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San Romero, así en Londres como en Apopa

Willian Carballo

 
 

No hay otro salvadoreño –ni el Mágico, ni Roque, ni Gavidia, genios cada uno en su área– más universal que monseñor Romero. Su figura en piedra custodia por igual a los automovilistas que se atarantan en la Troncal de Norte, camino a Apopa, que a los turistas que se pasean mapa en mano a un costado de la Abadía de Westminster, en Londres, Inglaterra. Se han editado casi 100 libros y otras producciones editoriales sobre él, y lo han pintado en retratos y murales en dos continentes. Se le ha cantado igual en salsa que en heavy metal o en música norteña; igual en inglés que en español o en portugués. Aparece en películas, pero también en llaveros, camisas y pieles tatuadas; y hasta le da nombre a calles y a un aeropuerto.

Hoy, a propósito del reciente anuncio del Vaticano sobre su canonización, quiero hacer un recuento descriptivo –no analítico y tampoco definitivo– de la influencia que el mártir ha tenido en la cultura popular nacional e internacional. Presencia que, a mi juicio, lo ha convertido en el ícono salvadoreño por excelencia de un país famoso más por sus maras que por sus maravillas. En el símbolo positivo de un país con más fama de shithole que de paraíso.

Empiezo por la pantalla, plataforma por la cual han transitado más de una decena de audiovisuales inspirados en él. La pieza más célebre es Romero, de 1989. Esta cinta, protagonizada por Raúl Juliá, obtuvo solo en Estados Unidos 1 millón 316 mil dólares de ingresos brutos por taquilla, según la página especializada IMDB. El arzobispo salvadoreño es también una pieza importante de la historia de la reconocida Salvador (1986), de Oliver Stone, en donde es encarnado por el actor José Carlos Ruiz y se le escucha exclamar el sermón en el que insta a que cese la represión. Las ganancias de este filme solo en Estados Unidos fueron de 1 millón 500 mil dólares, y fue vista por casi 55 mil personas en Alemania, por citar un dato, de acuerdo a la misma IMDB. El personaje de Óscar Arnulfo figura además en el drama estadounidense basado en el asesinato de cuatro monjas en El Salvador durante la guerra, Choices of the heart (1983), y de forma breve en la ficción venezolana Trampa para un gato (1994). Documentales también se han producido varios: destacan el mexicano El cielo abierto (2011), el italiano Romero. Voce dei senza voce (2010) y los salvadoreños Mons. Romero, un misterio de Dios (2010) y Óscar Romero, una voz universal (2015), por citar algunos.

Las representaciones artísticas de su figura en retratos, esculturas y murales también abundan más allá de El Amatillo o de Las Chinamas. Además de la citada estatua en la abadía en Londres, existe una pintura en la Basílica de San Bartolomeo, en medio del río Tíber, en Roma, ciudad donde hay otras representaciones plásticas en su honor. Hay, además, bustos o murales en Los Ángeles, San Francisco y New York, en Estados Unidos; así como en Panamá y Nicaragua. También es muy reconocida una pintura del hermano franciscano radicado en Estados Unidos, Robert Lentz; y una de Eugenio Cuttica, que la ex presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, regaló a su compatriota, el Papa Francisco.

Hacia adentro de las fronteras, el fenómeno también es grande. El fotoperiodista Francisco Campos publicó en la Revista Factum un listado de 12 esculturas del beato, conteo que él mismo reconoció estar obviamente inacabado, pero que sí incluye su mausoleo en Catedral Metropolitana de San Salvador. Por su parte, un artículo de 2010 publicado por Isaías Mata recopiló algunas de estas manifestaciones. Menciona, por ejemplo, murales en El Paisnal, Guarjila, Zaragoza, Nejapa, Tecoluca, Suchitoto, San Carlos Lempa, Mejicanos, Santa Tecla y varios sitios de San Salvador, como el Centro Nacional de Artes, la escuela de arte de la Universidad de El Salvador y el Hospitalito de la Divina Providencia, entre muchos otros. El autor también recapitula algunas pinturas sobre caballete, del pincel de artistas como Benjamín Cañas, Miguel Ángel Orellana, Armando Solís, Camilo Minero, Fernando Llort y el mismo Isaías Mata.

Saltando a las tablas, el teatro es otra rama que ya le ha rendido honores. En 2009 se estrenó en Londres un musical, creado por George Daly y Liam Bauress; mientras que el grupo salvadoreño Yulkuikat preparó una versión en marionetas titulada Las tentaciones de Romero. Es bastante conocida y representada, además, El martirio del pastor, del costarricense Samuel Rowinski.

