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Cinco desafíos en la agenda medioambiental del nuevo Gobierno

Sandra Gutiérrez Poizat

 
 

Durante la pasada campaña presidencial la agenda medioambiental fue una de las grandes ausencias en todas las propuestas y planes de gobierno presentadas por cada una de las fórmulas. En este marco, a lo único que se comprometió el recién juramentado mandatario fue a no privatizar el agua. Ciertamente, a pocos días de tomar las riendas del ejecutivo, no es posible observar cambios significativos, más allá del nombramiento del nuevo ministro. Sin embargo, es deseable que, poco a poco, el tema medioambiental vaya cobrando relevancia en los planteamientos del nuevo gobierno. Para ello propongo plantearnos al menos cinco premisas de trabajo. 

1. Cambio del paradigma del desarrollo
Sin restar importancia al tema económico, es necesario comprender que el desarrollo sostenible no se logra con más aeropuertos, con más zonas económicas especiales o con más expansión urbana, propuestas que aisladamente son expresiones de ideales de modernidad y progreso en decadencia; se logra con la integración de esos “megaproyectos” con más ecosistemas regenerados, con más biodiversidad, tanto terrestre como acuática, con más oxígeno, con más agua de calidad y en cantidad adecuada, entre otros. Para ello se necesita un cambio en el paradigma de desarrollo que es necesario construir como sociedad.

2. La inclusión de la agenda ambiental como tema relevante de país
¿Cómo se comienza a cambiar el paradigma de desarrollo? Poniendo de manifiesto la urgentísima necesidad de priorizar el medioambiente en la agenda de país, a través de la construcción de una agenda medioambiental colectiva y que, es deseable, sea liderada por el nuevo presidente. Se trata de un trabajo en dos vías: por una parte, las instituciones y organismos que manejan datos ambientales deberían transmitirlos a la población, de tal forma que se comprendan y tengan sentido para sus vidas cotidianas; y en complemento, esa misma población, conocedora de las problemáticas locales, debería ser capaz de empoderarse y colocar la agenda ambiental de sus territorios en la agenda política, local y nacional.

Existe a la fecha suficiente información sobre el estado del medioambiente, tanto en nuestro país como en nuestra región y su relación con temas globales. Sin embargo, esta información sigue estando en manos de unos pocos (ministerios, organismos internacionales, agencias de cooperación, especialistas) y es importante que la ciudadanía tenga un mayor acceso a esta información.

¿Por dónde comenzar? Me parece que los medios de comunicación juegan un papel fundamental, ya que son capaces de transmitir en un lenguaje comprensible el significado de los indicadores ambientales. Ni los discursos tecnócratas, ni los discursos políticos emotivos son suficientes. El contenido con sentido es importante.

3. Reforzar la cultura medioambiental ciudadana y el acceso al conocimiento
En el mediano y largo plazo habría que trabajar en reforzar los contenidos medioambientales en los programas de estudio; trabajar con especial énfasis con la niñez y la juventud, quienes están naturalmente más dispuestos a incorporar prácticas protectoras del medioambiente. Incorporarlos pasa por dejar de considerarlos superficiales, ya que ahora tienen incluso más información y están mejor preparados para colaborar, movilizar causas planetarias o construir escenarios de solidaridad; y al mismo tiempo activar proyectos piloto. Por ejemplo, el Proyecto de Recuperación de Ríos Urbanos, que como gran meta se plantea ir saneando poco a poco el Río Acelhuate (en el Área Metropolitana de San Salvador), pero que podría activarse en paralelo en al menos tres grandes ciudades más. Esto debe ir acompañado de una amplia participación ciudadana para aprender haciendo y volver a cada ciudadano un protector del medioambiente desde el lugar donde vive, generando la apropiación, el cuido y la implementación de proyectos de mediano y largo plazo.

4. Incorporar la escala local como prioridad en el manejo, cuido y protección de los recursos
Si bien es cierto que como sociedad deberíamos contar con una clara visión de país en términos medioambientales, con una vinculación evidente a temas regionales y globales, es al final del día la escala local la que más sentido hace a cada ciudadano. Activar positivamente la escala local pasa por cuidar los recursos naturales desde el lugar donde vivo, que es sin duda el que mejor debería conocer y el que más me importa que esté bien.

Para ello deberíamos poner atención al menos a: la protección de mi territorio incorporando saberes y culturas locales, por ejemplo el conocimiento que poseen nuestros pueblos originarios y campesinos sobre las diversas especies de flora y fauna y sus aplicaciones en la alimentación y la medicina; proteger el medioambiente de mi comunidad para mejorar la salud y calidad de vida mía y de mis vecinos; cuidar colectivamente los recursos locales para asegurar el acceso a agua potable y alimentos; conocer y participar de la gestión de riesgos para contrarrestar la vulnerabilidad ambiental en mi territorio; promover la planificación y ordenamiento territorial participativos, que incluso llegue a plantear presupuestos participativos; apoyar la agenda productiva partiendo de emprendimientos locales sostenibles.

En esta tarea, y apoyándose en la apuesta del Gobierno por dar soluciones integradas a los problemas, sería valioso el trabajo conjunto del gabinete de ministros, con especial participación del nuevo Ministerio de Desarrollo Local.

5. La resolución de problemas y negociaciones en temas críticos
En una sociedad tan fragmentada y polarizada como la nuestra, todo lo anteriormente mencionado no se logra sin saber resolver adecuadamente los conflictos que indiscutiblemente se presentarán. Existen temas críticos en la agenda ambiental nacional (agua, degradación ambiental de ecosistemas, pérdida de la biodiversidad), que ya los están causando. Los impactos de estos temas locales, aunados a los impactos en el corto, mediano y largo plazo debido al cambio climático, solamente se incrementarán. El medioambiente es también un importante tema de seguridad nacional.

Es necesario pues que, además de una ciudadanía informada y una agenda política clara que incluya el medioambiente como tema prioritario de país, seamos capaces de adquirir las herramientas necesarias para resolver conflictos y negociar la gestión de nuestros recursos naturales, tanto local como globalmente, en función del bien común. Se necesita crear una nueva cultura ambiental que refuerce una cultura de paz.

Si perdemos el miedo a trabajar en estas cinco premisas, con constancia y dedicación, con cariño y sentido común, con perseverancia y conocimiento aplicado, podremos transformar nuestras actuaciones territoriales en función de un verdadero desarrollo sostenible, sustentado por un cambio en el paradigma de desarrollo “a lo salvadoreño”.

Sandra Gutiérrez Poizat es arquitecta por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Posee una Maestría en Diseño Urbano, con especialidad en Espacios públicos, por la Universidad Tecnológica de Delft, en Holanda. Ha sido becaria Fulbright-Humphrey, desempeñándose como Research Fellow en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Su trabajo combina la práctica urbana con la docencia e investigación, especializándose en temáticas relacionadas con agua y ciudad, ciudades sostenibles y espacios públicos.
 
Sandra Gutiérrez Poizat es arquitecta por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Posee una Maestría en Diseño Urbano, con especialidad en Espacios públicos, por la Universidad Tecnológica de Delft, en Holanda. Ha sido becaria Fulbright-Humphrey, desempeñándose como Research Fellow en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Su trabajo combina la práctica urbana con la docencia e investigación, especializándose en temáticas relacionadas con agua y ciudad, ciudades sostenibles y espacios públicos.

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