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La última oportunidad del FMLN

Malcolm Cartagena

 
 

El 16 de junio, el FMLN celebrará sus elecciones internas, mismas que fueron adelantadas más de un año, debido al fracaso electoral del pasado tres de febrero. La derrota llevó al partido de ser el más votado en la historia del país a ocupar una deshonrosa tercera posición. El comunicado lanzado tres días después de las elecciones 2019 fue realmente histórico, uno en el que el Frente, además de reconocer su nueva faceta como partido de oposición y la necesidad de realizar cambios en sus organismos de dirección, solicitó a varios dirigentes de larga data que integran la Comisión Política que no se postularan a ningún cargo de dirección. 

Este mensaje a la militancia parecía, por fin, reconocer el clamor de las bases de un cambio no solo generacional, sino de métodos de lucha al interior de ese instituto político. Pero, como se verá a continuación, pareciera que esto se quedará solo en el papel.

Al cierre del plazo de inscripción de candidaturas, cinco compañeros se inscribieron para la secretaría general: Arístides Valencia, Óscar Ortiz, Sergio Peñate, Vladimir Rodríguez y Cledis Molina. Al momento de escribir estas líneas, tres de ellos se mantienen en la carrera, uno jamás hizo campaña y otro se retiró señalando la falta de apoyo de la dirección en los procesos de consulta y los ataques que recibió desde que anunció su intención de competir.

Volviendo al famoso comunicado, el punto tres es para mí el más emblemático, pues resume todo lo que se quería hacer y que se está dejando fuera. En él, el partido dice adoptar una visión de género y abre las puertas a una mayor participación de mujeres en todas las instancias de dirección. Es ahí donde precisamente se ve la incongruencia al relegar a Cledis, al no organizar “los encuentros con la militancia y los aspirantes inscritos” que reza el Art. 8 del reglamento interno emitido para estas elecciones internas.

El comunicado de la Comisión Política va más allá y reconoce, en ese mismo punto, la necesidad de promover una mayor participación de las nuevas generaciones, pero en la práctica se enfrasca en una batalla entre dos personas que están por cumplir las seis décadas de vida y que se pasaron las primeras tres en la guerra y buena parte de las segundas en cargos públicos.

Repasemos un poco la historia. El domingo 27 de julio de 2003, Schafik Hándal se impondría sobre Óscar Ortiz en la lucha por la candidatura presidencial de cara a las elecciones de 2004. Meses después, el 7 de noviembre de 2014, Ortiz volvió a competir por el apoyo de las bases del partido. Esta vez se enfrentó a Medardo González en la búsqueda de convertirse en el coordinador general (ahora secretario general) del FMLN. Nuevamente perdió y con esto quedaron sepultadas sus aspiraciones a dirigir al partido, al menos durante 15 años.

Luego de esas dos derrotas, Ortiz se enfocó en la gestión municipal de la alcaldía de Santa Tecla, municipio que gobernó desde el año 2000 hasta que se retiró en 2012 para completar la fórmula presidencial junto a Salvador Sánchez Cerén. Fue un secreto a voces que Ortiz había aceptado esta nominación y no la candidatura principal, a cambio de que en 2019 esta fuera para él.

Más allá de los rumores, lo cierto es que Ortiz es un compañero que ya tuvo su oportunidad varias veces y la militancia le dijo que no. Y más aún, es alguien que carga con la percepción negativa que tuvo este gobierno que recién termina. Si hubo un lugar desde donde pudo hacer la diferencia, desde donde pudo prácticamente gobernar, ese fue el cargo de la vicepresidencia, pues la ausencia de Leonel durante buena parte del quinquenio fue más que notable. Quizá su única luz en esto ocurrió cuando encabezó el Plan 10, después del adverso resultado electoral de 2018. Pero parece que la llamarada solamente duró unos meses.

Ahora Ortiz quiere dirigir al FMLN para rescatarlo del lugar al que en parte él contribuyó a llevar. ¿Realmente eso es lo que necesita el partido, más de lo mismo?

Del otro lado, como pretendiendo que nada ha ocurrido, la dirección del partido presenta a la militancia a quien considera que “garantizará el rumbo del partido”, al compañero Arístides Valencia, ministro de gobernación hasta el 31 de mayo, y quien junto a Ortiz salieron treintañeros de la guerra.

