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El coronel no tiene quien le escriba

¿En cuáles casos deben ir tildadas palabras de estas que sirven para formular preguntas? ¿Cuándo sí y cuándo no se tildan quién, cuándo, cómo, qué? En este diálogo, Ana María explica a Francisco que todo depende del uso que se le atribuya en la oración.

Ana María Nafría y Francisco Domínguez

 
 

La lingüista Ana María Nafría y el lexicógrafo Francisco Domínguez en salón de la Real Academia de la Lengua Española en La Casa de Las Academias.
 
La lingüista Ana María Nafría y el lexicógrafo Francisco Domínguez en salón de la Real Academia de la Lengua Española en La Casa de Las Academias.

Francisco: Ana María, una amiga me ha preguntado por qué, en el título de la obra de García Márquez El coronel no tiene quien le escriba, la palabra quien no lleva tilde, pues a ella le parece que debería.

Ana María: ¿Y por qué le parece a ella que debería llevar tilde?

F: Porque al pronunciarla hace énfasis sobre ella, es decir, la expresa con más fuerza.

AM: La puede pronunciar con más fuerza, puede hacer temblar las paredes de su casa, puede cantarla…, pero al escribirla en esa oración no puede tildarla.

F: ¡Qué draconiana ha venido hoy! Explíqueme, entonces, eso que dice.

AM: La palabra quién se tilda cuando con ella estamos haciendo una pregunta, por ejemplo, Dime quién ha llamado hoy. Pero en la oración que tú mencionas, no se está preguntando por nadie, se está haciendo una afirmación. La prueba es que la oración Dime quién ha llamado hoy espera una respuesta, que puede ser Juan, María, el vecino, etcétera. Sin embargo, en la frase sobre el coronel, no se espera respuesta alguna, puesto que no se está preguntando nada.

F: Entonces, en las oraciones interrogativas directas, es decir, entre signos de interrogación, ¿esta palabra siempre iría tildada?

AM: No siempre. Hay que ver si la pregunta recae sobre esta palabra o no. Por ejemplo, en la oración ¿Con quiénes iremos mañana al cine?, la pregunta recae sobre quiénes, pues exige en la respuesta sustituir esa palabra por un nombre (Con los compañeros iremos mañana al cine). Pero en la oración ¿Quien nos abrió la puerta era tu abuelo?, no se está preguntando quién abrió la puerta, sino si era tu abuelo o no; por lo tanto, la respuesta que esperamos es o No. Ese quien no lo podemos sustituir por un nombre (*Pedro nos abrió la puerta era tu abuelo). El quién será interrogativo si la oración es ¿Quién nos abrió la puerta? Porque en la respuesta tiene que estar el nombre que lo sustituye (Pedro nos abrió la puerta).

F: Eso lo tengo claro, pero en la oración No sé quién es el nuevo profesor, no estoy haciendo una pregunta y, sin embargo, se tilda quién. ¿Por qué?

AM: Sí, estás manifestando que desconoces la respuesta a una pregunta implícita y, si alguien te escucha y sabe el nombre del profesor, te lo dirá porque entiende que esperas ese dato.

F: ¿Y con cualquier verbo se pueden construir preguntas indirectas, como la anterior?

AM: No con cualquier verbo. Lo hacemos con verbos como decir (Dime quién ha llamado), ignorar (Ignoramos quién es el autor de la novela), saber (Él no sabe quién lo golpeó), etcétera, porque con ellos podemos introducir preguntas sin los signos de interrogación. Por ejemplo:

¿Quién ha llamado? (pregunta directa) > Dime quién ha llamado (pregunta indirecta).
¿Quién es el autor de la novela? (pregunta directa) > Ignoramos quién es el autor de la novela (pregunta indirecta).
¿Quién lo golpeó? (pregunta directa) > Él no sabe quién lo golpeó (pregunta indirecta).

F: Entonces, ¿este razonamiento es válido para cualquier palabra interrogativa, como qué, cuándo, cómo, cuánto, dónde, cuál?

AM: Por supuesto. Y no solo para las interrogativas, sino también para las exclamativas, tanto directas como indirectas. Por ejemplo, en las oraciones ¡Qué lástima de muchacho!, ¡Cómo te agradezco la invitación a ver el ballet!, ¡Quién lo hubiera pensado!, es directa la exclamación. Sin embargo, en Mira qué alto está, No me gusta cómo me ha tratado, No pudo adivinar cuánto lo iba a odiar, la exclamación es indirecta.

F: ¿Y hay casos en las exclamativas directas en las que estas palabras no llevan tilde?

AM: Sí, pero no se trata de la misma clase de palabras, sino de otros vocablos llamados conjunciones, que inician la oración exclamativa, por ejemplo:

            —¿Me preguntas si ya resolví el problema? ¡Como si fuera tan fácil!

             —¿Se van mañana? ¡Que tengan un buen viaje!

F: Entonces, todas las anteriores a estas no eran conjunciones, ¿verdad?

AM: Así es.


Sobre los autores

Hace 30 años, los caminos de Ana María Nafría y Francisco Domínguez se cruzaron gracias a las palabras. En 1986, él ingresó a la carrera de Filosofía de la Universidad Centroamericana (UCA) y recibió clases de Lingüística con ella. Su desempeño en la cátedra fue excepcional y Ana María decidió reclutarlo como instructor los cinco años siguientes y luego contratarlo como profesor. Desde entonces, mantienen un diálogo constante sobre los errores que encuentran en los textos que corrigen. Esta experiencia les dio la idea de escribir estos artículos.

Cuando a Ana María se le pregunta qué le gusta, ella responde: “Me entusiasma facilitar a mis estudiantes la comprensión de la estructura de la lengua española”. Ella estudió Filología Moderna en la Universidad de Salamanca y Filosofía Iberoamericana en la UCA, donde ha trabajado durante más de cuarenta años. Es miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

A Francisco le gustan las novelas de Hesse y Kundera, el cine francés y la música barroca. Además de Filosofía, él estudió Lingüística en la Universidad Complutense y Lexicografía Hispánica en la Real Academia Española. Desde septiembre 2016 es becario de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

Ambos trabajan como profesores del área de lenguaje en universidades privadas. Ella en la UCA y él, desde hace diez años, en la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN). Por sus aulas han desfilado periodistas de El Faro y de otros medios del país.

El Faro presenta estos Diálogos gramaticales, una serie que se actualizará cada quince días.

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Ana María Nafría y Francisco Domínguez

 

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