Publicidad

La escuela y su… ¿futuro?

Óscar Picardo Joao

 
 

Finaliza un quinquenio más de educación –el sexto pos Acuerdos de Paz-, tiempo oportuno para reflexionar y hacer un balance sobre aciertos, yerros y desafíos del sistema educativo. Partimos de dos obstáculos fundamentales: El primero es que no ha habido pensamiento estratégico de largo plazo ni políticas Estado. Siempre se ha trabajado en base al modelo de políticas de gobierno de corto plazo (cada cinco años volvemos a comenzar). Y el segundo, es que pese a los planes –Plan Decenal (1995), Desafíos de la Educación para el nuevo mileno (1999), Plan Nacional de educación 2021 (2004), Plan Social y educativo Vamos a la Escuela (2009), Plan El Salvador Educado (2014)- y a las etiquetas de reforma o transformación educativa, poco ha cambiado en la escuela salvadoreña. Las estadísticas educativas lo confirman.

  • Los grandes problemas del sistema educativo están ahí a la vista, incólumes:
  • Una PAES con 21 años de registros sin cambios ni mejoras; notas mediocres entre 5 y 6.
  • Escolaridad del país limitada (mejoramos sólo un grado en 20 años).
  • Los graves problemas de cobertura en los extremos del sistema: parvularia y sobre todo tercer ciclo y educación media (perdemos 6 de cada 10 estudiantes).
  • El sector docente con limitaciones serias en su desarrollo profesional y dignificación y un marco legal desfasado.
  • Ausencia de un Curriculum nacional (modelo y filosofía educativa) completo y articulado con programas y libros de texto.
  • Calendario educativo ineficiente e incumplido.
  • Falta de equipamiento didáctico, concretamente laboratorios de ciencia e internet.
  • Educación Superior con tres limitaciones: cobertura, conexión al sector productivo y ausencia de patentes.
  • Presupuestos educativos –público y privado- con serias limitaciones en cantidad y calidad del gasto.
  • Ausencia de un plan de infraestructura y desarrollo territorial.

Un balance

Los gobiernos de derecha -1989 a 2009- intentaron reformas y sentaron las bases para recuperar –limitadamente- educación básica. Su legado principal fue actualizar el marco legal y diseñar las arquitecturas necesarias para reconstruir el sistema educativo. Podemos destacar entre los principales aportes:SABE, EDUCO, diagnóstico UCA-Harvard-FEPADE, PAES, Colección Cipotes, Fundamentos Curriculares para la Educación Nacional, Ley General de Educación, Ley de la Carrera Docente, Ley de Educación Superior, CRA, ECAP, EDUCAME, MEGATEC, entre otros.

Los gobiernos de izquierda -2009-2019- también intentaron cambios sustantivos, pero sin la fundamentación legal requerida. El modelo de Escuela Inclusiva de Tiempo Pleno no logró implementarse en plenitud pese a los apoyos de la cooperación italiana, Banco Mundial y Fomilenio. En efecto, el modelo fue ambicioso y bien expuesto, pero carecía de la necesaria racionalidad para comprender sus limitaciones –escuelas con varios turnos, necesidades de maestros especializados, infraestructura, etcétera-. El legado a destacar es el programa de “Útiles, zapatos y uniformes” (que no retuvo la matrícula pero reactivó a microempresarios como si de una política económica se tratara). Los avances en alfabetización; el programa una computadora un niño una niña (que inició con una factibilidad de 800,000 computadoras en 2009 y terminó con una entrega de no más de 60,000 “lempitas”; el CONED de Hato Hasbum como un espacio de diálogo, aunque se hiper-democratizó y perdió su efectividad. Más reciente tenemos el impulso e intenciones del Viceministerio de Ciencia y Tecnología y el CONACYT para situar o mantener el tópico científico en la agenda nacional. Al final del camino apareció la iniciativa del (Instituto Nacional de Formación Docente (INFOD), un proyecto que nació herido y agonizando, con más del 80% de opiniones negativas según la consulta realizada por la Comisión de Cultura y Educación de la Asamblea Legislativa.

