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Para el general Hernández Martínez todos eran enemigos

Aquellos que hablan con nostalgia sobre el periodo presidencial de Maximiliano Hernández Martínez pasan por alto que al final de su régimen él consideraba como enemigos y perseguía a los hombres de negocios más importantes, a profesionales de izquierda y de derecha, a empleados, a políticos y a militares. Una lista de enemigos del régimen fechada en 1943, que se encuentra en el Archivo Nacional de los Estados Unidos en Washington DC, contiene los nombres de 80 salvadoreños designados como "enemigos políticos" por el dictador.

Erik Ching

 
 

Mientras realizaba investigaciones para mi libro El Salvador Autoritario en el Archivo Nacional de los Estados Unidos en 1992, encontré un documento de la inteligencia militar estadounidense con una enumeración de enemigos políticos del presidente Maximiliano Hernández Martínez. Es conveniente colocar este listado en la esfera pública salvadoreña, habrá lectores que encuentren en él a familiares, amigos o conocidos. Más tarde descubrí que el régimen de Martínez había preparado muchas listas sobre personas y organizaciones en todo El Salvador. Encontré estos otros listados en 1994/95 durante mis investigaciones en la colección del Ministerio de Gobernación del Archivo General de la Nación en San Salvador. Por un lado, se puede interpretar la existencia de estas series de nombres como parte de las operaciones normales de una burocracia estatal. Pero sabiendo lo que sabemos sobre Martínez y el estado policial que presidía, es difícil no verlas como documentos siniestros.

Es complicado interpretar el significado de la lista que publicamos, porque sabemos poco acerca de sus orígenes y es necesario comprender su contexto. Quienes estudian este período de la historia de El Salvador reconocen en ella a muchas personas que desafiaron al régimen de Martínez y terminaron en la cárcel exiliados o sufrieron peor suerte, pero se sorprenden al no encontrar otros nombres. Además, no sabemos si esta lista viene directamente del propio Martínez, ni sabemos cómo adquirieron esta información los funcionarios de la inteligencia militar estadounidense. El documento dice que es una "copia", y el hecho de que los nombres que deberían de llevar acentos o eñes no los tienen, sugiere que el documento fue mecanografiado en una oficina estadounidense donde la máquina de escribir era para el público de habla inglesa. Probablemente es copia de un original manuscrito.

Con el fin de dar un contexto para los lectores invitamos a cuatro académicos salvadoreños, Jorge Cáceres Prendes, Héctor Lindo, Ricardo Roque Baldovinos y Roberto Turcios, que han realizado investigaciones sobre este período, a que nos enviaran comentarios. Les pedimos que escribieran sobre cualquier aspecto de la lista que les pareciera relevante, y cada uno de ellos tuvo la generosidad de dedicar tiempo al proyecto y enviarnos las respuestas que publicamos a continuación. Cáceres Prendes señala el contraste entre la lista de la inteligencia estadounidense y la de los conspiradores que intentaron derrocar a Martínez en 1944; Héctor Lindo hace reflexiones sobre la presencia de su padre en la lista; Ricardo Roque Baldovinos identifica entre los nombres a muchas personas importantes en el mundo literario; y Roberto Turcios habla sobre el contexto político. Los comentarios están organizados en orden alfabético por autor.

