La romería de los niños sin país

 
Publicidad
Según Unicef, 2,300 niños entraron en México como parte de la primera caravana de migrantes, la que partió el 12 de octubre de San Pedro Sula, Honduras. Han recorrido cientos de kilómetros bajo el pesado calor de Chiapas, el viento de Oaxaca y el frío de Puebla. Han soportado, hacinados, dentro de camiones de carga. Han dormido en el asfalto. Han comido lo que la caridad ha donado. Todo por alejarse de sus países. Según las brigadas médicas que atienden a la caravana, el 100% de ellos está enfermo: diarreas, gripes, ampollas... A todos estos niños, la pobreza o la violencia los han hecho huir antes de ser capaces de siquiera comprenderlo.