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EF Foto / Desigualdad
Dos refrigeradores, dos cuarentenas
Carlos Barrera

Fecha inválida
Carlos Barrera

Refrigerador de una familia de la residencial Altos de Santa Elena, Antiguo Cuscatlán. El refrigerador contiene alimentos para dos personas. Los ingresos de la familia son de $5,000 mensuales. Su última compra en el supermercado, para pasar la cuarentena, fue de $300. El contenido es, entre algunas cosas: cortes de carne, vegetales y aderezos para una dieta variada. Una persona de esta familia apareció beneficiada con los $300 de ayuda que entrega el gobierno debido a la crisis. Esa persona decidió no cobrar el dinero. De momento, no han depositado a su cuenta. Y, de ocurrir, asegura que lo devolvería de alguna manera. 
 
Refrigerador de una familia de la residencial Altos de Santa Elena, Antiguo Cuscatlán. El refrigerador contiene alimentos para dos personas. Los ingresos de la familia son de $5,000 mensuales. Su última compra en el supermercado, para pasar la cuarentena, fue de $300. El contenido es, entre algunas cosas: cortes de carne, vegetales y aderezos para una dieta variada. Una persona de esta familia apareció beneficiada con los $300 de ayuda que entrega el gobierno debido a la crisis. Esa persona decidió no cobrar el dinero. De momento, no han depositado a su cuenta. Y, de ocurrir, asegura que lo devolvería de alguna manera. 

 

 

 

Refrigerador de una familia de la comunidad El Espino. Su contenido es: una sartén con arroz, un litro de leche, un recipiente con mangos y unas bolsas vacías. Esta casa está construida con lámina y su suelo es de tierra. La familia, compuesta por cuatro personas, subsistía de la venta de almuerzos a algunos empleados del Sistema de Integración Centroamericano, cuyas oficinas están cerca. Desde que se impuso la cuarentena domiciliar, el 21 de marzo, dejaron de vender almuerzos. Ahora, con los alimentos escaseando, en la casa solo se venden tortillas a los habitantes de la comunidad. El refrigerador guarda los alimentos para tres mujeres adultas y un niño.
 
Refrigerador de una familia de la comunidad El Espino. Su contenido es: una sartén con arroz, un litro de leche, un recipiente con mangos y unas bolsas vacías. Esta casa está construida con lámina y su suelo es de tierra. La familia, compuesta por cuatro personas, subsistía de la venta de almuerzos a algunos empleados del Sistema de Integración Centroamericano, cuyas oficinas están cerca. Desde que se impuso la cuarentena domiciliar, el 21 de marzo, dejaron de vender almuerzos. Ahora, con los alimentos escaseando, en la casa solo se venden tortillas a los habitantes de la comunidad. El refrigerador guarda los alimentos para tres mujeres adultas y un niño.

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