Tras estos barrotes y muros, es común que un hombre con el rostro tatuado con un MS-13 converse amablemente con otro que lleve en su frente un 18. Incluso es lo normal que se llamen hermano uno a otro. En el Centro Penitenciario de San Francisco Gotera, las estructuras han cambiado. Dos iglesias evangélicas lograron romper las fronteras entre números y letras por las que, a lo largo de más de 25 años, jóvenes de comunidades empobrecidas de El Salvador se han matado entre sí. Aquí no existe esa guerra, desde este penal no se extorsiona, aquí no hay pandillas rivales, no hay jerga pandillera, aquí hay hermanos evangélicos. Desde abril de 2015, la cárcel de Gotera estaba bajo el mando del Barrio 18 Revolucionarios. Cerca de 1,100 miembros activos de esa pandilla habitaban ese recinto. En octubre de 2016, un fenómeno masivo sin precedentes ocurrió: más de 400 miembros de esa pandilla anunciaron que dejaban de pertenecer a la organización criminal y pasaban a ser parte de una iglesia llamada La Final Trompeta. Tres de los seis sectores en que se dividía Gotera fueron destinados para las ovejas. Poco a poco, desde otros penales del Barrio 18 Revolucionarios, empezaron a llegar más y más pandilleros que renegaban de los números y decían abrazar la religión y dejar de ser homeboys. Por si fuera poco argumento para creerles el hecho de que se dijeran a sí mismos expandilleros, a mediados de 2018 fueron traslados los primeros miembros inactivos de la MS-13, procedentes del penal de Ciudad Barrios. Hombres con las letras tatuadas en el cuerpo empezaron a mezclarse con exdieciocheros. Salvadoreños que intentaron asesinarse por años ahora compartían celda, culto y comida. Muchos que llegaron temerosos desde penales emeese recuerdan haber quedado anonadados cuando fueron recibidos con aplausos y abrazos por los habitantes de Gotera. Dentro de la lógica pandillera, un miembro puede tener problemas e incluso ganarse una paliza si no pronuncia el nombre de la otra pandilla con desprecio. Convivir entre sí en armonía, aún siendo exmiembros, es territorio inestable. Muchos de los evangélicos de Gotera expresan su  incertidumbre por lo que pasará cuando salgan libres. Algo de esas dimensiones no había ocurrido en la historia penitenciaria del país. Toda una prisión pertenece a las ovejas. La cárcel tiene capacidad para 381 personas. Hoy en día alberga a 1,627 internos, repartidos en siete sectores, donde gobierna la palabra de Dios bajo el mando de las iglesias Torre Fuerte y La Final Trompeta. Hay hombres como Arístides, quien asesinó cuando era de la MS-13, y paga una condena de 30 años. Ahora es el único exmiembro de esa pandilla que duerme en el sector tres, en medio de cien hombres marcados con los números del Barrio 18, y que esta vez no lo quieren asesinar. 

 

Moisés Ulises Alemán, de 22 años (izquierda), exmiembro del Barrio 18 Revolucionarios, del municipio de Aguilares. Moisés cumple una condena de 40 años por el delito de homicidio agravado. A su lado está Manfredy Salgado, de 36 años, exmiembro de la MS-13, de la colonia Panamericana, en la ciudad de San Miguel. Manfredy cumple una condena de 23 años por el delito de homicidio simple y portación de armas de guerra. En una bodega del sector número cinco donde conviven, Manfredy dice:
 
Moisés Ulises Alemán, de 22 años (izquierda), exmiembro del Barrio 18 Revolucionarios, del municipio de Aguilares. Moisés cumple una condena de 40 años por el delito de homicidio agravado. A su lado está Manfredy Salgado, de 36 años, exmiembro de la MS-13, de la colonia Panamericana, en la ciudad de San Miguel. Manfredy cumple una condena de 23 años por el delito de homicidio simple y portación de armas de guerra. En una bodega del sector número cinco donde conviven, Manfredy dice: "uno mismo se asombra de esto, porque él (Moisés) anda por delito de homicidio, pueda ser que él ande pagando a alguien de la pandilla a la que yo pertenecí. Yo también ando por el delito de homicidio. Pueda también que sea un rival a quien ando yo pagando en mi vida anterior (de pandillero). Allá afuera han intentado hacer alianzas y treguas, pero se ha visto que eso no ha funcionado. Han intentado hacer eso muchas organizaciones y el gobierno, pero no se ha podido".

 

Entre las más de 20 camas, en el dormitorio del sector cinco, William Flores, de 24 años (izquierda), y Marlon de Jesús Rodríguez, de 39, se abrazan como amigos. Apenas se conocieron tres meses atrás en este penal. Exmiembros del Barrio 18 Revolucionario, del municipio de Zacatecoluca, y de la MS 13, del municipio de Mejicanos, respectivamente. Ambos enfrentan una condena de más de 30 años por el mismo delito: homicidio agravado.
 
