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Leonardo Bonilla: “La ley no prohíbe que hagamos una especie de partido no partidario”

La Asamblea Legislativa aprobó reformas que harán más difícil que un candidato no partidario logre un escaño: un ciudadano solo podrá dar la firma a un candidato —en San Salvador cada uno requiere 12,000 para inscribirse— y ya no se contarán en lista los votos de todos los no partidarios, la forma de conteo que permitió a Leonardo Bonilla convertirse en el único candidato no partidario en el pleno actual. El Faro entrevistó al diputado Bonilla para produnfizar en el alcance de las reformas aprobadas previo a la Semana Santa. Bonilla cree que atentan contra la democracia, la participación ciudadana y advierte que irá a la Sala de lo Constitucional a dar batalla para revertir la decisión. 

 
 

Todos los partidos políticos aprobaron cinco reformas legales que en resumen significan más obtáculos en el camino que debe recorrer un candidato no partidario para convertirse en diputado de la Asamblea Legislativa.  Una de las reformas al Código Electoral afecta la forma de contar los votos que favoreció en 2018 a Leonardo Bonilla, ahora el único candidato no partidario. Otra de las reformas a las Disposiciones para la Postulación de Candidaturas No Partidarias en las Elecciones Legislativas endurece los requisitos para que los no partidarios se inscriban en elecciones.

Los cambios a las reglas se aprobaron el 10 de abril, en la última plenaria antes de las vacaciones por Semana Santa, y habían sido discutidas solo durante dos semanas. En una Asamblea que se tarda 10 años en discutir una ley de Aguas (que está en punto cero, de nuevo) el hecho de que esta reforma se apruebe en tres semanas es un inusual ejemplo de eficiencia. Además, la reforma sucede tras unas elecciones en las que los dos principales partidos (Arena y FMLN) sufrieron sendos descalabros. 

Las reformas aprobadas por Arena, FMLN, Gana y PCN  establecen una forma de contar los votos para no partidarios distinta a la que usan los partidos políticos. Para ser elegido diputado, una persona tiene que obtener el llamado "cociente electoral", un número que sale de dividir la cantidad de votos válidos en un departamento entre el número de diputados que corresponde a ese departamento. Esa cantidad total se divide entre el cociente para ese departamento y así se determina el número de diputados que tiene un partido en un departamento. 

Para poner números a ese ejemplo, en las elecciones de 2018, hubo 514,723 votos válidos en San Salvador, al que corresponden 24 diputados. Por lo tanto, el cociente electoral fue de 21,446.79 votos. Por decirlo de una forma, cada diputado de San Salvador "costaba" casi 21,500 votos. Los votos que reciben todos los candidatos de un partido se suman. Así, todos los candidatos de Arena en la pasada elección sumaron 258,718 votos; los del FMLN 134,330 votos y así sucesivamente.

En las elecciones pasadas, los votos de los no partidarios se sumaron —como si fueran una lista de un partido— para llegar a 14,545 votos en San Salvador, sumando los votos de cuatro candidatos. Aún se quedaba corto del cociente, pero Bonilla entró por residuo, que es la manera en que se asignan los diputados cuando ya ningún partido reúne el cociente o costo de cada diputado.  Tras el cambio, la suma de votos entre no partidarios se prohíbe: "en ningún caso pueden sumarse a una candidatura no partidaria los votos obtenidos por otra candidatura del mismo tipo”.

La reforma va en abierta contradicción con una resolución de la Sala de lo Constitucional que ordenó incorporar en listas a los no partidarios a la hora del conteo "para competir en igualdad de oportunidades y condiciones".

El equipo de los no partidarios en la Asamblea calcula que 8,000 de esos 14,445 votos correspondían a Bonilla. Es decir, Bonilla habría tenido casi que duplicar los votos que logró para ser lo que ahora es: diputado.

Leonardo Bonilla, diputado no partidario. Foto: cortesía Asamblea Legislativa.
 
Leonardo Bonilla, diputado no partidario. Foto: cortesía Asamblea Legislativa.

 

Otra de las reformas  prohíbe que un ciudadano dé su firma para más de un candidato no partidario. Es decir, un ciudadano puede dar su firma para respaldar el nacimiento de cuántos partidos desee, pero solo podrá hacerlo por un no partidario. La ley solo restringe la "doble firma" a quienes militan en un partido. Para reunir las firmas —entre 6,000 y 12,000 firmas para postularse, dependiendo del departamento donde lo hagan— los no partidarios unieron fuerzas en la campaña pasada, estableciendo puestos donde alguien podía dar su firma por varios. Bonilla denuncia que este paquete de reformas buscan imposibilitar la participación de no partidarios.

