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Trump y las leyes del lejano Oeste

Róger Lindo

 
 

Trump se ha salido con la suya en México. Le torció el brazo a Andrés Manuel López Obrador y ahora esa nación se encamina a convertirse en “tercer país seguro”, es decir, país-trampa para impedir que los migrantes atraviesen esa geografía y avancen hasta los Estados Unidos. Donald Trump está cumpliendo su promesa de erigir un muro en la frontera sur de Estados Unidos y hacerle pagar a México por su construcción. O pagan o pagan.

Al Gobierno mexicano le interesa mostrar celo en su nueva misión de cerrar el paso a los migrantes, ya sea que se desplacen en caravana, a pie o embutidos en camiones. El canciller Marcelo Ebrard reconoce que “probablemente” habrá que negar entrada a los migrantes, el 80% de los cuales somos nosotros, los del Triángulo del Norte. Lo contrario a esto, agrega el canciller mexicano, significaría “crear un problema” a su país. Ahorita mismo, hay centenares de extranjeros detenidos y retenidos en distintos estados de la República mexicana, y otros centenares que están siendo devueltos al sur del Suchiate. Escenas desgarradoras todos los días en los buses que llevan a los contingentes centroamericanos de regreso a sus patria fracasadas. Ellos tampoco tienen la culpa de haber nacido aquí.

Cuando México creó la Guardia Nacional, no se suponía que ese cuerpo fuera a convertirse en las fuerzas especiales del muro de Trump. Por supuesto, ellos mismos, los mexicanos, no sabían en que iba a terminar esa novedosa iniciativa. Con la daga al cuello, el mandatario mexicano da prioridad a la sobrevivencia nacional. O ellos o nosotros. Que se impongan aranceles sería fatal para una economía tan entrelazada con la de Estados Unidos como la de México. Lo reconoce López Obrador días después del acuerdo forzado con el vecino: se debilitaría el peso, habría desempleo, sobrevendría la inflación.

Frente al dictado de la realidad, la guerra contra las drogas de Felipe Calderón acabará dando paso a la guerra contra los inmigrantes de López Obrador. Pero también es probable que la primera experimente una resucitación. No tan casualmente acaba de anunciarse la incautación de una bodega –en colaboración con la DEA, of course–, donde se guardaban elementos utilizados para la producción de fentanilo, esa vaina que dicen que es peor que la heroína. Un fiscal calificó el golpe como el «más importante e histórico realizado en nuestro país».

Qué duro es tener un vecino bully y fanfarrón que quiere imponerse a punta de cañón casi. Latinoamérica, porque aquí hay que meternos todos, deberá prepararse para lo peor si logra reelegirse en 2020. Hace tres años parecía un imposible que los votantes estadounidenses se decantaran por Trump, pero así fue: se impuso el absurdo, y es que a veces los pueblos son absurdos. Ahora resurge del basurero de la historia la doctrina Monroe y están a la orden del día las maneras del lejano oeste, que no estaban tan bien enterradas como creímos. Trump contra el mundo no augura cosas positivas. Esto apenas empieza y no va a terminar bien.

Hace un par de meses, AMLO pregonaba las mejores intenciones para con sus vecinos del sur. Incluso estaba dispuesto a aceptarnos como trabajadores. Ahora piensa que es mejor que nos quedemos en nuestros lares, que hagamos algo para superarnos, y recomienda, atinadamente, que se invierta en el desarrollo en esta región, aunque por lo visto ya nadie apuesta por nosotros. Trump paró los programas de asistencia para el Triángulo hace un par de meses, y ahora la ayuda se supedita a que las naciones centroamericanas congelen las caravanas. Para colmo, quiere echar de Estados Unidos a nuestros hermanos, los lejanos, y que se las arreglen aquí. En cuanto a los mexicanos, ellos no tienen por qué cargar con nuestros problemas. No es justo. Tienen los propios, entre ellos, el vecino que Dios les dio.

Por nuestra parte, no sabemos cuándo vamos a desarrollarnos. Ni siquiera hemos empezado y ahora que nos impiden la huida al norte, al menos temporalmente, la vamos a ver color de hormiga. En serio, ¿en qué desembocarán esas tremendas energías juveniles y no tan juveniles que se canalizaban hacia las caravanas y las diásporas?

Le cedo la palabra a los nuevos gobernantes.

Róger Lindo es escritor salvadoreño y periodista.
 
Róger Lindo es escritor salvadoreño y periodista.

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