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El problema del agua: capacidad versus marketing

Nestor Herrera

 
 

Los biólogos y ecologistas llevan 50 años hablando de la crisis ambiental del agua, pero son como profetas en el desierto, nadie los escucha. En este tiempo se ha demostrado que la contaminación de nuestros ríos y lagos es preocupante y alarmante. A estos profetas se han unido hidrólogos, geólogos, agrónomos y hasta abogados.

El crecimiento poblacional es uno de los factores clave en esta crisis, ya que nuestras ciudades han aumentado en espacio y demanda de recursos en los últimos 30 años; cada vez necesitamos más agua, más comida y más territorio. Muchas de nuestras ciudades se ubican contiguo a fuentes de agua y las hemos contaminado: arrojamos basura, desechos industriales, agrícolas. Por ende, a mayor crecimiento poblacional, mayor contaminación y demanda de agua limpia, pero no invertimos en plantas de tratamiento, solo arrojamos las aguas sucias a las limpias y, en consecuencia, cada vez tenemos menos agua limpia y hay que traerla de zonas lejanas y hay que invertir en purificarla, volviéndola un bien escaso. El cambio climático, generado en gran parte por la contaminación, está acelerando las cosas y agravándolas.

A lo anterior se suma que hay una nula gestión ambiental. Nuestra legislación es muy poco efectiva para atender la problemática en esta área, partiendo de que no se cuenta con instrumentos legales, mientras como sociedad nos especializamos en evadir responsabilidades y obtener el máximo beneficio. Además, las carteras de Estado actúan en forma descoordinada y no atienden de manera conjunta esta situación, lejos de eso, cargan a las instituciones de procedimientos administrativos engorrosos, tediosos y poco efectivos; se ha fomentado la burocracia, y mientras a los amigos de los políticos les facilitan permisos, a los demás se les aplica la ley.

Vista del río Lempa que fluye en la planta de tratamiento de agua potable Las Pavas en San Pablo Tacachico, el 28 de noviembre de 2019. (Foto por MARVIN RECINOS / AFP)
 
Vista del río Lempa que fluye en la planta de tratamiento de agua potable Las Pavas en San Pablo Tacachico, el 28 de noviembre de 2019. (Foto por MARVIN RECINOS / AFP)

Menos del 2 % del territorio nacional se considera protegido. La figura de sitio protegido permite, entre otras cosas, tener espacios para conservar la biodiversidad, pero sobre todo la captación de agua. En El Salvador, sin embargo, se propicia lo “moderno”, como edificaciones de centros comerciales sobre la “tierra ociosa”, como son considerados los parques nacionales. El ejemplo más reciente es la amenaza sobre el área natural protegida del Parque del Bicentenario, una de las zonas que más captan agua lluvia en el gran San Salvador. Si tomamos de referencia el trabajo de las alcaldías de Antiguo Cuscatlán y San Salvador, que comparten la jurisdicción de este espacio, no está de más vigilar para que no se convierta en un parque de cemento, vallas publicitarias y libre de la hojarasca que a algunos les molesta.

Otro aspecto que agrava la situación son las transformaciones territoriales; cambiamos suelos agrícolas para construir casas, profundizando la deforestación, y enviamos el cultivo a los cerros y montes, en donde, como son suelos pobres, debemos usar fertilizantes. Tales químicos son arrastrados con las lluvias a los cuerpos de agua. Los ríos y lagos cargados de sedimentos y fertilizantes se vuelven el lugar propicio para el aparecimiento de pequeños organismos celulares, los llamamos algas, invisibles a nuestros ojos y detectables únicamente con lentes especiales. Estas microalgas crecen con la luz solar, ya que producen fotosíntesis, y la materia orgánica y fertilizantes hacen que prosperen. Miles de millones de estos organismos pueden transformar el contenido del agua. Al morir, generan desechos químicos que son perjudiciales a la salud humana y el ambiente.

En las últimas semanas, el gran San Salvador ha estado experimentando una crisis sin precedentes producto de un afloramiento algal. Millones de millones de estos minúsculos organismos han florecido en las aguas del río Lempa. La planta potabilizadora Las Pavas, ubicada en el margen de este río, toma aguas del afluente para que sean tratadas, purificadas, potabilizadas, y luego se distribuyan a nuestras ciudades. El problema inició en diciembre pasado, pero por estar distraídos con las fiestas no nos dimos cuenta.

El fallo sin duda ha ocurrido en la planta de tratamiento, en los mecanismos que se usan para la purificación, ya sea a nivel de los filtros o en los químicos que utilizan para la remover las microalgas. A estas alturas no puede declararse que el agua contiene dichos organismos, ya que para que estos prosperen se necesita de luz solar, nutrientes y que el agua permanezca inmóvil. Lo que sí hay son los restos de las células que han sido destruidas en el proceso, partículas que cambian la composición química, por lo cual, hervir el agua no elimina el olor, color o sabor.

ANDA no puede atacar este problema limpiando los estanques con detergentes para ropa, mucho menos militarizándolos. Diferentes administraciones han dado diversas explicaciones y justificaciones, como la necesidad de ampliar Las Pavas, de reubicarla, de abrir nuevos pozos que mejorarán la distribución. Recordemos a Carlos Perla y sus argumentos para justificar el mejoramiento del servicio en su momento, con el proyecto Zona Norte, que no fue más que la perforación de pozos en las faldas del volcán de San Salvador; o los supuestos pozos saboteados o el derrame intencional de aguas contaminadas que fueron las explicaciones en las pasadas administraciones,  desde la de Francisco Flores hasta la de Salvador Sánchez Cerén.

Ahora se habla de resolver el desabastecimiento proveyendo agua del lago de Ilopango, que no se puede usar por los altos niveles de boro, un metal que ocurre en forma natural en los volcanes y cuyo consumo en exceso puede llevar a la muerte. Los estudios del Ministerio de Medioambiente indican que no se puede potabilizar el agua del Ilopango por métodos convencionales. Por tanto, la planta potabilizadora de las aguas del lago que se plantea hacer con financiamiento de China debería ser no convencional, aunque según la Guía para la calidad del agua potable de la Organización Mundial de la Salud no hay métodos para purificar aguas con boro.

De una vez por todas y de manera urgente debemos decir: ¡no más marketing, por favor! Es el momento de ser serios con esta crisis y ejecutar medidas con base en la ciencia, que deriven en otra crisis: la contaminación por envases plásticos, que, lejos de ser un plan de contingencia efectivo, ocasionará más problemas a nuestro medioambiente.

La contaminación y la escasez de agua pueden resolverse de manera más inmediata identificando fuentes de agua limpia, creando mejores sistemas de distribución o mejorando la planta de tratamiento Las Pavas.

El asunto es complejo, se requiere de una vez por todas de liderazgo, capacidad y visión de conjunto, el agua como bien de toda nuestra sociedad no es solo un producto que envasamos o distribuimos por un tubo, es también un recurso estratégico y, por tanto, debe abordarse desde el gabinete económico. Las acciones de nación deberían ser: reforestar las cuencas, proteger suelos frágiles, crear plantas de tratamiento, promover estudios científicos sobre la calidad del agua, impulsar la agroforestería, la planificación urbana sostenible, la declaratoria de áreas protegidas y la adopción de una conciencia ambiental, en donde todos estamos conscientes de que somos la causa del problema, pero también los responsables de mejorar el rumbo del país.


*Nestor Herrera es biólogo con especialidad en manejo de recursos naturales y se desempeña como asesor científico de Paso Pacífico, una organización ambientalista que vela por la protección del bosque seco de Centroamérica.


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