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Especial Educación

Educando a Pulgarcita

Margarita Montalvo

 
 

La Pulgarcita que nos corresponde educar en la década del siglo XXI, no es la pequeña que describió Hans Christian Andersen en 1835; aquella que se sostenía en la palma de la mano, porque su tamaño era apenas el de un pulgar. Hoy en día, las Pulgarcitas y Pulgarcitos sienten que sostienen el mundo en su mano e interactúan con él gracias a la destreza de sus pulgares y a los dispositivos electrónicos con GPS y la conexión a internet.

Esta analogía la tomé prestada del filósofo francés, Michelle Serres. Su libro, Pulgarcita, retrata esta generación que habita espacios virtuales donde conoce, aprende, se divierte e interactúa con un mundo que no es físico, que no se mide en metros cuadrados o kilómetros; sino por cantidad de likes, tiempo de conexión y convergencias.

Siguiendo con nuestra analogía: ¿Qué conflictos vive hoy nuestra Pulgarcita? La de Andersen fue raptada por un sapo para casarla con su hijo, pero logró ser rescatada y llevada a vivir en su mundo ideal. La nuestra, también debe ser cuidada, ya que está en riesgo de ser acosada o engañada en el ciberespacio, así permanezca en casa o en el centro educativo. Además, nuestros Pulgarcitos y Pulgarcitas no vivirán en un mundo estable e ideal, sino en uno diverso y cambiante, por lo que deberán aprender a ser autónomos e independientes, al mismo tiempo que colaboren con otros; tendrán que vivir en constante adaptación, creando, incluso, sus propios trabajos.  

Este escenario que imaginamos para ellos nos inquieta y nos hace preguntarnos: ¿cómo los estamos preparando?, ¿qué se está haciendo diferente y mejor en las escuelas? Al intentar responder estas interrogantes, volvemos los ojos, en primer lugar, hacia los maestros y maestras, y, lamentablemente, surgen cuestionamientos sobre su capacidad o intención de innovación. En algunas ocasiones, se formulan afirmaciones injustas, basadas en generalizaciones o prejuicios, que olvidan que el docente interactúa en un contexto, dentro de una gestión administrativa y en una cultura en la que todavía predominan prácticas que obstaculizan el cambio. Comento, a manera de ejemplo, dos situaciones observables que pueden frenar iniciativas innovadoras de algunos docentes:

1. Excesiva importancia y valoración de los exámenes y las notas como evidencia de los aprendizajes de los estudiantes. Esta opción refleja un modelo basado en la transmisión de información y conlleva el riesgo de trabajar solo habilidades de orden inferior, como la memorización. Las Pulgarcitas y Pulgarcitos necesitan desarrollar otras habilidades en el siglo XXI, como la creatividad, el trabajo colaborativo, el pensamiento crítico, entre otras. Estas habilidades no se pueden medir con un examen ni expresarse únicamente con un número.

2. La distribución y organización del aula en filas de pupitres responde a rutinas de enseñanza creadas en el siglo XVIII. Ese siglo impuso el modelo educativo prusiano que estandarizó la educación con clases obligatorias divididas por edades y horarios estrictos, para garantizar que todos los estudiantes, obedientes y disciplinados, hicieran lo mismo, de la misma manera y al mismo tiempo. Sobre la importancia de revisar los espacios educativos y adaptarlos a las necesidades actuales de estudiantes y docentes, la profesora e investigadora española María Acaso plantea: “Si tenemos claro que la creatividad y otros tipos de metodologías son necesarias para llevar a cabo el cambio de paradigma en educación, ¿Por qué razón seguimos manteniendo la mismas aulas, el mismo esqueleto físico, el mismo tono de verde, la misma disposición vertical, los mismos fluorescentes si deseamos dar un giro copernicano en educación?”

Quedan en el tintero más condiciones que deberían sumarse a la transformación educativa de los centros educativos, como el liderazgo estratégico de la administración educativa, la cultura organizacional, la infraestructura tecnológica, las nuevas metodologías, la alianza con la familia —que también educa—, entre otros.

Hay que superar los retos y mejorar las condiciones para rediseñar la escuela. Las maestras y maestros son clave, pero no pueden hacerlo solos. Aportemos propuestas y trabajemos colaborativamente, desde diferentes perspectivas, para responder a las necesidades de nuestras Pulgarcitas y Pulgarcitos. De esta forma, El Pulgarcito de América, como Gabriela Mistral llamó a nuestro país, estará preparado para formar y desarrollar el enorme potencial de las presentes y futuras generaciones.

Margarita Montalvo es Gerente de Contenidos de Editorial Santillana El Salvador. Docente y Licenciada en Letras de la Universidad de El Salvador, con experiencia en proyectos de formación docente y como jefa de la Unidad de Currículo del Ministerio de Educación (ahora Mineducyt) del 2004 al 2009. Cuenta con una Maestría en Democracia y Educación en Valores en Iberoamérica (Universidad de Barcelona) y un Máster de Habilidades digitales (PRISA Campus y Escuela de Organización Industrial de Madrid (EOI). También: Curso de metodología de la enseñanza de la Matemática (Universidad de Tsukuba, Japón), Curso de Experto en didáctica de la tecnología moderna (Universidad de Alcalá y Plataforma BeJob) y Programa internacional BIG DATA como estrategia de negocios (ISEADE y Tecnológico de Monterrey), entre otros.
 
Margarita Montalvo es Gerente de Contenidos de Editorial Santillana El Salvador. Docente y Licenciada en Letras de la Universidad de El Salvador, con experiencia en proyectos de formación docente y como jefa de la Unidad de Currículo del Ministerio de Educación (ahora Mineducyt) del 2004 al 2009. Cuenta con una Maestría en Democracia y Educación en Valores en Iberoamérica (Universidad de Barcelona) y un Máster de Habilidades digitales (PRISA Campus y Escuela de Organización Industrial de Madrid (EOI). También: Curso de metodología de la enseñanza de la Matemática (Universidad de Tsukuba, Japón), Curso de Experto en didáctica de la tecnología moderna (Universidad de Alcalá y Plataforma BeJob) y Programa internacional BIG DATA como estrategia de negocios (ISEADE y Tecnológico de Monterrey), entre otros.

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Óscar Picardo Joao

 

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