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Crisis ecológica: la grave ceguera de los candidatos

Julio Gutiérrez

 
 

Las elecciones presidenciales en El Salvador se acercan, y si algo dejaron claro los conversatorios realizados en la UCA con los distintos candidatos presidenciales es que el tema ecológico está lejos de ser una prioridad. En estas conversaciones, el grueso de las ambiguas propuestas de los candidatos se aglutinó en temas sobre generación de empleos, polos de desarrollo, e inversión en infraestructura. El tema ecológico mereció apenas una serie de compromisos superficiales que deja ver claramente como la mirada de los políticos en El Salvador está orientada completamente de espaldas a la población.

Y es que pareciera que cuando se habla de ecología en El Salvador, por ecología no se entiende más que discursos infantiles sobre “plantar arbolitos”, “crear ecoparques” o andar en bicicleta. Pareciera que ninguno entiende que, según datos del MARN en el 2011, 83 % del agua superficial en el país no es potabilizable por métodos convencionales . Pareciera que ninguno entiende que 10 % del territorio nacional está expuesto a inundaciones graves o moderadas, que una quinta parte está expuesta a deslizamientos por la erosión de los suelos, que la mitad del territorio está expuesto a sequías severas, y que la crisis ecológica se ha convertido en una de las causas principales de la migración [2] [3]. Si los candidatos no entienden eso, mucho menos habrían de entender la estrecha relación que existe entre ecología, economía y política – la cual se da a través de los efectos de los modelos económicos que tanto las élites como las clases gobernantes nos han impuesto, y nos siguen imponiendo, desde la colonia.

Ante esto valdría la pena hacer un análisis sobre qué tipo de ecología política estructura la vida en Centroamérica y su contribución a la crisis socioambiental que atravesamos. Esta crisis podría analizarse desde tres ejes que componen los modelos económicos de la región: (1) el extractivismo (2) la urbanización para el consumo y (3) el desarrollo de infraestructura logística. Cada una de estas es muy particular y de grandes complejidades, sin embargo, el patrón constante entre las tres es que, lejos de la ansiada prosperidad económica, lo que generan es una gran cantidad de trabajo precario, deterioro del medioambiente y crisis política. Ante esto vale la pena hacer una breve síntesis de cada una.

Extractivismo

La extracción de recursos naturales en Centroamérica tiene su origen en la colonia. A lo largo de los años las industrias han ido cambiando, desde el añil y el café en los siglos 18 y 19 hasta el auge del algodón y la caña de azúcar a mediados del siglo 20. No obstante el breve abandono del agro durante la década de los 90, en recientes años el extractivismo agrícola se ha potenciado una vez más a partir de nuevas tendencias globales. La crisis energética de los países del norte y el crecimiento industrial de países como China han fomentado en Centroamérica el crecimiento de industrias como la caña de azúcar y la palma, utilizadas para la producción de agrocombustibles. Asimismo, también se ha visto el crecimiento de otros tipos de extractivismo como la minería o la producción de energía a través de presas hidroeléctricas.

Ni los beneficios materiales ni los beneficios monetarios de estos productos se quedan en el país. Más bien, el objetivo primordial de estas industrias es el mantenimiento de los estilos de vida de los países ricos, caracterizados por un consumo energético sumamente alto. Lo que sí dejan en nuestros países son crisis político-ambientales como la crisis del agua y la epidemia de enfermedades como la insuficiencia renal entre los trabajadores de la caña.

Urbanización para el consumo

En los últimos años hemos visto como el turismo, sobre todo el turismo de inversiones millonarias se promueve como la solución a todos los problemas sociales en aquellas áreas ricas en recursos naturales, como las playas o regiones montañosas. En este ámbito, tanto los más conservadores como los más progresistas construyen un imaginario del turismo a partir de grandes infraestructuras como hoteles, apartamentos, centros comerciales, etc. Además de estar orientados exclusivamente para el consumo de personas con gran capacidad adquisitiva, estos procesos de urbanización conllevan al deterioro de los suelos en las áreas montañosas, la contaminación de las aguas y la destrucción de bosques de manglar en las áreas costeras. La importancia de estos ecosistemas rara vez es discutida en el debate público. Los manglares, por ejemplo, no sólo protegen la biodiversidad del ecosistema costero, sino que también son la primera protección que muchas poblaciones tienen contra ciclones, inundaciones y otros efectos del cambio climático. Lo que vemos acá entonces es un grupo de candidatos que mientras con una mano dan víveres a los damnificados de las lluvias, con la otra le abren la puerta a quienes destruyen sus hogares.

