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¿La Selecta en Catar 2022?

Carlos López Salamanca

 
 

Rusia 2018 ha sido un gran mundial en cuanto al espectáculo y uno decente en lo futbolístico. Pero, terminado el torneo, todos los países empiezan ya a preparar el nuevo ciclo mundialista, que llegará a su clímax cuando el primer balón ruede en Catar 2022, algo que sucederá el 21 de noviembre para evitar los rigores del verano catarí.

Para El Salvador el camino iniciará en septiembre, con la nueva competencia llamada Liga de Naciones Concacaf, de la que aún no se ha explicado al detalle cómo funcionará pero que al parecer incidirá en el sistema clasificatorio para la Copa del Mundo.

Pero empecemos por lo que para mí es obvio: El Salvador no va a estar en Catar 2022. En Rusia se hizo viral el cartel de unos compatriotas creyentes que pedían a Dios un milagro similar al ‘obrado’ con Perú, que clasificó para Rusia 2018, su primer mundial desde 1982. Esos deseos bienintencionados no nos sacarán de nuestra realidad. Tampoco una promesa de clasificarnos del presidente de turno que elegiremos en 2019. Ya Tony Saca lo prometió en su día, y esa historia terminó en Mariona.

El contexto organizacional, financiero y deportivo de nuestro fútbol denota que es más probable apostar que el Leicester vuelva a ganar la Premier inglesa, o a que el Eibar gane la Liga española, antes que la Selecta clasifique para Catar 2022. Nuestro ‘mundial’, no nos engañemos, sería clasificar a la hexagonal final, por primera vez desde el ciclo mundialista para Sudáfrica 2010. Nuestra máxima aspiración hoy por hoy es recibir en el Estadio Cuscatlán el México de Chicharito, la Costa Rica de Keylor Navas, y a los gringos de Christian Pulisic.

Llegar a estar entre los seis mejores de Concacaf significaría mejorar los resultados de los últimos ocho años y quizá, sólo quizá, poder volver a soñar con el Mundial de 2026, para el que cualquier persona salvadoreña menor de 50 años no habrá vivido o no tendrá recuerdos de nuestro país en la competencia deportiva más grande del mundo.

Esa debería ser la apuesta que la Federación Salvadoreña de Fútbol, el cuerpo técnico, los jugadores, y sobre esa base deberían estar las exigencias y la fiscalización de nosotros los aficionados.

Los principales protagonistas de los éxitos y fracasos deportivos son los futbolistas, y dos cosas claves tienen que pasar con ellos: la primera es que el jugador salvadoreño recupere los deseos de vestir la camisa azul como seguramente los tuvo la generación del Mágico, de Cienfuegos o de Cheyo –sin los amañadores, claro está–; y la segunda, necesitamos exportar más talento. Salvo Denis Pineda, que jugará en la primera división portuguesa, y Darwin Cerén, que se ha consolidado en la MLS estadounidense, no tenemos una base de 8-12 jugadores que jueguen en ligas competitivas y estables. Necesitamos que los jugadores salgan del fútbol pseudoprofesional de El Salvador y absorban la experiencia de fuera.

Los clubes de fútbol necesitan construir y ejecutar un plan que les garantice la estabilidad económica en un contexto de inestabilidad llamado El Salvador. Cada vez es más común ver noticias de los eternos atrasos de pagos de salarios de los futbolistas de primera división y, salvo el Alianza y el Santa Tecla, pareciera que ningún equipo está exento de enfrentar problemas para llegar a final de mes. No en vano, los tecleños y los albos se han enfrentado en las últimas cuatro finales nacionales, y no sería extraño que vuelva a pasar este año.

La edad promedio de las selecciones participantes en Rusia 2018 fue de 27.9 años, y el número promedio de juegos oficiales disputados con su país fue de 34 partidos. Con esa lógica, la base de los futbolistas que podrían representar a El Salvador en 2026 ronda hoy los 20 años. ¿Contamos ya con talento de esas edades que puede potenciarse? ¿Están los equipos de la Liga Mayor dando oportunidades a jugadores sub-23? ¿Quién lo fiscaliza? Yo no tengo ni idea de quiénes son los mejores futbolistas salvadoreños menores de 23, pero ese listado la Federación lo debería tener construido, con un análisis y monitoreo constante.

La Fesfut tiene que limpiar su reputación, que destaca más por los viajes de sus dirigentes o por las interrupciones de los procesos deportivos, que por su gestión organizacional y financiera. Se necesitan dirigentes con competencias gerenciales para dar solidez financiera a la institución que regula el fútbol salvadoreño, con altos valores morales para tomar decisiones en función de los intereses colectivos, y con humildad para rodearse de personas con conocimientos futbolísticos para coordinar un verdadero proceso deportivo que permita a El Salvador competir. Con la “nueva” junta directiva parece que se está lejos de ello.

La razón y ahora incluso la emoción dice que El Salvador no va a estar en el próximo mundial. Pero tenemos ocho años para iniciar un proyecto en el que se vayan tomando diferentes decisiones en los ámbitos organizativos y futbolísticos, enfocadas a dignificar ese bello deporte. Ojalá que en ocho años nos juntemos cientos o miles de salvadoreños a cambiar las tarjetas del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, y tengamos al ‘Cienfuegos’ o al ‘Díaz Arce’ de turno en las tarjetas Panini.

Mauricio Cienfuegos celebra uno de los cuatro goles que El Salvador le hizo a Canadá el 14 de septiembre de 1997 en el Estadio Cuscatlán, en partido de la hexagonal final clasificatoria para el Mundial de Francia 1998. Foto Yuri Cortez (AFP).
 
Mauricio Cienfuegos celebra uno de los cuatro goles que El Salvador le hizo a Canadá el 14 de septiembre de 1997 en el Estadio Cuscatlán, en partido de la hexagonal final clasificatoria para el Mundial de Francia 1998. Foto Yuri Cortez (AFP).

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Carlos López Salamanca

 
 

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