Publicidad

“Sentirme odiada fue algo que nunca me hubiera esperado en la vida”

Para la excandidata a la vicepresidencia Carmen Aída Lazo, la campaña de las presidenciales de 2019 fue “una montaña rusa” de emociones, enseñanzas y tropiezos, con el sabor agrio de la derrota como colofón. Pese a todo, pasado un tiempo generoso de recogimiento, el balance que ella hace de su primera incursión en política es positivo. Tanto, que incluso está dispuesta a repetir. “Pero en el proyecto correcto”, dice.

Roberto Valencia / Fotos Carlos Barrera

 
 

Carmen Aida Lazo, candidata a la vicepresidencia de la República en el período (2019-24) por la coalición Alianza para un Nuevo País. Foto Carlos Barrera.
 
Carmen Aida Lazo, candidata a la vicepresidencia de la República en el período (2019-24) por la coalición Alianza para un Nuevo País. Foto Carlos Barrera.

“El país entero vio mi cara de sorpresa y lo impactante que fue la noticia de la derrota”, dice Carmen Aída Lazo (1976, 3 de enero), la economista que devino la apuesta de la derecha política para la Vicepresidencia de la República en las elecciones del 3 de febrero de 2019. “Yo pensé que íbamos a ganar”, dice.

Tras el batacazo del 3-F, Lazo se refugió primero en su familia y luego en su trabajo como decana de la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN), un pequeño pero prestigioso centro de estudios superiores cuyo rector es el empresario Ricardo Poma.

Casi un año después de aquella derrota electoral, Lazo acepta conversar largo y tendido con El Faro sobre su decisión de involucrarse en la política partidaria entrada ya en los cuarenta, sobre cómo vivió la intensa y prolongada campaña presidencial, sobre lo ocurrido cuando las urnas hablaron y sobre cómo ha visto los primeros meses de la Administración Bukele. La plática sucede en la ESEN, preciosas instalaciones de colores vivos, jardines de grama perfectamente recortada y sonoros estanques de agua. Una burbuja de primermundismo en plena cordillera del Bálsamo.

¿Sigue afiliada al PCN, Carmen Aída?

Sigo afiliada, sí, aunque no tengo ningún cargo ni rol en el partido. He pensado salirme, pero después de la elección hice la política a un lado y no he hecho ningún movimiento.

Nada de actividad partidaria desde el 3-F.

Ni con el PCN ni con otro partido. Estoy considerando desafiliarme, pero, al no ser la política ahorita una prioridad, tampoco lo ha sido desafiliarme, y por eso aún no lo he hecho. Simplemente.

Usted se inscribe en el PCN el 18 de julio del 2018. ¿Había estado antes en algún partido?

Quizá esto le parezca un poco peculiar, pero yo ni siquiera voté en las presidenciales de 1994, 1999 y 2004. Mi participación en política siempre había sido limitada, incluso como votante. Nunca había tenido aspiraciones políticas, realmente.

Aquel día de su inscripción tuiteó: “El Salvador vale el sacrificio que estoy dispuesta a hacer”. ¿Resultó un sacrificio?

El costo de entrar en política es alto. Creo que nadie puede imaginar qué supone estar en una campaña presidencial hasta que está adentro.

Usted intuía que sería duro.

A mí me advirtieron: lo primero era perder la privacidad; lo segundo, entrar en un campo que desconocés, porque no sabía cómo iba a ser. Yo no quería entrar en política por el poder político, sino como un medio para tratar de incidir en la toma de decisiones. Soy economista y los economistas queremos cambiar realidades. Sí sabía que iba a ser sacrificado, pero no cuánto afecta a la familia.

¿Pero valió la pena?

Totalmente.

¿Los mayores sacrificios fueron en el ámbito personal o en el profesional?

De todo un poco. Sentirme odiada fue algo que nunca me hubiera esperado en la vida, por ejemplo, y en esta campaña hubo una carga emocional grande. Creo que fui receptora de ese hartazgo de población hacia los partidos y hacia la clase política.

El 10 de septiembre escribió que había sentido un nivel de agresividad que no esperaba.

Todo mundo me dijo que iba a ser difícil, pero no esperaba esa agresividad en las redes sociales.

Pero usted tenía experiencia en redes.