La lista

1 Dr. Antonio Ramirez Amaya

2 Dr. Margarito Gonzalez Bonilla

3 Dr. Pedro Atilio Bonilla

4 Dr. Carlos Hayer H.

5 Dr. Enrique Cordova

6 Dr. Francisco Guillermo Perez

7 Dr. J. Ramon Flores

8 Dr. Manuel V. Mendoza

9 Dr. Alfonso Rochac

10 Dr. Hermogenes Alvarado H.

11 Dr. Raul Gamero

12 Dr. Miguel Tomas Molina

13 Dr. Belarmino Suarez

14 Dr. Carlos Guillen

15 Dr. Julio E. Gimenez

16 Dr. Ramon Lopez Jimenez

17 Dr. Lisandro Villalobos

18 Dr. Max P. Brannon

19 Dr. Emeterio C. Salazar

20 Dr. Antonio Magana

21 Dr. Lucio Villalta

22 Dr. Victorino Ayala

23 Dr. Manuel A. Mendoza

24 Dr. Rodolfo Cordon

25 Dr. Leopoldo Ovidio Rodriguez

26 Br. Ovidio Siliezar

27 Br. Ramon Castro

28 Br. Antonio Vissaliu Hidalgo

29 Br. Miguel Angel Flores

30 Br. Hugo Lindo

31 Br. Antonio Carbajal

32 Br. Jose Maria Mendoza h.

33 Ing. Jaime Dreyfus

34 Ing. Manuel Lopez Harrison

35 Ing. Salvador Mendoza

36 Ing. Simeon Angel Alfaro

37 Don Jose Gabidia h.

38 Don Marcial Antonio Fonseca

39 Dr. Francisco A. Lima

40 Tnte. Justo Villegas Canas

41 Prof. Francisco Moran

42 Prof. Ruben H. Dimas

43. Prof. Victor Manuel Guirola

44 Prof. Celestino Castro

45 Don Guillermo Nunez Medrano

46 Don Gregorio Mejia Nolasco

47 Don Ramon Rajo

48 Don Aurelio Guerrero Borja

49 Don Jesus Aguilar M.

50 Don Antonio Valenzuela

51 Don Arturo Ticas

52 Don Miguel Garcia

53 Don Alberto Perez

54 Don Alejandro Roseville

55 Don Miguel Carrzanza

56 Don Ramon Melara Tenorio

57 Don Pedro Emilio Aparicio

58 Don Ruben Castellanos

59 Don Humberto Castellanos

60 Don Francisco Castellanos

61 Don Cresencio Castellanos Rivas

62 Don Jacinto Castellanos Rivas

63 Don Manuel Calderon

64 Don Jose Mauricio Mixco

65 Don Domingo Sosa

66 Don Rolando Velasquez

67 Don Humberto Urrutia

68 Don Salvador Recinos Quijano

69 Gral. Jose Maria Peralta Lagos

70 Gral. Salvador Castaneda Castro

71 Cnel. Jose Ascencio Melendez

72 Cnel. Felipe Calderon Henriquez

73 Cnel. J. Ignacio Zepeda

74 Cnel. Gilberto Carmona Sosa

75 Cnel. Juan V. Vidal

76 Cnel. Ernesto Vara

77 Mayor J. Prospero Castellanos

78 Cap. Miguel A. Polanco

79 Tnte. Julio Canas

80 Gral. Antonio Claramount Lucero

“Copy: Persons Designated by President Martínez as Political Enemies,” March 20, 1943, G-2 Military Reports, Box 764, folder 3000-4000, Washington National Records Center, Suitland, Maryland.

 

COMENTARIOS:

Jorge Cáceres Prendes, Catedrático de la Universidad Nacional de Costa Rica en la Escuela de Relaciones Internacionales

La lista, si es que efectivamente se elaboró en base a la opinión de MHM expresada a algún funcionario norteamericano, no incluye como enemigos suyos a los militares (y muchos civiles también) que efectivamente estaban conspirando en su contra para ese entonces. ¿Será que lo ignoraba o que no cometería la imprudencia de develarlos a una fuente tan poco confiable? Incluyo la lista revisada por mí—ya que otras fuentes tenían errores—de los condenados en los juicios de abril y mayo del 44.

CONDENADOS 10 DE ABRIL

(25) (Los 11 fusilados aparecen con una cruz al lado del nombre)

Gral Alfonso Marroquín✝

Cor. Tito Tomás Calvo✝

Tte. Cor. Alfredo Aguilar

Capt. Mayor Julio Faustino Sosa✝

Capts. Héctor Montalvo

Guillermo Fuentes Castellanos

Manuel Sánchez Dueñas✝

Fidel Issusi

y Benjamín Rodríguez

Ttes. Marcelino Calvo✝

Oscar Armando Cristales✝

Héctor Castaneda Dueñas

Ricardo Lemus Rivas

y Daniel Cañas Infante

Sub Ttes. Edgardo Chacón✝

Antonio Gavidia Castro✝

Ricardo Mancía González✝

y Miguel Angel Linares✝

Alumno aviador Enrique Aberle

Civiles:

Dr. Arturo Romero

Agustín Alfaro Morán

Dres. Francisco Guillermo Pérez

Mario Calvo

Tomás Calvo

Víctor Marín✝

CONDENADOS DEL 23 DE ABRIL

(19) (los 3 fusilados aparecen con una cruz al lado del nombre)

Tte. Cor. Francisco Acosta

Caps. Carlos Francisco Piche Menéndez✝

Carlos Gavidia Castro✝

Alfredo Jiménez Barrios

y Fernando Carmona Dárdano.

