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La lucha por la igualdad de género, tarea de Sísifo

Un artículo de 1911 que pide para la mujer la oportunidad de desempeñar “un gran papel en la vida política de los pueblos” es una expresión temprana de la búsqueda de la igualdad de género en nuestro país. La lucha de las salvadoreñas a principios del siglo XX llegó a incluir grandes manifestaciones y sufrió la represión del Estado.

Héctor Lindo

 
 

En 1911 el periódico Vox Populi publicó un artículo anónimo escrito por “una señorita” que usaba el seudónimo América para argumentar a favor del derecho al sufragio, la participación política y la opción a cargos públicos. El proyecto político en que quería demostrar los méritos de “la activa gestión de la mujer en nuestros asuntos político” era el ideal de la unión de Centroamérica. Ni el periódico, ni el año de aparición o la temática fueron mera coincidencia. Vox Populi fue una publicación de corta vida, posible gracias a la relativa apertura política durante la presidencia de Manuel Enrique Araujo. Su director era Alfredo Quiñones, un liberal radical unionista guatemalteco que había vivido en Nicaragua. Era el periódico que daba más espacio a las asociaciones de obreros y artesanos y a causas que en alguna medida desafiaban al orden establecido.

El tema del unionismo, latente desde la disolución de la Federación, había adquirido nueva vigencia con la celebración del centenario del Primer Grito de Independencia. Pero la pasión por la unión no era un mero producto del calendario; tenía para 1911 un carácter existencial. Después de ocupar Cuba y forzar la independencia de Panamá para construir un canal, el gobierno de Estados Unidos había precipitado la caída del presidente José Santos Zelaya en Nicaragua para instalar a un gobierno eminentemente manipulable. La población salvadoreña estaba atemorizada por las evidentes ambiciones hegemónicas estadounidenses. La unión de Centroamérica se veía como una acción imprescindible para resistir el asalto.

Muchas mujeres, inspiradas por los movimientos sufragistas en Inglaterra y Estados Unidos, buscaban el involucramiento en la política y lo hicieron abrazando una causa de gran atractivo en el momento: el unionismo, que en ese momento histórico equivalía al antiimperialismo. Durante la celebración del centenario del Primer Grito, cuando se movilizaban nuevos grupos contra el “imperialismo yanqui”, las maestras del Colegio de Señoritas de Ahuachapán escribieron a un periódico diciendo que a pesar de la “Poca o por mejor decir ninguna participación [que] se ha dado al sexo femenino –en todos los tiempos– en la resolución de los problemas políticos y sociales” ellas querían proponer la creación de una organización de mujeres para promover la causa de la unión centroamericana.

La participación femenina en estas actividades tuvo influencia duradera en las ideas de muchas jóvenes. Un buen ejemplo de esta influencia es el icono feminista Prudencia Ayala, quien menciona en sus escritos que 1912 fue el año en que comenzó a dar forma a sus ideas antiimperialistas. El activismo de estas mujeres se vio recompensado en 1921 cuando, como parte del frustrado Pacto de Unión, se escribió una constitución federal que incluía el sufragio femenino. A nadie le quedaba duda del papel crucial de las mujeres en el movimiento unionista. En noviembre de 1921, después de aprobada la constitución, cuando se empezaba a organizar un gobierno federal, hubo importantes manifestaciones de mujeres. San Salvador fue testigo de una verdadera euforia alrededor de “las gentiles musas de la federación centroamericana”. El comité unionista femenino de Santa Ana, que había tenido gran protagonismo apoyando la causa, recibió homenaje en una visita muy orquestada a San Salvador que empezó con una recepción multitudinaria en la estación de tren, siguió con un acto en el Teatro Principal y terminó en una manifestación.

La Prensa describió el acontecimiento en términos entusiastas: “la amplia extensión que quedaba frente a nosotros y que se extendía de uno a otro extremo del parque [Bolívar] abarcando también la calle, quedó cubierta de una apretada muchedumbre […] muchos ojos se cubrieron de lágrimas”. Las señoras del mercado organizaron un concierto especial en el Hotel Nuevo Mundo dedicado al Comité Unionista Femenino de Santa Ana “en prueba de admiración y simpatía por su labor unionista”. El programa incluyó un aria de Verdi y un poco de fox-trot.