Antes de la campaña tenía 2,000 seguidores. Y mis tuits eran económicos. Por ejemplo, yo leía un artículo, lo compartía y decía: miren qué interesante este artículo. ¿Y qué obtenía? ¿50 likes lo más? Ya siendo candidata, compartía un artículo parecido, y las respuestas eran ‘Bajate de tu torre de marfil’, y empecé a notar esa agresividad. O sea, hubo comentarios…

¿Hirientes?

Hay gente que me puso que me iba a violar. También sentí que... como mujer... porque yo también comparaba. ¿Qué es lo distinto de ser candidata mujer a ser hombre? Yo veía, por ejemplo, muchos más comentarios sobre mi aspecto físico. Muchísimos.

¿Cree que era campaña orquestada o reacciones espontáneas de la gente?

Algunas serían reacciones espontáneas pero, por el nivel de sofisticación en ciertos comentarios, creo que sí hubo un cierto nivel de coordinación.

Y en sus visitas de campo, ¿notó también ese hartazgo de la población?

Nunca voy a olvidar a algunas personas del interior que conocí en la campaña. En Chalatenango una mamá me dijo: estoy sin comer, ¿qué voy a hacer? Y me lo dijo enojada. Lo que más nos repetían era: nos sentimos abandonados. Nunca fui receptora, en un contacto bilateral, de una ofensa o algo parecido; al contrario, creo que tuve conversaciones genuinas y muy reales. Pero ahí fui comprendiendo el nivel de cansancio de la población, la desilusión.

Esa desilusión la capitalizó otra fórmula presidencial.

Les reconozco que fueron más audaces.

Paradójicamente, sin apenas hacer trabajo de campo, al menos el presidente Bukele.

Jugamos en dos canchas diferentes. Yo apelé a la madurez del electorado. Mis propuestas eran los debates, las conversaciones, el trabajo territorial. Pero hubo otra cancha: la digital, la de los eslóganes, y esa fue la que al final prevaleció. Si usted me dijera ahora: ¿lo habría hecho distinto? Pues no sé, porque la campaña que hice reflejó aquello en lo que yo creo: dar la cara, proponer, conversar, estar ahí presente.

¿Qué relación mantiene con su compañero de fórmula: Carlos Calleja?

Buena. Almorzamos de vez en cuando, nos vemos con las familias. Creo que entre las cosas positivas de esta experiencia está haber conocido a gente que realmente quiere el país, y yo me sentí muy cómoda con Carlos. Siento que fuimos como forjando una idea conjunta de cómo veíamos el país, nuestras propuestas... y mantenemos la amistad, claro. Carlos decidió regresar a los negocios, de la misma forma que yo regresé a la universidad. Hay un momento para hacer política y un momento para retirarse, porque el país fue claro.

El país habló.

Habló, sí, y yo escucho. Escucho y respeto.

Foto Carlos Barrera.
 
Foto Carlos Barrera.

Tras esta primera experiencia, ¿ha cerrado por completo las puertas a la política partidaria?

¿Me interesa correr por una diputación en 2021? Mi respuesta es tajante: no, porque no veo la Asamblea como un lugar desde el que yo, con mis capacidades, pueda llevar a cabo los cambios que me gustaría implementar. Yo aspiraba a ocupar el puesto técnico de mayor nivel posible en el gobierno. Tenía que jugármela en la política para llegar a ese puesto técnico, y eso hice, pero es porque mi perfil siempre ha sido bastante técnico. Si en el futuro tuviera la oportunidad de ir en un proyecto en el que yo crea y que me permita hacer los cambios que uno quiere realizar...

No ha cerrado la puerta, entonces.

Yo sigo queriendo tener incidencia en la toma de decisiones; eso no ha cambiado. Consideraría regresar a la política, pero en el proyecto correcto. Yo me sentí cómoda en la Alianza por un Nuevo País, porque me aceptaron a pesar de ser alguien que no tenía trayectoria en ninguno de los partidos de la coalición.

Usted siempre elogió a los partidos que la postularon y veo que sigue haciéndolo.

¿Le parece entonces que, por así decirlo, estoy siendo condescendiente con los partidos políticos?

Yo creo que los partidos de la coalición resultaron un lastre para su fórmula.

Pero unos meses antes de que se definieran las candidaturas esos partidos obtuvieron 1.4 millones de votos en las elecciones a diputados. ¿Qué aprendí yo de todo esto? Aprendí que en los partidos, los cuales yo desconocía, hay mucha heterogeneidad. Hay de todo. Varias mujeres de esos partidos me decían: nosotras queremos tener más peso en la toma de decisiones en el partido, y vieron el ingreso de una outsider como yo como una oportunidad. Yo traté de ser yo misma, y los diferentes miembros de los partidos fueron respetuosos con mi forma de pensar, por lo que también traté de ser tolerante, abierta y de comprenderlos.

