Tiene apenas 13 años y ya no puede vivir en su país. Huye. Lo quieren matar. Está a cuatro años de ser mayor de edad y hay gente que quiere asesinarlo. Dani avanzó con la caravana de migrantes salvadoreños, que salió de la plaza Divino Salvador del Mundo el 31 de octubre. Avanzó acompañado por Víctor, de 21 años, un amigo que lo refugió en sus peores momentos en El Salvador. Empleados del Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia intentaron detenerlo en la frontera de El Salvador y Guatemala, llevarlo a alguna casa refugio, pero la determinación de Dani pudo más. Golpeó con el codo a la funcionaria del CONNA que lo vigilaba, se zafó, corrió por la ladera y cruzó sin permiso de nadie hacia Guatemala. Huyó. En Tecún Umán, asegura que una mujer cuarentona le ofreció casa y comida a cambio de sexo. El niño no aceptó y esa noche durmió en la plaza de Ayutla, México, junto a Víctor y otros cientos de migrantes, al inicio de su viaje. A sus 13 años, espera conseguir un empleo y asilo. Dani se aleja de amenazas de muerte en San Miguel, de las drogas, del alcoholismo, del rechazo de su abuela materna, de la calle. Su madre está condenada a 15 años por el delito de extorsión. Cayó presa cuando él tenía apenas cuatro años. Su padre, quien fue miembro de la MS-13, fue asesinado cuando Dani tenía apenas un año. Quedó en manos de su abuela materna, quien nunca se ocupó de él. El Faro siguió al niño salvadoreño durante siete días, en el Estado de Chiapas, antes de que decidiera establecerse en un punto de México y desde ahí seguir su proceso de asilo. Este es el viaje de un niño que huye de su país.

 

 

 

 

Dani cumplirá 14 años el 30 de enero de 2019. Huyó con la caravana de migrantes salvadoreños, y hoy está en una ciudad de México, lejos del alcance de su verdugo. Asegura que miembros de la Mara Salvatrucha-13 lo amenazaron.
 
Dani cumplirá 14 años el 30 de enero de 2019. Huyó con la caravana de migrantes salvadoreños, y hoy está en una ciudad de México, lejos del alcance de su verdugo. Asegura que miembros de la Mara Salvatrucha-13 lo amenazaron. "Si no se van, los vamos a matar", recuerda haber sido sentenciado. Dani viaja junto a Víctor, a quien llama "tío", y quien también fue amenazado por la MS-13. Aseguran que se corrió el rumor de que ellos frecuentaban a miembros de la pandilla contraria, El Barrio 18, en otra colonia, y que eso bastó para que los conminaran a largarse. Sentado en la taquería "La Mexicana", en la ciudad de Tapachula, México, Dani lo cuenta y se le salen las lágrimas.

 

Salió de El Salvador con una bolsa plástica, unos trapos, pastillas, un par de zapatos y poco más. En el pueblo de Metapa de Domínguez, México, le regalaron un bolsón con propaganda política.
 
Salió de El Salvador con una bolsa plástica, unos trapos, pastillas, un par de zapatos y poco más. En el pueblo de Metapa de Domínguez, México, le regalaron un bolsón con propaganda política. "A saber dónde vamos a pasar la Navidad", fueron las primeras palabras de nuestro encuentro, cuando la marcha iniciaba, ya del lado mexicano.

 

 
"Sentí alegría al cruzar el río Suchiate, porque le ayudé a una mujer que se desmayaba, le regalé suero, y eso me hizo sentir alegre", dice Dani. En la imagen, el niño de 13 años camina a darse un baño en el río Huixtla, en Chiapas, el 6 de noviembre de 2018.

 

 
"Mi abuela me rechazó porque mi padre era pandillero. Mi mamá está presa hace nueve años, acusada de extorsión. A mi papá lo mataron cuando yo tenía un año. Yo vivía en la calle, tomando y fumando marihuana. Víctor me rescató y me llevó a su casa. Me aceptaron como de la familia", cuenta Dani. Víctor, de 21 años, trabajaba en oficios varios para la alcaldía de San Miguel, y es ahora mismo la única familia que Dani tiene. En la imagen, junto a un grupo de la caravana, Dani camina desde el municipio de Metapa de Domínguez hasta la ciudad de Tapachula, Chiapas, el domingo 4 de noviembre.

 

El 4 de noviembre, en la ciudad de Tapachula, Dani flaqueó. Estuvo a punto de entregarse a las autoridades para que lo devolvieran a El Salvador. Sin embargo, las amenazas pesaron más que el cansancio. Junto a Víctor, y a los amigos que hicieron en la marcha, decidió continuar. 
 
El 4 de noviembre, en la ciudad de Tapachula, Dani flaqueó. Estuvo a punto de entregarse a las autoridades para que lo devolvieran a El Salvador. Sin embargo, las amenazas pesaron más que el cansancio. Junto a Víctor, y a los amigos que hicieron en la marcha, decidió continuar. 

