da carácter híbrido al régimen. Es democrático en el acceso al poder y autoritario en el ejercicio de la autoridad.

Publicidad
Publicidad

 CERRAR
Publicidad