El problema, efectivamente, no es de personas; no son los compañeros como tal, pues ambos gozan de reconocimiento al interior del partido y ambos son queridos entre las personas que conformaron sus respectivas organizaciones (las FPL, Óscar; y las FAL, Arístides). En mi opinión, es lo que representan y la carencia de ideas frescas lo que los pone en entredicho. ¿Qué de novedoso pueden ofrecer dos personas que ya estuvieron al menos 10 años ocupando cargos públicos y que no se distinguieron desde sus espacios por cambiar profundamente el modelo y la forma de hacer política del país?

Y luego está Cledis. La compañera que fue la primera mujer coordinadora nacional de juventud, que nunca ha ocupado cargos públicos, cuya militancia es más que probada y que en las entrevistas en que se la ha visto, ha demostrado contar con ideas frescas y con intenciones de cambiar las cosas al interior del partido. Con estas credenciales, cualquiera esperaría que el partido la apoye decisivamente. Que las mujeres de la dirección del Frente, conscientes de lo difícil que les ha sido hacerse de espacios al interior de ese instituto político, estarían abanderando y promoviendo su candidatura. También cabría esperar que reconocerían en ella una renovación más que necesaria para el partido, es decir, a alguien nacida con la guerra, pero que no hizo la guerra. Y, sobre todo, alguien que conecta con una generación que se vio más representada por Hugo que por Gerson en la última interna y que, por tanto, votó en contra de los designios de la dirección. Pero no, pasa todo lo contrario, su candidatura no es tomada en cuenta, es relegada y no es considerada cuando se realizan las asambleas que sí se le están organizando en todo el país al menos a uno de los candidatos.

Es por eso que es válido preguntarse si realmente la actual dirección del partido estará consciente del papel que debe jugar en esta coyuntura. Es cierto que ninguno de los mencionados en el comunicado, a excepción de Ortiz, se ha inscrito en cargos de dirección y que eso ya es un gran avance. Pero también es cierto que su apoyo, velado en algunos momentos y descarado en otros, ha sido más que evidente y pone en entredicho su imparcialidad.

Esto es lamentable, pues contrario a la lógica de renovarse, de buscar atraer y motivar a ese bloque de gente menor a los 40 años que le dio el voto a Nayib y no a Hugo, la respuesta de la CP parece estar basada en el miedo, en revivir aquel fantasma de los renovadores y en tratar de reeditar aquella contienda de hace 15 años, cuando Medardo encabezaba a la Corriente Revolucionaria Socialista que derrotó a Ortiz. Hoy se le agrega salsa, pues se dice que votar por este último es prácticamente entregarle el partido a Nayib.

No sé quién ganará la elección interna. Si la campaña nada velada que le han hecho a Arístides en las asambleas surte efecto, probablemente él triunfe y el partido continúe en el atolladero en el que se encuentra. E insisto, no es por él como persona, sino por lo que representa. Vuelvo al ejemplo de Hugo versus Gerson. Gerson representó el fracaso electoral de la dirección en 2018, a pesar de ser una de las personas más preparadas y honestas en el partido. ¿Por qué cargó él con los platos rotos? Por la nada velada presión de la dirección a la militancia a que votaran por él. En él se expresó el descontento generalizado de los militantes.

Por otro lado, parece que la lección dada por la membrecía a la dirección hace apenas un año pareciera no haberles calado, pues ahora nuevamente se cargan los dados a favor de Arístides, asustando con las relaciones de Ortiz. Este escenario es muy probable que genere el mismo efecto ya visto con Gerson y lleve a la militancia, nuevamente, a contradecir a su dirección y elegir al que no quieren.

Y luego está Cledis, quien solamente podría ganar si los militantes dan un paso más y deciden no solo decirle no a una dirección cuyo tiempo ya pasó, que tuvo sus años de gloria, que ahora debe ser la reserva moral de cara a los nuevos retos; y opta por una mujer “joven, revolucionaria, capaz y ética”, tal como lo demandaba el ya mencionado punto tres del comunicado de la CP. De lo contrario y como si solo de esa forma entendiera, la elección de 2021 volverá a darle al partido quizá la última dosis de realidad.

Malcolm Cartagena cuenta con 14 años de trayectoria en materia electoral. Ha participado como observador electoral certificado por la OEA y por el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (CEELA) en varios países del mundo. Actualmente dirige capacitaciones y elabora materiales de divulgación electoral. Estudió Comunicaciones y es afiliado del partido FMLN.
 
Malcolm Cartagena cuenta con 14 años de trayectoria en materia electoral. Ha participado como observador electoral certificado por la OEA y por el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (CEELA) en varios países del mundo. Actualmente dirige capacitaciones y elabora materiales de divulgación electoral. Estudió Comunicaciones y es afiliado del partido FMLN.

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