Un grupo de artistas en la sala de teatro Yulkuikat se prepara para dramatizar una obra relacionada con monseñor Romero. Estos tres personajes elaboraron la imagen de Romero en un títere con la ayuda de otro artista que realizó la labor de hacer el rostro de monseñor.
 
Un grupo de artistas en la sala de teatro Yulkuikat se prepara para dramatizar una obra relacionada con monseñor Romero. Estos tres personajes elaboraron la imagen de Romero en un títere con la ayuda de otro artista que realizó la labor de hacer el rostro de monseñor. "Hacer a monseñor Romero no fue fácil, en sí hacer un títere no es nada fácil, ya que cuando se mueve debe articular las partes del cuerpo de manera natural. Por ejemplo, monseñor Romero a la hora de persignarse".

Uno de los datos más reveladores de su universalidad, sin embargo, es la producción literaria en torno a su figura. De acuerdo al Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina, institución que reivindica a la comunidad cristiana en las luchas populares de Centroamérica bajo la inspiración de monseñor Romero, hay registradas 99 publicaciones de este tipo. Algunas de estas fueron editadas en Barcelona y Madrid (España), Lima (Perú), Quebec (Canadá), Londres (Inglaterra), Múnich (Alemania), Bruselas (Bélgica) y Sao Paulo (Brasil), entre otras ciudades, principalmente de Europa y América. Acá puede leer la lista completa.

La música es otro arte que se ha inspirado en monseñor. La Revista Factum publicó en 2015 un artículo en el que enlistaba 10 canciones sobre Romero a las que consideraba más comprometidas con su imagen de luchador social que el jingle oficial del acto de beatificación, tildado de una argucia meramente publicitaria. En la lista hay rap, como uno de Pescozada; pero también heavy metal y música norteña. Todas son salvadoreñas. Sin embargo, sí ha habido extranjeros que se inspiraron en el religioso. Aunque en el desarrollo de la trama de El Padre Antonio y su monaguillo Andrés, del panameño Rubén Blades, no se menciona directamente al salvadoreño, sí se le nombra en los estribillos finales; además, el mismo autor ha reconocido en entrevistas su inspiración en él. The Project, por su parte, lanzó un disco llamado Martyrs Prayers, cuyo sencillo Romero cuenta con versiones en inglés, español y portugués. El francés Jean-Luc Ponty, la canadiense Nancy White, el hondureño Pez Luna y el grupo chileno Sol y Lluvia también han dedicado obras al próximo santo.

La cultura no solo es “bellas artes”. El ícono de Romero se ha estampado en variedad de piezas producidas en masa, como tazas, pósteres, monedas, camisetas, lapiceros, escapularios, carteras, gorras, vinchas, llaveros, pines y una larga lista de etcéteras, incluyendo tatuajes en la piel de algunos feligreses. Pero también en obras monumentales que adoptaron su nombre, como calles, plazas y el aeropuerto salvadoreño.

Por último, y solo como dato curioso, su nombre es googleado desde países tan disímiles como Canadá, Venezuela o Italia. Y más aún: si dejamos de lado los lugares desde donde teclean su nombre y nos concentramos solo en la popularidad de búsqueda, cortesía de las métricas de Google Trends, resulta que “Monseñor Romero” supera por mucho a otros personajes emblemáticos salvadoreños como Roque Dalton, Jorge Mágico González y Francisco Gavidia. Así, su palabra parece también impactar en internet, como si aquella voz siseada de las viejas grabaciones de los años setenta supiera adaptarse con naturalidad a los devenires de la era multimedia.

Estamos, pues, ante un salvadoreño universal. Un hombre que ahora será santo y cuyo rostro circulará cada vez más sin alertas de frontera, como si aquella bala que se alojó en su cuerpo el 24 de marzo de 1980 no hubiera hecho más que desperdigarlo por todo el mundo en forma de ícono. Un compatriota que es figura reconocida igual en Guarjila que en Roma; igual en un minúsculo escapulario que en un inmenso mural. Así en Londres como en Apopa.

* Con información extraída del artículo “El mago y el beato. Ensayo sobre dos íconos culturales de un país de pocos íconos”, texto del autor de esta columna sobre el Mágico y monseñor, ganador de los Juegos Florales 2017, organizados por SECULTURA y próximo a publicarse.

Willian Carballo ( @WillianConN )  es investigador, catedrático y consultor especializado en medios, cultura popular, jóvenes y violencia. Coordinador de investigación en la Escuela de Comunicación Mónica Herrera.
 
Willian Carballo ( @WillianConN )  es investigador, catedrático y consultor especializado en medios, cultura popular, jóvenes y violencia. Coordinador de investigación en la Escuela de Comunicación Mónica Herrera.


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