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Especial Educación

Niñas madres y jefas de hogar: el pez por su boca muere

Morena Herrera

 
 

En estos días que se celebra y conmemora el Día de la Niña, muchas organizaciones, instituciones y personas han realizado eventos y publicaciones que expresan sus buenos deseos, expectativas y compromisos, según sea el caso, para construir sociedades que respeten los derechos de las niñas y abran oportunidades para el despliegue de sus capacidades y potencialidades.

A este conjunto de mensajes subyace una cierta convicción común: si queremos cambiar las realidades de desigualdad entre mujeres y hombres necesitamos hacer cambios de raíz, y eso puede empezar con abrir nuevos caminos para que las niñas –de la generación actual– puedan desarrollar sus capacidades de forma plena, en otras condiciones que las que hemos tenido generaciones anteriores.

Es en este marco que contrastan las expresiones de Raúl Melara, Fiscal General de la República, quien en su respuesta sobre la importancia de invertir en la educación de las niñas responde: “Cuidemos, formemos y preparemos a nuestras niñas. Ellas serán madres y en muchos casos, cabeza de familia@MelaraRaul. Se podría entender que cuando el señor Fiscal dice “nuestras niñas” no se está refiriendo a sus propias hijas –en caso que las tenga– ni a las niñas de su familia, sino a las niñas salvadoreñas, o a la mayoría.

Estamos aquí reflexionando sobre las expresiones que reflejan la forma de pensar de un alto funcionario del Estado salvadoreño, quien dirige una de las principales instituciones del Ministerio Público y de administración de justicia en el país. En este sentido, tiene una enorme relevancia, porque su manera de pensar y sus expectativas sobre la mayoría de las niñas salvadoreñas se proyectan en el quehacer de la institución que dirige.

Desde hace varios años, diferentes instancias públicas nacionales e internacionales han puesto en evidencia la problemática del embarazo en niñas y adolescentes como un grave problema que, en primera instancia, les afecta a ellas, pero que también incide en otros problemas de la sociedad salvadoreña. Los mapas de embarazo en niñas y adolescentes elaborados y publicados por el Ministerio de Salud, con apoyo del Fondo de Población de Naciones Unidas han mostrado que este es un problema nacional, presente en todos los municipios del país y que, en la mayoría de casos, está asociado a otras desigualdades socioeconómicas, a las condiciones de pobreza, a la creciente violencia sexual, a las discriminaciones por razones de género y a la impunidad.

Muchos embarazos son impuestos o forzados. Las agresiones sexuales que se cometen contra las niñas y adolescentes se presentan en un entorno de permisividad social del  acoso, el  abuso sexual y el engaño; aunado a la desprotección, la violencia y la pobreza.

La violencia sexual contra la niñez y la adolescencia no es un hecho aislado ni nuevo en El Salvador, pero sí ha sido poco conocido y reconocido por las instancias públicas y por la sociedad en su conjunto. Diversos estudios cualitativos sobre violencia sexual también han mostrado que en el abordaje a esta problemática ha prevalecido el mito de que los agresores son hombres desconocidos que acechan en la oscuridad. Sin embargo, en la mayoría de casos, los hechos evidencian que las agresiones contra la niñez y la adolescencia se producen en escenarios de cercanía y confianza, en entornos familiares, de amistades, educativos, religiosos y comunitarios.

El más reciente Informe sobre Hechos de Violencia Contra las Mujeres, El Salvador 2018, señala que los delitos contra la libertad sexual que registran un mayor número de denuncias (un total de 6 142 casos), las principales víctimas por edad son las adolescentes entre 15 y 19 años (2 344 de casos) y las niñas de 10 a 14 años (1 684 denuncias).

Estos datos nos muestran que pensar en cuidar, formar y preparar a las niñas salvadoreñas para que “sean madres” es una manera de posicionarse frente a una realidad ante la que muchas voces insisten en la necesidad de cambiar. Esto es mucho más grave en un país donde cada año cerca de 1 500 niñas entre los 10 y los 14 años enfrentan embarazos impuestos.

Siguiendo la lógica expresada por el señor Fiscal en su cuenta de Twitter, “en muchos casos serán cabeza de familia” también conectamos con otro problema del país sobre el que hay poca conciencia, se trata de la paternidad irresponsable. En un estudio presentado en 2015 por UNICEF y FUSADES que compara la composición de las familias salvadoreñas y su evolución en 20 años (1992-2012) señalan que “Hay un aumento de familias donde no están presentes los dos padres, donde el jefe de la familia está entre los 14 y 17 años. Muchas veces las políticas públicas están dirigidas a sujetos de derechos, a personas. Vemos una necesidad de que esas políticas se orienten al hecho de que muchos niños son jefes de hogar”. Otra preocupación expresada en esta investigación, refleja que la mayoría de hogares monoparentales tiene por cabeza de familia a una mujer “en el 85 % de las familias que están a cargo de una sola persona, las jefas de hogar son mujeres”.

Para el señor Fiscal está claro que muchos hombres, jóvenes, adultos e incluso adolescentes, seguirán siendo los grandes ausentes del ejercicio de la paternidad, lo cual dejará a muchas niñas actuales como cabeza de sus familias.

Desde el feminismo, se cuestiona la idea –y la práctica- de la maternidad como destino y ámbito principal de realización personal de las mujeres, al mismo tiempo que se reivindica la maternidad libremente decidida como un derecho de todas las mujeres. Esta reivindicación está asociada a embarazos libremente decididos, a partos respetados y humanizados, a lactancias satisfactorias y a la existencia de servicios públicos que contribuyan a la socialización de las responsabilidades de la crianza y el cuidado, que en la actualidad descansa en las espaldas y sobrecarga de trabajo de la mayoría de mujeres, algunas adolescentes y niñas que son madres.

Esto también implica el respeto y apoyo a la decisión de niñas, adolescentes y mujeres que quieren dedicar su vida y su energía en otros campos de la sociedad y de realización personal. 

De allí que tener la expectativa que “la mayoría de las niñas van a ser madres” es esperar que todas lo sean o por lo menos que lo quieran ser, pero sobre todo significa esperar que cumplan con este destino y mandato patriarcal.

Lo más grave es que estas expectativas han estado reflejadas en la actuación de la representación fiscal, un ejemplo palpable ha sido el reciente juicio contra Evelyn Hernández, donde la Fiscalía argumenta su petición de 40 años de cárcel acusándole de homicidio agravado por “omisión” que, como sus representantes dijeron, significa que no cumplió con su papel de “garante de derechos” de la criatura que estaba gestando, porque “omitió no pedir ni prestar auxilio”, independientemente que estuviera desangrándose y en estado de shock hipovolémico. De allí que no es inocuo que el Señor Fiscal piense como piensa.

Morena Herrera es activista feminista y defensora de Derechos Humanos, integrante de diversas expresiones del movimiento feminista en El Salvador y Centroamérica. Socia fundadora de Las Dignas y Presidenta de la Agrupación Ciudadana por la despenalización del aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico.
 
Morena Herrera es activista feminista y defensora de Derechos Humanos, integrante de diversas expresiones del movimiento feminista en El Salvador y Centroamérica. Socia fundadora de Las Dignas y Presidenta de la Agrupación Ciudadana por la despenalización del aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico.

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