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La politización de las fiestas de agosto

Organizaciones populares, con frecuencia aliadas a intelectuales enemigos del gobierno, utilizan la fiesta del Divino Salvador del Mundo y del aniversario de la fundación de la ciudad de San Salvador para comentar sobre la situación actual, denigrar a los ricos y despotricar contra Estados Unidos. Esta politización de la fiesta cívico-religiosa ha sido tradición de los capitalinos desde antes de la época de Gerardo Barrios.

Héctor Lindo

 
 

Cuando hablamos de tradiciones salvadoreñas, con frecuencia empezamos con referencias culinarias que van desde lo básico (pupusas), a lo complejo (tepezcuintle horneado), pasando por lo refrescante (horchata de morro), y lo empalagoso (nuégados de yuca en miel). También hablamos de bailes como los moros y cristianos o de celebraciones inspiradas por costumbres ancestrales reinterpretadas por compañías cerveceras (el Carnaval de San Miguel). Rara vez mencionamos otra tradición nuestra de larga data: la expresión política popular. Ésta refleja el ansia de las mayorías, con frecuencia coartada, de hacer sentir su voz en el debate político. La misma tradición española de los bailes de moros y cristianos se transformó en nuestras tierras en danzas de la conquista en las que pueblos originarios se empoderaban reinterpretando el pasado.

Las fiestas agostinas tienen una venerable historia política. Los barrios capitalinos se organizaban para las “entradas” con carrozas simbólicas que eran verdaderas precursoras del performance art salvadoreño: sutiles y dinámicas representaciones con contenido político que resultaban particularmente convenientes para incorporar al debate a la población analfabeta. Lorenzo Montúfar, el historiador guatemalteco del siglo XIX, dice que en las carrozas agostinas casi siempre había alegorías que reflejaban “la situación del país y las tendencias de los partidos”. Cuenta el guatemalteco que el mes de agosto de 1850 la fiesta titular de San Salvador se verificó con la solemnidad de costumbre y las carrozas hacían referencia al conflicto entre liberales y conservadores. La gente de los barrios se reunía en las tertulias de Francisco Dueñas y conspiraban contra el orden establecido y la presidencia de Doroteo Vasconcelos.

Danza de los Historiantes. Fiestas de agosto. AFP PHOTO / YURI CORTEZ
 
Danza de los Historiantes. Fiestas de agosto. AFP PHOTO / YURI CORTEZ

Los documentos que se presentan a continuación se refieren a las “entradas” agostinas de diferentes barrios en 1913 y 1914. Para las fiestas de 1913, los salvadoreños, que todavía no se habían recuperado de la indignación que causó la invasión de marinos estadounidenses a Nicaragua, recibieron otra noticia sobre amenazas a la independencia y la soberanía nacional. Estados Unidos, buscando asegurarse el control del vecindario del canal en construcción en Panamá, pensaba crear un protectorado para toda Centroamérica. La consternación, que ya había provocado manifestaciones en numerosas poblaciones, inspiró a los habitantes del barrio de Cisneros a construir la carroza intitulada “Morir por la libertad …” y a los del barrio la Vega a producir “La situación actual” que describen los Documentos 1 y 2. Ese año los habitantes del barrio de San José optaron por un tema igualmente subversivo, la creciente desigualdad económica, que dramatizaron en la carroza intitulada “El pueblo bajo el peso de la opulencia” que detalla el Documento 3. El año siguiente seguía viva la preocupación con los planes estadounidenses para Centroamérica. No sólo estaba Nicaragua a punto de otorgar concesiones onerosas para la construcción de un canal, sino también se hablaba de una base naval en el golfo de Fonseca y de tratados atentatorios contra la soberanía de los otros países centroamericanos. Esta coyuntura inspiró la carroza “La unión Ibero Latino-americana pisoteando el Águila del Norte”, construida por el barrio La Vega, que se presenta en el Documento 4.

Documento 1

La carroza del barrio de Cisneros

Morir por la libertad

Hoy a la 1 y 30 p.m. hizo su entrada a las calles del parque Dueñas, después de largo trayecto desde más allá de Casa Mata, la carroza del barrio de Cisneros.