¿Cree que habría cambiado algo un debate televisado entre Calleja y Bukele?

Yo lamento que Nayib Bukele no haya aceptado ningún debate. Nosotros sí fuimos a todos los eventos, a pesar de que estar sometido al escrutinio no es fácil, pero el debate es necesario, sigue siendo necesario.

Sobre el papel, Bukele aparentaba ser alguien más capacitado para un debate que Calleja.

Por eso me extrañó más que no aceptara debatir.

¿Tuvo la sensación, la convicción más bien, de que iban a ganar? Las encuestas siempre favorecieron a Bukele.

Yo pensé que íbamos a ganar.

¿Lo que ocurrió la noche del 3-F fue una sorpresa?

Se lo digo con total sinceridad: no esperaba el escenario de una derrota en primera vuelta. Es de los errores que asumo como propios, porque en la campaña uno deja todo, al menos yo. Y siendo economista, orientada hacia los datos, quizás no los pude comprender bien, o quizás prevaleció lo que yo veía en el territorio.

El 3 de febrero usted esperaba...

Pasar a segunda vuelta. Era un hecho. Yo creo que el país entero vio mi cara de sorpresa y lo impactante que fue la noticia de la derrota para mí y mi familia. Definitivamente, no tuvimos una buena lectura.

Pero ustedes tendrían sus propias encuestas.

Teníamos mediciones, sí, pero yo no me enfoqué tanto en ver eso, porque como candidata me enfocaba en mi agenda de trabajo. Yo hablaba con la gente, me contaban sus problemas, y tenía esa percepción de que no íbamos a perder en primera vuelta.

Estas instalaciones de la ESEN son preciosas. ¿Un lugar así no invita a desconectarse de la realidad, a emburbujarse?

La ESEN tiene estas instalaciones preciosas, pero un 25 por ciento de nuestros estudiantes vienen de institutos públicos, jóvenes que estudian becados. Yo sí creo que acá estamos expuestos a la realidad. Uno ve a los estudiantes, escucha las historias que nos cuentan, conoce las realidades que viven, y ve el reflejo de cómo está la sociedad salvadoreña. Aquí tenemos estudiantes a los que las maras les han matado a algún hermano, o estudiantes que vienen de hogares fracturados por la migración. Entonces, a pesar de estar en un entorno tan lindo, hay una conexión con la realidad a través de nuestros estudiantes.

Sobre la coalición de partidos, ¿cree que a Arena le pasó factura las internas?

Sí, definitivamente.

¿En qué sentido?

En el sentido de que uno podía identificar que no todas las personas del partido habían apoyado a Carlos, y por esa razón no mantuvieron el mismo nivel de entusiasmo. Yo no participé en las primarias de Arena pero, cuando llego y empiezo a hablar con los distintos sectores, comienzo a identificar las heridas de ese proceso.

En la coalición estaban PCN y PDC, los partidos más veteranos. ¿No cree que contradecían su apuesta por desmarcarse de la política tradicional?

Creo que no había partido que la población no criticara, por el rechazo a toda la clase política. También el partido Gana. Carlos me planteó la idea de la coalición. ¿Por qué? Porque lo que se busca es gobernabilidad, y esa coalición iba a permitir trabajar con la Asamblea. Y no hay que olvidar que la Constitución exige estar inscrito en un partido.

¿Y Democracia Salvadoreña, el partido de Fito Salume, qué aportaba?

Es un partido y, al final de cuentas, la idea era unir esfuerzos para capitalizar. Luego vino toda la crítica hacia los partidos, pero nosotros tratamos de explicar que no teníamos ninguna trayectoria. Sí me sorprendió cómo me enchalecaron y me pusieron todos los pecados de los partidos, y eso también fue algo que me costó comprender porque todos los demás candidatos, incluido Nayib Bukele, tenían una trayectoria de militancia en partidos. Yo no.

Sobre la campaña, ¿qué margen de maniobra tenía usted? La relacionaron mucho con las mujeres y los jóvenes. ¿Eso lo decidió usted?

