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La crisis sale a las calles de Tegucigalpa

Ante la poca transparencia del proceso y el silencio de los observadores de la OEA y la Unión Europea, el candidato opositor, Salvador Nasralla, opta por la calle “para evitar el fraude”. En el TSE, el procesamiento de actas ya le da la ventaja por un punto a Juan Orlando Hernández, que busca la reelección.

 
 

El candidato opositor, Salvador Nasralla, momentos antes de dar una conferencia en la noche del miércoles 29. Para el miércoles, la ventaja de Nasralla sobre Juan Orlando Hernández desapareció, y los resultados del Tribunal Supremo Electoral ahora arrojan una ventaja de un punto a favor del presidente Juan Orlando Hernández. 
 
El candidato opositor, Salvador Nasralla, momentos antes de dar una conferencia en la noche del miércoles 29. Para el miércoles, la ventaja de Nasralla sobre Juan Orlando Hernández desapareció, y los resultados del Tribunal Supremo Electoral ahora arrojan una ventaja de un punto a favor del presidente Juan Orlando Hernández. 

Tegucigalpa, HONDURAS. Miles de manifestantes se reunieron la noche del miércoles frente al Instituto de Formación Profesional de Tegucigalpa, hoy convertido en un fortín donde se reciben y custodian las boletas electorales. No eran todos, necesariamente, seguidores del candidato opositor Salvador Nasralla. Lo que los unía era el rechazo a las intentonas de reelección del presidente Juan Orlando Hernández y lo que para todos ellos es un fraude electoral.

Era ya 29 de noviembre, pasadas las 72 horas del cierre de urnas, y el Tribunal Supremo Electoral ya había actualizado su lentísimo recuento de actas. El presidente, que apenas 24 horas antes perdía por cinco puntos, ya tenía más votos que Nasralla.

Aquellos manifestantes eran en su mayoría estudiantes, pero había también familias, hombres y mujeres que cantaban a coro el himno nacional mientras agitaban una gigantesca bandera de 20 metros de longitud. Alguien trajo palos de madera y organizó una fogata alrededor de la cual hacían turnos para sentarse, porque la noche había refrescado.

“Esta es una oportunidad para romper las cadenas que se formaron en 2009 con el golpe de Estado”, decía un joven llamado Antony, de 24 años, que había llegado a Tegucigalpa esa misma tarde desde Santa Bárbara, para unirse a las protestas. “Espero que el tribunal respete la voluntad del pueblo, pero me temo que esto terminará en sangre”.

Antony tenía 16 años en junio de 2009, cuando el Ejército hondureño irrumpió de madrugada en la residencia presidencial y derrocó al presidente Manuel Zelaya, dando origen a una crisis política de la que Honduras aún no termina de reponerse. Esa misma noche, organizaciones sociales y movimientos populares organizaron un plantón frente a Casa Presidencial, del que fueron -fuimos- desalojados por el Ejército a culatazos y gases lacrimógenos, tres días después.

La noche del miércoles, frente al Infop, tres días después de la jornada electoral, había una cantidad inferior de manifestantes, pero terminó igual. Poco después de la medianoche, Nasralla y el expresidente Zelaya se unieron a la manifestación. "Llegaron Mel (Zelaya) y Nasralla, que iba con su esposa (Iroshka Elvir, que está embarazada). Se fueron a tocar las puertas del INFOP. Exigían que les abrieran. La gente se emocionó y se aglutinó alrededor de ellos y lo santimotines comenzaron a lanzar gases. Pero luego sacaron una tanqueta", dice Angie Ávila, una profesional de 30 años que protestaba junto a dos de sus hermanos. "Ellos (Mel, Nasralla y su esposa) se fueron. Los estudiantes corrieron pero luego regresaron con piedras. A mi también me cayeron gases pero nada más". 

El Ejército continuó el desalojó arrojando latas de gases lacrimógenos. Desde el otro lado los manifestantes lanzaron piedras y botellas. Algunas lastimaron a manifestantes que iban adelante. Fue la primera batalla de esta crisis política.

Uno de los manifestantes se acercó a una cámara de televisión y dijo: “Yo quiero decirles a los líderes, a las bases de Libre en todo el país: Ya estamos aquí. ¿Ahora qué quieren que hagamos? Dígannos, porque ya estamos aquí defendiendo el voto, tragando gas. Dígannos, ¿qué quieren que hagamos?”.

