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Centroamérica naranja

La educación, condenada al corto plazo

Óscar Picardo Joao

 
 

El fanatismo ideológico tiene secuestradas las oportunidades del país. En el limitado debate político-educativo son más relevantes las acusaciones de ineficiencia, corrupción y verdades a medias del pasado inmediato, o los “supuestos” logros de cada gobierno, que los indicadores reales del sistema educativo.

Hace unas semanas, contra todo pronóstico, logramos introducir un anteproyecto de “Ley Especial de Políticas Públicas de Largo Plazo”, como una herramienta jurídica que resuelva tres grandes vacíos: a) pensamiento de largo plazo —a 30 años—; b) progresividad en los indicadores —para mejorar—; y c) evitar la regresión —no permitir el retroceso en los desafíos—.

Este anteproyecto fue diseñado por un equipo de profesionales y técnicos, no por políticos; no obstante, hemos encontrado una fuerte resistencia para que todo siga como está. Para que nada cambie.

Cuatro períodos de ARENA, más dos períodos del FMLN, nos ha dejado como saldo: 1) una visión cortoplacista: cada cinco años todo vuelve a comenzar (hasta los logos del Ministerio de Educación cambian); 2) Seis planes educativos con limitado impacto (Plan Decenal, Desafíos de la Educación para el Nuevo Milenio, Plan 2021, Plan Vamos a la Escuela, Plan de Educación en Función de la Nación, Plan El Salvador Educado); 3) Muchas comisiones de alto nivel —por cierto muy costosas e ineficientes—; 4) Cientos o miles de millones de dólares invertidos sin impactar, transformar o reformar la escuela, ni los docentes ni la Universidad de El Salvador; 5) 20 años de una PAES que no cambia ni avanza; 6) una tasa de cobertura en educación media fatídica, permitiendo que seis de cada 10 estudiantes abandonen la escuela, nutran las pandillas u opten por la migración; 7) sólo mejoramos un grado de escolaridad en 20 años; 8) presupuestos públicos educativos paupérrimos: la UES con 1.5 %* -el menor de toda la región- y todo el sistema educativo con 3 % del PIB, muy debajo de la media latinoamericana; 9) una tasa de retorno educativa negativa; entre otros “logros”.

El único nivel estable ha sido Educación Superior, pese a que se ha deteriorado o anulado la Comisión de Acreditación y también ha empeorado la burocracia, frenando la reforma que iniciara entre 1995 y 1997.

Nada va a mejorar o a cambiar si seguimos repitiendo el patrón. Por cierto, un modelo que ni siquiera logra mantener las políticas educativas cuando gobierna un mismo partido; por ejemplo, ¿por qué el ministro de educación Prof. Salvador Sánchez Cerén no mantuvo –siendo presidente- el Plan Vamos a la Escuela? Lo mismo sucedió con cuatro gobiernos de ARENA, ningún plan sobrevivió un quinquenio.

El sistema educativo es como un buque de gran calado y eslora. Sus giros son lentos, no podemos estar cambiando el rumbo de navegación a corto plazo porque no hay avances. Un símil que ilustra mejor el problema es un niño: ¿Qué sucedería si cada cuatro o cinco años al niño lo cambiamos de escuela o de colegio? Hoy estudia inglés, luego alemán o francés, lo cambiamos de una institución católica a una protestante o laica, cambiamos su entorno, sus compañeros, sus maestros, sus libros de texto… ¿Cuál sería el resultado? ¿Llegará a la universidad? Quizá sí, pero sin saber mucho.

Cada Ministro de Educación ha tenido su “creatura favorita” para dejar huella y también sus “cadáveres” para que se note el cambio. Nacen y mueren programas a un costo millonario, sin contabilizar la inversión de cooperantes, quienes le siguen el paso al gobierno pese al fracaso anunciado.

