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Los que creyeron en las promesas de migración mexicana están encerrados

Aquellos que decidieron hacer enormes filas en el puente de Tecún Umán, organizadas por la migración mexicana, ahora permanecen encerrados en una estación migratoria especialmente diseñada para ellos, improvisada en un palenque de Tapachula. Cuando la marcha está a punto de abandonar Chiapas, luego de seis extenuantes jornadas de caminata, el presidente Peña Nieto lanza un plan que ofrece beneficios temporales para los centroamericanos, siempre que dejen de avanzar hacia el norte... y se entreguen a las autoridades migratorias. 

 
 

Viernes 26 de octubre. Casi dos mil personas permanecen encerradas en la Feria Mesoamericana de Tapachula y llevan ahí entre cinco y ocho días.

Hace una semana, la caravana de migrantes atropelló la aduana guatemalteca para apoderarse del puente Rodolfo Robles, que separa las fronteras entre Guatemala y México, y permaneció atascada en aquel puente durante un par de días.

Hartos de esperar una solución legal para entrar a México, la mayor parte de migrantes decidió atravesar la frontera como lo han hecho durante décadas: cruzando en balsas por el río Suchiate, sin mostrarle ningún papel a nadie. Sin embargo, un buen número de personas – mil 743– decidió esperar para ver cumplidas las promesas que los agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) les hicieran en aquel puente.

Un migrante centroamericano cruza la frontera mexicana para ingresar a la Feria Mesoamericana de Tapachula el 19 de octubre de 2018. Foto: Fred Ramos
 
Un migrante centroamericano cruza la frontera mexicana para ingresar a la Feria Mesoamericana de Tapachula el 19 de octubre de 2018. Foto: Fred Ramos

Los agentes ofrecieron transportarlos en autobuses hacia “albergues” donde serían entrevistados para darles un ingreso legal al país. Incluso el propio presidente saliente de México, Enrique Peña Nieto, lanzó una advertencia oficial a los migrantes la noche del jueves 18,  el mismo día en que La Caravana llegó a la frontera: “México no permite ni pemitirá el ingreso irregular a nuestro territorio”. Lo hizo según el protocolo, con todos los  símbolos de la investidura presidencial, con bandera de fondo y tono de mensaje a la nación.

Muchos –¡cómo no!- creyeron en los mensajes de las autoridades mexicanas y en los malos augurios para quienes atravesaran ese río fronterizo de manera irregular y decidieron esperar un día, dos, tres… para el cuarto día ya no quedaba nadie en el puente. Los que decidieron lidiar con el calor atroz de Tecún Umán –armados de paciencia y credulidad, o del deseo de no meterse en líos con la ley mexicana o del temor de atravesarse el Suchiate en balsas tan precarias, o de todo lo anterior– fueron conducidos a la Feria Mesoamericana, un local enorme en la ciudad de Tapachula, especialmente adaptado para contener a esa gente, que ahí permanece desde entonces, sin que nadie pueda explicar cuándo se les permitirá circular libremente de nuevo.

Pierre Marc René, oficial de información de la Oficina para los Refugiados de la ONU (ACNUR) en México, dijo que la oficina que representa no tiene información de cuándo estas personas serán puestas en libertad y aseguró a El Faro que la recomendación de ACNUR al gobierno mexicano es no retener más a los solicitantes de asilo.

Según la legislación que rige el asilo en México, los solicitantes de refugio deben pasar por una entrevista en la que exponen a oficiales de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) por qué tienen miedo de volver a su país de origen. Luego de la entrevista, cada solicitante recibe un documento en el que se deja constancia que es una persona que busca refugio legal y que por lo tanto no puede ser expulsada del país. Tampoco puede salir del estado mexicano que emitió ese documento –Chiapas en este caso– y el papel no otorga permiso de trabajo.

Luego de la entrevista, COMAR tiene 45 días para evaluar el caso y dictaminar si otorga refugio o deporta al solicitante. Si esos 45 días no fueron suficientes para ponderar la información brindada por quien aspira a ser refugiado, puede extender el plazo otros 45 días, o sea, noventa en total, o sea tres meses sin permiso de trabajo y sin poder abandonar Chiapas.

Pierre Marc René asegura que ACNUR no ha obtenido información oficial sobre el número de personas que ya realizaron la entrevista inicial y que por lo tanto deberían estar ya fuera de ese resguardo, pero insiste en que su oficina hace llamados al gobierno mexicano para que aclare algo al respecto.

La Feria Mesoamericana de Tapachula es grande, usada regularmente como palenque, o sea, para peleas de gallos, donde caben cerca de 5 mil espectadores. Mientras esos mil 743 migrantes que decidieron respetar las leyes siguen retenidos, el resto de La Caravana –de la que ya  no son parte– está a punto de salir de Chiapas e ingresar a Oaxaca, rumbo a la Ciudad de México.