¿Quién fue la autora del artículo que se reproduce a continuación? Si identificamos a las pocas mujeres que en 1911 escribían en Vox Populi, buscaban la participación política y se identificaban con la labor de los grupos unionistas, la candidata más plausible es Teresa Masferrer, hermana de Alberto. Ella colaboraba con Vox Populi, se involucraba en la causa unionista (estuvo entre quienes organizaron el Ateneo, entonces institución antiimperialista), daba conferencias a las asociaciones de artesanos y fundó una escuela nocturna para obreras. Una semana después de publicado el artículo “Habla una señorita”, aparece la firma de su otro hermano, Manuel, como autor de una columna en Vox Populi apoyando las mismas ideas.

POR LA UNION

Habla una señorita

El papel de la mujer no sólo está circunscrito al seno del hogar, si no que va más allá. La mujer está llamada también a desempeñar un gran papel en la vida política de los pueblos. La mujer es un elemento integrante en la vida de la sociedad, y si nos remontamos un poco y llegamos al origen de ésta, tendremos que encontrar a la mujer siempre al lado del hombre, formando la primitiva sociedad; que se llamó familia, sin necesidad de pactar ningún contrato como nos quiere hacer creer el célebre Rousseau.

En los grandes acontecimientos políticos de la humanidad, la mujer ha tenido siempre un lugar preferente y ha sido como un destello divino que ha servido para iluminar el sendero del hombre: Juana de Arco en Francia, y Rafaela Mora en Centro América, marcaron su paso sobre la tierra con hechos culminantes que resplandecerán eternamente en la historia.

La Constitución inglesa a pesar de referirse a un país de gobierno esencialmente monárquico, concede en teoría y en práctica el mayor número de derechos a los ciudadanos ingleses; y últimamente, ha sido reformada en el sentido de conceder también muchos derechos políticos a la mujer inglesa, como el derecho al sufragio, el derecho de opción a los cargos públicos, etc.

¿Por qué razón la mujer centroamericana en la actualidad no ha de poder colaborar también en el desarrollo de los grandes problemas sociales y políticos que se ventilan en esta segunda década del siglo actual?

¿No podrá ella tener también los mismos quilates de inteligencia que el más inteligente de nuestros estadistas, de nuestros políticos o de nuestros escritores?

Creemos que sí puede la mujer centroamericana terciar de algún modo en la persecución del gran ideal que se ventila en la actualidad, como es el de la Unión Centroamericana.

Son infinitas las esferas en que puede desarrollar su actividad y muchos, muchísimos los resultados prácticos que resultarían de la activa gestión de la mujer en nuestros asuntos políticos centroamericanos: en el hogar, en la sociedad, en toda clase de reuniones, la mujer podría con facilidad hacer salir avante el ideal que persiguiera.

Un poco de iniciativa es nada más lo que nos falta; un poco de menos modestia al ventilarse nuestros grandes problemas; y un poco más de decisión y energía para dejar a un lado ciertas preocupaciones y costumbres, nacidas nada más que de una mala interpretación de nuestra sociedad y de nuestra educación.

Cuando la mujer se decida a entrar de lleno en la persecución de nuestros grandes intereses sociales y políticos, Centro América habrá progresado unos cincuenta años más, sobre el nivel de las demás naciones Hispano Americanas.

América

Artículo anónimo publicado en 1911 en el periódico  Vox Populi , considerado una expresión temprana del feminismo en El Salvador. Aunque está firmado bajo el pseudónimo
 
Artículo anónimo publicado en 1911 en el periódico  Vox Populi , considerado una expresión temprana del feminismo en El Salvador. Aunque está firmado bajo el pseudónimo "América", el texto se atribuye a Teresa Masferrer.

 

*Héctor Lindo es profesor de Historia en Fordham University, Nueva York. El documento aparece en Vox Populi, diciembre 12, 1911, p. 1.

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