Pero la destrucción de los ecosistemas no sólo significa el crecimiento de la vulnerabilidad frente a fenómenos climatológicos, sino la destrucción de la fuente de trabajo para muchas personas. En el caso de los manglares, la pesca a pequeña escala se ve amenazada cada vez más por la construcción de hoteles y residenciales en la costa. Si bien se habla de generación de empleos en la industria del turismo, sólo alguien muy privilegiado ignora la calidad del trabajo que se genera en dichos sectores. No es secreto que los empleos en áreas como la construcción, el servicio doméstico y la hostelería tienden a ser sumamente precarios, además de estar expuestos en gran medida al abuso patronal y de los clientes. Tal vez como los privilegiados candidatos nunca en su vida han tenido que preocuparse por ello, tales condiciones no parecen ser relevantes en sus propuestas.

Infraestructura logística

Por su geografía, Centroamérica históricamente ha sido vista por parte de las potencias mundiales, más que como un centro de extracción, como un corredor logístico, importante para el tránsito de mercancías. El ejemplo por excelencia es el canal de Panamá, el cual tiende a glorificarse sin importar la magnitud del sufrimiento e impacto ambiental que este conllevó. Hoy en día vemos esa historia repetirse ante la potencial construcción del canal de Nicaragua. En el caso específico de El Salvador, podemos hablar de los famosos FOMILENIOS y su integración al megaproyecto del Plan Puebla Panamá.

Al igual que el turismo, la logística suele asociarse automáticamente al desarrollo y la prosperidad de las naciones. Los gobiernos siempre presentan dicha actividad como sinónimo de crecimiento económico. Estas afirmaciones, sin embargo, se desploman al momento de preguntarse: ¿prosperidad para quién? Ya que si bien las mercancías de los grandes capitales transitan fácilmente, esto ocurre usualmente a costa de los desplazamientos de poblaciones, la destrucción de los ecosistemas, la precarización del trabajo, y la represión de los grupos que defienden sus territorios. Ante esta realidad, el silencio de los candidatos es muy revelador.

***

Si algo deja claro el análisis ecológico de la región centroamericana es que las crisis sociales que viven nuestros países no son por falta de inversión sino, muy por el contrario, por el tipo de actividades en las que ésta se canaliza. Ni Bukele, ni Hugo, ni mucho menos Calleja han presentado una propuesta en función de revertir esta dinámica, por más que algunos de ellos digan estar en contra del capitalismo neoliberal. Muy por el contrario, todos en mayor o menor medida, proponen una combinación de al menos dos de los tres ejes mencionados. Tal parece que su ceguera no les permite entender cómo el modelo actual violenta la dignidad de las poblaciones a partir de su continuidad con el orden colonial establecido hace siglos. Mientras la clase política se niegue a ver esto, hay poco que se pueda esperar de ellos, por más que nos quieran vender una pizca de esperanza.

 

Julio Gutiérrez es economista con maestría en Estudios Latinoamericanos. Actualmente estudia un doctorado en antropología social en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.
 
Julio Gutiérrez es economista con maestría en Estudios Latinoamericanos. Actualmente estudia un doctorado en antropología social en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.


Referencias
[1] Fredesman, Orestes y Hugo Flores. “Política Forestal de El Salvador 2016-2036”. FAO, 2016.

[2] McLeman, R.A. and L.M. Hunter. “Migration in the context of vulnerability and adaptation to climate change: insights from analogues”. WIREs Climate Change, 2010.

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