Entre las más de 20 camas, en el dormitorio del sector cinco, William Flores, de 24 años (izquierda), y Marlon de Jesús Rodríguez, de 39, se abrazan como amigos. Apenas se conocieron tres meses atrás en este penal. Exmiembros del Barrio 18 Revolucionario, del municipio de Zacatecoluca, y de la MS 13, del municipio de Mejicanos, respectivamente. Ambos enfrentan una condena de más de 30 años por el mismo delito: homicidio agravado. "Si nosotros antes moríamos por unos números, moríamos por unas letras, como ahora no morir por la causa de Dios. A mí me dejó tragedias en mi vida la pandilla. Lamentablemente, hicimos mucho daño a las familias, hicimos mucho daño a la sociedad. Nosotros ya no somos pandilleros, ahora somos hijos de Dios y quisiéramos que nos perdonaran", dijo William.

 

 

José Dolores López (izquierda) es un veterano retirado de la MS-13, de la zona de la playa Costa del Sol, en el departamento de La Paz. Tiene 41 años y cumple una condena de 27 por el delito de robo agravado y lesiones. Es ebanista en los talleres dentro del penal. Su amigo es Cristian Gómez, de 37 años, que cumple una condena de 11 por robo y portación ilegal de arma de fuego. Cristian dejó de lado al Barrio 18 Revolucionarios de la colonia Popotlán, en el municipio de Apopa. Se pasean como hermanos en el sector seis.
 
José Dolores López (izquierda) es un veterano retirado de la MS-13, de la zona de la playa Costa del Sol, en el departamento de La Paz. Tiene 41 años y cumple una condena de 27 por el delito de robo agravado y lesiones. Es ebanista en los talleres dentro del penal. Su amigo es Cristian Gómez, de 37 años, que cumple una condena de 11 por robo y portación ilegal de arma de fuego. Cristian dejó de lado al Barrio 18 Revolucionarios de la colonia Popotlán, en el municipio de Apopa. Se pasean como hermanos en el sector seis. "Nosotros estamos viviendo como hermanos, como amigos, como una familia, como un pueblo que Dios ha levantado", dice José. "Esto es algo increíble. Yo nunca me imaginé estar a la par de un miembro de otra pandilla, a quien hoy yo abrazo; y como con él, dormimos con él, jugamos y nos amamos", responde Cristian.

 

 

Hernán Renderos, de 28 años (izquierda), perteneció al Barrio 18 Revolucionarios de la colonia IVU, de San Salvador. Ha cumplido tres años de una condena de siete, por portación ilegal de arma de fuego. Stev Márquez tiene 22 años y una condena de cuatro por traficar drogas en Villa El Triunfo, departamento de Usulután, cuando era miembro activo de la MS-13. Posan en el pasillo que conecta los sectores cinco y seis.
 
Hernán Renderos, de 28 años (izquierda), perteneció al Barrio 18 Revolucionarios de la colonia IVU, de San Salvador. Ha cumplido tres años de una condena de siete, por portación ilegal de arma de fuego. Stev Márquez tiene 22 años y una condena de cuatro por traficar drogas en Villa El Triunfo, departamento de Usulután, cuando era miembro activo de la MS-13. Posan en el pasillo que conecta los sectores cinco y seis. "Nosotros decidimos venir desde el penal de Ciudad Barrios y apartarnos de la pandilla, veníamos con un poco de temor", dice Stev. "Desvincularse así de una pandilla implica problemas. Nosotros sabíamos que eso iba a venir, y estamos conscientes de lo que pueda venir. En mí la pandilla ha hecho estragos en mi vida, y llega un momento en que el hombre se cansa de vivir los mismo", complementa Hernán.

 

 

En el sector seis conviven la mayoría de internos del penal. Es el templo donde la iglesia
 
En el sector seis conviven la mayoría de internos del penal. Es el templo donde la iglesia "La final trompeta" evangeliza a sus ovejas que, a diario, viven recitando alabanzas, oración, o en estudios bíblicos y talleres. Aquí, exmiembros de la MS-13 y el Barrio 18 conviven en una cárcel con capacidad para 381 internos, pero que alberga a 1,627 en sus siete sectores.

 

 

Sonríen, se abrazan, algo impensable para ellos mismos unos años atrás. Irvin Rivas, de 28 años (izquierda), y Dani José Parada, de 32, salieron del estudio bíblico para conversar con El Faro, en un salón de clases del sector seis. Irvin se brincó al Barrio 18 Revolucionarios, de la colonia Valle del Sol, en el municipio de Apopa, y con los números de su pandilla tatuó su cara. Cumple una pena de de diez años por el delito de extorsión. Dani está procesado por asociaciones ilícitas cuando era miembro de la MS-13, del sector de Mariona, la colonia que rodea el penal La Esperanza. Tatuó en su cuello las letras de su organización.
 
