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El fútbol, bálsamo en El Espino

 
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El hombre de la camisola de la Juventus se llama Antonio Aguilar, tiene 34 años y hasta que lo desalojaron de su hogar el pasado 16 de mayo vivía en la finca El Espino, el pulmón del área metropolitana de San Salvador. Antonio juega fútbol en sus ratos libres. En la imagen, lo está haciendo junto a unos niños, tecniquean sobre el concreto del bulevar Cancillería, el espacio en el que buena parte de las familias desalojadas se han instalado con la esperanza de una solución justa. El objetivo de la práctica es que la pelota no caiga al suelo.

La comunidad contaba con su propio equipo, el Independiente del Espino, en el que juega Antonio y también jugó su papá. Este año participan en un campeonato en El Cafetalón de Santa Tecla, y van primeros, con 36 puntos, aunque este último domingo no pudieron asistir. Puede parecer algo insignificante en estos días previos al Mundial de Rusia 2018, un evento que mueve miles de millones de dólares, pero para los niños y jóvenes de la finca resultaba un aliciente que algún otro equipo con mayores recursos que el Independiente del Espino se fijara en ellos, y les ofreciera una especie de fichaje. “Si eres bueno, te pueden dar hasta 5 dólares por partido, y de nuestro equipo ya se han llevado a algunos”, dice Antonio, que juega como defensa.

“Gracias al fútbol un país pequeño puede ser grande”, dijo en su día Roger Milla, la leyenda del fútbol camerunés. Quizá tenga razón. Quizá el fútbol es un generador de esperanzas. A los desalojados de la finca El Espino les permite cuanto menos hacer más llevadera su desdicha. Raro es el día que en estos días tristes no se patea una pelota en el bulevar Cancillería.

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