Publicidad

¿El Mundial de Salah?

Alfonso Simán

 
 

África ganará la Copa del Mundo de Fútbol algún día, o por lo menos eso se nos quiere hacer creer para que siga viva la magia de los mundiales de la FIFA.

En Italia 1990, Alemania obtuvo su tercer título, pero el imaginario colectivo futbolero quedó más fascinado por la gesta de los ‘Leones indomables’ de Camerún, un país que aún hoy sólo una minoría acertaría a ubicar en un mapamundi. Roger Milla, a sus 38 años, revolucionó la historia del fútbol africano cuando se echó el equipo a sus espaldas y quedó a un suspiro de meterlo en semifinales.

En Japón y Corea del Sur 2002, el protagonismo lo acaparó Senegal desde el partido inaugural, en el que derrotaron con solvencia a Francia. Después, dos empates ante Dinamarca y Uruguay aseguraron su pase a octavos, donde se deshicieron de Suecia; sin embargo, el exceso de conservadorismo en cuartos los llevó a caer frente a Turquía.

En Sudáfrica 2010, Ghana fue una de esas sorpresas que estoy seguro de que ningún apostador profesional veía venir. Las ‘Estrellas negras’ estuvieron muy cerca de convertirse en el primer equipo africano en avanzar a semifinales en una Copa del Mundo, con buen juego, pero quedaron fuera por la malicia de la ‘mano de Dios uruguaya’ de Luis Suárez.

En Brasil 2014 el papel de los equipos africanos fue más gris, pero en Rusia 2018 el continente desembarca con argumentos poderosos: Egipto, Senegal, Marruecos, Túnez, y Nigeria.

Podría hablarles de las posibilidades de cada una de estas selecciones, que tienen jugadores para sorprender a cualquiera de las favoritas, pero me quedaré con una: Egipto, el equipo liderado por Mohamed Salah, mejor jugador de la Premier League y pieza clave para que el Liverpool haya brillado este año en la Champions League. La lesión que Sergio Ramos le provocó en su hombro en la final de Kiev ha encendido todas las alarmas, pero todo indica que Salah sí viajará a Rusia.

Estando como está el mercado, cada día es más difícil respaldar con resultados los millones que se pagan por los jugadores más cotizados, y más difícil aún resulta que ese jugador no sienta el peso de la millonada que por él pagaron. Desde que se enfundan su nueva camisola, los fichados sólo pueden responder a las críticas de fanáticos y periodistas con actuaciones brillantes. Sin embargo, esto más fácil decirlo que hacerlo, y muchos de esos fichajes-estrella no despliegan en sus nuevos equipos toda su capacidad.

Cuando en junio de 2017 el Liverpool anunció la compra de Salah, los casi 50 millones de euros desembolsados generaron críticas desde algunos sectores, alegando que no valía tal suma después de su período anterior en el fútbol inglés, en 2014-15. El despecho del Chelsea convirtió al egipcio en un jugador del montón, pero cuando llegó a Italia pudo demostrar que tenía madera de líder, primero en la Fiorentina y luego en la Roma, donde se revalorizó.

Pero el boom ha sido en la temporada 2017-18. Salah ya no sólo es un buen jugador de una liga respetada, sino que se le empieza a comparar con Messi, con Ronaldo. Ha demostrado que hay mucho más que solo velocidad en sus piernas... y creo que le falta mucho por demostrar. Es un extremo explosivo que corre de izquierda a derecha sin parar, pero es su naturaleza de cazador furtivo la que lo ha convertido en el goleador que es. Con la ayuda de Sadio Mané y de Firmino, el Liverpool configuró una de las mejores ofensivas de Inglaterra y del mundo entero.

Si su hombro derecho se lo permite, Salah debutará en un mundial el 15 de junio, frente a Uruguay. ¿Es Egipto un rival a tener en cuenta en Rusia 2018? Difícil respuesta, pero los milagros futbolísticos no le son ajenos a Salah. Ante Congo, anotó en el minuto 95 el penal que aseguró la clasificación de su país, algo que no ocurría desde Italia 1990. Salah devino héroe nacional y líder indiscutible del equipo: anotó cinco y asistió dos de los ocho goles marcados en la fase de grupos.

La oncena egipcia se ha convertido en ‘los faraones de Salah’, en lugar del trillado ‘los faraones de Egipto’. El fútbol ha unido un país resquebrajado social y políticamente, y Salah es ese pegamento invisible. El ‘Messi egipcio’ es un sobrenombre que le queda pequeño, porque él ya es Mohamed Salah, Mo Salah, una inspiración para niños de todos los rincones del mundo. Un futbolista excelente y una persona en apariencia humilde, con los pies en la tierra, que ha alcanzado la cima a través del sacrificio y el trabajo duro. De alguna manera, él –su éxito– sería la historia perfecta de Rusia 2018.

Mohamed Salah con la camisola de Egipto. Foto Fabrice Coffrini (AFP).
 
Mohamed Salah con la camisola de Egipto. Foto Fabrice Coffrini (AFP).

Publicidad
Publicidad

 CERRAR
Publicidad