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Una aproximación científica a la homosexualidad

Jorge Colorado

 
 

Ha sido una discusión de muchos años la de si la homosexualidad es innata del ser humano o es una condición adquirida; así como si el comportamiento sexual, afectivo y de cortejo hacia personas del mismo sexo tiene como base a la biología y, por lo tanto, debería ser socialmente aceptado y no considerado un comportamiento antinatural desviado, un problema moral o una patología psiquiátrica.

La definición del sexo en el humano está determinado a través del desarrollo embrionario y se basa en la aleatoriedad cromosomática de los espermatozoides.

Todos los espermatozoides son poseedores de un cromosoma Y o de un cromosoma X, y será quien fecunde al óvulo (poseedor de cromosoma XX) el responsable de generar toda la reacción proteica que dará paso al proceso de formación de los testículos o de los ovarios.

Compartimos el mismo mecanismo de definición sexual con muchas especies, sin embargo, en algunas especies (reptiles y anfibios) su definición sexual está determinada por factores ambientales. En ellos, la temperatura ambiental alta o baja será la que activará el proceso molecular que concluya en la formación de un embrión macho o hembra.

La selección natural ha logrado que todos los organismos desarrollen tipos particulares de diferenciación sexual como estrategia de adaptación y supervivencia, solo así podemos comprender cómo los humanos (uno de los cinco grandes primates), las hormigas, las tortugas y las plantas, entre otros organismos, tenemos diferentes métodos moleculares para determinar el sexo de las crías, el cual incluso incluye el hermafroditismo, tal y como le sucede a los crustáceos y gusanos planos.

También pueden ocurrir otras particularidades en el proceso de diferenciación sexual y formar individuos con características de macho y hembra. En el caso del ser humano, puede generar personas que presenten diferentes grados de variación entre sus genitales y sus características en general, a ellos se les llama intersexuales. La ciencia tiene detallados estudios sobre estos casos y, en la actualidad, algunos países han logrado adaptar los procesos de identificación personal a partir de esa particular variación sexual. En otras sociedades, a los intersexuales se les respeta y tienen la oportunidad de vivir una vida digna. La sola mención de tal posibilidad en El Salvador sería un escándalo de inimaginables proporciones.

La mayoría de personas nace con un sexo determinado gracias al sistema XX/XY de los espermatozoides y desde ese momento lo que viene a continuación dependerá de las costumbres de cada sociedad en cuanto a la crianza de los hijos que se establecen a partir de la cultura. Estas costumbres incluyen colores, artefactos, actitudes, roles, visiones de mundo y visiones de sí mismos, entre otras muchas cosas.

Se esperaría que las personas nacidas como hombres y mujeres tuvieran un comportamiento fundamentalmente heterosexual, pero sabemos que existe un número indeterminado de individuos que no siguen ese comportamiento esperado y poseen conductas sexuales, afectivas y de cortejo hacia personas de su mismo sexo; eso sí, no somos la única especie de la naturaleza que presenta casos de homosexualidad.

Se han observado comportamientos homosexuales en al menos 450 especies animales, de ellas casi un 40 % son mamíferos y pájaros. Se han documentado actividades homosexuales en elefantes, leones marinos, castores, murciélagos, osos, hurracas, delfines, canarios, gatos domésticos, coyotes, halcones, flamencos, jirafas, gorilas, hienas, perros, koalas, leones, marmotas, topos, cerdos, conejos, zorros, salamandras, entre otras muchas especies (Bagemihl, 2012).

Una pareja de patos machos (Anas platyrhynchos) durante un cortejo. Autor: Brocken Inaglory, Creative Commons.
 
Una pareja de patos machos (Anas platyrhynchos) durante un cortejo. Autor: Brocken Inaglory, Creative Commons.

Es decir que el comportamiento homosexual aparece como una constante biológica, generación tras generación, en muchas especies animales y es muy posible –puesto que los pájaros la presentan en gran número y estos están emparentados con los dinosaurios- que este comportamiento homosexual tenga millones de años.

Sí, es posible que existieran dinosaurios gays.

Por lo visto el comportamiento homosexual no es un problema para la supervivencia de las especies, porque el número de individuos homosexuales nunca llegan a ser mayoría.

Habría que concluir una cuestión elemental: el mecanismo embrionario de la definición sexual no obliga que un organismo tenga, por fuerza, un comportamiento heterosexual. Eso es evidente más allá de toda duda posible, porque lo hemos observado en animales y también lo vemos en humanos homosexuales. En una especie en particular los machos y las hembras así nacidas no siempre sienten atracción sexual por otros individuos de distinto sexo.

Tal planteamiento nos obliga a discutir cual sería el valor evolutivo de la homosexualidad y cual es la razón –si la hubiera- del porqué la selección natural generó tal orientación en la naturaleza. Es posible que estos comportamientos sean una dispersión normal que se aleja de la media de los comportamientos sexuales o quizás existe un propósito en la selección natural que vaya en función de beneficio al grupo social o al ecosistema.

