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Especial Educación

Ideologías y el aprendizaje de la realidad

Héctor Samour

 
 

De las distintas asignaturas que se imparten en los distintos niveles educativos, la asignatura de Estudios Sociales y Cívica es la que más puede verse condicionada por la ideología particular de los docentes que la imparten. Se trata de una asignatura que aborda diversas realidades y fenómenos sociales del país, de la región y del mundo, desde disciplinas que van desde la historia hasta la antropología, pasando por la sociología, la psicología y la filosofía, entre las más relevantes.

En las distintas unidades, se estudian diversos temas de la historia de El Salvador y de la historia mundial, de la identidad y la diversidad cultural, de la democracia, de los derechos humanos, de las leyes vigentes, de instituciones como la familia, los grupos sociales y los partidos políticos y el Estado, entre otros contenidos relevantes, como el estudio del medio geográfico y su vinculación con la problemática medioambiental. Estos temas son, por lo general, más susceptibles de ser manipulados ideológicamente por el docente, pretendiendo imponer en los estudiantes su particular interpretación ideológica o una determinada cosmovisión partidaria. Es más factible la ideologización de los temas y contenidos en la enseñanza de las ciencias sociales que en los de las ciencias naturales o fisicomatemáticas, por la misma naturaleza de su objeto de estudio.

Evidentemente, el programa de la asignatura no es neutro -ningún programa de estudio lo es- y ha sido diseñado con una finalidad y unos objetivos determinados en función de las competencias que se pretenden formar en el alumnado, lo cual ya supone una determinada idea del perfil de estudiante que se busca formar a través del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es decir, el programa ya tiene unos supuestos ideológicos, una determinada concepción de la realidad, del ser humano, de la sociedad y de las competencias o capacidades que deben poseerse para que las personas, y en particular los estudiantes, puedan lograr su desarrollo personal y social en la sociedad que les ha tocado vivir.

Pero el problema que quiero destacar aquí no se refiere a la ideología subyacente en el programa oficial (de la cual puede discutirse su validez y pertinencia en el actual contexto salvadoreño y global), en el marco de una reforma curricular; sino a la forma en que algunos docentes diseñan y ejecutan la enseñanza de la asignatura de Estudios Sociales, la cual muchas veces tienden a ideologizar, convirtiendo lo que debería ser un espacio de aprendizaje crítico y creativo de la realidad social en una materia de adoctrinamiento ideológico y de imposición dogmática de contenidos, contradiciendo los fundamentos curriculares vigentes y los principios fundamentales que deben regir el aprendizaje de la realidad social, que es el objeto principal de la asignatura en cuestión.

No se trata de un problema menor, sino de una situación muy común en las aulas de las escuelas del país, que está estrechamente vinculada a una pobre calidad docente, al desconocimiento de la estructura curricular y del sentido de la asignatura, así como de su contribución en la formación integral del estudiante, lo cual lleva a una práctica educativa que riñe con los principios de la ética profesional docente.

El programa oficial de Estudios Sociales está orientado a capacitar a los estudiantes para participar efectivamente en las actividades sociales como individuos y también como miembros de grupos, así como para intervenir activamente en la transformación de la sociedad en la que viven. Desde luego, el objetivo de preparar a los estudiantes en esos roles ciudadanos no es exclusivo al campo de los estudios sociales; este propósito también es un elemento importante de otras asignaturas. Sin embargo, el campo de los estudios sociales siempre ha considerado el objetivo de una ciudadanía efectiva y participativa como un aspecto de primera importancia dentro de su dominio académico.

El segundo objetivo de la asignatura consiste en ayudar a los estudiantes a tomar las decisiones más racionales que sea posible en las cuestiones tanto públicas como privadas que se tienen en consideración. Para ser capaz de tomar decisiones efectivas, el programa de Estudios Sociales busca brindar a los estudiantes la capacidad de comprender y hacer uso de datos, conceptos, generalizaciones, utilizar adecuadamente los modos de investigación sacados de las diversas ciencias sociales, y que se formen y hagan uso de un conjunto de valores personales que le posibilite participar en el proceso de tomar decisiones tanto en el nivel individual como en el social.

En esta línea, el enfoque principal de la asignatura no está orientado a que los estudiantes solo aprendan las principales ideas y contenidos de las ciencias sociales y de los fenómenos que  estudian, sino que enfatiza el aprendizaje de capacidades, que incluyen las más tradicionales, como leer, escuchar, comunicar, observar y escribir, así como las capacidades más complejas de análisis, reflexión, síntesis y evaluación, como las que se requieren para el tratamiento de la información (capacidad de manejar críticamente fuentes primarias y secundarias de carácter explicativo, ideológico, teórico, etc.), la explicación multicausal (análisis y comprensión de situaciones complejas en las que intervienen y se cruzan variables numerosas y en la resolución de problemas de igual naturaleza) y la indagación e investigación (realización de trabajos que requieren la formulación y verificación de hipótesis explicativas deducidas de teorías generales y de diferentes fuentes de información).