Las reformas también incluyen una modificación para asegurar que si un hombre se inscribe como candidato, su suplente sea una mujer y viceversa. Además prohíbe las coaliciones entre no partidarios. Leonardo Bonilla califica de absurdas estas reformas porque dice que no fomentarán una mayor participación de la mujer, puesto que no se puede obligar a nadie a que se inscriba o deje de inscribirse. “¿Y qué tal si son 100 hombres candidatos no partidarios? Van a ser 100 mujeres, pero en calidad de suplentes, no es que estén fomentando una posición de poder”, dice Bonilla.

Estas votaciones permitieron ver, de nuevo, un fraccionamiento en Arena. Las diputadas Felissa Cristales y Milena Mayorga votaron contra los dos decretos que contenían las reformas, y su colega arenero Arturo Magaña se unió a ellas para votar contra el dictamen 16 que prohíbe a los ciudadanos respaldar con su firma a dos candidatos no partidarios distintos, y obliga a que las fórmulas sean mixtas en cuanto al género.

El diputado Bonilla reclama por las reformas, pero dice que no es por un interés personal. Cree que su “popularidad” le permitirá saltar los nuevos escollos para las candidaturas no partidarias. Sin embargo, asegura que irá a la Sala de lo Constitucional para intentar revertir las acciones de sus colegas porque considera que las reformas al código electoral van contra resoluciones de la Sala que permitieron la participación de no partidarios en las elecciones.

En esta pequeña entrevista, Bonilla profundiza sobre el alcance de lo aprobado previo a las vacaciones de Semana Santa. Dice que es un acto de venganza a una de sus propuestas que hizo ruido: reducir el número de escaños. 

¿Usted evalúa todo el paquete de reformas sobre las candidaturas no partidarias como negativo?

El paquete en su conjunto es negativo. Incluso la parte que pudo haber sido positiva, el fomento de la participación de las mujeres, ha sido simplemente utilizado porque se está diciendo que la fórmula sea genéricamente mixta, lo que obliga a hombres llevar como candidato a suplente a mujeres, pero a mujeres les obliga también a llevar a un hombre y no poder llevar a una mujer. Eso es contrario a fomentar la participación democrática de la mujer. En la misma reforma que se está promoviendo la participación de la mujer, se está reformando en el sentido de que les cueste más reunir las firmas al no permitir que un ciudadano respalde a más de una candidatura. Eso lo que hace es oponerse a la participación de las mujeres que en esa reforma están planteando que participen. Es absurdo. Más que en contra de las candidaturas no partidarias, en contra de la democracia y la participación ciudadana. No solo va en contra de aquellos futuros ciudadanos que tengan la posibilidad o intención de participar como candidatos, sino también contra aquellos ciudadanos que se les está prohibiendo el derecho de poder respaldar a más de un candidato no partidario. Es un conjunto que lacera a las candidaturas no partidarias, a los ciudadanos, a la democracia en total.

Hablemos de la limitación de no poder repetir las firmas. ¿En el caso de los partidos políticos hay alguna limitante similar? Por ejemplo, para que uno no pueda firmar para Nuevas Ideas y para Nuestro Tiempo.

No. La Sala de lo Constitucional en la resolución 61-2009 me parece separó los criterios de afiliado y ciudadano respaldante en dos conceptos diferentes. ¿Quién es el ciudadano respaldante? Aquel que cuando se está constituyendo un partido da su firma para que el Tribunal Supremo Electoral entienda que tiene el respaldo del ciudadano. El afiliado, ya dijo la Sala de lo Constitucional, que tiene que ser una declaración de voluntad del ciudadano de afiliarse y pertenecer al partido. El respaldante no dice que quiere pertenecer solo que da su aval para que en un sistema democrático el partido político participe. Los candidatos no partidarios somos personas naturales, no podemos tener afiliados. En un partido político que se está fundando y la persona que está dando su firma ya está afiliada a otro partido, él no puede respaldar a otro partido, porque es militante de un partido político. Pero si una persona le da una firma de respaldo, sin afiliarse a un partido político, puede firmar por todos los partidos habidos y por haber. Entonces, ¿por qué al no partidario se le prohíbe esa situación? A los partidos políticos sí se les permite el respaldo de un ciudadano a varios partidos pero a los no partidarios se les está impidiendo esa situación.

¿Cuál es la lógica de los diputados en prohibir que se repitan las firmas?