Es un mix, ¿verdad? Yo tenía una opinión fuerte sobre cómo quería dirigirme a la ciudadanía no partidaria. Uno de mis principales enfoques fue el plan de gobierno, quizás el tema al que le dediqué más tiempo. Eso hacía que mis mensajes fueran afines a mis intereses, como el tema de la creación de oportunidades, que es en lo que sigo trabajando ahorita, y por lo tanto el tema de jóvenes.

¿No se sintió manipulada, pero no en el mal sentido de la palabra?

No, yo me sentí muy cómoda en la campaña. ¿Qué es lo que más me costó? Como economista, me costaba comunicar. Entonces, ahí entra la gente de comunicación, esos gurús, y uno puede tener discrepancias. A mí me decían: contá historias. ¿Contar historias?, decía yo, porque no es como algo tan natural ni en mi profesión ni en mi propio estilo.

El gesto que usted y Carlos hacían de chocarse los puños, ¿fue sugerido?

Fue nuestro. Fue espontáneo. Es que hay un montón de cosas que fueron más espontáneas que planeadas.

Otro punto para saber cómo fue la campaña: el 6 de septiembre pasa el incidente con la lancha que abordó Calleja en el mar, llamada ‘La Cholera’.

Sí…

¿Cómo se digirió a nivel interno que una actividad tan planificada terminara como terminó?

Yo no fui a ese evento porque me quedé trabajando.

Pero seguro que entró en redes ese día.

De hecho, a mí me molestaron, porque escribí un tuit de apoyo a Carlos. Sí, aquel fue un evento que se planeó con mucho entusiasmo, y de pronto viene y ocurre este error, y yo me acuerdo que estaba molesta: qué fue lo que pasó, cómo no se pudo ver esto en algo tan planificado... Yo le hablé a Carlos y le dije: lamento lo que ha ocurrido. Muchas veces pasaron cosas así y simplemente nos hablábamos para apoyarnos, porque definitivamente afecta. Una campaña presidencial es como una montaña rusa.

¿A qué se refiere?

Hay momentos de pura felicidad, momentos en los que se siente la energía de la gente. Es bien difícil explicarlo, pero, en estos eventos en el interior... y Carlos me lo dijo: te vas a dar cuenta cómo hay una energía en las personas. Y aunque suene…

¿Metafísico?

Exacto. Pero uno se siente más comprometido, porque uno dice: a esto me debo. Entonces, había momentos así, y luego teníamos momentos malos. También aprendí a identificar los momentos buenos y malos de los contrincantes. O sea, uno hasta desarrolla una empatía.

Después del 3-F usted desaparece de la agenda pública. ¿Qué hizo?

Fue bien duro, la verdad. ¿Qué pasó después del 3 de febrero? Yo tengo dos hijos, de 9 y 12 años, y habían salido afectados, porque además me decían: mirá, en el colegio nos conocen, mamá. Entonces, las dos semanas después de la elección lo que hice fue llevar a mis hijos al colegio e ir a recogerlos. Y yo la pasé en mi casa. Luego empecé a trabajar de nuevo en la ESEN y me puse a leer bastante, como para entender qué había pasado. Y me dije: esto no me lo puedo tomar personal.

El resultado fue un baldazo de agua fría; fría no, congelada.

Dedicarle ocho meses a un proyecto en el que yo sí veía la posibilidad de que podía hacer una diferencia… Creo que lo primero que uno hace es cómo reagruparse y también reconocer que no es necesario estar opinando siempre. Uno tiene que tener la humildad para saber que hay momentos para estar callado.

Foto Carlos Barrera.
 
Foto Carlos Barrera.

Aun así, me dice que no ha cerrado las puertas a la política.

Los salvadoreños tenemos que involucrarnos en política. Sigo creyendo que la forma de incidir es tomarse los espacios de toma de decisiones, aunque eso implique costos y riesgos. Yo sí creo que es un balance muy positivo. ¿Quién va a tener la oportunidad de recorrer y palpar el país? Conocer El Salvador así me ayudó mucho.

¿Cómo ha visto los primeros meses de la Administración Bukele? Como economista, me refiero.

Si la pregunta es si estoy preocupada, respondería que hay razones para estar preocupados, particularmente en el manejo económico.

La Anep parece haber disipado sus dudas iniciales. ¿Usted las mantiene?

Yo tengo reservas porque observo ciertas áreas débiles. Por ejemplo, no percibo que haya una hoja de ruta clara en el plano económico que pueda hacer un cambio en la trayectoria del país. En el tema del empleo, uno de los más sentidos para la población, las cifras nos hablan de que hay una baja, bajísima creación.