Los dos objetivos centrales que se han identificado para los estudios sociales suponen así cuatro aspectos: a) el área de conocimientos de las ciencias sociales; b) las capacidades necesarias para hallar, utilizar o aplicar el elemento de conocimiento; c) el desarrollo y la aclaración de un conjunto personal de valores; y d) la participación crítica y responsable en la sociedad. En la práctica, todos estos elementos están interconectados. Existe un grado considerable de traslape entre conocimiento, capacidades, valores y participación social. Las capacidades, por ejemplo, están muy relacionadas con la comprensión y las actitudes; dependen del conocimiento y llevan consigo valores. Pero, en la práctica, para asegurarse de que los estudiantes puedan dominar de manera efectiva estos cuatro aspectos, es necesario concentrarse en un componente determinado e idear experiencias creativas de aprendizaje que ayuden al alumnado a alcanzar las metas básicas de estudios sociales.

Pero esto es muy difícil de lograr en un sistema educativo en el que se da una brecha y una tensión entre lo que prescribe el currículo oficial y la manera de ejercer la práctica docente en las aulas. Mientras el currículo oficial del Ministerio de Educación postula un currículo humanista, constructivista y con sentido social, basado en competencias; en las aulas, una buena parte del profesorado continúa con prácticas pedagógicas tradicionales, aplicando metodologías pasivas y verticales, muchas veces sin el conocimiento adecuado y suficiente de los programas oficiales de estudio de las asignaturas, y diseñando una particular aplicación curricular de acuerdo con lo que el docente realmente sabe y puede hacer, que en muchos casos es muy limitado (el 70 % de los docentes activos del país solo tiene título de profesorado o de bachiller académico). El paradigma educativo realmente existente en la mayoría de las escuelas está basado en la mera acumulación de contenidos y la permanente selección de estudiantes, que impide la concreción de un paradigma basado en el desarrollo de competencias y la inclusión que posibilite la plena escolaridad. 

En este contexto, es entendible que algunos docentes de Estudios Sociales y Cívica encuentren factible imponer una determinada ideología o una manera única de interpretar y valorar los fenómenos de la realidad social y política del país. Cuando no se manejan adecuadamente los contenidos de la asignatura, no se dominan ni se aplican las metodologías pedagógicas apropiadas para lograr un aprendizaje significativo y relevante, y no se utilizan eficientemente los materiales didácticos disponibles ni las tecnologías de información y comunicación, resulta más fácil y tentador aferrarse a un solo texto, a una sola narrativa y transmitirla de manera autoritaria y pasiva, a través del dictado y la memorización de contenidos muy limitados, todo lo cual conlleva a la ideologización de la asignatura y a una perversión de sus objetivos, según los prescribe el currículo oficial.  

La historia nacional es una de las asignaturas que se presta más a este tipo de enseñanza. En el programa de primer año de bachillerato de Estudios Sociales, la historia de El Salvador tiene como punto de partida los acuerdos de paz de 1992 y la transición democrática. A partir de ahí se analizan las causas del conflicto armado y los factores que llevaron a la necesidad del proceso de diálogo-negociación y a pactar la reforma política del Estado salvadoreño. Para comprender adecuadamente estos procesos, el programa establece en sus primeras unidades el estudio del autoritarismo militar en sus diversas fases, desde elGobierno de Martínez y la insurrección de 1932 hasta el golpe de Estado de 1979 y los hechos de 1980 que aceleraron el inicio de la guerra civil. Estos contenidos se pueden abordar de una manera adecuada, siguiendo los objetivos y las pautas pedagógicas que establece el programa oficial, utilizando una diversidad de fuentes y una variedad de recursos didácticos que estimulen la participación del alumnado en su aprendizaje, o se puede abordar de una forma parcial, sesgada e ideologizada, absolutizando una sola explicación o narrativa de los hechos, privilegiando en su enseñanza la memorización y la repetición de contenidos limitados y fragmentados, ya sea para favorecer una interpretación de derecha o de izquierda.

El programa oficial de la asignatura, que se diseñó en 1997 y se reformó en 2008, no propone una versión light de la historia del país. Eso es un mito. Al contrario, si se imparte como debe ser, puede brindar una visión crítica de la historia nacional y formar unas actitudes y unos valores en el alumnado favorables a la construcción de una sociedad democrática, estimulando su participación en la sociedad. Es obvio que todos esos hechos y procesos históricos que marcaron lo que es hoy El Salvador, se pueden impartir de forma de light, pero eso ya es una cuestión que tiene que ver con la particular adecuación curricular que hacen algunos docentes de la asignatura, pero no con lo que establece el programa.

Héctor Samour es doctor en Filosofía y licenciado en sociología. Profesor e investigador en la UCA por más de 40 años en la ha que fungido, además, como Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, jefe del departamento de Filosofía y director del Doctorado en Filosofía Iberoamericana (1999-2010). En el período 2010-2014, ejerció los cargos de secretario de Cultura y de viceministro de Educación.
 
Héctor Samour es doctor en Filosofía y licenciado en sociología. Profesor e investigador en la UCA por más de 40 años en la ha que fungido, además, como Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, jefe del departamento de Filosofía y director del Doctorado en Filosofía Iberoamericana (1999-2010). En el período 2010-2014, ejerció los cargos de secretario de Cultura y de viceministro de Educación.


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José Dimas Delgado

 

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