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¿Y cuánto debe ganar un diputado?

Carlos López Salamanca*

 
 

Ricardo Velásquez Parker es el cuarto diputado propietario de los cinco que ganó ARENA en el departamento de La Libertad. De todos los votos en ese departamento, 28,496 personas marcaron específicamente su rostro el 4 de marzo. Ahora, nuestro diputado, el de todas y todos los salvadoreños, es noticia por las declaraciones que dio en una entrevista en el Canal 12: entre algunas incongruencias, mentiras y algunas verdades, Velásquez Parker se quejó del bajo salario de los diputados en El Salvador.

El diputado mencionó que los legisladores salvadoreños son los peor pagados de América Latina. Nos mintió por televisión, porque los $4,025.72 que ganan los diputados que no son directivos o jefes de bancada (que ganan más), los ubican en el tercer puesto de los mejor pagados en Centroamérica, detrás de Costa Rica y Panamá. De acuerdo con CNN, este salario es más alto que el de otros países como Bolivia o Venezuela.

Cuando nuestro diputado dijo que el Fiscal General de la República debería ganar no menos de $15,000 al mes por la responsabilidad que atañe el rol, lo que está diciendo es que el Fiscal General de la República debería ganar al menos 50 veces el salario mínimo de El Salvador o 75 veces lo que ingresa alguien que trabaja del cultivo del café o algodón.

Velásquez Parker cree que al diputado salvadoreño es al que más se le exige porque reciben enormes cantidades de peticiones que no son parte del trabajo legislativo. Pareciera que se le olvida al diputado, como servidor público, que cuando los parlamentarios legislan, asignan presupuesto a proyectos del Estado o aprueban leyes que influyen directamente en la vida de las personas que, como él dice, los visitan todas las semanas. ¿Será que le cansa recibir visitas de personas o ADESCOS con necesidades básicas insatisfechas? ¿Quisiera el diputado que las personas que no tienen agua potable en La Libertad ya no le busquen? ¿Está mal que alguna directora de escuela se atreva a preguntarle por el presupuesto de educación porque quiere poner internet en sus salones? ¿Olvida Velásquez Parker que, según la Constitución, es el Estado el responsable de garantizar bienestar a las personas? ¿O la Constitución solo importa cuando se trata de bloquear las cuatro causales para despenalizar el aborto?

Nuestro diputado se quejó del bajo pasivo laboral de los diputados en El Salvador, pero no se queja de los dos jugosos bonos que recibe cada año. Sí diputado, esos bonos son un derecho de ley que ustedes mismos se han establecido, pero dado que en el país en que vivimos tanto su partido como el que nos gobierna lo han llevado a la miseria, ¿será que por dignidad podría legislar para cambiarlo?

Hubo cosas en las que el diputado no miente. Es cierto que hay muchas plazas en el sector público que no tienen ninguna justificación. ¿Podríamos preguntarle a Velásquez Parker sobre su número de asesores? ¿O sobre las contrataciones de su personal directo y su idoneidad para el cargo? ¿Es a ellos a quiénes se refería?

No hay duda de que un diputado debe tener un salario competitivo para una responsabilidad como la que el rol conlleva, pero también es incuestionable que el salario de un diputado debe estar apegado al contexto del país que representa. Si Velásquez Parker lo que pretende, en el consenso nacional que menciona en la entrevista, es establecer el salario fijo de los diputados en $3,000 ó $5,000 mensuales, en un país en el que 1 de cada 3 personas vive en situación de pobreza, está más que claro que su motivación no es el servicio público sino el poder y los beneficios que este trae de la mano.

¿Y qué nos queda a nosotros como ciudadanos? Más allá de lo válido que es viralizar los memes y hashtags que cuestionan al diputado que elegimos o permitimos se eligiera, estamos obligados a organizarnos y marchar, a generar opinión crítica e informada, a meternos en los partidos y cambiarlos, o a crear nuevos, a no tolerar la forma en la que los diputados nos ven la cara y abusan de su rol y de su poder. Una primera idea concreta es trabajar para que dentro de tres años, las 28,496 personas que eligieron a Ricardo Velásquez Parker no cometan el mismo error.

 

Carlos López Salamanca es becario Chevening y estudiante de la Maestría en Administración Pública por la Universidad de Nottingham en Reino Unido. Tiene una maestría en Ciencia Política por la UCA y fue gerente administrativo de El Faro. Además, ha trabajado como voluntario y coordinador en la ONG TECHO.
 
Carlos López Salamanca es becario Chevening y estudiante de la Maestría en Administración Pública por la Universidad de Nottingham en Reino Unido. Tiene una maestría en Ciencia Política por la UCA y fue gerente administrativo de El Faro. Además, ha trabajado como voluntario y coordinador en la ONG TECHO.

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