China y la inversión millonaria anunciada. ¿No es una buena señal?

Esperemos que se concreten esos proyectos de inversión, y conozcamos las condiciones bajo las cuales se va a dar esa inversión. Pero en principio, sí, toda cooperación no reembolsable que ayude al país es bienvenida.

Los organismos internacionales también hablan bien de la Administración Bukele.

El Fondo Monetario, en su más reciente informe, le da el beneficio de la duda.

Pero su balance es de preocupación.

Digamos que mi principal fuente de preocupación es la falta de claridad en el tema económico, y también por algunas actitudes que irrespetan el balance de poder. Por ejemplo, no permitir que entren ciertos periodistas a las conferencias de prensa.

Tenemos un presupuesto aprobado en plazo, algo que no ha ocurrido siempre. Y era uno de los principales temores. ¿Le sorprendió?

De hecho, los bonos de El Salvador subieron de precio porque la aprobación del presupuesto mandó la señal de estabilidad a los mercados. Sí, definitivamente estamos en un escenario nunca antes vivido, porque el triunfo de Nayib Bukele fue un terremoto magnitud 9.0 en el sistema político. Y aún estamos viendo cómo quedó armado el país.

Hay una especie de ‘dictadura de la opinión pública’, sobre la base de los altísimos índices de aprobación del presidente. Parece que Bukele está jugando ante los otros poderes la baza de ‘el pueblo pasará la factura’ si no hacen lo que yo digo.

La popularidad de él es innegable. Uno percibe la ilusión de la gente, además.

¿Incluso aquí, en la ESEN?

Aquí también se percibe la ilusión. Es que estamos ante un escenario político en el que la gente percibe que murió lo viejo, que hay algo nuevo, y eso ha generado ilusión. Ojalá que el presidente lo sepa aprovechar. Él le ha apostado a tener una interrelación directa con la población, sin intermediarios. Eso está bien y eso, para mí, le da a este gobierno capital político para transformar este país. Ojalá que lo utilice bien.

Hace unos meses yo tuiteé que Bukele estaba en capacidad de ser el mejor o el peor presidente de la historia reciente de El Salvador.

Y creo que él lo sabe. Él sabe que puede transformar. Y si no lo hace y en unos años la gente percibe que su vida no cambió, la población quedará desilusionada. Yo por eso sí espero que le vaya bien, por el bien del país, porque él tiene las condiciones idóneas. ¿Qué es lo que yo espero? Una apuesta verdadera por la transparencia.

¿El Gobierno la ha buscado? ¿Ha tenido algún tipo de acercamiento?

No, no me han buscado. Como ESEN hicimos la entrega el 7 de noviembre de nuestra propuesta de transformación productiva y vino el ministro de Hacienda. Es como nuestra forma de ser propositivos. Imagínese, después del 3 de febrero, me tocó escribir una propuesta para entregársela al gobierno. Esa interacción sí la hemos tenido, pero no me han buscado.

De esta plática me queda claro que en un futuro volveremos a saber de Carmen Aída Lazo en clave política.

¿Así le va a poner de titular?

No, no creo. Pero, ¿se le ha acercado algún partido con propuestas concretas?

Yo tengo amigos en varios partidos.

¿Nuestro Tiempo, el partido de Johnny Wright?

A la gente de Nuestro Tiempo le tengo mucho respeto y aprecio. Quiérase o no, ya no me ven sólo como economista, sino que también me ven esa parte política. Sí he tenido conversaciones con personas de distintos partidos, pero en general es porque me piden mis apreciaciones sobre el presupuesto o simplemente para platicar. Pero definitivamente, reitero, no voy a aspirar a una diputación en las elecciones de 2021.

Descartadísimo.

Sí. Los cambios que se necesitan en El Salvador se hacen desde Casa Presidencial.

Foto Carlos Barrera.
 
Foto Carlos Barrera.


Apoya el periodismo incómodo

Si te parece valioso el trabajo de El Faro, apóyanos para seguir. Únete a nuestra comunidad de lectores y lectoras que con su membresía mensual o anual garantizan nuestra sostenibilidad y hacen posible que nuestro equipo de periodistas llegue adonde otros no llegan y cuente lo que otros no cuentan o tratan de ocultar.
Te necesitamos para seguir incomodando al poder.
¿Aún no te convences? Conoce más sobre cómo se financia El Faro y quiénes son sus propietarios acá.

Publicidad
Publicidad

 CERRAR
Publicidad