Sonríen, se abrazan, algo impensable para ellos mismos unos años atrás. Irvin Rivas, de 28 años (izquierda), y Dani José Parada, de 32, salieron del estudio bíblico para conversar con El Faro, en un salón de clases del sector seis. Irvin se brincó al Barrio 18 Revolucionarios, de la colonia Valle del Sol, en el municipio de Apopa, y con los números de su pandilla tatuó su cara. Cumple una pena de de diez años por el delito de extorsión. Dani está procesado por asociaciones ilícitas cuando era miembro de la MS-13, del sector de Mariona, la colonia que rodea el penal La Esperanza. Tatuó en su cuello las letras de su organización. "Yo viví 18 años en la pandilla envuelto en una mentira, peleando una colonia que no me pertenece ni me va a pertenecer jamás, peleando unas letras, peleando con mis hermanos que cargaban un número. Cristo me hizo comprender que un número o una letra no es motivo para que yo me mate con alguien", dice Dani. "Nosotros tenemos una misión, de un día construir lo que un día nosotros destruimos. No hay una diferencia entre alguien de un bando y otro aquí", finaliza Irvin.

 

 

Jorge Stanley Cantor, de 27 años (izquierda), fue el palabrero del Barrio 18 Revolucionarios de la colonia Santa Teresa, en el municipio de Apopa. Cumple una pena de 97 años por los delitos de homicidio, extorsión, robo,
 
Jorge Stanley Cantor, de 27 años (izquierda), fue el palabrero del Barrio 18 Revolucionarios de la colonia Santa Teresa, en el municipio de Apopa. Cumple una pena de 97 años por los delitos de homicidio, extorsión, robo, "y muchas cosas más", como él mismo dice. Mantiene una estrecha relación con Óscar Vladimir Martínez, de 38 años. Óscar perteneció a la ranfla de la MS-13, el organismo nacional de dirección. Se brincó en la clica San Cocos Locos, del municipio de Sonsonate, en el año de 1996. Cumple una pena de 30 años. ¿Cómo esto es posible?, preguntó El Faro. Ambos citaron la biblia para explicarlo: "Efesios 2:14. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación".

 

 

Cerca de los baños del sector seis, Remberto Colindres (izquierda) y Jorge Solito conversan. Ante la cámara, decidieron abrazarse. Dos meses atrás se conocieron en medio de las alabanzas a Dios dentro del penal. Remberto perteneció al Barrio 18 Revolucionarios del centro de San Salvador. Cumple una pena de cuatro años por tenencia ilegal de arma de fuego. Jorge lleva 14 años en prisión, y cumple una pena de 60. Asesinó cuando fue miembro de la MS 13 del municipio de Atiquizaya, en el departamento de Ahuachapán.
 
Cerca de los baños del sector seis, Remberto Colindres (izquierda) y Jorge Solito conversan. Ante la cámara, decidieron abrazarse. Dos meses atrás se conocieron en medio de las alabanzas a Dios dentro del penal. Remberto perteneció al Barrio 18 Revolucionarios del centro de San Salvador. Cumple una pena de cuatro años por tenencia ilegal de arma de fuego. Jorge lleva 14 años en prisión, y cumple una pena de 60. Asesinó cuando fue miembro de la MS 13 del municipio de Atiquizaya, en el departamento de Ahuachapán. "Trabajamos juntos, estudiamos juntos, nos queremos. Ya no nos importan nuestros tatuajes, somos hermanos y queremos transmitir al mundo esto", dice Jorge. "No nos interesa lo que pueda venir. Si nos quieren matar (las pandillas), porque en algún tiempo anduvimos perdidos y no nos importaba morir en un robo, en un tiroteo o en cualquier otra cosa. No me da miedo que me vean con otro hermano de otra pandilla, ya no lo veo como un pandillero contrario, lo veo como un hermano", asegura Remberto.

 

 

Arístides Portillo, de 26 años, fue miembro de la MS-13 en el municipio de Nueva Concepción, departamento de Chalatenango. Arístides permanece en el patio del sector tres durante un culto. Lo rodean exmiembros del Barrio 18 Sureños y Revolucionarios. Él cumple una condena de 30 años por el delito de homicidio. Es el único exmiembro de la MS-13 que duerme entre en el sector tres, entre más de cien expandilleros que fueron contrarios.
 
Arístides Portillo, de 26 años, fue miembro de la MS-13 en el municipio de Nueva Concepción, departamento de Chalatenango. Arístides permanece en el patio del sector tres durante un culto. Lo rodean exmiembros del Barrio 18 Sureños y Revolucionarios. Él cumple una condena de 30 años por el delito de homicidio. Es el único exmiembro de la MS-13 que duerme entre en el sector tres, entre más de cien expandilleros que fueron contrarios.