Es un acto de venganza a cambio de la propuesta que yo planteé de reforma al código electoral en el sentido de reducir el número de diputados. Esa para mí es la justificación de esta propuesta de reforma. Va en dos sentidos: tratar de imposibilitar que un ciudadano que no se sienta identificado con partidos políticos pueda convertirse en candidato. De por sí el número de firmas es alto para cualquier ciudadano. Ahora, imposibilitar que un respaldante le dé la firma a más de un candidato, lo hace mucho más dificil aún. El primer objeto es detener candidatos. Pero si logran llegar a convertirse en candidatos, con todo lo difícil que están haciendo esto, imposibilitan el hecho de que resulte electo. 

En la inconstitucionalidad 59- 2014, el magistrado Armando Pineda Navas ya advertía algo de lo que los diputados retoman ahora. Que “al brindar un trato igualitario entre candidatos partidarios y no partidarios, no debe perderse de vista que los primeros participan en un listado o planilla entre quienes existe una identidad ideológica, lo que para los segundos no puede entenderse como el sometimiento de estos y el elector a beneficiar con los votos recibidos por otros candidatos con los cuales podría no existir coincidencia ideológica”. ¿No cree que esto es un problema que debía legislarse?

Pareciera lógico.  ¿Y si un candidato es pro aborto y el otro es anti aborto, y entra uno de los dos con los votos del otro? Deslegitima la decisión del que le dio el voto a uno de ellos que no alcanzó el número. Pero la agenda legislativa no gira alrededor de un tema particular, como el aborto, la pena de muerte, el matrimonio homosexual o cualquier otro tema. En Arena, el exdiputado Johnny Wright, de un partido ultra conservador de derecha, tenía una postura pro aborto en dos causales y hasta la planteó y fue condenable dentro de su mismo partido. No puede un partido político exigirle a sus candidatos pensar simétricamente. Dentro de los mismos partidos existe diversidad. Podrá existir una línea muy similar ideológica, pero no una obligación de pensar igual. Yo dudo que en el FMLN haya simetría ideológica, pero eso le resta valoración a este argumento de que los candidatos tienen que pensar completamente igual. Pero si ese fuera el caso, hagamos listas y se resuelve el problema. Si así están los partidos, en listas. Hagamos una lista de candidatos (no partidarios) de derecha ultraconservadora si le quieren poner, izquierda radical si le quieren poner, centro izquierda, centro derecha, centro, cómo les guste, pero esa hubiera sido una mejor alternativa a la que no me hubiera opuesto.

Usted dice que fuera una mejor opción hacer listas, agrupar a los no partidarios según ciertas características ideológicas. Casi como hacer un partido de no partidarios.

Sí, pero eso no lo harían los candidatos sino el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Desde la hora de su inscripción tendrían que manifestar cuál es su posicionamiento ideológico y el TSE ubicarlos en una lista. No es que los candidatos se deban de poner acuerdo y venir 10 y decir nosotros nos vamos a conformar con una lista. Ya hay legislación en México al respecto.

Si el TSE hiciera una lista de no partidarios conforme a la posición en la que cada uno se define, ¿no es una forma de ser un partido? En la forma de contar los votos tendrían los beneficios que da ser un partido. Yo podría ponerme de acuerdo con nueve personas más, juntamos las firmas, pero no tengo que pasar por el proceso de formar un partido político.

Por supuesto. Así es, el concepto de no partidarios es únicamente no ser un partido. Pero la ley en ningún momento te prohíbe comportarte como tal. Nadie está obligado a privarse de lo que la ley no prohíbe ni obligado a hacer lo que la ley no manda. Sí podés hacerlo, y cualquiera podrá saltar, pero la ley por este momento así está. Podemos hacer un partido no partidario sin estatutos, nos reunimos candidatos, nos ponemos de acuerdo y ¿con base en qué se van a oponer a esta situación? Probablemente en el futuro van a salir este tipo de reformas que prohíban que se reúnan los candidatos y que ni se conozcan, y que ni se parezcan, y que no tengan el mismo apellido ja, ja. Pero la ley no prohíbe que hagamos una especie de partido no partidario.

La diputada Cristina Cornejo dijo que se sentía ofendida porque usted se oponía a la inclusión de las mujeres en las candidaturas. ¿Cómo era el texto de la reforma que usted proponía?