Se habían congregado ahí porque un par de horas antes el candidato de la Alianza Opositora, Salvador Nasralla, les pidió que fueran a defender las actas que estaban retenidas. Solo eso. Sin estrategia, sin ningún plan. Pero la calle, él mismo lo ha dicho, es su última apuesta para evitar que el Tribunal le quite la presidencia que parecía ya tener en las manos. La calle como respuesta a lo que él, y millones de hondureños, consideran un fraude.

En la tarde del lunes 27, 13 horas después del último pronunciamiento del TSE, miles de hondureños se reunieron frente al edificio central del ente electoral para exigir que Salvador Nasralla fuese declarado como presidente electo de Honduras. Foto: Fred Ramos
 
En la tarde del lunes 27, 13 horas después del último pronunciamiento del TSE, miles de hondureños se reunieron frente al edificio central del ente electoral para exigir que Salvador Nasralla fuese declarado como presidente electo de Honduras. Foto: Fred Ramos

Habida cuenta de lo accidentado, torpe y poco transparente de este proceso, no parece haber más que dos opciones: o el Tribunal Electoral está maquinando un fraude a la vista de todos o su incapacidad es olímpica. La historia política hondureña, como la de los demás países centroamericanos, está llena de capítulos marcados por la incapacidad de sus líderes, pero no ha sido esa su principal motor. Particularmente no en dudosos procesos electorales.

Nasralla se presentó ante la prensa el miércoles por la noche y mostró actas sin firma que están siendo incluidas en el proceso. De las cuatro actas que mostró, El Faro confirmó que tres de ellas no están disponibles en la página del TSE por estar “en monitoreo”; la cuarta, correspondiente a la mesa 06855, está en línea y muestra los mismos resultados que la que mostró el candidato; pero está firmada y la caligrafía es distinta. Es otra acta, con el mismo resultado.

El candidato de la Alianza Opositora denunció que el TSE ha colocado 1,800 actas en monitoreo especial y que uno de los magistrados del Tribunal ordena sacar las que le favorecen a él. También denunció que en el INFOP se encuentran retenidas miles de actas que le favorecen. No hay ninguna confirmación independiente de estas acusaciones, y quienes podrían verificarlo, las misiones de observadores de la Unión Europea y de la OEA, no han servido de garantes.

Al igual que en la crisis posterior al golpe de Estado de 2009, la comunidad internacional es también ahora pasiva, inútil, intrascendente. “Vamos a ver de qué madera están hecha la OEA y la Unión Europea”, dijo Nasralla en la conferencia, quien ha pedido que en vez de misión de observadores envíen una misión de investigación.

Al mediodía del jueves 30, el jefe de la misión de la OEA, el expresidente boliviano Jorge Quiroga, convocó por primera vez a conferencia de prensa para pedir al TSE que no declare ganador hasta que procese todas las actas, incluyendo aquellas en “monitoreo especial”. Después se despidió de los hondureños porque retornaba a su país a votar. “Vuelvo el lunes”, dijo.

A la misma hora, el presidente del Tribunal Supremo Electoral, David Matamoros, justificó el retraso en el recuento y la suspensión de actualizaciones: la noche anterior, dijo, debido a los disturbios, tuvo que desalojar a los empleados y observadores del Infop. “Casi perdemos toda la elección”, dijo.

El Tribunal está compuesto por cuatro magistrados. Uno representante del Partido Nacional, David Matamoros; uno del Partido Liberal y uno de la Democracia Cristiana, partido que en las elecciones de 2013 no sacó más de 5 mil votos en todo el país y que en esta, con el 90 % de las actas procesadas, ha obtenido 0,18 % de los votos. La Alianza Opositora y su principal partido, Libre, no tienen ningún representante. Tanto su candidato, Salvador Nasralla, que mantenía el lunes 27 más de 5 puntos de ventaja, como Juan Orlando Hernández, habían pronosticado casi al pie de la letra la remontada.

***

El presidente hondureño Juan Orlando Hernández se presentó la mañana del martes 28 de noviembre ante la prensa. Habían transcurrido 40 horas desde el cierre de urnas. Acuerpado por decenas de seguidores, mostró tablas de números y habló de actas cruzadas con resultados del Tribunal Supremo Electoral y proyecciones que le permitían aventurar un triunfo electoral. Sus seguidores aplaudieron y el presidente plagió mal una frase de Yogi Berra, el legendario entrenador de beisbol, para usarla como eslogan de su campaña poselectoral: “Esto se acaba hasta que se acaba”. Adelantó algo que en ese momento parecía más un deseo que un anuncio: Cuando comiencen a llegar las actas rurales, dijo, “vamos a subir así, así, así” y estiró la mano y elevó el brazo en diagonal.

