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El indulto del ISDEMU

Cecibel Romero

 
 

Evidenciar los problemas de la sociedad es una de las tareas principales del periodismo. Y una de las claves para lograrlo es ponerle rostro a los temas. Gracias al comportamiento de Raúl López ahora tenemos un ejemplo para hablar de un problema cotidiano: el acoso sexual a la mujer salvadoreña.

Un video de 30 segundos mostró que Raúl López, el viceministro de Justicia y Seguridad, considera normal dejarle ir la siguiente frase a una periodista: “mi vida linda, te invito a un café mejor un día y te doy la conferencia”. La periodista Adriana González intentaba abordarlo para que comentara las acciones del Gobierno ante el incremento de ataques y asesinatos de policías. El viceministro lanzó la propuesta incluso antes de escuchar cualquier pregunta, como un saludo casual a una profesional que, con carné de prensa y micrófono en mano, hacía su trabajo.

Si le da play de nuevo podrá apreciar que López tuvo una reacción común de hombres que creen que usar palabras “cariñosas” y hacer invitaciones sinuosas e insinuantes a las mujeres que aparecen enfrente es un derecho y no un irrespeto a la dignidad como persona. Es tan normal y natural la práctica que hasta olvidó que tenía una cámara enfrente en modo de grabación. Para muchos, es normal. Acá otro ejemplo.

“Yo no lo vi mal intensionado y se notaba la urgencia, en todo caso, se ve bien las disculpas...( percepción particular)”, comentó un periodista en el muro de facebook.

Como hombre su perspectiva no puede ser igual. No es su culpa. Sin embargo, es 100% seguro que si él hubiera sido el que tenía el micrófono la respuesta de evasión del viceministro de Justicia y Seguridad hubiera comenzado por el minuto 19: “disculpá, me está esperando el presidente para una reunión”.

Ya pasó la marea de comentarios fofos que trataron de exagerada y escandalosa a la periodista. También hubo otros que se subieron a la ola para denostar sobre la calidad de funcionarios o hacer memes y montar juerga.

Nada nuevo en el universo de conflictos, condenas apresuradas y megalomanías que se cultivan cada día en las redes sociales. Para lo que sirve este ruido es para que finalmente los políticos y las instituciones reaccionen. Lamentablemente, solo lo hacen para salir del paso. Para tratar de silenciar y que pasemos a otro tema.

El trozo de video ya había sido difundido en canal 6 como parte de la nota sobre el tema de la crisis de asesinatos contra la fuerza pública, pero fue hasta que se divulgó y comentó en Facebook y Twitter que el funcionario consideró emitir un comunicado.

Muchos ciudadanos se tragaron fácilmente de que López había escrito una disculpa y que el asunto era caso cerrado. La periodista, por cierto, nunca dijo públicamente que estaba ofendida (aunque lo estaba) ni recibió una llamada del funcionario. Pero él emitió un comunicado en el que prácticamente reforzaba la tesis de aquellos que tildaron de exagerada a la colega. La disculpa fue porque expresó “frases que incomodaron a la periodista”.

Si ya había sido decepcionante la redacción de esos dos párrafos fue más lamentable lo que siguió. Una hora más tarde, el Instituto de Desarrollo de la Mujer (Isdemu) lanzó también un comunicado muy tibio para quejarse “en clave” del problema de incumplimiento de la Ley Especial e Integral para una vida Libre de Violencia contra la Mujer. No fue capaz de narrar a raíz de qué estaba haciendo esa reflexión y escribir que la escena fue un claro acoso.

Nunca señaló directamente al funcionario con nombre y apellido, ni reprochó la redacción del comunicado; porque el error no tenía nada que ver con la sensibilidad de la periodista. Lo más cercano a entender que estaban refiriéndose al caso de Raúl López fue cuando Isdemu dice que “las prácticas y conductas que reproducen la violencia de las mujeres se dan incluso al interior de las instituciones públicas que son las llamadas a impulsar las transformaciones…"

Tampoco hubo diputadas ni otros funcionarios (como la secretaria de Inclusión) que saltaran para lamentar de que López no estuviera enterado de que el acoso está tipificado en la legislación nacional. Un caso muy distinto de respaldo ocurrió cuando el magistrado de la Corte Suprema de Justicia emitió una frase agresiva contra la diputada Lorena Peña.

En uno de los materiales de apoyo que el ISDEMU ofrece en su sitio web señala que “el acoso sexual es un tipo de violencia que manifiesta relaciones de poder y se expresa de diversas formas: desde proposiciones, chistes, bromas, exhibición de pornografía, comportamientos físicos o roces indeseados, hasta el asalto o la agresión sexual". Y por eso es que la conductora Wendy Monterrosa, de Canal 10 (el medio estatal de televisión) le sugería al viceministro que buscara material en Isdemu.

Si la institución hubiera sido contundente en la condena y en exigir una investigación de posibles violaciones legales hubiera mandado una señal clara a todos los empleados públicos. En la práctica cotidiana, hay muchos Raúl López en todos los niveles, aunque no quedan grabados como en esta ocasión. Pero parece que la apuesta es a seguir únicamente con los “procesos de sensibilización” en abstracto, con el mismo espíritu del comunicado.

Acosar es una forma de discriminar y de fomentar la violencia, señor viceministro de Justicia y Seguridad, Raúl López. Hay palabras que denigran, por muy suaves o dulces que parezcan. Y si las instituciones que deben pronunciarse, corregir, sancionar y exigir que se den los pasos para cambiar no cumplen su tarea, el país no avanza. Por más vallas, notas propagandísticas, anuncios de autobombos que se lancen.

En un inicio pensé en titular esta columna: El autoindulto del viceministro. Al final, consideré que el irrespeto del funcionario ya quedó en la memoria, pero había que señalar a Isdemu porque más que un reproche, hizo un guiño y desaprovechó una gran oportunidad de sentar un precedente.

Cecibel Romero es periodista independiente y catedrática universitaria. Editora en en el “Programa de Periodismo de Investigación en las Américas”, del InternationalCenter for Journalist (ICFJ) y Connectas.

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