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El Salvador repetirá en 2018 como el país más homicida del Triángulo Norte

Por cuarto año consecutivo, la tasa de violencia homicida de El Salvador superará la de Honduras y la de Guatemala, los países que integran el Triángulo Norte de Centroamérica, de los que salieron la inmensa mayoría de los miles de migrantes que se amontonan en la frontera entre México y Estados Unidos. El Salvador tendrá en torno a 51 homicidios por cada 100 000 habitantes en 2018, cinco veces más que el umbral que Naciones Unidas fija para considerar que una sociedad sufre epidemia de violencia.

 
 

Un agente de la PNC vigila una colonia del municipio de San Martín apostado junto a un  placazo  del Barrio 18. Foto Marvin Recinos (AFP).
 
Un agente de la PNC vigila una colonia del municipio de San Martín apostado junto a un  placazo  del Barrio 18. Foto Marvin Recinos (AFP).

El Salvador repetirá en 2018 como el país más violento de la región más violenta del mundo. El llamado Triángulo Norte de Centroamérica cerrará el año con casi 11 000 asesinatos reportados por sus respectivos cuerpos policiales. Ponderadas las cifras, las tasas de homicidios por cada 100 000 habitantes serán de 51, 40 y 23 en El Salvador, Honduras y Guatemala respectivamente, cuando el Sistema de Naciones Unidas establece que una sociedad ya sufre “epidemia de violencia” arriba de 10 homicidios por cada 100 000.

Los tres países presentarán tasas inferiores a las cosechadas en 2017. Guatemala baja de 26 a 23; Honduras, de 44 a 40; y El Salvador, de 60 a 51. Los números referidos a 2018 se han calculado sobre las cifras oficiales de homicidios hasta el 30 de noviembre, por lo que las variaciones que pueda haber una vez que se contabilice diciembre, si las hay, serán mínimas.

La violencia homicida en el Triángulo Norte es especialmente significativa en el contexto actual, con miles de migrantes centroamericanos amontonados sin papeles en la frontera sur de Estados Unidos. La inseguridad en sus países de origen es una de las razones que explican el fenómeno de las caravanas.

En el Triángulo Norte viven 33 millones de personas; si las tres naciones fueran un único país, sólo Brasil, México, Colombia y Argentina tendrían más población en América Latina. Hasta el 30 de noviembre, el número de asesinatos contabilizados es de 9 945, por lo que se espera que el año termine en torno a 10 900. En España, país de 46 millones, se comenten unos 310 asesinatos cada año.

La tasa promedio de violencia homicida en el Triángulo Norte será de 33 homicidios por cada 100 000 habitantes, cuatro veces el promedio mundial. Pero ese número esconde las notables disparidades entre los tres países; la tasa de El Salvador, por ejemplo, duplica con holgura la de Guatemala. La salvadoreña es una sociedad que destaca por homicida entre sociedades homicidas.

Habrá que esperar los datos oficiales de Venezuela, Jamaica o Belice para saber si los 51 homicidios por cada 100 000 habitantes le alcanzarán para retener el indecoroso título de país más violento del continente. Pero es un hecho que El Salvador será –por cuarto año consecutivo– el país más homicida entre sus vecinos.

Los analistas opinan

Acentuado por la campaña electoral, el discurso del Gobierno de El Salvador ante estos números es de satisfacción y hasta de triunfalismo. “Como resultado del combate frontal a las organizaciones criminales, hemos reducido de manera sostenida delitos como los homicidios, feminicidios, extorsiones, el tráfico de drogas y otros”, dijo el pasado martes 4 de diciembre el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, durante la inauguración en San Salvador de la Conferencia de la Interpol sobre Pandillas en las Américas.

Es cierto que El Salvador viene de unas cifras más complicadas, casi apocalípticas; en 2015 se procesaron 6 656 homicidios; en 2016, 5 280; y en 2017, 3 954. Así, los en torno a 3 400 asesinatos con los que cerrará este año supondrán un 49 % menos que los registrados hace apenas tres. Cierto, pero también es cierto que con 665 homicidios al año la salvadoreña ya es una sociedad con epidemia de violencia, según los parámetros de la ONU.

“Nuestros esfuerzos tienen el objetivo supremo de llevar seguridad y tranquilidad a la sociedad”, dijo Sánchez Cerén en el evento de la Interpol.

