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Ríos Montt, el exdictador acusado de genocidio que la muerte dejó impune

Si el juicio por genocidio contra el exdictador Efraín Ríos Montt abrió un escenario para que Guatemala debatiera su pasado de violaciones a los derechos humanos y sus graves problemas históricos de racismo, desigualdad y marginación de los indígenas, su muerte alimenta la idea de una sociedad que se resiste a revisar su pasado y niega justicia a las víctimas.

 

AFP / El Faro

 
 

Ciudad de Guatemala, GUATEMALA. El temido exdictador guatemalteco Efraín Ríos Montt, acusado de una de las peores masacres contra poblaciones indígenas en América Latina, falleció este domingo en la impunidad, a los 91 años, en medio de un segundo juicio por genocidio en el que estaba acusado de asesinar a miles de indígenas durante su régimen entre 1982 y 1983.

Sus allegados confirmaron la muerte del exmilitar en su residencia de la capital guatemalteca a causa de un infarto.

Ríos Montt es considerado uno de los exdictadores más sanguinarios del siglo pasado pues en su régimen fueron arrasadas aldeas indígenas mayas y fusilados varios opositores. En ese breve pero implacable periodo (marzo de 1982-  agosto 1983), Ríos Montt se convirtió en símbolo de la época más violenta de los 36 años de guerra civil (1960-1996) guatemalteca.

Ríos Montt toma un descanso en una de las audiencias del juicio por genocidio. Imagen tomada el 31 de enero de 2013. AFP PHOTO | Johan Ordóñez
 
Ríos Montt toma un descanso en una de las audiencias del juicio por genocidio. Imagen tomada el 31 de enero de 2013. AFP PHOTO | Johan Ordóñez

En abril de 2013, el primer juicio por genocidio contra Ríos Montt sacudió a Guatemala y atrajo la mirada de la comunidad internacional porque el proceso sirvió de escenario para que se ventilaran los graves problemas históricos de una sociedad en la que el racismo, las desigualdades y la marginación de los indígenas comenzaron a cuestionar los discursos de nacionalismo y reconciliación. Los indígenas ixiles estaban en primera fila, acusando al que hacía 30 años fuera el hombre más poderoso de Guatemala.

A las audiencias de ese juicio siempre se presentó con impecable traje formal oscuro, bigote bien recortado y gel en su cabello cano. Usaba anteojos y durante todo el juicio unos audífonos para escuchar mejor.

"No soy genocida (...) Nunca autoricé, nunca firmé, nunca ordené que se atentara contra una raza, una etnia o una religión. ¡Nunca lo hice!", dijo Ríos Montt en el banquillo de los acusados, con su voz áspera y firme.

En el receso de una de esas audiencias, antes de que se produjera un fallo en su contra, Ríos Montt hacía apuntes en una de sus libretas. "Uno cuando toma decisiones no espera que suceda esto, pero igual hace las cosas que tiene que hacer", dijo a El Faro. 

Tras el histórico proceso, un juzgado condenó al general a 80 años de prisión por genocidio. El tribunal lo responsabilizó de la matanza de 1.771 indígenas mayas ixiles en el departamento de Quiché (norte) durante su gobierno de facto.

En el marco de las operaciones contrainsurgentes, su régimen ejecutó la política de "tierra arrasada" sobre poblaciones indígenas del norte y noroeste del país, a las que acusaba de apoyar a la guerrilla.

Un informe de la ONU de 1999, presentado por la Fiscalía en el proceso, documentó 626 masacres -500 en aldeas arrasadas- consignó que hubo "genocidio" y precisó que entre 1978 y 1984 ocurrió el 91% de las violaciones de derechos humanos de la guerra, que dejó 200.000 muertos o desaparecidos.

Este juicio, sin embargo, fue anulado el 18 de abril por "vicios de forma" y la Corte Constitucional ratificó esa nulidad el 20 de mayo de 2013.  No obstante, el Tribunal de Mayor Riesgo "B" abrió una nueva causa por los mismos delitos.

En la práctica, este cambio reinició la investigación desde cero y provocó una batalla contra la sombra de la impunidad:el nuevo juicio fue catalogado como un juicio especial, luego de que el exdictador fuera diagnosticado por demencia senil y otros serios padecimientos médicos. El juicio se mantenía activo hasta el día de su muerte. En febrero de 2018, el tribunal realizó nuevas indagaciones y recopilación de testimonios a víctimas de Santa María Nebaj, ubicada a 254 kilómetros de Ciudad de Guatemala. 

Claudia Paz y Paz, la ex fiscal general que enjuició al exdictador, y que fue perseguida por la cúpula empresarial y la derecha política, escribió en sus redes sociales: "murió enfrentando la justicia. Gracias a los sobrevivientes por su dignidad valentía. Para que nunca más ocurra". 

La biblia y la metralleta

Nacido el 16 de junio de 1926 en Huehuetenango, departamento fronterizo con México, Ríos Montt ingresó a los 18 años al Ejército como policía militar, y a los 20 a la Escuela Politécnica para iniciar su carrera de oficial, hasta llegar a general.

Incursionó en política en 1973 como candidato presidencial de una coalición de centro-izquierda que luego giró radicalmente a la derecha. Según las crónicas de la época ganó esos comicios, pero un fraude dio el triunfo al general Kjell Eugenio Laugerud.

En premio de consuelo fue enviado a España como agregado militar de 1974 a 1977. De familia fervientemente católica -su hermano Mario Ríos Montt es obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Guatemala- renunció al catolicismo al regresar al país y hasta fue pastor de una iglesia protestante.

Fanático evangélico, siempre mencionaba a Dios en sus discursos y mensajes televisivos dominicales,  marcadamente moralistas, vistiendo un traje militar verde, mientras en el país imperaba la sistemática violación de derechos humanos.

En una ocasión afirmó que el "buen cristiano" era quien se desenvolvía "con la Biblia y la metralleta".

Llegó al poder el 23 de marzo de 1982 al dar un golpe de Estado contra el general -ya fallecido- Romeo Lucas García (1978-1982) antes de que éste entregara la presidencia al general Ángel Aníbal Guevara.

Pero su ministro de Defensa, Óscar Mejía Víctores, le dio a su vez un golpe de Estado el 8 de agosto de 1983 y convocó elecciones en 1985.

En 1989, Ríos Montt fundó el derechista Frente Republicano Guatemalteco (FRG), que llegó a la presidencia diez años después con Alfonso Portillo (2000-2004).

Con el FRG, Ríos Montt fue diputado en tres legislaturas de 1994 a 2003, pero su mayor anhelo era volver a gobernar.

Aunque está prohibido a los golpistas aspirar a la presidencia guatemalteca, fue candidato en 2003, pero quedó en tercer lugar.

En 2008 volvió a la política y ocupó una banca en el Congreso hasta el periodo que concluyó el 14 de enero de 2012. Doce días después, ya sin inmunidad parlamentaria, fue puesto bajo arresto domiciliario acusado de genocidio.

Es padre de dos hijos, Enrique, un general retirado y acusado de corrupción en el ministerio de la Defensa, y Zury, una ex diputada que busca postularse a la presidencia. En 2013, en el contexto del primer juicio contra su padre, Zury Ríos dijo a El Faro que “El ejército tenía todas las de ley para ejecutar las acciones necesarias (...). Si no, nosotros seríamos Managua o La Habana, o Venezuela", dijo. Según ella,  la violencia en 1982 y 1983 no tuvo un sesgo étnico. Guatemala, aseguró, no es racista.

© Agence France-Presse

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