A las 8 de la noche, el presidente del Tribunal Supremo Electoral ofreció una nueva conferencia de prensa. Publicaba nuevos datos de la contienda presidencial: Con casi setenta por ciento de las actas contabilizadas, Nasralla mantenía la punta, con 43,5 por ciento de los votos. Juan Orlando Hernández había subido ya a 41. La brecha se recortaba a 2,5 puntos, la mitad de la ventaja reflejada en el primer informe. Al caer la medianoche del miércoles, la distancia se había reducido ya a un punto. Los números del presidente subían así, así, así.

Cientos de personas demostraron su apoyo al presidente Juan Orlando Hernández frente a casa presidencial la tarde de este martes. Tanto Salvador Nasralla como Juan Orlando Hernández aseguran que son los ganadores de las elecciones presidenciales. Foto: Fred Ramos 
 
Cientos de personas demostraron su apoyo al presidente Juan Orlando Hernández frente a casa presidencial la tarde de este martes. Tanto Salvador Nasralla como Juan Orlando Hernández aseguran que son los ganadores de las elecciones presidenciales. Foto: Fred Ramos 

El martes mismo Nasralla hizo una nueva previsión: “Para el jueves van a declarar ganador a Juan Orlando Hernández. Nos van a hacer un fraude pero no vamos a permitirlo”. Acusó al Tribunal de haber desconectado los candados protectores del sistema electrónico de recepción de actas y de estar introduciendo nuevas actas.

En la calle casi todos, incluidos algunos nacionalistas, creen que hay un fraude en marcha. En la calle pretenden reivindicar la victoria de Nasralla. Las marchas se multiplican por todo el territorio hondureño, pero en Tegucigalpa comienza a asomarse la violencia, ausente hasta el miércoles, incluso durante la manifestación masiva del lunes por la tarde, que reunió a unas 20 mil personas.

Ese día se concentraron en las afueras del Tribunal Supremo Electoral y esperaban al candidato opositor. Cantaban consignas y advertían que no aceptarían ningún resultado. La tendencia del voto, les había dicho Nasralla, era ya irreversible. Un hombre bajaba desde el puente de El Prado con un mortero de medio metro en la mano derecha, sobre la que colgaba la mecha. El hombre detenía a los transeúntes: “Disculpe, ¿tiene fuego?... Disculpe, ¿tiene fuego?” Pocos minutos después alguien debió compartirle llama, porque el mortero hizo un estruendo tal que las veinte mil personas concentradas abajo estallaron en júbilo. Comenzaron a cantar: “Fuera JOH, Fuera JOH”.

Justo debajo del puente un muchacho que atendía un puesto móvil de comida repetía las consignas. La muchacha que le acompañaba gritó: “Viva JOH”. Atrajo una docena de miradas inquisidoras y tuvo que explicarse: “Que viva muchos años, para que lo metamos al pozo”, dijo. Se refería a la cárcel de El Pozo, de máxima seguridad.

En el perímetro de la marcha, policías desviaban el tráfico y colocaban conos para cerrar el paso. Le pregunté a uno de ellos qué pensaba de esto. “Es que Juan Orlando no quiere irse”, me dijo. “Eso es todo el problema. Hay demasiados intereses ahí”. ¿Y cómo pensaba él que esta situación encontrará una salida? “Ahorita esto está tranquilo. Pero ya mañana a saber porque el hombre no se va a ir”.

El problema a estas alturas ya no es técnico, sino político. No se trata de contar los votos que faltan, poco menos del 10 por ciento de las actas, sino de hacerlo de manera creíble y la oposición no le cree al TSE. El proceso ha sido tan mal manejado por el presidente, por sus funcionarios, por los encuestadores, por el Tribunal Supremo Electoral y por la oposición que el momento es muy delicado. Volátil. Los rumores llenan siempre el silencio institucional.

Es fácil para muchos hondureños creer en los rumores de fraude. Los creían antes incluso de depositar su voto. El presidente Hernández ha acumulado tanto poder que cambió a los magistrados de la Corte Suprema y colocó a unos que le resolvieron que tenía derecho a buscar la reelección, aunque la Constitución lo prohíbe. Uno de esos magistrados que votaron por su reelección es hoy el fiscal general de la República. Su gabinete entero está volcado a su campaña presidencial que, a estas alturas, sin ganador oficial, continúa. Hernández controla el Tribunal Supremo Electoral, el Congreso, el Ejecutivo y es el Comandante en Jefe de las fuerzas Armadas, la institución responsable del traslado y la custodia de las boletas electorales desde las 18 mil mesas receptoras de votos. Ha hecho campaña con el apoyo de los grandes medios de comunicación. En otras palabras, un fraude solo es posible a favor del mandatario, no del opositor que ni siquiera tiene representante en el Tribunal Supremo Electoral.