Cuatro días después de su primer mensaje, el presidente Peña Nieto volvió a mostrarse enérgico en medio de una cumbre de negocios en Guadalajara: “Que tengan (los migrantes) claro que, de mantenerse en esta actitud, difícilmente podrán lograr su objetivo, sea el ingreso a los Estados Unidos o de permanecer en México. Solo por la vía legal podrán tener acceso a este derecho. Otra vía que no sea la de mantenerse en apego a la legalidad difícilmente les permitirá cumplir con su objetivo”. Estas declaraciones las ofreció cuando La Caravana ya caminaba, imparable, por las carreteras de Chiapas, bajo la tolerancia de la policía federal y del INM, que los ven pasar sin atreverse a interrumpir su paso.

Durante los últimos dos años, solo la menor parte de solicitudes de asilo han resultado exitosas: en 2015, apenas tres de cada diez solicitudes fueron concedidas. En 2016 el número mejoró: casi cuatro de cada diez solicitudes fue aceptada. En 2017 no hay datos consolidados, porque un terremoto devastó varias oficinas de archivos y sedes de COMAR.

Los otros rezagados

No todas las personas que decidieron permanecer en el puente hasta el final terminaron encerradas en la Feria Mesoamericana de Tapachula.

Al mediodía del domingo 21 de octubre, bajo un sol zumbante, Fredy –veinti pocos, gafas hípsters, flaco– me juró con mucha solemnidad que él jamás abandonaría el puente hasta cruzar por lo legal. Uno de sus amigos, apostilló: “A menos que se mueva el puente, aquí nos quedamos”. Tres horas después ambos estaban en una balsa sobre el Suchiate, junto a sus siete compañeros de viaje. Todos hondureños, originarios de Santa Marta, en el departamento de San Pedro Sula.  Consiguieron apretar el paso lo suficiente para alcanzar La Caravana en Tapachula y hoy se ríen de sí mismos cuando les recuerdo sus juramentos. “Es que si costaba que le dieran entrada a las embarazadas, mucho menos a nosotros nos iban a dar papeles”, dice uno de los miembros de esta bandada de caminantes. “Y en el puente ya quedaban bien poquitas personas”, agrega Fredy.

José Antonio Flores viajaba con su hijo de nueve años, el mayor de su prole, que sudaba a mares en el puente Rodolfo Robles. José Antonio también me aseguró que no se movería del puente, porque no pensaba arriesgar a su muchacho en el camino de los sin papeles, ni en ese río. Y cumplió. Hizo fila durante tres días, durmió en el asfalto, se tostó al sol y, cuando finalmente pudo preguntarle directamente a un agente migratorio lo que iba a ocurrir, la cosa le olió mal. Temió que lo separaran de su hijo y decidió desandar los 500 kilómetros hasta San Pedro Sula.

Sábado 20 de octubre.  A lo largo de ese día, la concentración de migrantes sobre el puente fue disminuyendo a pasos agigantados. Miles atravesaron por su cuenta el río Suchiate. Foto: Fred Ramos
 
Sábado 20 de octubre.  A lo largo de ese día, la concentración de migrantes sobre el puente fue disminuyendo a pasos agigantados. Miles atravesaron por su cuenta el río Suchiate. Foto: Fred Ramos

“Es muy duro regresar después de tanto sacrificio, pero yo no quería llegar a México a estar recluido. Además el niño tenía los pies muy llenos de llagas. Jamás arriesgaría su vida en un río tampoco”, dice, por teléfono, desde Honduras, antes de agregar que él solo se ha regresado para dejar a su niño a buen recaudo con el resto de su familia y que esperará la siguiente caravana –que él intuye en cuestión de días– para volver a probar suerte por el método de hacerse muchos.

El gobierno mexicano renueva la oferta

El presidente Peña Nieto volvió a hacer un comunicado oficial este viernes 26, cuatro días después de sus enérgico posicionamiento en la cumbre de negocios. Hoy el tono fue distinto. En resumen, el presidente, ahora con un jardín de fondo, lanzó el plan “Estás en tu casa” y ofreció a los migrantes papeles temporales, documentos para obtener empleo… temporal y la posibilidad de deambular libremente por México, con dos condiciones fáciles de entender: que no sigan avanzando hacia el norte –el plan Estás en tu casa solo aplica si permanecen en Chiapas y Oaxaca– y que vayan voluntariamente a una oficina del INM a presentarse y a regular su estatus migratorio, notificando de su entrada irregular y solicitando refugio.

Por decirlo de una manera, la oferta no resultó muy tentadora para los miembros de La Caravana, que en sesión colectiva -realizada al rededor del quiosco del parque de Arriaga-  decidieron que lo mejor sería avanzar hacia La Ciudad de México para buscar algún entendimiento con el próximo presidente Andrés Manuel López Obrador, que  asume su mandato el primero de diciembre. 

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