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Especial Educación

Cuanto más asistimos a la escuela, menos aprendemos

Óscar Picardo Joao

 
 

Los estudios del economista Mauricio González Orellana sobre la Tasa Interna de Retorno del sistema educativo, concretamente las regresiones macroeconómicas, señalan que en El Salvador estudiar más no implica ganar más. Esta es una conclusión estructural que nos indica serias fallas en el diseño de la arquitectura económica y productiva del país. Obviamente, no se debe ni puede personalizar y todos sabemos que, cuántos más años de escolaridad logremos, las oportunidades serán mejores.

Pero a nivel de sociedad no funciona así; muchos jóvenes estudian más y no sólo no ganarán más, sino que tampoco encontrarán empleo. ¿Recuperarán lo invertido en sus estudios? Difícilmente. Pero hay cosas peores.

En una reciente presentación del MINEDUCYT –omito deliberadamente las circunstancias y detalles– llegamos a una conclusión terrible: cuanto más asiste un niño a la escuela menos aprende. “¿Cómo es la cosa?”, dirá usted. Pero luego de analizar los resultados de pruebas estandarizadas, el resultado es así de real. En primer grado, los estudiantes logran un 15 % de rendimiento cognitivo en la categoría taxonómica de razonamiento, en sexto grado los resultados bajan al 1 % y en 9º grado terminan con un 3 %. En cuanto al nivel de aplicación, en primer grado logran un 40 %, en sexto grado un 13 % y en 9º grado, apenas un 3 %. Y en materia de conocimientos, en primer grado poseen un nivel de 67 %, luego baja al 25 % en sexto grado y llegan a noveno con solo el 18 %.

Para comprobarlo, se presentó un problema de geometría, con el mismo contenido, pero proyectado a tres escenarios por grado: en cuarto grado se solicitó hallar el área de un rectángulo de 6 cm x 2 cm, el resultado fue de 21 % de logro; en séptimo grado se dio el problema en términos de ecuación: 6X=12; el porcentaje de acierto bajó al 13 %; finalmente, en noveno grado se planteó un problema algebraico simple con los mismos datos, el resultado fue 0 %. Con datos concretos y sin percepciones o interpretaciones, quedó demostrado que el sistema está fallando; y la falla no sólo es progresiva, sino que es en un punto crítico de la ingeniería educativa.

Pese a todos los diagnósticos, pese a todo lo invertido en el Plan de Formación Docente, pese a los esfuerzos del programa ESMATE, pese a los Sistemas Integrados de Escuela Inclusiva de Tiempo Pleno, pese al compromiso pedagógico de las gremiales docentes, pese al CONED…, la evidencia es sólida al demostrar que mientras más niveles educativos va subiendo el estudiantes, menos aprende. ¿Habrá alguien que pueda explicar estos resultados?

Por si fuera poco, las tasas netas de matrícula en tercer ciclo y media también han empeorado: pasamos de 62.7 en 2014 a 56.9 en 2018. Se invirtió en los últimos dos quinquenios 70 millones anuales -700 millones- en programas de útiles, zapatos y uniformes para llegar a los mismos indicadores que teníamos antes de implementar la política. Que no se malinterprete, estoy de acuerdo en que a los niños más pobres se les dé útiles, zapatos y uniformes, pero bajo otro argumento, sin utilizar la retención, ya que antes de 2009 los niños igual llegaban a los centros escolares aun sin contar con estos beneficios.

Algún día, alguien, debería pedirle a los ministros de Educación que rindan cuentas, pero de verdad, no con  datos maquillados, que se traducen en a veces utilizar tasa neta y otras tasa bruta, dependiendo del público. Lo único que no controlan los ministros está ahí a la vista, la PAES, una prueba con resultados estáticos desde 1997. E insisto, esto sólo podría cambiar, si los funcionarios tuvieran la obligación de utilizar los servicios públicos educativos.

Cada cinco años nos damos cuenta de que dimos un paso hacia delante y tres para atrás, pero volvemos a comenzar el camino con entusiasmo y optimismo, a sabiendas de que no hay herramientas que garanticen el largo plazo ni el tratamiento serio de las estadísticas educativas, y que la historia se volverá a repetir. Seamos realistas: a los políticos les importa un comino la educación pública, pues sus hijos, sobrinos o nietos no están allí.

*Óscar Picardo Joao ( opicardo@asu.edu ) es investigador y especialista en política educativa. Licenciado en Filosofía, con maestrías en Teología y Educación y Doctorado en Didáctica y Organización Escolar. Dirige el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Francisco Gavidia. Foto El Faro: Víctor Peña
 
*Óscar Picardo Joao ( [email protected] ) es investigador y especialista en política educativa. Licenciado en Filosofía, con maestrías en Teología y Educación y Doctorado en Didáctica y Organización Escolar. Dirige el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Francisco Gavidia. Foto El Faro: Víctor Peña

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Carlos Dada | Fred Ramos (fotos) | Víctor Peña (vídeo) | Héctor Guerrero (vídeo)

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