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Las discursivas peligrosas de VIDA SV

Herman Duarte

 
 

Hace unos días, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encendió las alarmas de los académicos que han estudiado los discursos que precedieron a los genocidios. En uno de sus actos tristemente usuales de racismo, Trump indicó que los inmigrantes “infectan” al país. Esto se trata de un recurso retórico que invoca una metáfora de la naturaleza para ir implantado un desprecio hacia el grupo instrumental (en este caso, migrantes latinoamericanos) al punto de deshumanizarlos y llevar la discusión al terreno de la batalla de “ellos” contra “nosotros”. Esto es una dinámica que ha sido estudiada con gran detalle en diferentes escenarios: el nazismo en Alemania, o el genocidio en Ruanda, por poner dos ejemplos.

La gradualidad con la que se inyecta odio hacia un grupo determinado en una sociedad no ocurre de la noche a la mañana. Se trata de un proceso en el que poco a poco se va creando en la sociedad la idea que un grupo representa una amenaza irreversible y que no queda otra alternativa más que exterminarlos. Por ello, resulta de gran relevancia hacer un estudio detallado de todos esos discursos que, sin ser un llamado al odio expresamente, sí generan un nivel de desprecio hacia un grupo determinado, que eventualmente evolucionará en odio: esta es la llamada discursiva peligrosa.

Por discursiva peligrosa entendemos aquellas expresiones que, sin llamar a un ataque directo contra una población determinada (el “grupo instrumental”), se expresan sobre tal grupo de forma peyorativa, al punto que lo deshumanizan. Así logran que, cuando el discurso evolucione a uno de odio explícito, sea más fácil, para el ciudadano común, digerir el llamado criminal -sin miedo- a una represalia social, o a una legal. Un claro ejemplo de esta discursiva peligrosa lo hemos leído en las decenas de editoriales firmados por Luis Fernández Cuervo (E.P.D.), Julia Regina Cardenal, Evangelina Sol y otros personajes ultra conservadores como Federico Hernández.

Por todo lo anterior, es necesario poner extrema atención al impacto que a mediano plazo puedan tener estas expresiones en la sociedad y cómo, tras estos actos de desprecio, pueden incrementar los niveles de violencia contra personas que conforman la diversidad sexual. Un ejemplo de discursiva peligrosa, lo tuvimos en la tierra de “pura vida” –Costa Rica–. En la pasada elección presidencial, el ahora diputado y entonces candidato a la segunda vicepresidencia por el partido Restauración Nacional, vinculado con el grupo evangélico pentecostal, Francisco Prendas, expusoen una entrevista radial que su partido, en caso de llegar al gobierno, no nombraría a personas que no encajen dentro de lo que él mismo llamó “moralidad heterosexual”. O bien, las palabras del candidato presidencial del mismo partido, Fabricio Alvarado4, quien afirmó que la homosexualidad es “causada por el diablo” y que se deben generar los espacios para “restaurar” a los homosexuales que quieran salir de la homosexualidad, contradiciendo las investigaciones científicas que han establecido de forma contundente que la homosexualidad no es una enfermedad. Estos son dos proposiciones que van en contra de la ciencia, la cual debe ser la única que deba regir esa discusión.

De igual manera, resulta alarmante el discurso “Pro Familia” utilizado por grupos ultra conservadores, en donde de forma directa o indirecta, dan a entender que los homosexuales llevan una “agenda encubierta” para transformar a todas las personas en homosexuales, reducir la población mundial, destruir a la familia o bien presentarlos como que si no fueran miembros de las familias.

Los discursos de la campaña presidencial costarricense de 2018 no vienen a ser hechos aislados, sino que se trata de una maquinación que respaldan grupos ultra conservadores quienes han uniformizado el mensaje por medio de la creación y propagación del término “ideología de género”, con el que agrupan a todos los “males”: (identidad de género, adopción de parejas del mismo sexo, matrimonio civil igualitario, derechos sexuales reproductivos de la mujer, etcétera) que aquejan a la familia tradicional conservadora, y en línea con ese mismo discurso, aquejan también a la sociedad.

Así vemos que, por medio del termino ideología de género, se traen a escena a temidos fantasmas del pasado – como el comunismo/marxismo- que regresan a la palestra pública, con nuevos adeptos (los homosexuales), con el fin último “de destruir a la familia”. Esta homogeneización discursiva, se ampara en lemas comunes (“con mis hijos no te metas”, “proteger a la familia”) y acciones idénticas (“marcha por la familia”) lo cual genera un innegable impacto intimidatorio. Por medio de estos actos, se logra implantar la semilla de la discursiva peligrosa, que deshumaniza a las personas homosexuales y transexuales en la sociedad y que dará como resultado – en caso de no detenerlos- un odio societario en contra de la diversidad sexual. De esta misma manera ocurrió con los judíos en Europa, gracias al incendiario y deshumanizador discurso que propagó por años Julius Streicher por medio de “Der Stürmer” en la Alemania dominada por el nazismo. Como consecuencia, Streicher fue condenado a muerte por el Tribunal Penal Internacional de Nüremberg por envenenar las mentes de la población alemana, entre otros crímenes de guerra y contra la humanidad.