 

Víctor y Dani caminaron alrededor del parque Miguel Hidalgo por media hora hasta que encontraron un chorro para bañarse, la noche del domingo 4 de noviembre. Albino, el dueño de una floristería del mercado Cinco de Mayo, en Tapachula, les permitió utilizar el chorro instalado en la acera, frente a su negocio.
 
Víctor y Dani caminaron alrededor del parque Miguel Hidalgo por media hora hasta que encontraron un chorro para bañarse, la noche del domingo 4 de noviembre. Albino, el dueño de una floristería del mercado Cinco de Mayo, en Tapachula, les permitió utilizar el chorro instalado en la acera, frente a su negocio. "Desde los ocho años tomaba y fumaba para olvidar las penas", dice Dani. 

 

Dani durmió en el corredor de un centro comercial, frente a la plaza. Cansado de caminar, aceptó el cemento y algunos trapos como colchón para el domingo por la noche. Está habituado a vivir sin comodidades.
 
Dani durmió en el corredor de un centro comercial, frente a la plaza. Cansado de caminar, aceptó el cemento y algunos trapos como colchón para el domingo por la noche. Está habituado a vivir sin comodidades. "Yo dormía en el Mercado Central de San Miguel. No tenía una casa, viví en la calle por muchos años", dice el niño de 13.

 

En su cuello carga dos amuletos: una cadena metálica y su camándula de plástico blanco. Cuida esas pertenencias como si fueran objetos de valor. 
 
En su cuello carga dos amuletos: una cadena metálica y su camándula de plástico blanco. Cuida esas pertenencias como si fueran objetos de valor. 

 

Dani descargaba camiones con verdura en el mercado de San Miguel. Ganaba 20 dólares por noche de trabajo. Para sobrevivir durante la caravana, él y Víctor recorrían las casas de los pueblos y pedían dinero. Con suerte, recolectaban dos dólares en un día.
 
Dani descargaba camiones con verdura en el mercado de San Miguel. Ganaba 20 dólares por noche de trabajo. Para sobrevivir durante la caravana, él y Víctor recorrían las casas de los pueblos y pedían dinero. Con suerte, recolectaban dos dólares en un día.

 

 
"Yo me iba a matar debajo del puente Urbina (en San Miguel). Ya no quería seguir con mi mala vida. Iba a tomar veneno para ratas", recordó Dani a orillas del río Huixtla, durante su huida, donde pasó la tarde del 6 de noviembre junto a Víctor, su compañero de viaje. 

 

Era su sexto día de travesía. Caminaban en medio del calor sofocante de Chiapas. En Huehuetán, un agricultor le regaló un sombrero a Dani.
 
Era su sexto día de travesía. Caminaban en medio del calor sofocante de Chiapas. En Huehuetán, un agricultor le regaló un sombrero a Dani. "Viví en la calle muchos años, y eso me hace no tener miedo de ir hacia Estados Unidos", justifica Dani, que sonríe muchas veces durante su huida.

 

Dani descansa sobre el monte, a la orilla de la carretera, cerca de la estación migratoria del municipio de Huehuetán, durante una pausa de la caravana. Dani tiene en mente buscar asilo en México. Así como en El Salvador, no hay nadie que lo espere en Estados Unidos.
 
Dani descansa sobre el monte, a la orilla de la carretera, cerca de la estación migratoria del municipio de Huehuetán, durante una pausa de la caravana. Dani tiene en mente buscar asilo en México. Así como en El Salvador, no hay nadie que lo espere en Estados Unidos.

 

Algunas veces, Dani aseguraba la comida de él y la de una parte de su grupo. Gracias a su edad, solían darle privilegio cuando altruistas repartían alimentos. 
 
Algunas veces, Dani aseguraba la comida de él y la de una parte de su grupo. Gracias a su edad, solían darle privilegio cuando altruistas repartían alimentos. 

 

Habían caminado por cuatro horas. Dani y Víctor se acomodaron en el asfalto, cerca del municipio de Mapastepec, a 125 kilómetros de la frontera con Guatemala.
 
Habían caminado por cuatro horas. Dani y Víctor se acomodaron en el asfalto, cerca del municipio de Mapastepec, a 125 kilómetros de la frontera con Guatemala. "Nunca creí que este camino fuera tan pesado, quiero regresar, no creo que aguante", dijo. Aún mientras se quejaba, Dani reía. Dos horas después, su decisión cambió. En medio de la caravana se corrió el rumor de que Canadá les daría asilo. Creyó en eso y siguió. Era solo eso, un rumor.

 

Dani ahora está en una ciudad de México, con su única familia, su
 
Dani ahora está en una ciudad de México, con su única familia, su "tío" Víctor, quien una noche lo rescató de las calles de San Miguel. Ahora aguardan por asilo y empleo, con la esperanza de no volver a El Salvador nunca más.