Estas son dos realidades opuestas de la cuarentena. Dos fotos del mismo país, del mismo municipio, de comunidades muy cercanas, pero tan distintas. La sociedad salvadoreña lleva casi dos semanas en cuarentena domiciliar debido a la crisis sanitaria causada por el coronavirus. EL 21 de marzo, el presidente Nayib Bukele ordenó encierro obligatorio, salvo excepciones. Desde tempranas horas de ese día, antes del anuncio oficial, muchas personas abarrotaron los supermercados para llenar sus carretillas con todo tipo de cosas. Estos comercios, en las zonas de clase media y alta se vieron colapsados para la cantidad de personas haciendo largas filas para llevarse todo lo que pudieran. Desde entonces, la escena se ha repetido ante cada anuncio que hace el Gobierno de que habrá cadena nacional. Es normal ver carretillas que rebalsan. Pero también existe un enorme grupo de personas, otra clase social, que viven no muy lejos de las grandes residenciales, aquellos que no tiene para pagar un mes de supermercado, ni un día siquiera. Este es un país con más de 2 millones de personas viviendo en pobreza, según estadísticas oficiales. 


La distancia entre la residencial Arcos de Santa Elena y la comunidad El Espino, ambas en Antiguo Cuscatlán, es de un poco más de dos kilómetros, pero en los días de cuarentena la distancia entre estos dos lugares es también simbólica. Un abismo que separa los hogares de uno y otro sitio. Eso queda claro cuando se abren los refrigeradores. El Faro retrató el interior de dos refrigeradores. El de la casa de Santa Elena está copado con todo tipo de alimentos, mientras que en el de la comunidad El Espino sobra espacio. Así se ve la diferencia entre la cuarentena de quien pudo prepararse para el encierro y quien no sabe si mañana habrá algo que comer. 

 

Refrigerador de una familia de la residencial Altos de Santa Elena, Antiguo Cuscatlán. El refrigerador contiene alimentos para dos personas. Los ingresos de la familia son de $5,000 mensuales. Su última compra en el supermercado, para pasar la cuarentena, fue de $300. El contenido es, entre algunas cosas: cortes de carne, vegetales y aderezos para una dieta variada. Una persona de esta familia apareció beneficiada con los $300 de ayuda que entrega el gobierno debido a la crisis. Esa persona decidió no cobrar el dinero. De momento, no han depositado a su cuenta. Y, de ocurrir, asegura que lo devolvería de alguna manera. 
 
Refrigerador de una familia de la residencial Altos de Santa Elena, Antiguo Cuscatlán. El refrigerador contiene alimentos para dos personas. Los ingresos de la familia son de $5,000 mensuales. Su última compra en el supermercado, para pasar la cuarentena, fue de $300. El contenido es, entre algunas cosas: cortes de carne, vegetales y aderezos para una dieta variada. Una persona de esta familia apareció beneficiada con los $300 de ayuda que entrega el gobierno debido a la crisis. Esa persona decidió no cobrar el dinero. De momento, no han depositado a su cuenta. Y, de ocurrir, asegura que lo devolvería de alguna manera. 

 

 

 

Refrigerador de una familia de la comunidad El Espino. Su contenido es: una sartén con arroz, un litro de leche, un recipiente con mangos y unas bolsas vacías. Esta casa está construida con lámina y su suelo es de tierra. La familia, compuesta por cuatro personas, subsistía de la venta de almuerzos a algunos empleados del Sistema de Integración Centroamericano, cuyas oficinas están cerca. Desde que se impuso la cuarentena domiciliar, el 21 de marzo, dejaron de vender almuerzos. Ahora, con los alimentos escaseando, en la casa solo se venden tortillas a los habitantes de la comunidad. El refrigerador guarda los alimentos para tres mujeres adultas y un niño.
 
Refrigerador de una familia de la comunidad El Espino. Su contenido es: una sartén con arroz, un litro de leche, un recipiente con mangos y unas bolsas vacías. Esta casa está construida con lámina y su suelo es de tierra. La familia, compuesta por cuatro personas, subsistía de la venta de almuerzos a algunos empleados del Sistema de Integración Centroamericano, cuyas oficinas están cerca. Desde que se impuso la cuarentena domiciliar, el 21 de marzo, dejaron de vender almuerzos. Ahora, con los alimentos escaseando, en la casa solo se venden tortillas a los habitantes de la comunidad. El refrigerador guarda los alimentos para tres mujeres adultas y un niño.