Yo no tenía una propuesta, la propuesta surgió de ellos. Yo critiqué que la participación de la mujer la quisieran poner por cuota, cosa que creo que las mujeres a estas alturas ya han desarrollado las capacidades de valerse por sí mismas. Por ejemplo, en los partidos políticos se establece 30% de cuotas de participación femenina. ¿Por qué no puedo poner 50 u 80 %? O ¿por qué hacerlo por cuotas y no simplemente por estatutos de partidos políticos? La crítica fue en el sentido de que, al proponer una fórmula genéricamente mixta, obligan a una mujer a llevar a un hombre. Aunque yo esté de acuerdo con la participación de la mujer y pueden establecerlo en esa reforma que obligue a un candidato a llevar a una mujer como suplente y viceversa, pero no tiene lógica. La candidatura sí es unipersonal. Una diputada suplente solo asume una posición de poder en el caso que supla al propietario. Lo que se tiene que regular es el tema de que participen iguales candidatos no partidarios mujeres y hombres pero propietarios. Y eso no se puede. No puede establecerse un requisito de que solo van a dejar participar a tres, cuatro o cinco hombres y el mismo número de mujeres. Es una cuestión bien complicada. Se metieron a un terreno que es bien difícil regular.

¿No cree que debería haber un piso mínimo? A los partidos políticos se les pone al menos un 30 % de mujeres, aunque lo ideal es que fuera más.

Sí, pero si queremos establecer un piso mínimo, ¿cómo lo hacemos si las candidaturas son unipersonales? Puede que se postule solo un hombre o solo unos candidatos, ¿cómo obligamos a que sea uno mujer y el otro sea hombre? Es bien difícil regular eso. No sabemos cuántos candidatos serían. El número de candidatos es completamente incierto porque eso depende de la voluntad de un ciudadano de postularse. En 2012 fuimos 19, en 2015 fueron quizá cinco, en 2018 fueron 17. Pero cómo saber cuántos pueden ser hombres, cuántos mujeres y cómo le podemos decir a los candidatos, mire ya no se postule porque hay 18 y solo tres son mujeres. Es bien complicado.

¿La prohibición de las coaliciones es una afectación? Las diputaciones son unipersonales, el voto es por rostro. ¿Es negativo que se prohíban?

Eso no me parece negativo, sino que absurdo. No veo cómo se puedan coaligar dos candidatos no partidarios cuando no son partidarios. Pero no he analizado esa posibilidad y si existe en otros países. Me parece absurdo, pero no es tan relevante. Coalición entre no partidarios y partidos me parece absurdo porque la lógica es no tener vinculación partidaria.  

¿Por qué no planteó estas ideas en forma de una propuesta o un proyecto para que la comisión de asuntos electorales las discutiera? ¿Por qué no generó una propuesta en lugar de criticar la propuesta que se estaba generando?

Mi agenda no gira en torno al interés personal, ni siquiera de las candidaturas no partidarias de las que sí tenía algunas propuestas que plantear y que no estaban todavía dentro de mi agenda.  Me di cuenta el lunes porque un periodista me preguntó qué pensaba de las reformas que se pretendían hacer al código electoral y al decreto 555. Averigüé y me dijeron que estaba agendada para el martes de esta semana, me tocó ir a la comisión a defender como diera lugar. Y el miércoles fue la plenaria. Eso lo hicieron con esa intención.

¿Fue un paquete con trámite exprés?

Sí, las propuestas las presentaron el 27 y el 28 (de marzo). Y no llamaron a los medios, eso ya te deja mucho en qué pensar. Si de verdad iba en función de beneficiar a la población salvadoreña, ¿por qué la hicieron a escondidas?  ¿Y por qué de forma tan rápida? ¿Y por qué hasta en esta legislatura que hay un diputado no partidario? ¿Y por qué particularmente en esta semana después de que yo presenté la propuesta de reducir el número de diputados? Todo apunta a que es un capricho y va con dirección esa propuesta.

Uno podría pensar que usted, como el primer diputado no partidario en la historia de El Salvador, debería tener como uno de sus intereses principales este tema. Aunque los partidos lo hayan hecho a escondidas, ¿no es un descuido de parte suya? ¿O se durmió el diputado Bonilla con esto?

No. Fueron tres días.

Pero la presentaron el 27 de marzo.

Sí, pero yo ni sabía. Y si yo me hubiera dormido dejo que pasen en el pleno sin hacer ruido porque mis intereses no se van a ver perjudicados.  No quiero ser soberbio, pero con la popularidad que ya tenemos creo que alcanzo las firmas sin necesidad de que otros ciudadanos que hayan respaldado a otros y también los votos para alcanzar el cociente. Y sigo siendo diputado. El problema para mí no es por mi interés particular sino por el interés de otros candidatos en el futuro y el interés de la sociedad en nuevas formas de representación política.

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