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La felicidad a veces cuesta tan poco

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Un grupo de niñas y niños tras una pelota, con la felicidad más pura en sus rostros. Son estudiantes de primer, segundo y tercer grado del Centro Escolar Caserío Los Ángeles, en el cantón Los Lagartos del municipio de San Julián, en Sonsonate. Son sus minutos de recreo, que dedican a corretear la cancha con el balón como norte. No es propiamente fútbol lo que juegan, porque se dedican nomás a quitarse la pelota, sin intención alguna de anotar en las porterías. Pero vistas esas sonrisas tan genuinas, enmarcadas por la milpa ya crecida y con la cordillera del Bálsamo como telón de fondo, no cuesta reconciliarse con este país que tantos sinsabores da en otros ámbitos.

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