Por eso cada actualización del TSE despierta más sospechas, porque los números del presidente suben de manera continua, mientras los presentadores o animadores de televisión solo repiten la paráfrasis de Yogi Berra, ahora acreditada al presidente. “Como dice Juan Orlando, esto se acaba hasta que se acaba”. Y tanto el presidente como el opositor han anunciado el mismo final institucional: el Tribunal terminará declarando vencedor a Juan Orlando Hernández.

Cuando el Tribunal Supremo Electoral no tiene credibilidad, el fraude puede ser inexistente técnicamente (nadie lo ha probado aún), pero se convierte en un hecho político cuando lo denuncia la parte más indefensa.

Nasralla ha repetido esta semana, conferencia tras conferencia, que ya no queda ninguna institución a la que apelar para defender su derecho a gobernar. Que defenderán el voto en la calle. En la calle.

El martes por la tarde fue el presidente mismo el que invitó a sus seguidores a marchar. Eran tantos como los opositores del día anterior, pero vestidos de azul. Y ellos creen que Nasralla ha desatado demasiados rumores con el propósito de deslegitimar la reelección de Juan Orlando Hernández. Así está la calle. Tensa, agresiva, esperando lo peor. “Dígales a los salvadoreños que los nacionalistas somos un partido de gente buena y educada”, me dijo una señora que aseguraba controlar 50 colonias de la ciudad para el partido del presidente. “No somos chusma como ellos. Somos el partido más grande de Centroamérica... junto a los arenas (sic)”. Así está la calle.

Mientras que el Partido Libre celebraba la eminente victoria el dia lunes 27, frente al edificio central del TSE. El presidente Juan Orlando Hernández invitó los simpatizantes del Partido Nacional a unirse a una carava por la victoria en las calles de Tegucigalpa. Foto: Fred Ramos
 
Mientras que el Partido Libre celebraba la eminente victoria el dia lunes 27, frente al edificio central del TSE. El presidente Juan Orlando Hernández invitó los simpatizantes del Partido Nacional a unirse a una carava por la victoria en las calles de Tegucigalpa. Foto: Fred Ramos

Pero Nasralla no parece ser un gran estratega, ni alguien seguro de los pasos a dar. Es un presentador de televisión metido a la política más como una forma de protesta contra la corrupción del sistema que como alguien dispuesto a formarse. Un famoso metido a candidato. El miércoles firmó un acuerdo redactado por la OEA en el que se comprometía a respetar los resultados. Lo hizo sin consultar con el coordinador de la Alianza, el expresidente Manuel Zelaya, un viejo lobo en el mar de la política hondureña. Cuando Zelaya se enteró, le explicó al hombre al que llama “nuestro presidente electo” su torpeza. Le hizo ver que había firmado su propia sentencia: Si el Tribunal, en el que no confían declara electo a Hernández, Nasralla debía reconocer el resultado. Por la noche Nasralla se retractaba del compromiso y alegó que la OEA le había tendido una trampa. En realidad la trampa se la tendió su ingenuidad política, su ignorancia, su candidez.

Durante la manifestación del miércoles, Michel, un joven que también venía de Santa Bárbara, dijo lo que nadie quiere decir: que sospechaba de los líderes políticos, que los alcaldes de la Alianza que ganaron en sus municipios estaban demasiado pasivos, que ninguno se había movilizado a la capital para defender el voto. “No están a la altura. El pueblo ha superado una vez más a sus líderes”.

Al cierre de esta nota, el Tribunal Supremo Electoral había actualizado nuevamente sus datos: Con más del 90 por ciento de las actas procesadas, Juan Orlando Hernández tenía ya una ventaja de un punto sobre Nasralla. Los números del presidente siguen subiendo, así, así, así.

Por las carreteras de Honduras hay autobuses en camino a la capital. Organizaciones sociales, indígenas y ambientalistas y movimientos campesinos. En las redes sociales, algunas de estas organizaciones hablan ya de “insurrección”. Al mediodía del jueves hubo fuertes enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad frente al Infop. Llovieron más gases lacrimógenos, más piedras. En medio de los disturbios, una señora recogía las latas de los gases. Dijo que las llevaría a la Procuraduría de Derechos Humanos. Al menos ella se acordó de la existencia de esa institución.

El TSE terminará pronto de procesar los datos, probablemente al final del jueves, antes de que llegue diciembre. Pero eso no será el final de esta elección.

*Nota de la Redacción: la versión original de esta nota fue actualizada el jueves 30 de noviembre. 

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