Ttes. Silvio López y López

Alfonso Marín✝

Mariano Castro Morán,

Carlos Alberto Cornejo,

Víctor Manuel Guardado

Miguel Angel Muñoz

Sub Ttes. José Luis Escobar,

Roberto Morán López,

Salvador Crespo

Luis Bernardo Herrera

Civiles:

Dr. Salvador Ricardo Merlos

Crescencio Castellanos Rivas

Juan José Castaneda Dueñas

[Nota Editorial: Para obtener más información acerca de la lista anterior, consulte el artículo siguiente por el Dr. Cáceres. “Mitos y palabras: el expresidente del juicio militar contra los alzados del dos de abril de 1944 en El Salvador. Memoria histórica e historia como representación dramática”. Revista de Historia (Costa Rica) Núm. 61-62 (enero-diciembre, 2010): 75-112.]

Héctor Lindo, Profesor de historia, Fordham University, Nueva York

La lista de enemigos políticos del presidente Martínez, carente de detalles, simplemente un nombre tras otro, es, en su carácter escueto, un testimonio elocuente de la vida en una dictadura y premonición de los regímenes militares que vendrán más adelante (recuérdense el Libro Amarillo de los años ochenta y las listas del Mayor D’Aubuisson).

Inevitablemente lo primero que atrajo mi atención fue el enemigo número 30, el bachiller Hugo Lindo, mi padre. Era un hombre joven, de 26 años, aproximadamente la edad de mis estudiantes de posgrado. ¿En qué problemas se estaba metiendo este muchacho? Entre sus pecados estaba haber ordenado a Chile libros sobre derecho laboral que la censura de Martínez no dejó pasar por las aduanas. Para 1943 ya estaba adquiriendo notoriedad como escritor y ciertamente estaba activo en el movimiento contra Martínez, pero difícilmente se le podía calificar de radical. Sus amigos incluían a Roberto Lara Velado, futuro fundador del Partido Demócrata Cristiano, y el ideólogo de derechas Antonio Rodríguez Porth. Además, ese año estaba bastante ocupado cortejando a Carmen, una muchacha tímida y, necesariamente, muy paciente, con quien fundó familia.

El joven universitario Hugo Lindo estaba en compañía de gente destacada. Los enemigos de Martínez incluían a algunos de los abogados más prominentes de la época como el Dr. Margarito González Guerrero, representante incondicional del gran capital. Además, en ella se encuentran los nombres de políticos de trayectoria como el ex ministro Gral. José María Peralta Lagos; los ex candidatos presidenciales Enrique Córdova y Miguel Tomás Molina; y Rodolfo Cordón, futuro presidente provisional a comienzos del periodo del PCN. Estos hombres del establishment se codean en la lista con viejos luchadores de izquierda que habían participado en el activismo antiimperialista, me refiero a Salvador Merlos y Victorino Ayala. Para completar el cuadro se incluyen oficiales del ejército de todos los rangos, desde el Gral. Castaneda Castro hasta el Cap. Miguel Polanco; y miembros de familias de alcurnia, un López Harrison, un Suárez. Todos enemigos del Estado, sospechosos, vigilados. La lista es una expresión combinada de la paranoia de un dictador que veía enemigos entre los jóvenes y los veteranos, entre los miembros del establishment y sus críticos, entre los militares y los herederos de viejas familias, y la realidad de la amplia oposición que se había ganado un gobierno autoritario que no respetaba las libertades personales ni los procesos democráticos. Pero, a fin de cuentas, para 1943 Martínez estaba aislado, el general no tenía quién le escribiera.

Ricardo Roque Baldovinos, Profesor del Departamento de Comunicaciones y Cultura de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA), El Salvador

De la lista de enemigos políticos del régimen del General Hernández Martínez que se reportan hacia 1943, me limitaré a comentar algunos nombres que, en un primer vistazo, tienen resonancia en el mundo literario salvadoreño.

Comenzaré mencionando al General José María Peralta Lagos, nacido en 1875, fue un militar, hombre de Estado, pero también destacado literato conocido por sus escritos humorísticos que firmaba con el pseudónimo de T. P. Mechín. Su obra más famosa es la pieza teatral satírica Candidato, donde nos pinta con tintes de farsa un sistema político salvadoreño, agobiado por el clientelismo y la corrupción. Al igual que muchos intelectuales de su generación, mostró entusiasmo por la promesa de orden y refundación nacional del régimen militar que surgió del golpe que derrocó a Arturo Araujo en 1931. Algo parecido parecer ser el caso, de otro destacado intelectual ligado el magisterio, como es el caso del profesor Rubén H. Dimas, fundador del colegio García Flamenco. Muchas de estos intelectuales se distancian de Martínez en sus últimos años, sin que ello signifique “un giro a la izquierda”. Esta evolución revela más bien hasta qué punto se había erosionado la legitimidad del régimen. Nacido en 1917, el destacado poeta Hugo Lindo pertenecía a una generación más joven que ingresó al mundo de las letras durante los primeros años de la dictadura. Se involucró activamente en el movimiento de oposición a esta, al punto de padecer persecución y prisión. En años posteriores Lindo hará también carrera como hombre de Estado, especialmente en el servicio diplomático.