Los analistas independientes no son tan optimistas como el gobierno. El criminólogo Ricardo Sosa recuerda que la tasa de violencia homicida de 2018 sigue siendo “de las mayores en el mundo”, similar “a las registradas en los últimos años del gobierno del expresidente Antonio Saca”.

El Salvador presentó tasas más bajas que la de 2018 en 6 de los 18 años transcurridos desde que inició el siglo XXI, incluidos 2012 y 2013, cuando más impacto tuvo la Tregua impulsada por el gobierno de Mauricio Funes.

La explicación que Ricardo Sosa da al descenso en la tasa desde 2015 abarca múltiples factores: “El combate frontal a las pandillas impulsado por la actual administración, que ha registrado hasta tres enfrentamientos diarios [entre fuerzas de seguridad y supuestos pandilleros]; la estrategia fundamentada en las Medidas Extraordinarias, que ha debilitado la comunicación entre los cabecillas en prisión; y el hecho de que las pandillas estén desarrollando otras actividades ilícitas donde corren menos riesgos, unido a que han comprendido que seguirse matándose entre ellas no les suma”.

Para Sofía Martínez, analista para el Triángulo Norte de la oenegé Internacional Crisis Group, el descenso es “una buena noticia”, pero de inmediato matiza: “Para valorar si se va por el camino de la pacificación, hay que mirar más allá de la cifra de homicidios”. Su valoración no es tan optimista como la de Sánchez Cerén, porque “los salvadoreños se sienten cada día más inseguros, y el mejor reflejo de esa realidad tan dramática son las caravanas de migrantes”. A ella le preocupa también que, en esencia, el abordaje sea “meramente represivo”.

Sofía Martínez concuerda con Ricardo Sosa en que el descenso en la tasa es multicausal y suscribe las causas, incluida la estrategia de las pandillas para reducir a la mínima expresión la guerra entre emeeses y dieciocheros.

“Es muy probable –concluye Sofía Martínez– que volvamos a ver picos de violencia en los próximos años, mientras el gobierno no explore medidas alternativas para el combate a la criminalidad. Y cuantos más años pasan, más difícil se vuelve buscar una solución a esta problemática”.

A estos factores habría que añadir el tema de los desaparecidos, que en 2018, según cifras de la Fiscalía General de la República, presenta un alza en cuanto a las denuncias interpuestas: 10 cada día en promedio este año.

El mapa cambiante de la violencia

El año 2018 también ha servido para confirmar una tendencia iniciada en los años inmediatamente anteriores: a escala departamental, la violencia homicida afecta a El Salvador sin grandes diferencias entre unos departamentos y otros. La tasa promedio nacional es de 51 homicidios por cada 100 000 habitantes, y los 14 departamentos se ubican entre los 34 de La Unión (el menos violento) y los 60 de La Paz (el más).

Morazán y Chalatenango, otrora los territorios más calmados, ya no lo son. La tasa de asesinatos en Morazán –el ejemplo más claro de deterioro– supera en 2018 las de Santa Ana, Cabañas o San Vicente, algo impensable hace una década.

En cuanto a los municipios más poblados del país, en 2018 se han registrado fuertes descensos en la violencia homicida en Ilobasco, Ahuachapán, San Miguel, Santa Ana, Sonsonate, San Vicente y en las ciudades más orientales del área metropolitana de la capital: Tonacatepeque, Soyapango y sobre todo San Martín.

En el otro lado de la balanza, los asesinatos tuvieron un repunte respecto a 2017 en municipios como Mejicanos, Chalchuapa, Cuscatancingo, San Pedro Perulapán, Zacatecoluca y Quezaltepeque.

Aunque con números muy parecidos a 2017, la capital de la República, San Salvador, sigue siendo la ciudad con la tasa de violencia homicida más alta del país.

Soldados salvadoreños patrullan el área entre los municipios de San Martín y San José Guayabal. Marvin Recinos (AFP)
 
Soldados salvadoreños patrullan el área entre los municipios de San Martín y San José Guayabal. Marvin Recinos (AFP)

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Carlos Dada | Fred Ramos (fotos) | Víctor Peña (vídeo) | Héctor Guerrero (vídeo)

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