Adiós a la tienda de Industrias Penitenciarias

 
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“Se alquila”, dice el cartel pegado en la vitrina central. Pero el edificio aún conserva en su fachada los logos y emblemas que en abril hizo pintar la Dirección General de Centros Penales (DGCP): se lee ‘Yo cambio’, se lee ‘Industrias Penitenciarias’, se lee ‘Hecho con esperanza’.

Ni siquiera medio año de vida duró el que se presentó como uno de los proyectos clave para dinamizar la rehabilitación de los privados de libertad en El Salvador. La sala de ventas en la que se ofrecían muebles, artesanías, cuadros y demás productos y servicios elaborados por población reclusa está cerrada. Ubicada sobre la alameda Roosevelt de San Salvador, a apenas dos cuadras del parque Cuscatlán, la tienda iba a ser la primera de diez que se abrirían paulatinamente en todo el país para comercializar lo producido por Industrias Penitenciarias de El Salvador, nombre con el que se bautizó la iniciativa que tenía un doble objetivo: fomentar la reinserción social y generar ingresos para la DGCP y los propios privados de libertad.

“El 11 de abril de 2019 es una fecha histórica en el sistema penitenciario salvadoreño”, dijo el día de la inauguración de la tienda Mauricio Ramírez Landaverde, el entonces ministro de Seguridad Pública. Quizá no lo fue tanto. La sala de ventas si siquiera sobrevivió el cambio de gobierno.

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