Representaba un cuadro bélico: un campo de batalla donde aparecían catorce soldados y un abanderado (el niño Pablo Ticas); una pieza de artillería, en el fondo un paisaje montuoso y un arco triunfal de metálicos reflejos donde se leía: “Morir por la libertad…”

Los árboles cubrían el arco; pero al llegar a una de las esquinas del parque apartaron su florido follaje y apareció la Diosa de la Libertad (señorita Tula Martínez) vistiendo alba y flotante clámide, manto azul y gorro frigio.

La pieza de artillería disparó estruendosamente y entre los individuos de tropa se efectuó un bien simulado simulacro, válganos la frase, el cual terminó ofreciendo una heroica lección patriótica, pues todos los soldados mueren defendiendo la libertad.

Todo el conjunto descansaba en un enorme carro de oro y plata, cuyas inmensas cuatro ruedas giraban a medida que marchaba el carro conductor.

La yunta de bueyes que tiraba, iba engalanada y vestida de mantillones de vistosos colores.

Autor de esta sugestiva carroza es don Rafael A. Martínez, quien en otros años también se ha distinguido en el alegórico arte.

Cuando fue disparada la pieza de artillería, ocurrió que varias chispas cayeron en la tela embreada iniciándose un conato de incendio en el carro; pero fue sofocado a tiempo y la carroza terminó satisfactoriamente su paseo.

Fuente: Diario del Salvador, julio 26, 1913

Documento 2

El barrio de La Vega y su carroza

La carroza de este día, perteneciente al barrio de La Vega, ha gustado bastante a la generalidad del público.

El conjunto simbólico, según el autor de esta alegoría, se traduce así: la República aparece como a las orillas de una ensenada, sobre altas y bien simuladas rocas; dos tintoreras y dos lagartos tratan de darle caza. En primer término, dos individuos representando el pueblo armado, el uno de un revólver y el otro de un corvo inglesano, defienden la República, que está representada por la señorita Blanca Rosseville.

Autor de esta carroza es don Daniel Méndez.

Lema: La situación actual

Fuente: Diario del Salvador, julio 30, 1913

Documento 3

Hoy y mañana

Mañana en el barrio de San José.

Su carroza será una obra de arte más o menos, según nos lo dicen los que entienden en esto de carrozas. Nosotros hemos visto el diseño y algunas partes que formarán el conjunto; la hemos visto a medio hacer, pudiendo asegurar que gustará mucho.

Representa una copa etrusca cincelada artísticamente.

El perímetro de sus bordes lo cierra, en la delantera, un dragón alado, que lleva encima de la cabeza una antorcha. Va la copa sobre un enorme carro de oro y pedrería, sostenida por hombres y mujeres del pueblo.

En su parte delantera, el carro termina con dos cornucopias de plata, oro y esmeraldas, y en cada una de ellas un amor lanza sus certeros dardos.

Arriba y dentro de la etrusca copa, varias vírgenes vistiendo vaporosas vestimentas, simbolizan la aristocracia.

Lema: “El pueblo bajo el peso de la opulencia”.

Autor de esta alegoría es don Rafael A. Martínez.

Fuente: Diario de San Salvador, julio 31, 1913

Documento 4

La entrada del barrio de La Vega

El patriotismo del pueblo salvadoreño representado por una carroza

Espléndida fue la tarde que hizo a las del barrio de La Vega, quienes hicieron su entrada en una sencilla pero significativa carroza.

Fue su asunto: “La unión Ibero Latino-americana pisoteando el Águila del Norte”.

La señorita Carmen Castellanos representaba a España y Cristina Artigas a la América Latina; ambas, estrechamente unidas sobre un peñascal, van persiguiendo la Doctrina Monroe, simbolizada por el Águila yanqui, tras esta va el león melenudo de la Iberia, ansioso de devorarla.

Las capitanas que formaban el desfile llevaban artísticas flores y frutas de cera.

Fuente: La República, Costa Rica, septiembre 6, 1914

*Héctor Lindo es profesor de historia en Fordham University, en Nueva York

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