El estudio del comportamiento homosexual de los animales conlleva grandes implicaciones en el humano porque reconoce que la homosexualidad y el lesbianismo son comportamientos que tiene una base biológica. Sí, es cierto, el ser humano posee cultura y las gaviotas, venados y morsas no, también nosotros tenemos conciencia de nuestra existencia, nos reconocemos en un espejo, reflexionamos, manejamos herramientas, producimos tecnología y observamos a las estrellas. Ningún otro animal parece dominar tales cuestiones, aunque el resto de los grandes primates (chimpancés, gibones, orangutanes y gorilas) logran desarrollar herramientas, comunican conocimientos adquiridos y parece tener conciencia de sí mismo.

Bajo nuestra cultura subyace una base biológica de la cual no podemos escapar, eso hace que tengamos hambre, que nos dé sueño y hagamos una serie de actividades naturales que nos obliga, entre otras muchas cosas, en buscar una pareja. ¿Por qué si consideramos que la biología nos obliga a buscar una pareja del sexo opuesto no aceptamos que la misma biología podría obligarnos a buscar una en nuestro mismo sexo?

Solo tal afirmación explicaría la razón por la cual hombres y mujeres poseen comportamientos homosexuales y lésbicos, el cual surge en el individuo en sus primeras etapas de la adolescencia.

Siendo un comportamiento natural, es posible que la base de la homosexualidad sea genética. En varios estudios que ha realizado el genetista Dean Hamer del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, ha descubierto una región en el extremo del cromosoma X, llamada Xq28, y otra casi en el centro del cromosoma 8, con el nombre de 8q12, que están asociados a un rasgo genético (SNIP) que compartieron todos los hombres homosexuales que se sometieron a un estudio genético y que no poseían el grupo de heterosexuales. La variante es de tan solo una letra en el código de bases nitrogenadas, pero tomemos en cuenta que, a nivel genético, eso podría desencadenar una variante en el comportamiento.

Los SNP (pronunciados “snips”) son la variación de un solo par de bases nitrogenadas en el genoma humano. Gracias a los SNP es posible obtener nuestra herencia genética étnica. Parce ser que una porción del cromosoma X y otra del cromosoma 8 está asociado con la homosexualidad en los hombres. Imagen por Darryl Leja, NHGRI, unlockinglifescode.org
 
Los SNP (pronunciados “snips”) son la variación de un solo par de bases nitrogenadas en el genoma humano. Gracias a los SNP es posible obtener nuestra herencia genética étnica. Parce ser que una porción del cromosoma X y otra del cromosoma 8 está asociado con la homosexualidad en los hombres. Imagen por Darryl Leja, NHGRI, unlockinglifescode.org

El estudio de Hamer parece ser muy prometedor y en este momento se espera continuarlo para hacerlo estadísticamente más robusto y tenga la representatividad esperada. Sin embargo, no toma en cuenta a las lesbianas. Son muy pocos estudios biológicos hacia el grupo de mujeres que presentan comportamientos lésbicos. Por ahora no sabemos, más allá de toda duda posible, si hay un SNIP que actúe en la orientación sexual o alguna hormona prenatal se encuentre presente durante la gestación y sea ella quien, a la larga, nos encause a nuestra particular orientación sexual o quizás sea un fenómeno multicausal.

En una población humana particular se esperaría que surja por sí misma (o por un mecanismo todavía no descubierto) un número variable de hombres y mujeres con comportamientos homosexuales o lésbicos, lo cual es exactamente lo que hemos estado observando constantemente a través de toda la historia de la humanidad y en todas las culturas del planeta. 

No tenemos datos muy claros, pero en Estados Unidos entre los años 2012 y 2016 se calculó que entre un 3.5 % y un 4.1 % de su población se identificaba como homosexual, lesbiana o bisexual, representando aproximadamente 10 millones de personas (Gates, Gallup, 2017). Europa mantiene valores relativamente parecidos a los de Estados Unidos, ahí los porcentajes se mantienen entre el 4 % y 7 % de su población (Dalia Research , 2016). No existen datos para El Salvador. La moral conservadora del país ha impedido ese tipo de estudios sociales y es una deuda pendiente que tiene la DIGESTYC.  

Lo que sí sabemos es que, de forma natural, nuestras sociedades humanas van a producir personas con diferentes orientaciones sexuales. Lo ha hecho por miles de años, lo está haciendo y lo seguirá haciendo. Por ello habría que asegurar que un estado laico y democrático tenga planes de inclusión donde los derechos de toda la gente sean respetados y donde no se permitan los crímenes de odio, prejuicios y discriminación a partir de la orientación sexual.

Jorge Colorado es antropólogo, divulgador científico, investigador en astronomía cultural, arqueoastronomía y etnoastronomía.
 
Jorge Colorado es antropólogo, divulgador científico, investigador en astronomía cultural, arqueoastronomía y etnoastronomía.

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