Lo que sigue

Como era de esperar, con la campaña para las elecciones de 2019 aparecieron las apuestas y promesas educativas. Unas que nunca se cumplirán, pero que suenan sexy y otras que son vilmente absurdas. Todos los candidatos van a elevar la inversión educación al 6% del PIB, pero nadie explica de dónde surgirán los 900 millones de dólares complementarios. Todos los candidatos ofrecen becas para los jóvenes excluidos, pero no explican las fuentes de financiamiento. También prometen la universalización del idioma inglés (sin explicar de dónde vendrán los docentes) y lo que está de moda: primera infancia.

Llegue quien llegue al Gobierno, seguramente querrá volver a iniciar y dejar huella; diseñará un nuevo plan educativo y seguramente nombrarán una comisión de consulta; también le cambiarán el logo al Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (cómo lo han hecho cada ministro o ministra… es algo importante). Luego suprimirá y creará algunas direcciones nacionales para reorganizar la cartera de Estado, y nombrará algunos cargos de confianza. No menos importante será el diálogo con todas las gremiales de docentes para tratar el tema principal: aumento de salario o reforma del escalafón.

Mientras tanto, de los 6025 Centros Escolares: 4475 no tendrán internet, 4928 no tendrán biblioteca, 5666 no tendrán laboratorio, más de un millón trecientos mil niños seguirán esperando oportunidades de recibir una educación de calidad y pertinente. Más de mil centros educativos seguirán esperando el nombramiento de maestros para dejar de ser unidocentes o bidocentes…

¿Tiene futuro la escuela, y en ella sus estudiantes?

En una sociedad con un tejido social débil y complicado la escuela sigue siendo un espacio de oportunidades y el “último refugio”, más aún en un entorno global de la información y el conocimiento. Pero la escuela olvidada de El Salvador está en cuidados intensivos, demanda atención, una mirada crítica y una inversión inteligente con análisis de tasa de retorno y costo beneficio. Es decir, invertir más y mejor.

No olvidamos en el análisis a los actores fundamentales y gestores del techo de la calidad educativa: los docentes. Primero exigimos a las gremiales un examen autocrítico de su rol; su principal meta, “lucha y derecho consagrado” debe ser brindar una educación de calidad, sobre todo a los niños más pobres y excluidos. En segundo lugar, deben luchar por su dignificación, exigiendo mejores salarios, pero también aportando las mejores ideas y compromisos; y deben proponer, de algún modo, un sistema de evaluación docente serio, riguroso y ético que demuestre por qué razones deben ganar más. Nombramientos ad infinitum sin compromisos no nos llevan a ningún lado, seguiremos como hemos estado.

Por último, debemos trabajar en un “Curriculum nacional”; en una apuesta de país con el perfil de ciudadanos que necesitamos y el perfil de docente requerido para cumplir las metas. Un documento matricial que explique todo lo que debe suceder en la escuela, en los institutos y universidades. Un documento con alma filosófica y un modelo pedagógico, que hoy no tenemos y por esa razón navegamos al garete. Un documento con Scoop and Sequence que articule entre cada grado y entre cada nivel lo que debe suceder.

Es mucho pedir, pero hay que hacer el intento. La escuela y en ella los niños valen la pena.

*Óscar Picardo Joao ( opicardo@asu.edu ) es investigador y especialista en política educativa. Licenciado en Filosofía, con maestrías en Teología y Educación y Doctorado en Didáctica y Organización Escolar. Dirige el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Francisco Gavidia. Foto El Faro: Víctor Peña
 
*Óscar Picardo Joao ( [email protected] ) es investigador y especialista en política educativa. Licenciado en Filosofía, con maestrías en Teología y Educación y Doctorado en Didáctica y Organización Escolar. Dirige el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Francisco Gavidia. Foto El Faro: Víctor Peña

Publicidad

 
Publicidad

 CERRAR
Publicidad