Publicidad

La democracia que queremos

 
 

Lo denunciábamos hace un año, en la inauguración de este mismo Foro, y hoy la situación ha empeorado. Las democracias centroamericanas están no ya en crisis, porque a la crisis perpetua parecíamos estar acostumbrados, sino en peligro crítico. Y con ellas, el periodismo en la región.

En Nicaragua, después de un año de represión, mentira y encubrimiento, a los más de 300 muertos y un número incierto de desaparecidos de la dictadura de Daniel Ortega se suman más de 60 periodistas exiliados. Algunos de ellos están hoy con nosotros o nos acompañarán a lo largo de esta semana.

Honduras nunca se repuso del fraude electoral de 2017 como no se repone aún del golpe de Estado de 2009, y sigue siendo uno de los lugares más peligrosos del continente para informar.

En Guatemala, las élites corruptas que han administrado el poder por décadas han reaccionado con crueldad y violencia a los intentos que en los últimos años han liderado la sociedad civil, la Fiscalía General y la Cicig por desinfectar el sistema político, terminar con la impunidad histórica y regenerar la democracia. A un mes de la elección presidencial, que será el próximo 16 de junio, está en manos de las Cortes de Justicia qué candidatas, de las tres que lideran las encuestas, podrán o no participar en la votación. Los guatemaltecos elegirán de entre lo que el sistema de favores del Poder Judicial les permita elegir. Y la candidata que en estos momentos corre en solitario con el apoyo de los poderes fácticos tradicionales, Sandra Torres, ha logrado imponer a un periódico, en plena campaña, censura previa mediante un uso retorcido de las, más que necesarias en la región, leyes de protección de la mujer.

José Luis Sanz, director de El Faro, en el acto de de inauguración de la novena edición del Foro Centroamericano de Periodismo. 13 de mayo de 2019.
 
José Luis Sanz, director de El Faro, en el acto de de inauguración de la novena edición del Foro Centroamericano de Periodismo. 13 de mayo de 2019.

El Salvador parece, sobre el papel, escapar a esas derivas. Las pasadas elecciones del 3 de febrero castigaron la corrupción, la falta de renovación, el descaro y la soberbia de los dos partidos tradicionales, que emanaron de la Guerra Civil y no supieron ser buenos en la paz. Los salvadoreños dudan de la democracia pero saben castigar con su voto. Saben creer aún en algún futuro y buscan caminos nuevos por los que encontrarlo.

Las señales de cómo será ese futuro son, sin embargo, muy preocupantes. El presidente electo, que en campaña usó a menudo las críticas a los medios de comunicación como parte de su alegato contra el antiguo régimen al que prometía derribar, ha demostrado con claridad en estos meses de transición sufrir los mismos males que denunciaba en sus adversarios: vanidad, soberbia, intolerancia ante la crítica. Y aún no asume el poder.

Una vez superada la euforia de la victoria en las urnas, los lógicos cuestionamientos que ha recibido por su falta de claridad programática y por sus primeras señales de sumisión a Estados Unidos en su política exterior han recibido, como respuesta, una abierta campaña de ataques personales y descrédito contra medios de investigación y periodistas independientes.

Fueron primero las descalificaciones a la Revista Factum, que en enero reveló un posible caso de corrupción de la anunciada como futura ministra de Cultura, durante su gestión como Secretaria de Cultura en la alcaldía de San Salvador mientras la gobernaba el presidente electo Nayib Bukele. Los ataques personales a su director quisieron esconder una realidad incómoda: ni Bukele ni su equipo han dado explicación válida alguna, ni rendido cuentas, por los hechos señalados en la investigación.

Ahora son los cuestionamientos a la imparcialidad de El Faro desde la cuenta del presidente electo y los ataques a este periódico a través de cuentas anónimas. Es la estrategia de culpar al mensajero. 

Es una estrategia política alarmante. Alarmante porque la hemos visto en otros lugares. Y sabemos lo que busca.