Los derechos de las minorías no están sujetas al berrinche de las mayorías, y si así fuera, nunca podríamos esperar que las mayorías de forma voluntaria entregaran alguno. Recientemente, VIDA SV, un movimiento ultra conservador que abandera impedir que la diversidad sexual tenga derechos igualitarios, volvió al ataque con otro tema. Esta vez contra las personas que participan de la diversidad sexual. El referido movimiento publicó reclamos en sus redes sociales por el acto de iluminación de la fachada del Palacio Nacional, que promovió la Federación Salvadoreña LGBTI a inicios de junio. Con mensajes que incitan a la discriminación y degradan a los homosexuales y transexuales, quitándoles su valor como seres humanos al considerarlos perniciosos para otros sectores de la población -un discurso que busca dividir-, VIDA SV expresó su desacuerdo con tal medida, pero además crea un discurso que ha puesto la balanza bajo el formato de "ellos" y "nosotros". Esto es incorrecto y debe parar.

No hay nada moralmente reprochable en ser homosexual, ni en ser transexual (como expuso John Corvino en su libro “Whats Morally Wrong with Homosexuality?, de la editorial Oxford University Press). Por ejemplo, las autoridades médicas más importantes del mundo (Organización Mundial de la Salud, Asociación Americana de Psiquiatría, Asociación Americana de Psicología) han señalado que ser homosexual o transexual no es una enfermedad, sino que se trata de elementos propios de la naturaleza humana.

En una democracia laica - es decir, neutra hacia todas las creencias - existe una pluralidad de personas con una multiplicidad de pensamientos, creencias y costumbres. Al ser una democracia dentro de un Estado de derecho, significa que todas las personas, aún las que son una minoría, tienen los mismos derechos. Todos somos igualitos.

En este sentido, el acto efectuado de manera transparente, legítima y en apego al Estado de Derecho por la Federación Salvadoreña LGBTI de iluminar con la bandera LGBTI a la fachada del Palacio Nacional, es algo razonablemente esperado en una democracia. El acto es una reivindicación simbólica para la comunidad LGBTI, que históricamente ha sido excluida, que ha sido reducida en muchos casos a ciudadanos de última categoría, pero que ya no está dispuesta a seguir recibiendo esos tratos.

Con la iluminación no se remedia ninguna de las injusticias jurídicas y sociales, pero sí se da un paso en cerrar la enorme brecha moral que existe en la sociedad salvadoreña con la diversidad sexual; la cual, combinada con el clasismo (el cáncer del país), ha generado la tormenta perfecta para aquellos que hemos nacido con la fortuna de ser de la diversidad sexual.

Jóvenes de VIDA SV: Dejen de pisotear los derechos de las minorías, dejen de marginar y deshumanizar a las personas que son de la diversidad sexual, dejen de utilizar un lenguaje que incita al odio... En lugar de ello, les pedimos que salgan de sus cámaras de eco, entren a los debates sociales, vayan a realidades diferentes a las suyas; para que de esa manera puedan tener empatía y sentir la frialdad de la soledad producto de la discriminación, el dolor que produce la llaga de la injusticia y entiendan la desesperación de cuando uno se siente ignorado en momentos de necesidad.

Solamente así entenderán los actos de la población de la diversidad sexual, que no pide privilegios. Lo nuestro es un acto lógico tras la promesa de la Constitución de que todas las personas somos iguales. Solamente se pide trato digno e igualitario ante la ley. Cuando hagan esto, entenderán que ustedes más que victimarios, son víctimas de la sociedad heteronormativa y ultracconservadora que ha sido construida entre guayaberas, camisas polo y delantales.

Durante todo junio, el Palacio Nacional en San Salvador lucirá en las seis columnas principales de su fachada los colores de la bandera del orgullo LGBTI. 
 
Durante todo junio, el Palacio Nacional en San Salvador lucirá en las seis columnas principales de su fachada los colores de la bandera del orgullo LGBTI. 

* Herman Duarte es licenciado en Ciencias Jurídicas de la ESEN y posee un LLM de Arbitraje Internacional Comercial de la Universidad de Estocolmo. Socio de Hduarte-LEX (firma de arbitraje y derechos humanos con una finalidad social que busca erradicar la discriminación por razones de orientación sexual y género) y fundador de la Fundación Latinoamericana para la Promoción y Protección de los Derechos de la Población LGBTI. 

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