Sólo para hacer memoria del despilfarro, de los cambios, modelos o programas: Escuela Saludable, SABE, EDUCO, libros de texto –colección Cipotes-, APREMAT, Escuela 10, CRA, Aulas alternativas, Teleaprendizaje, Radiointeractiva, Asesores Pedagógicos, PEI, EDÚCAME, Poder, Comprendo, Red Solidaria, Conéctate, Compite, Educación Acelerada, Paquetes escolares, Escuela Inclusiva de Tiempo Pleno, Un niño, una niña, una computadora, ESMA, INFOD… También cada cinco años se vuelve a estructurar la gerencia educativa del MINED y cada ministro solicita remiendos a la Ley General de Educación y a la Ley de la Carrera Docente; por último, cada ministro ha tenido una Comisión de Alto Nivel o Presidencial y decenas de programas de apoyo complementario o capacitaciones de USAID, JICA, KOICA, AECI, UE, GIZ, entre muchos otros.

¿Y qué sucederá en febrero de 2019? Nuevo Ministro, nuevo logo del MINED, nuevos funcionarios, nuevas políticas, nuevos programas y proyectos, pero los mismos problemas. Todos los candidatos prometen —como ya lo hicieron— que incrementarán la inversión en educación al 6 % —sin estudios fiscales serios—, que van a mejorar los paquetes escolares y la infraestructura, que apoyarán a la UES, etcétera; ¿Usted les cree? Yo no.

Existen múltiples experiencias exitosas sustentadas en una visión de largo plazo (Malasia, Singapur, Corea, Finlandia, etcétera). La más cercana es el caso de Costa Rica, una apuesta definida en cuatro proyectos claves: Instituto Tecnológico de Costa Rica (más apoyo a UCR, UNED, UNA, UTN), Colegios Científicos en educación media, enseñanza universal del idioma inglés y un presupuesto para educación superior al 7 % del PIB. ¿Se imagina usted que a un Ministro de Educación se le ocurra alterar esto que se viene desarrollando desde hace 30 años? Sería un suicidio político.

La propuesta de Ley Especial de Políticas Educativas para el Largo Plazo está en discusión en la Comisión de Cultura y Educación de la Asamblea Legislativa. No es una política ni un plan educativo, tampoco una camisa de fuerza para los Ministros de Educación. Es una herramienta jurídica que exige un pensamiento a 30 años plazo, con cambios progresivos en ocho áreas: calidad, cobertura, inversión, infraestructura y equipamiento, dignificación docente, exigencia del currículo nacional y cumplimiento del calendario (con inglés, educación artística y educación física), desarrollo científico (mejor presupuesto para la UES y plan de modernización y una política del nivel) y desarrollo psicopedagógico para necesidades especiales. En cada área hay puntos de partida no reversibles. La idea es avanzar y mejorar.

La escuela es un espacio noble y seguirá esperando que algún día le demos la oportunidad. Ninguna sociedad es superior a su sistema educativo; somos culturalmente y económicamente lo que la escuela y las universidades dan de sí. Muchos son hijos de un sistema educativo obsoleto y replican el modelo, otros son hijos del fanatismo ideológico y prefieren seguir condenando a nuestros estudiantes a la miopía bipolar. Solo para aclarar: yo le estoy ayudando técnicamente al diputado Reynaldo Carballo, un diputado que quiere un mejor sistema educativo, pero no pertenezco al PDC, sino a la academia.

* Como proporción del presupuesto general de la nación.

*Óscar Picardo Joao ( opicardo@asu.edu ) es investigador y especialista en política educativa. Licenciado en Filosofía, con maestrías en Teología y Educación y Doctorado en Didáctica y Organización Escolar. Dirige el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Francisco Gavidia y asesora en materia educativa al diputado Reynaldo Carballo. Foto El Faro: Víctor Peña
 
*Óscar Picardo Joao ( [email protected] ) es investigador y especialista en política educativa. Licenciado en Filosofía, con maestrías en Teología y Educación y Doctorado en Didáctica y Organización Escolar. Dirige el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Francisco Gavidia y asesora en materia educativa al diputado Reynaldo Carballo. Foto El Faro: Víctor Peña

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