No quisiera pasar por alto el caso de varios nombres que aparecen con el apellido Castellanos. En concreto, Crescencio Castellanos Rivas, fue también autor de otra obra teatral satírica que se presentó en la década de 1960 y que tenía como objeto de interés el sistema político nacional. Esta comedia, hoy difícil de encontrar, se titula “Yo quiero ser diputado”. Crescencio es parte de la familia que sirve de inspiración a cinco novelas de Horacio Castellanos Moya que hace una reconstrucción ficcional de los antecedentes del conflicto armado de entre 1979 y 1992. El drama de la familia Aragón desgarrada por la lucha contra un hombre fuerte al que llaman “el brujo” es el tema de Tirana memoria (2008), tercera novela de la serie.

Roberto Turcios, historiador salvadoreño, fue, más recientemente, asesor del Secretario Técnico de la Presidencia de la República

Los enemigos políticos eran ochenta, si le damos crédito a esta lista de marzo de 1943. Pero eran más, muchas más personas las que se oponían al régimen dictatorial del general Maximiliano Hernández Martínez en aquel tiempo, cuando él tenía 65 años de edad y doce de dirigir al gobierno con voluntad represiva.

Apenas trece meses después de la fecha del documento, el Domingo de Ramos de 1944, en la capital anunciaron por radio que estaba en marcha la caída del tirano. Por los micrófonos hablaron dos intelectuales: él, Crescencio Castellanos Rivas, que estaba en la lista, y ella, Matilde Elena López, que no estaba. Sí, una mujer. En la lista no había ninguna; ¿por qué? Quizá porque Maximiliano Hernández Martínez era un patriarca hecho y derecho; como tal no concebiría que una mujer se atreviera a presentarle resistencia. En aquel tiempo, la sociedad entera estaba moldeada alrededor de los símbolos patriarcales.

En la lista quedaron anotados hombres que fueron ministros, directores y titulares de despachos en los dos primeros gobiernos del General. A fines de 1938, el General estaba enfrascado en asegurar su continuidad sin las molestas competencias electorales; por eso, varios de los profesionales que aparecieron en la lista le presentaron su renuncia. Y se convirtieron en sospechosos.

Con normas constitucionales el régimen formalizó su continuismo dictatorial. En cambio, no empleaba muchas formalidades para meter a la cárcel a los opositores reales o imaginarios. Los oficiales Salvador Castaneda Castro y Asencio Menéndez conocieron el rigor represivo que se aplicaba a los acusados de conspiración. El primero dejó el ministerio de Gobernación; el segundo, el viceministerio de Guerra; los dos formaron parte de la lista. El segundo pasó varios meses en la cárcel.

Desde diciembre de 1931 hasta mayo de 1944, el General dirigió al gobierno, al ejército y a la sociedad. Él organizó el aparato del control ciudadano, que se convirtió en el sello distintivo de su mandato. El aparato funcionó un tiempo de manera implacable. Después dejó de ser eficaz. El descontento opositor y las ansias de democracia fueron superiores a la organización dictatorial.

Cuando se redactó esta lista estaban creciendo las filas rebeldes. El 18 de septiembre de 1941 se formó la Acción Democrática Salvadoreña y dos años después promovió un emplazamiento memorable. Más de doscientas personas –todos hombres– presentaron un escrito a la Corte Suprema de Justicia contra un reglamento dictado por el Ejecutivo, porque coartaba los derechos electorales. Así que una parte considerable del liderazgo intelectual y social salvadoreño le había puesto nombre y firma a un escrito que hacía un pronunciamiento rotundo contra el régimen. Esta lista de los ochenta nombres, entonces, quedó desfasada; aún más, las operaciones represivas del régimen estaban desfasadas.

En la lista de marzo de 1943 no aparecieron los nombres de los dirigentes de la rebelión militar, que estalló el 2 de abril, ni de los que organizaron la huelga de Brazos Caídos, desde fines del mismo mes. Entonces, ¿cuál fue el carácter de esta lista? Tal vez la lista no era auténtica; tal vez sí; en este último caso, cumplió una función: la amenaza a los sospechosos, la presión sicológica sobre esas ochenta personas. Era pues un mecanismo de control, una lista con los fantasmas del General para amedrentar a la ciudadanía.

*Erik Ching es profesor de historia en Furman University, South Carolina, y es autor de varios libros y artículos sobre la historia política de El Salvador.


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