Pese a su afán por presentarse como nuevo, como líder de una nueva política para un nuevo país, el presidente electo está recurriendo a la vieja treta de presentar a la prensa como enemigo del pueblo. Puede ser rentable políticamente, porque deslegitima la crítica y la denuncia y los cuestionamientos que no le favorecen. Pero es antidemocrática. Es populista y antidemocrática. Y es mentira.

Antes aún de haber llegado a Casa Presidencial, el futuro presidente quiere hacer creer a los salvadoreños que no hay periodismo sin agendas ocultas ni cuestionamientos lícitos mientras no sea él quien los valide. Quiere ser él quien decida qué cuentas rendir y cuáles no. Qué es verdad y qué mentira, quién es honesto y quién turbio. Quiere, en vez de ser juzgado, como debe serlo por la opinión pública, los ciudadanos y la historia todo mandatario, ser quien juzga.

Quiere, como antes Donald Trump, Jair Bolsonaro, o más reciente Andrés Manuel López Obrador, decidir de qué se habla, cuándo se habla, qué opiniones o no merecen castigo.

Desde la posición única del poder más alto del país, quiere dictar mientras simula, en ese espacio confuso y frenético que son las redes sociales, conversar entre gritos.

La decisión que este escenario nos exige, a nosotros como periodistas, a ustedes como ciudadanos, es en realidad qué democracia queremos construir. Con qué democracia queremos sustituir el derrotado modelo de posguerra.

Nosotros, en El Faro, defendemos la de los hechos, la reflexión y los argumentos. Defendemos la del diálogo cara a cara, plural, complejo, a menudo inacabado y sin certezas, pero transparente.

El Foro Centroamericano de Periodismo es parte de nuestra declaración de principios. Suelo decir últimamente que es la mejor expresión de El Faro. Donde alcanzamos los temas que no logramos tener en pauta; donde somos más regionales, más universales; donde caben más voces y de donde todos salimos con más ideas y más valiosas dudas.  

Les revelo una anécdota: en febrero pasado, apenas unos días después de las elecciones, invitamos a Nayib Bukele a ser parte de este Foro Centroamericano de Periodismo. Le propusimos ser entrevistado en público no por nosotros, contra quienes ya había demostrado tener cierto recelo (como a muchos otros medios, no quiso darnos una entrevista formal durante la campaña), sino por la periodista mexicana Carmen Aristegui, en el caso de que ambos aceptaran. Bukele rechazó la invitación. No está aquí, no está hablando ante ustedes porque no quiere.

Ya hemos recibido ataques de este tipo. Intentos de deslegitimación de distintos gobiernos por investigaciones como la de exfuncionarios del gobierno de Flores atacando a la sección de Probidad; o por denunciar la corrupción en la Secretaría de la Juventud, y posteriormente los cheques del gobierno de Saca. O las triangulaciones de fondos de Funes y sus viajes privados. Y sus cheques.

Entonces, como ahora, respondemos con lo que sabemos hacer, con aquello que nos vincula a ustedes: con periodismo.

Periodismo con serenidad, con responsabilidad. Nos debemos a nuestros lectores y es nuestra función posicionarnos ante el poder. Contra los viejos poderes que quieren olvido; contra los nuevos que quieren aplausos.

Una última palabra dirigida a nuestros lectores más especiales, a los que siempre están a nuestro lado, a los Excavadores y Excavadoras ciudadanos. Parte de la fórmula que se contagia en estos años de país en país, de gobierno en gobierno, pasa por anular el espacio crítico, por pedirles que se atrincheren o callen, por hacerles sentir, como quieren que nos sintamos nosotros, solos.

Sabemos que no lo estamos porque todos ustedes están aquí. Junto a las organizaciones que apoyan este ForoCAP, junto a nuestros amigos periodistas de otros países. Hablen, exprésense. Que tampoco a ustedes les callen.

Gracias. Bienvenidos y bienvenidas a la novena edición del Foro Centroamericano de Periodismo.

*Discurso del director de El Faro, José Luis Sanz, en la inauguración del Foro Centroamericano de Periodismo 2019.

Publicidad
Publicidad

 CERRAR
Publicidad